—¡Eso! ¡Eso es! —el abuelo Bai se puso en pie emocionado, tan agitado que apenas podía articular una frase completa.
Todos los presentes miraron al abuelo Bai sin comprender. ¿Un caramelo? ¿Tanto alboroto por un caramelo? ¿O acaso era tan delicioso?
Pero, la verdad, no parecía gran cosa.
Incluso los dulces que se servían en la propia fiesta se veían más refinados que aquello. Y ni siquiera sabían si Tang Yu se había lavado las manos antes de sostenerlo en la palma.
El abuelo Bai, sin embargo, ignoró por completo las miradas de los demás. Tan emocionado estaba que apenas podía caminar con firmeza. Cuando llegó frente a Tang Yu, preguntó en voz baja:
—Xiao Yu, ¿puedes… puedes dejarme verlo?
Tang Yu se lo tendió con toda naturalidad. Total, el abuelo Bai no iba a robarle el regalo a su propio nieto, ¿verdad?
El abuelo Bai tomó la pastilla de color azul claro con manos temblorosas:
—Xiao Yu, dime, ¿qué es esto?
Al percibir aquel tenue aroma medicinal, el abuelo Bai sintió que iba a desmayarse de la emoción.
¡No podía equivocarse! ¡Era eso!
—Es una pastilla, la he desarrollado yo.
¿Pastilla? Aunque el nombre no coincidía exactamente con lo que él recordaba, la forma y el aroma eran muy similares a lo que se describía en los registros antiguos.
—¿En qué se diferencia su efecto del de las pociones?
Al oír la pregunta del abuelo Bai, todos los presentes se quedaron atónitos. ¿Aquel objeto podía compararse con las pociones?
De repente, una oleada de miradas se posó sobre la pastilla que el abuelo Bai sostenía en la mano: curiosidad, desdén, incredulidad…
—El efecto de la pastilla es mucho mejor que el de las pociones —respondió Tang Yu con sinceridad.
Pero no todos creyeron sus palabras. Al menos, la mayoría no lo hizo.
—Ja, qué ridículo. ¿Pastillas? ¿Qué clase de patraña es esa? ¿Y te atreves a decir que es mejor que las pociones? —era el mismo joven noble que antes había llamado a Tang Yu “farmacéutico plebeyo”.
Tang Yu lo miró con indiferencia, sin decir una palabra.
El joven noble, creyendo que Tang Yu se sentía culpable, se envalentonó y siguió hablando sin freno:
—¡Ni siquiera el maestro Tan Zhiqiu ha logrado solidificar las pociones! ¿Y tú, un farmacéutico menor, dices poder hacerlo? ¡Qué ridículo! ¿Acaso te crees mejor que el maestro Tan?
—Mayordomo, haga el favor de acompañar a este caballero a la salida. Un invitado tan distinguido está más allá de nuestras posibilidades —dijo el abuelo Bai de repente, con voz fría.
Todos entendieron que el “distinguido invitado” al que se refería era aquel joven.
El noble miró al abuelo Bai con incredulidad:
—Abuelo Bai…
—¡Llámeme señor Bai! —lo cortó el anciano con severidad.
El joven noble se mordió el labio inferior con una expresión de humillación.
Luego, alzó la cabeza y se marchó con un gesto altivo:
—¡Solo es una familia Bai! ¿Qué tiene de especial?
Vaya, qué atrevimiento…
El joven noble era claramente alguien con poca experiencia y no sabía las consecuencias que sus palabras traerían. Aunque la familia Bai no hiciera nada contra él, su familia… eso ya era otra historia.
Después de todo, no eran muchas las familias que se atrevían a ofender a los Bai.
De repente, todas las miradas sobre Tang Yu cambiaron. Un farmacéutico que contaba con el reconocimiento del abuelo Bai, que lo había emocionado hasta tal punto…
—Xiao Yu —dijo el abuelo Bai con una sonrisa casi aduladora—, mi Xiao Jin te queda encomendado. Aunque es un poco frío, un poco torpe y un poco rígido, en general no está mal; al menos su apariencia es más que aceptable. Haz la vista gorda y quédate con él, ¿Si? Esta ofrenda nupcial, el abuelo la acepta en nombre de mi Xiao Jin.
