¡¡¡Shi Changyuan, ya regresé!!!
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Las palabras de la vieja tortuga fueron como un golpe en la cabeza para Lin Ling.
A Lin Ling le brillaron los ojos y salió corriendo a la cocina imperial para llevarle vino y comida a la abuela tortuga, preguntándole humildemente: “Entonces… ¿qué debo hacer?”
“¿Qué debes hacer?” La vieja tortuga comía y bebía muy alegre. “Irte si quieres irte, quedarte si quieres quedarte, ¿qué más da?”
“Además, la mayoría de los que van a cultivar la práctica es para obtener forma humana, para moverse con más facilidad por el mundo”.
“Pero tú ya tienes forma humana. Lo único es que tu cultivo aún es muy superficial, te pueden reconocer fácilmente y tu nivel no basta para dominar los instintos de tu forma original, como eso de tener que hibernar aun convertido en persona”.
Podía decirse que aquel espíritu hongo se había vuelto espíritu por un golpe de suerte y había tomado forma humana, pero solo tenía la forma; no era un gran demonio y seguirá siendo vulnerable a las malas intenciones de otros seres.
La vieja tortuga por fin entendió por qué aquel espíritu hongo andaba tan conflictuado. Pero como dice el dicho: uno no puede morder la mano que le da de comer.
[“但吃人嘴短,拿人手软” traducción literal: Que quien acepta favores de alguien pierde la autoridad moral o la libertad para ir en contra de esa persona.]
“Bueno, te voy a dar una solución intermedia”.
“Tu cultivo actual aún no es suficiente y todavía tienes que hibernar; mejor haz esto, primavera, verano y otoño los pasas cultivando en la vena del dragón y en invierno regresas al palacio para que el emperador te ayude a pasar el invierno”. La vieja tortuga suspiró. “Las condiciones de ahí afuera no pueden compararse con las del palacio”.
La niebla que llevaba en el corazón se disipó de golpe al oír esa solución. ¡Era justo como cuando las nubes se abren y sale el sol!
“¡Perfecto! ¡Gracias, vieja tortuga!”
El hongo regresó a su alcoba brincando de alegría, tarareando una melodía y preparando su equipaje.
Tenía que irse rápido a apartar un buen lugar, para que en invierno del año que viene ya no necesite hibernar y así poder acompañar a Shi Changyuan durante toda la estación.
No, mejor aún. Podía regresar a mediados de otoño y volver a marcharse a mediados de primavera. Shi Changyuan ya lo había dicho: “hará mucho frío y los caminos estarán malos”.
Se preguntaba si una vez que aumentara su cultivo también podría reducir el sueño. Shi Changyuan a veces solo necesitaba descansar cuatro horas y media; el hongo quería acompañarlo, pero no podía. QAQ
Lin Ling ya se lo había imaginado todo perfecto y estaba ansioso por contárselo a Shi Changyuan, pero a esa hora seguro que él todavía estaba en la corte.
Lin Ling dio unas vueltas por su habitación, escribió una carta y se la entregó a Qiufu para que se la hiciera llegar a Shi Changyuan.
Qiufu se asustó mucho al ver que Lin Ling estaba empacando sus cosas. Salió corriendo a tropezones hacia el salón del trono y tembloroso le entregó a Shi Changyuan la carta de despedida del joven Lin.
Shi Changyuan apretó la carta en la mano y su semblante se ensombreció. Sin siquiera abrirla, dio por terminada la corte y se dirigió a toda prisa al Palacio Li’an, donde vivía Lin Ling. Empujó la puerta y vio que Lin Ling ya tenía su equipaje listo.
“¿Eh? ¿Cómo llegaste tan rápido?”, preguntó Lin Ling asombrado. “Justo a tiempo, ya estaba a punto de irme”.
Shi Changyuan bloqueó la entrada con el rostro lívido. Primero recorrió toda la habitación con la mirada.
Las campanillas de viento junto a la ventana, el molinillo, los saquitos de aroma… ¡no se había llevado ni una sola de las cosas que él le había comprado!
El semblante de Shi Changyuan se volvió aún más sombrío y no pudo evitar preguntar: “¿No te las llevarás?”
Lin Ling siguió la mirada de Shi Changyuan y negó con la cabeza.
Al principio pensaba llevárselo todo, pero luego le dio vueltas y pensó que de todos modos iba a regresar en invierno, ¡así que seguro que esta habitación seguía siendo suya!
Si Shi Changyuan le vaciaba la habitación, entonces sí que se iba a enojar.
La mano de Shi Changyuan, oculta en la manga, se cerró con fuerza, casi fuera de sí de la rabia.
¿Así que iba a cortar con todo lo que tuviera que ver con él?
