***
Sentía por dentro como si le estuvieran hurgando las entrañas con una vara al rojo vivo. Euichan se retorció y terminó encogiéndose sobre sí mismo. Intentó presionar su vientre con fuerza y frotarlo, pero el dolor no disminuía ni un poco. Al pensar que a los niños les podría pasar algo malo, un pavor repentino lo invadió.
—¿En dónde te duele tanto para estar sollozando así?
A pesar de la voz que resonaba con parsimonia, su cuerpo no lograba calmarse fácilmente. Euichan se aferró obstinadamente a la mano de Ra Épée para intentar enfriar su propia temperatura corporal, que ardía como un volcán. Cualquier cosa fría que encontrara, la pegaba de inmediato a su piel.
Al verlo actuar así, como si fuera un gatito gimoteando, Ra Épée extendió ambas manos, le sujetó las mejillas e infundió una brisa helada. A juzgar por el tenue brillo que emanaba la fórmula dibujada en su mano al desnudo, era evidente que estaba utilizando su habilidad.
Por supuesto, esto solo era un paño de agua tibia. Euichan conocía la solución para aplacar este dolor porque se lo había dicho el médico.
Solo tenía que acostarse con Ra Épée. Sin embargo… ¿qué pasaría si, aun acostándose con él, el dolor no cedía? ¿Y si el dolor empeoraba? La sola idea de sentir más agonía que esta lo aterrorizaba.
Debido al dolor atroz, todo su cuerpo se volvió pesado como un algodón empapado de agua. Sentía cómo su juicio y su razón se consumían y desaparecían poco a poco. Un enorme eco resonó en su interior diciéndole que debía acostarse con él, aferrándose a esa última tabla de salvación. En la situación en la que se encontraba, no estaba como para ponerse exigente; sus manos se extendían hacia él por puro instinto.
—Ah, gh…
—¿Qué quieres que haga tu hyung por ti? Dímelo.
Con el rostro completamente enrojecido, Euichan se aferró a la mano de Ra Épée.
«Niños, por favor…»
—Señor Ra Épée… Ahora mismo, ah… Ahora mismo.
—Ahora mismo ¿qué?
—¿Tiene tiempo…? Ugh…
—¿Tiempo? Ah, ¿qué si tengo? Ahora mismo tengo de sobra… ¿Por qué lo dices?
—Entonces… usted… conmigo…
Euichan miró los ojos grisáceos de Ra Épée y se mordió el labio con fuerza. Si… si se dejaba tomar por él ahora mismo, ¿por fin encontraría alivio? ¿Acaso esta era la única alternativa? No tenía forma de saber si este método era el correcto.
Cada vez que miraba a Ra Épée, a Euichan le surgía desde muy dentro una extraña e incómoda sensación. Solo hoy terminó por comprender la razón de ello. Se debía a que esa aura ligera y ambigua que rodeaba a Ra Épée guardaba un enorme parecido con alguien que él conocía.
En su mente no dejaba de superponerse la imagen de otra persona. Desde la primera vez que lo vio, Euichan había ladeado la cabeza en silencio, pensando que se parecía sospechosamente a alguien. Y eso a pesar de que en los ojos de Ra Épée no figuraba la constelación que simbolizaba a ‘aquel sujeto’.
—¿Por qué te quedas a medias…? Tienes que terminar de decirme tu petición.
Incluso en este preciso instante, al mirar a Ra Épée, Euichan estaba evocando a esa otra persona que conocía. Mientras se dejaba llevar por el tormento de sus pensamientos internos, dejó escapar un gemido ahogado cuando sintió una mano posarse sobre su nuca ardiente. Al poco tiempo, un sudor frío comenzó a brotarle en tal cantidad que le impidió pensar en nada más.
Como si la punzada de dolor hubiera vuelto a dispararse, los hombros de Euichan se sacudieron bruscamente. La mano de Ra Épée le acarició la oreja con lentitud, como intentando calmarlo.
—Con…conmigo…
—Sí, dímelo.
«Primero los niños… Salvar a las pequeñas orugas es lo primero». Euichan, aferrándose a él con desesperación, habló:
—Eso… Nosotros, aquello.
—No entiendo a qué te refieres… Dímelo con más claridad, Euichan.
—Por favor, a mí…
Ra Épée inclinó la cabeza para escuchar con atención. Aferrándose con fuerza al hombre que se inclinaba hacia él, Euichan cerró los ojos con vehemencia.
—Por favor… ah… tómeme.
