Los niños, ignorantes del resultado que desencadenarían sus propios poderes, se mordían y despedazaban fiera e instintivamente entre sí. Euichan recogió una piedra que estaba cerca y la arrojó hacia donde se encontraban los niños. Los pequeños, que peleaban salvajemente, se giraron al unísono para mirar a un lado. Fue justo en el instante en que sus miradas se cruzaron con la de Euichan.
De repente, el suelo tembló. El aire le faltó en los pulmones y su visión se volvió completamente negra mientras el terreno bajo los pies de Euichan se hundía estrepitosamente. Una reconfortante sensación de caer por un precipicio se prolongó hasta que incluso su consciencia terminó por sumergirse en la nada.
Y cuando volvió a abrir los ojos.
—Haah…
Euichan estaba acostado boca arriba, contemplando el techo de una habitación desconocida. Los alrededores estaban sumidos en un silencio absoluto. Euichan, respirando con dificultad, apretó con fuerza lo primero que alcanzaron sus manos. Era una sábana blanca y delgada. En la habitación, un purificador de aire funcionaba emitiendo un tenue murmullo.
Las ventanas tenían las cortinas corridas, y a través del resquicio de la puerta entreabierta se escuchaban voces amortiguadas.
—Por cómo se están dando las cosas, parece que dentro de dos días organizarán una fiesta. Sería muy feo que este Thief Phantom Kill se perdiera una celebración tan espléndida. Espero que haya algo digno de ser robado…
—Ten cuidado, Phantom. ¿Acaso quieres que te atrapren?
—Es difícil, muy difícil… Ya que el Joker no sonríe, este servidor tendrá que arriesgar la vida. Precisamente porque lo que Hyde me encargó se encuentra de aquel lado, no puedo pasarlo por alto sin más.
—Tú sabrás cómo lo haces, Phantom. ¿Acaso no te lo he dicho siempre? Mientras me traigas buenos resultados, no me meteré en lo que hagas.
—¡Ayyy! ¡Y a pesar de eso siempre nos dejas los trabajos más pesados a nosotros! ¡Para eclipsar una función, se necesita un espectáculo muchísimo más, más, más grandioso para el gran final! ¿Sabes la de trabajo que eso conlleva? ¡Exigir resultados sin mover un dedo! ¡Qué poca vergüenza! ¡Ayyy!
Sobre el hombro de Thief Phantom Kill, una marioneta de dedo emergió abriendo la boca de par en par mientras gritaba con mordacidad.
—Vaya, vaya, parece que nuestra Kkomi vuelve a estar de mal humor. Sshh, Kkomi. Tienes que guardar silencio, ¿de acuerdo?
—¡Ayyy! ¡No digas tonterías! ¡Danos vacaciones, vacaciones! ¡Escuchen todos, miren a este sujeto! ¡Hyde nos explota como si fuéramos ganado! ¿Acaso somos bestias de carga? ¡Ayyy!
—Decir que somos ganado es un poco excesivo. Por supuesto que somos caballeros ladrones.
Apaciguando a la marioneta de dedo, Thief Phantom Kill lucía una expresión de profunda lástima, como si estuviera consolando a una pobre hija. Hyde, que presenciaba la escena del monólogo doble, apoyó la barbilla sobre la mano y dejó escapar una risotada.
—Jaja, ¿de verdad te molesta eso? Mmm… Vacaciones. De acuerdo, si terminas bien este encargo, te daré vacaciones, Phantom.
—¡Ayyy! ¡Excelente! ¡Vacaciones, vacaciones! Phantom, ¿qué tal si para estas vacaciones nos vamos a un complejo turístico en el extranjero donde Hyde no pueda encontrarnos? ¡Nos llevaremos también al chiquitín, ayyy!
Cuando la marioneta apretó los puños con entusiasmo, Phantom le presionó suavemente la cabeza a Kkomi.
—Me parece excelente, de maravilla. En ese caso, tendré que enviar una carta de notificación sumamente ostentosa. Les ruego que mantengan esto en secreto ante los demás hermanos.
—No te preocupes por eso. A los hermanos ya les he encomendado otras tareas.
Fue en ese preciso instante. Desde el interior de la habitación se escuchó el sonido de alguien cayéndose al suelo. Hyde y Thief Phantom Kill giraron la cabeza al mismo tiempo hacia la puerta del dormitorio. Hyde, mirando la puerta, se puso de pie de su asiento.
—Ya puedes marcharte, Phantom. Tengo asuntos de los que encargarme a partir de ahora. Así que no nos busquemos hasta que cada uno obtenga sus respectivos resultados.