¡¿Acaso ese hongo pensaba cultivar el camino del desapego?!
Shi Changyuan parecía querer decir algo más, pero en todos aquellos días ya había agotado todos los recursos. Había intentado aprovechar la curiosidad del hongo, el esplendor de la Gran Dinastía, las joyas más raras del mundo, los manjares más exquisitos, con la esperanza de despertar en él el deseo de quedarse.
Pero ahora veía que…
Si Lin Ling no sentía apego, Shi Changyuan casi no tenía nada que hacer.
Las yemas de los dedos de Shi Changyuan rozaron el frasquito de porcelana dentro de la manga, aquel que había sido encantado por el viejo sacerdote taoísta.
Con solo desearlo, Lin Ling ya no podría salir nunca más de aquella habitación.
Shi Changyuan guardó silencio durante mucho rato, tanto que Lin Ling hasta le lanzó una mirada de desconcierto. Al final, se rindió.
“Te llevaré”. A Shi Changyuan le resultó increíblemente difícil pronunciar esas palabras.
Shi Changyuan ya lo había investigado. La llamada vena del dragón era aquella alta montaña circular no muy lejos del palacio, la que rodeaba la ciudad imperial en el centro.
Aunque no quedaba lejos, en carruaje se necesitaban tres días enteros. Cuanto más se adentraba uno, más remoto era el paraje, sin rastro humano, y solo al pie de la montaña había una aldea antigua y atrasada que conectaba con el exterior, con apenas una veintena de personas en total.
Para no molestar a aquellos aldeanos, Shi Changyuan detuvo el carruaje en un sendero de montaña no muy distante.
“¡Con que me dejes aquí es suficiente!”, Lin Ling, con la espalda y la cintura doloridas por el accidentado trayecto en carruaje, bajó apresuradamente del carruaje.
Shi Changyuan no bajó. Sentado en el carruaje, con la mano sosteniendo la cortinilla, clavó los ojos en Lin Ling como si quisiera copiar sus facciones con la mirada, por completo y sin errar ni un detalle.
Al ver que Shi Changyuan no bajaba, Lin Ling tampoco dijo nada. Se despidió con la mano y se dio la vuelta muy contento, pisó aquel sendero escarpado y desapareció ante los ojos de Shi Changyuan.
Shi Changyuan miró fijamente el final del sendero. La mano que sostenía la cortinilla cayó sobre el marco; estuvo a punto de hacer pedazos aquel marco de madera, y solo así logró controlarse para no salir tras él y traerlo amarrado de vuelta.
…
“Eh otro vecino nuevo se ha mudado aquí, y encima ya tiene forma. ¿Qué clase de espíritu eres?”
Lin Ling llegó a la montaña profunda y el bosque frondoso que tanto había anhelado, encontró un lugar de buen feng shui, puso ahí su pequeña maceta y con eso dio por arreglada su nueva casa.
[El Feng Shui es una antigua filosofía y disciplina milenaria china de origen taoísta que busca la armonía y el equilibrio de la energía vital (conocida como Chi o Qi) en los espacios que habitamos. Feng significa viento y shui es agua]
Lin Ling estaba a punto de saludar a su vecino cuando vio que un montón de pequeños espíritus se le acercaron, intentando curiosear al único espíritu que hasta ahora había tomado forma.
“Wow, tu forma humana es hermosa” dijo un zorro. “Ojalá mi forma humana también sea así de hermosa, para que cuando baje a la montaña a seducir eruditos no me cueste tanto”.
Lin Ling se quedó parado un momento e intentó aconsejarlo usando las novelas que había leído: “No lo hagas, eso terminará en tragedia”.
La historia que contó Lin Ling hizo que un montón de pequeños espíritus inocentes lloraran hasta quedarse sin aliento y salieran corriendo a buscar a sus mamás.
Lin Ling sonrió, y recordó que cuando él había llorado hasta tener los ojos hinchados por leer una novela, Shi Changyuan le había puesto un huevo para pasarle suavemente por los ojos…
Al pensar en eso Lin Ling se frotó la cara de inmediato.
¿Cómo iba a extrañar su casa el primer día fuera? ¡Él iba a cultivar en secreto y regresar a deslumbrar a todos!
Lin Ling se puso manos a la obra. Recuperó su forma original, volvió a su maceta y empezó a sentir el aliento espiritual del cielo y la tierra.
Por lo general, el cultivo de los espíritus no distinguía entre el día y la noche; incluso algunos espíritus se citaban por la noche para ir a rendir culto a la luna. Pero a Lin Ling, en cuanto llegaba la hora, le nacía de forma natural la sensación de que debía descansar.
“Pequeño hongo, ¿no vas a rendir culto a la luna?”