Tras un breve instante de silencio sepulcral, la mano que sujetaba a Euichan se llenó de una fuerza descomunal. A Ra Épée se le marcaron las venas del cuello mientras preguntaba en voz baja:
—…¿Me estás pidiendo que tengamos sexo?
Euichan se limitó a asentir con la cabeza repetidamente. Ni siquiera tenía el valor de mirarlo a la cara. Rogándole que así fuera, pidiéndole por favor que lo tomara, se aferró desesperadamente a él para resistir. La mano que le acariciaba la parte posterior de la cabeza con parsimonia rodeó la espalda de Euichan en un fuerte abrazo.
Aquella mano enorme le dio un par de palmaditas en la espalda y, acto seguido, lo alzó en brazos de un solo impulso. Ra Épée cubrió a Euichan con su abrigo hasta la cabeza, envolviendo su cuerpo firmemente antes de abandonar el área de descanso.
—Aguanta un poco. Llegaremos pronto.
Aunque su torso quedó aplastado contra el hombro de Ra Épée, Euichan no tenía margen para preocuparse por eso. Debajo del abrigo, apretó los molares con todas sus fuerzas para concentrarse únicamente en soportar el dolor. Aferrado con firmeza a la ropa de Ra Épée en cualquier parte que sus manos pudieran alcanzar, escuchó el sonido del viento rozándole las orejas.
Por un brevísimo momento, pareció haber perdido el conocimiento; cuando parpadeó para abrir los ojos, su visión estaba completamente borrosa. Sin embargo, en ese intermedio, el paisaje había cambiado por completo. Ya no estaba afuera, sino en un interior.
Afuera el sol estaba en todo su esplendor, pero adentro estaba en penumbras, como si hubieran echado las cortinas. Ra Épée, que atravesó la habitación a pasos agigantados, recostó a Euichan sobre la cama. En cuanto el hombre intentó alejarse, Euichan extendió la mano de inmediato.
—Ha… ¡rápido…!
—Entendido, sí. Pero hay que quitarte la ropa.
—Rápido… por favor, a mí, ah…
Sujetándolo con manos temblorosas, Euichan sudaba a mares. Una mano afectuosa le limpió las gotas de sudor que temblaban en la punta de su barbilla. El reverso de una mano helada presionó suavemente sus ojos y su frente abrasados por la fiebre.
Euichan solo deseaba que el hombre hiciera algo con él de una vez. El dolor oleaba a cada segundo como una marea embravecida. Cada vez que una marejada de agonía lo embestía, se le erizaban los vellos de la nuca y la piel de gallina le cubría el cuerpo.
Debió de haber llorado en el trayecto, pues le escocían horriblemente los contornos de los ojos. Al ver sus mangas empapadas, era evidente que había llorado mientras Ra Épée lo llevaba en brazos.
—Si me ducho ahora mismo… ¿estaría mal?
—Ugh, no… Rá-rápido.
—Está bien, está bien. Era una broma.
Él arrulló y consoló a Euichan mientras deslizaba la mano por debajo de su ropa. Al sentir la intrusión de esa mano helada, Euichan se estremeció. Él se sentía como si lo hubieran arrojado a un crisol ardiente, mientras que su acompañante estaba frío como el agua helada, lo que lo llevaba a depender de él instintivamente. Aunque solo fuera por un instante, sintió como si el dolor se evaporara, lo que avivó aún más su impaciencia.
—…Pero Euichan, ¿qué hacemos? Tu hyung no sabe tomarse las cosas con calma una vez que empieza. Si piensas echarte atrás, dímelo ahora.
Sujetó a Euichan por la cintura y lo arrastró hacia sí con firmeza. Su mano fría no dejaba de subir, rozándole el pecho y las axilas. Las palabras de Ra Épée rozaron los labios de Euichan, que exhalaban un aliento abrasador. En un abrir y cerrar de ojos, los labios de ambos quedaron suspendidos a escasa distancia. Con el rostro encendido por la fiebre, Euichan alzó la mirada hacia Ra Épée.
—Lo que quiero decir es que no terminaré con solo una o dos veces. ¿Estarás bien con eso?
—¿C-cuánto…?
De pronto, el hombre alzó la mirada hacia el vacío con expresión apática. Guardó silencio por un momento como calculando el tiempo, emitiendo un grave gemido desde el fondo de su garganta. Al mirar el reloj, la aguja pequeña se había detenido en el número tres. Apenas estaba cayendo la tarde, por lo que era una hora demasiado temprana para saltarse la comida y dedicarse al sexo.
Sin embargo, al ver a Euichan en su estado actual… sugerir comer algo resultaría ridículo. Ra Épée, esbozando una sonrisa con la mirada, sujetando la cintura de Euichan con ambas manos.