Thief Phantom Kill entrecerró los ojos y examinó minuciosamente la puerta desde donde provenía el ruido. Todo lo que se alcanzaba a ver por el pequeño resquicio era oscuridad. A punto de decir algo, Phantom sacudió la cabeza y tomó una carta en su mano.
—…Que tengan una noche y un día apacibles.
Dejando tras de sí una lluvia de vistosos pétalos de flores, Thief Phantom Kill desapareció del lugar como por arte de magia. Solo cuando el rastro de la presencia ajena se desvaneció por completo, Hyde tomó el picaporte y abrió la puerta. Una luz tenue irrumpió de golpe en el espacio penumbroso.
Al final del alargado haz de luz, alguien yacía encogido boca abajo. Sin nada más encima que una simple camisa, su cuerpo subía y bajaba con agitación mientras respiraba con dificultad.
—Haah… haah…
—¿Por qué estás así?
En cuanto Euichan escuchó las palabras de su interlocutor, sus ojos cerrados se estremecieron bruscamente. No podía ser. A pesar de haberlo comprobado y visto durante toda la noche, hasta el último momento se había negado a aceptarlo.
Sin embargo, era una desgarradora realidad… La persona que había pasado la noche con él era, sin lugar a dudas, Hyde.
Euichan, jadeando por aire, alzó la cabeza. Pudo ver los pasos que se aproximaban a él. Hyde extendió la mano con la intención de levantar a Euichan. No obstante, la mano de Euichan se adelantó con mayor rapidez.
—Ha… Hyde…. Por favor, a mí…
La mano que sujetaba la ropa de Hyde con todas sus fuerzas temblaba convulsivamente. Al alzar la cabeza, el semblante de Euichan estaba extremadamente pálido. Sus labios, más que blancos, lucían lívidos y amoratados. Con todo el cuerpo empapado en sudor, los mechones adheridos a sus patillas también estaban húmedos. Las gotas de sudor que se deslizaban por su nuca se acumulaban en la punta de su barbilla, temblando al borde de caer.
Euichan le susurró con absoluta desesperación:
—L-lléva…Llévame al hospital, por favor… Guh…
—…¿Dónde? ¿Dónde te duele, Euichan?
A juzgar por su reacción, Hyde estaba igualmente sorprendido; su enorme mano palpó de inmediato la frente y la mejilla de Euichan, que ardían como un volcán. Él esperaba que Euichan sufriera únicamente por las secuelas de haber tenido sexo, pero no previó que estaría tan gravemente enfermo. De hecho, según lo que había escuchado del médico, se se suponía que al tener relaciones el dolor disminuiría… Entonces, ¿por qué?
Euichan cerró los ojos con vehemencia y encogió los hombros. Apretando los dientes para soportar la embestida de dolor que lo embargaba, se apretó el vientre y se acurrucó.
—El… el vientre me duele tanto que… siento que… voy a morir…
Sentía como si el vientre; no, todo su cuerpo, estuviera a punto de desgarrarse. ¿Acaso las criaturas seguían peleándose ferozmente en su interior? ¿O acaso dos de ellas se habían aliado para intentar hacer algo y salvar a la tercera?
Euichan sollozaba fuera de sí hasta que su rostro fue alzado por una mano que se introdujo debajo de su barbilla. En medio de su visión distorsionada emergió la figura de Hyde. Las lágrimas, desbordadas de golpe, rodaron a lo largo de sus mejillas.
Sin siquiera darse cuenta de que estaba llorando, los ojos de Euichan, que fijaban la mirada en Hyde, comenzaron a ponerse en blanco. Y, finalmente, sus ojos se cerraron por completo al perder el conocimiento.
Su cuerpo, enteramente desvalido, se desplomó sobre el suelo frío. Hyde extendió el brazo para sostenerlo, pero la cabeza de Euichan cayó sin fuerza hacia atrás. Un silencio helado y sepulcral envolvió los hombros rígidos de Hyde. Sin embargo, al instante siguiente, sus manos coléricas sujetaron una sábana y cubrieron el cuerpo de Euichan.
En los brazos que cargaban a Euichan, las venas azuladas se marcaron con una ferocidad aterradora. Envolviendo la cabeza de Euichan contra su pecho, Hyde abrió un espacio dimensional a gran velocidad. Ante su imponente presencia, todo el aire del lugar pareció contener el aliento.
En cuanto ambos desaparecieron, en aquel lugar solo permaneció una puerta negra oscilando con inquietud. Exactamente como una brasa que se niega a extinguirse.