Tang Yu escuchó aquello con el rostro lleno de rayas negras. Es cierto que Bai Jin era frío, pero no lo consideraba torpe ni rígido en absoluto. Y eso de “torpe para el romance”, ¿qué se suponía que significaba? Ni siquiera sabía qué era el romance.
Por favor, no infravaloren a su senior Bai…
Bai Jin extendió la mano hacia el abuelo Bai:
—Dámelo.
El abuelo Bai parpadeó con inocencia mientras escondía la mano a la espalda.
Bai Jin entrecerró los ojos, con un tono peligroso:
—Dámelo.
El abuelo dio dos pasos atrás, con la misma expresión de no saber de qué hablaba.
Viendo que el abuelo se hacía el tonto y no pensaba devolver la pastilla, Tang Yu intervino:
—Abuelo, esta pastilla no es adecuada para usted. Mejor devuélvasela a mi senior, es el regalo que le he preparado.
El abuelo Bai frunció los labios, con una expresión de haber sufrido una gran injusticia.
Tang Yu se quedó sin palabras. No había dicho nada malo; la pastilla realmente no era apropiada para él. Pero el abuelo parecía creer que lo estaban maltratando
—Dámela —repitió Bai Jin.
Ambos, abuelo y nieto, se miraron fijamente durante un buen rato. Finalmente, el abuelo Bai se rindió y, con desgana, le entregó la pastilla. Pero en seguida esbozó una sonrisa cariñosa y se dirigió a Tang Yu:
—Xiao Yu, la próxima vez recuerda preparar una pastilla adecuada para el abuelo, ¿eh?
Qué suerte tenía Xiao Jin de haber encontrado una pareja tan valiosa.
¡Y tan única!
Tang Yu no había tenido tiempo de responder cuando Bai Jin ya lo había cortado:
—No.
El abuelo Bai se quedó mirando a su nieto. ¿Ese era realmente su nieto? ¿Lo habían recogido de la calle?
Los invitados observaban la escena sin comprender cómo una fiesta de cumpleaños se había convertido en una disputa por una pastilla.
Bai Jin ordenó a la doncella que llevara la tarta a su habitación y se marchó con Tang Yu, dejando al abuelo Bai pataleando de rabia en la sala.
Al ver esto, Ivy y Bai Qi intentaron escabullirse también, pero su suerte no fue tan buena como la de Bai Jin. El abuelo Bai los atrapó.
—¡Ustedes dos! ¡Quédense a atender a los invitados! —exclamó, furioso.
¡Uno tras otro se escabullían! ¿Para qué había organizado entonces la fiesta?
Tang Yu, preocupado, no dejaba de mirar hacia atrás:
—¿De verdad está bien que nos vayamos así?
—No te preocupes —respondió Bai Jin mientras lo llevaba de vuelta a su habitación.
Nada más entrar, Tang Yu vio el enorme pastel.
—De verdad, gracias, mayor…
—¿Ya no me llamas “hermano Jin”? —preguntó Bai Jin, mirándolo fijamente.
Las mejillas de Tang Yu se tiñeron de rojo. ¡Eso había sido una situación especial! Antes le había resultado fácil decirlo, pero… ¿por qué ahora no podía pronunciarlo?
—Tu regalo me ha gustado mucho —dijo Bai Jin, levantando la muñeca para mostrar la pulsera que Tang Yu le había regalado.
Las mejillas de Tang Yu se volvieron aún más rojas.
—En realidad, no es para…
—¿Qué regalo quieres?
—…Esta tarta está bien…
Tang Yu dio un paso atrás sin querer. La mirada de Bai Jin era demasiado profunda, ¡demasiado intimidante!
Parecía que dos llamas ardientes bailaban en sus ojos, listas para consumirlo.
—¿Qué tal si te regalo yo mismo? (¿Qué tal si me regalo a ti? ) —dijo Bai Jin, acercándose paso a paso.
—Ya eres mío… —murmuró Tang Yu en voz baja.