—No lo sé. Mmm… ¿supongo que seguiremos hasta la mañana?
La mirada de Euichan vaciló con fuerza. Sus ojos confusos se posaron en el reloj de pared antes de regresar a Ra Épée. Sin embargo, en cuanto Ra Épée tiró de su cintura, Euichan fue arrastrado indefenso hacia adelante.
El firme muslo de Ra Épée se rozó contra sus glúteos. Sobre él, el tacto de su miembro, erguido con una dureza feroz, arrojó más gasolina al fuego en el pecho de Euichan.
Euichan apretó los labios e hizo un puño arrugando la ropa de Ra Épée. Habiendo llegado hasta este punto, la opción de renunciar no existía. No, para empezar, Euichan ya no tenía ninguna otra alternativa. Apretó con fuerza la tela de la prenda que sujetaba entre sus manos y tiró de ella.
—Habiendo llegado hasta aquí… ¿se supone… que debo pensarlo? Por favor…
Pidiéndole de forma indirecta que hiciera algo con él de una vez, una lágrima se deslizó por el rabillo de sus ojos enrojecidos. Una mano blanca, tan fría como si hubiera estado abandonada durante días en pleno invierno, limpió con ternura la mejilla de Euichan.
Sin embargo, al segundo siguiente, le sujetó la nuca y le succionó los labios con una ferocidad aplastante. Con un brazo rodeó la cintura de Euichan, giró su cuerpo y le levantó la ropa. ¡Zas!, se escuchó el sonido de los botones arrancándose de la camisa de Euichan.
Cuando los botones rebotaron y rodaron por el suelo hasta detenerse, Ra Épée tampoco conservaba ya su compostura habitual. Entre las respiraciones que se entrelazaban con rudeza, le susurró por última vez:
—Trataré de ir… lo más despacio posible.
Ese pareció ser el verdadero comienzo.
***
Euichan temblaba con las piernas abiertas de par en par. Todo se sentía extrañamente vívido; cada centímetro de su piel se estremecía con una sensibilidad agudizada ante cualquier roce. Desconociendo lo que eran los juegos previos, Euichan no alcanzaba a comprender la razón detrás de aquellas caricias.
—Hng… ¡ah!
Una mano fría y firme envolvió su miembro, comenzando a masturbarlo con fuerza. Cada vez que la piel sensible rozaba los callos de aquella palma, Euichan echaba la cabeza hacia atrás, abrumado. Sentía que oleadas de sensaciones desconocidas golpeaban su mente con violencia.
Ra Épée lo había dejado completamente desnudo y, sin darle un respiro, lo besaba mientras exploraba y lamía cada rincón de su cuerpo. Aquello no había sido así el día que cayó en el agujero durante la fiesta; o quizás, debido a que sus recuerdos estaban fragmentados, no podía estar seguro de ello.
Aun así… no recordaba que lo hubiera torturado con tanta lentitud y agonía. Pensó que lo más sencillo sería simplemente penetrarlo y eyacular, pero al observar el prominente bulto que deformaba la ropa de Ra Épée, comprendió que aquello no sería tan simple.
Un sonido húmedo y viscoso resonó, haciendo que Euichan se estremeciera. Al levantar la mirada, con los ojos empañados, se encontró con la mirada ardiente de Ra Épée.
—¿Por qué te distraes con otros pensamientos teniendo a alguien justo frente a ti?
—No… no lo hago… Por favor, ya basta de tocar ahí… hng.
—Todavía estás tan blando y sensible, ¿realmente quieres que me detenga?
Euichan intentó girar el cuerpo, pero una de sus piernas fue elevada bruscamente. Entre sus muslos abiertos de par en par, su miembro era sujeto y frotado con insistencia. Mientras observaba la escena con los ojos temblorosos, la mano recorrió la vara desde la base hasta la punta y, al frotar el glande con fuerza, Euichan soltó un grito que no pudo contener.
Su cintura temblaba con tal intensidad que perdió el control de su propio cuerpo. “¿Blando?”. Estaba plenamente erecto. De hecho, la sobreestimulación era tal que se sentía ligero, casi fundiéndose, pero que lo trataran así…
—Basta… ¡ah…!
Mientras permanecía medio cuerpo caído con la cabeza gacha, Ra Épée hundió los dientes en su nuca, dejando marcas profundas antes de lamer la piel. Cada vez que aquella lengua gruesa rozaba las heridas, Euichan se ponía rígido, como un animal atrapado por el cuello.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.