Lin Ling negó con la cabeza y declinó la invitación: “No voy, quiero descansar. Ustedes vayan”.
Dicho esto, Lin Ling se recostó de vuelta en su pequeña maceta.
Lin Ling no pudo dormir la primera noche.
Los otros espíritus, al volver del culto a la luna, vieron que Lin Ling seguía dando vueltas y se preocuparon: “¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?”
El pequeño hongo saltó de la maceta y lo pensó: “Será que es la primera vez que paso la noche fuera y todavía no me acostumbro. Con un día de adaptación bastará”.
Lin Ling efectivamente se adaptó y durmió la segunda noche.
Pero en ese duermevela se dio la vuelta y, por instinto, quiso meterse en el abrazo calientito que solía tener a su lado. Pero detrás de él no había nadie y se cayó de la maceta de golpe.
El pequeño hongo quedó tan aturdido por la caída que casi suelta una lagrimita.
La tercera noche, Lin Ling clavó sus duras hojitas en la tierra y cercó el borde de su maceta para evitar volver a caerse.
Pero otra vez no pudo dormir.
Ese día, en el monte, había visto muchas cosas asombrosas. Cascadas más grandes que las aguas termales, árboles de piedra que se alzaban hasta las nubes y muchas más. Sin darse cuenta, Lin Ling volvía la cabeza, queriendo compartirlas con la persona que tenía detrás.
Lin Ling, por miedo a olvidarlo, durante el día lo anotó todo en una hoja grande.
Otros espíritus lo vieron grabando caracteres; lejos de excluirlo, quedaron maravillados y le preguntaron si también podría grabar sus nombres.
Eso llegó a convertir a Lin Ling en el más popular de toda la montaña.
Lin Ling lo pensó un poco y también grabó ese asunto en la hoja.
Se puso sobre el cuerpo aquella hoja llena de caracteres. En cuanto entraba la noche profunda, aquellos caracteres eran como una nostalgia que crecía desenfrenada, rodeando a Lin Ling por completo, sin dejarle respirar.
Lin Ling acarició los caracteres de la hoja y sintió que cada símbolo que había grabado se volvía idéntico, convirtiéndose en los tres caracteres “施長淵” (Shi Chang Yuan).
El hongo se incorporó de golpe. Una idea se le hacía cada vez más clara y más honda en la cabeza.
No, tenía que regresar.
Quería quedarse junto a Shi Changyuan; medio año era demasiado tiempo, no lo soportaba.
Cuando aún no había amanecido, Lin Ling ya tenía empacada a toda prisa su maceta, bajó la montaña a oscuras. Cuando regresó a aquel sendero y pudo entrever la aldea ya era pleno día.
Lin Ling cayó en la cuenta de algo muy importante.
No parecía haber carruajes en la aldea.
Si tenía que ir de esa aldea pequeña de vuelta a la capital, aunque pidiera prestado un carruaje, necesitaría tres días; tal vez una semana si era una carreta de bueyes. Pero si tenía que irse caminando… ¡Lin Ling no se atrevía ni a imaginarse cuánto tardaría!
El pequeño hongo sintió una oleada de desesperación, pero mientras se desesperaba, también se puso a avanzar resoplando y resoplando en dirección a Shi Changyuan.
…
“Majestad, ya es el cuarto día. Un reino no puede pasar un solo día sin su soberano”. Shunde, que acompañaba a Shi Changyuan, no paraba de suplicarle.
Shunde no se atrevía a mencionar al joven Lin, así que solo podía aconsejarlo desde los asuntos de gobierno. Resultó que Shi Changyuan despachó memoriales en el carruaje durante tres días. Más que los asuntos de gobierno, lo que preocupaba a Shunde era que en todos aquellos días Shi Changyuan casi no había probado comida ni agua.
Ya quería ordenar que enviaran tropas directamente, que cavaran tres pies bajo tierra en aquella montaña y trajeran al joven de vuelta a la fuerza.
Shi Changyuan le echó un vistazo a Shunde y abrió la boca, como si quisiera decir algo. De repente, desde muy lejos, pareció llegar un grito familiar.
La voz era tenue y débil, fácilmente dispersada por la cortante brisa primaveral.
Pero Shi Changyuan aun así lo oyó.
De una sola zancada bajó del carruaje. En aquel sendero por el que Lin Ling se había marchado y desaparecido, la silueta que tanto había anhelado apareció una vez más, corriendo hacia él a toda velocidad, sin aliento.
“¡¡¡Shi Changyuan!!!”
Shi Changyuan oyó a Lin Ling llamarlo y avanzó igual de rápido a su encuentro. La persona que día y noche había añorado se estrelló con fuerza contra su abrazo.
“¡Ya regresé!”
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