Con su agudo oído, Bai Jin captó cada palabra. Una sonrisa se dibujó en sus labios. Su estado de ánimo era excelente.
Tang Yu, sin escapatoria, cayó sentado en la cama, y Bai Jin se inclinó sobre él.
—Mayor, ¿puedes levantarte primero?
—No— fue su rotunda respuesta.
Los labios de ambos se acercaban cada vez más. El corazón de Tang Yu comenzó a latir con fuerza. Un beso puro y sencillo cayó sobre sus labios, solo un beso, sin segundas intenciones.
Pero el beso fue cambiando de tono.
La calma se tornó en furia, y la ropa de Tang Yu desapareció sin que supiera cuándo.
Cuando sintió que su cuerpo era invadido de repente, Tang Yu dio un respingo.
¡Cielos! ¡Era para morirse!
El cuerpo sobre él comenzó a moverse sin piedad, sin darle tiempo a resistirse ni a pensar. Solo pudo dejarse llevar por el placer del deseo junto a Bai Jin.
La enorme tarta quedó olvidada en un rincón.
Ambos vivieron un cumpleaños inolvidable.
En los días siguientes, Bai Jin siguió atento a los movimientos de los insectos, mientras Tang Yu se dedicaba a preparar sus pastillas.
Su velocidad de elaboración aumentaba cada día. Los materiales de la familia Bai empezaron a escasear, así que Tang Yu recurrió a Ling Qian.
Ling Qian aceptó encantado. Proporcionaría los materiales gratis. En la familia Ling no faltaba dinero ni materiales; lo que Tang Yu necesitaba no era un problema.
Además, Ling Qian podía visitar la casa Bai con frecuencia, hacerse notar y observar de cerca cómo Tang Yu elaboraba sus pastillas.
Tang Yu notó que, desde que su cabello y sus ojos se habían vuelto negros, las ojeras habían desaparecido y el insomnio ya no lo atormentaba. Pero sentía que algo violento hervía en su interior, a punto de estallar en cualquier momento. Esa sensación lo preocupaba.
Aunque no sabía qué era, intuía que tenía que ver con el cambio de color de su cabello y sus ojos.
Al mismo tiempo, su nivel físico y su poder espiritual también habían mejorado mucho. Aunque no los hubiera medido con máquinas, la sensación de plenitud de fuerza era algo que no había experimentado en su vida anterior.
Ah, cierto, en su vida anterior ni siquiera había llegado a los dieciocho años…
Los días de vacaciones pasaron uno tras otro, y sus preguntas seguían sin respuesta. Bai Jin seguía ocupado, pero la convivencia entre ambos era armoniosa, como la de una pareja de toda la vida.
Las vacaciones terminaron, y llegó el nuevo semestre en la Primera Academia Militar.
Tang Yu, Bai Jin e Ivy se prepararon para volver a la academia, junto con Brian y Liu Xuan, los dos guardias de confianza.
Esta vez, Ling Qian los acompañaba también. Después de dos meses sin pisar la academia, Tang Yu sintió cierta nostalgia.
De repente recordó su primer día en la Primera Academia Militar. Bai Jin seguía siendo igual de frío que entonces, pero ya no lo despreciaba; ahora era su amado.
Tang Yu no pudo evitar suspirar: en ese año, habían pasado tantas cosas. Pero aún más cosas estaban por venir.
Su expresión se volvió seria. El compromiso que tenía pendiente también debía resolverse.
Planeta Hailu, familia Tang.
Tang Ziqi, cargando con un montón de equipaje, salió por la puerta de la casa Tang. Fuera lo esperaba un estudiante de la Primera Academia Militar.
—Buenos días, compañero. Le agradezco el esfuerzo por este viaje —dijo Tang Ziqi con una gran sonrisa.
La señora Tang observaba con nostalgia cómo su hijo subía a la nave espacial de la Primera Academia Militar, aunque en su interior sintió un leve desasosiego.
No sabía de dónde venía esa inquietud, pero Tang Ziqi ya estaba a bordo, y ya no podía hacer nada.
La señora Tang había olvidado por completo que también tenía otro hijo en la Primera Academia Militar.
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