***
Cuando Euichan, tras haberse desmayado, recobró el conocimiento, el mundo se sentía tan borroso como si estuviera en la frontera entre la vida y la muerte. Aunque claramente yacía con los ojos cerrados, los ruidos a su alrededor se escuchaban nítidamente por momentos.
Dos personas conversando, y una delgada sábana rozándole la piel con un leve susurro. Además, el sonido familiar de los ganchos deslizándose por el riel cada vez que corrían la cortina resonaba cerca de sus oídos.
Se escuchó la voz baja de Hyde:
—…Por favor.
Incluso pudo percibir cómo la otra persona temblaba de pavor ante el crujido de sus dientes al apretar las muelas.
—Haga lo que sea para estabilizarlo.
—P-pero ¿qué está diciendo? Esto no es una sala de urgencias, sino… Un momento. ¿Señor Ha Euichan?
La persona que intercambiaba palabras con Hyde era Oh Juhyeok, el especialista en ginecología y obstetricia. En cuanto vio a Euichan, corrió hacia él para examinar su estado. Tras correr la cortina y acostar a Euichan en la camilla del fondo del consultorio, utilizó de inmediato su habilidad especial, «Visión de Rayos X».
—¿Qué pasa? Por qué los niños están peleando así… S-si siguen así, el paciente sentirá muchísimo dolor. Primero debo administrarle un analgésico.
Se escucharon varios ruidos escandalosos. Euichan quería abrir los ojos. Sin embargo, su cuerpo no le obedecía, hasta el punto de que le costaba mover un solo dedo. Aferrándose a su consciencia, que no dejaba de desvanecerse, rezó con desesperación por sus pequeños.
«Niños, por favor, pórtense bien…»
Imaginando que se acurrucaba para cubrirse el vientre, Euichan les tarareó a sus hijos una canción de cuna que apenas conocía; la siguiente vez que abrió los ojos, lo primero que vio fue un techo borroso. El techo blanco le resultaba ya no solo familiar, sino casi entrañable. Al girar la cabeza hacia un lado, vio la cortina divisoria de la camilla.
En ese preciso momento, al otro lado de la cortina, se escuchó la voz enfurecida de un hombre:
—Los analgésicos no le hacen efecto. Señor Ra Épée, ¿es que no entiende lo que esto significa? A este paso, los bebés que el señor Ha Euichan lleva en su vientre estarán en grave peligro. ¡Y no solo los niños! La vida del propio paciente también corre riesgo. Pero… ¿qué dijo? ¿Que solo quede uno? Ya es bastante pasmoso que usted sea el padre biológico, pero ¿de verdad son palabras que deban salir de la boca de un padre?
—¿Acaso no se lo he estado explicando con todo entusiasmo desde hace rato? Le dije que mi corazón no es tan generoso como para criar a tres niños… Si ya se lo dije con esas palabras, entonces…
Euichan presenció la sombra fluctuante al otro lado de la cortina. Se escuchan unos pasos firmes acercándose hacia él. El calzado se detuvo justo debajo del borde de la cortina.
—Debería estar buscando una solución… ¿por qué me da un sermón?
—…
—Hace que me den ganas de perforarle el cráneo.
Hasta ahora, Euichan jamás había pensado que Ra Épée y Hyde fueran la misma persona. Aunque solo se había encontrado con Ra Épée tres veces como mucho, y aun cuando la figura de Ra Épée le recordaba a Hyde, nunca los relacionó como «la misma persona». ¿Por qué motivo lo haría? Habiendo visto a Hyde durante tanto tiempo, ¿cómo no fue capaz de reconocerlo al ver a Ra Épée?
Sin embargo, Hyde poseía la habilidad del «Lavado de cerebro», y hasta el momento, nadie que hubiera caído bajo su control mental había logrado liberarse por cuenta propia. Y, por lo que Euichan sabía… ese lavado de cerebro también funcionaba en «sí mismo». Es decir, era completamente posible que Hyde se aplicara el lavado de cerebro a sí mismo.
Y ahora mismo, él estaba interpretando la personalidad de Ra Épée, no la de Hyde.
—¿No es así, Euichan?
¡Zas!
Sin previo aviso, la cortina se descorrió de golpe. Euichan frunció el ceño ante la intensa luz fluorescente y, poco a poco, alzó la mirada. Un hombre a contraluz se alzaba ante él como una imponente montaña. En el instante en que sus ojos se cruzaron al seguir el contorno del hombre, la constelación de la Gran Osa emergió levemente en sus ojos de color gris ceniza antes de desaparecer.
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