—¿Quieres saber más sobre la familia del joven Bai? —la imagen holográfica de Ivy apareció frente a Tang Yu. Como estaba en casa, vestía ropa informal, muy distinto del estilo serio que mostraba en la academia.
Así, Ivy parecía más accesible.
—Sí, imagino que lo que encuentre en la red no será muy fiable, así que quería preguntarte —dijo Tang Yu con sinceridad.
Ivy asintió: —Hiciste bien en preguntarme. Nadie conoce a la familia del joven Bai mejor que yo.
—Cuéntame, ¿a quién viste hoy?
—Solo al abuelo Bai.
—Ah, eso es normal. El hermano mayor y el segundo hermano de Bai están muy ocupados; sería raro verlos —dijo Ivy.
—¿Hermano mayor y segundo hermano? ¿El señor es el tercero? —preguntó Tang Yu.
—¿No lo sabías? —Ivy se sorprendió.
Tang Yu se sintió un poco incómodo. ¿Podía decir que al principio evitaba a Bai Jin todo lo que podía? Luego vinieron el entrenamiento militar, las evaluaciones, la búsqueda de trabajo y créditos… y además se dormía en cualquier sitio. No había tenido tiempo para informarse.
Incluso después de que su relación cambiara, ya no solo eran compañeros de cuarto, sucedieron muchas cosas y se olvidó por completo.
—Bueno, da igual —dijo Ivy. Eran asuntos de la pareja; a él no le incumbía. Si al joven Bai no le importaba, ¿por qué iba a preocuparse él?
—El joven Bai es el tercero; tiene dos hermanos mayores, aunque son bastante mayores. El mayor tiene casi sesenta años —dijo Ivy—. Ocupa un alto rango en el ejército, también es general de división, pero a diferencia del joven Bai, lleva muchos años en el ejército y su influencia es mayor. Aunque, eso sí, los ciudadanos de la Alianza Huaxia admiran más al joven Bai.
Tang Yu entendía la influencia de Bai Jin; en la academia, sus seguidores eran innumerables. Era el ídolo de los jóvenes.
—En cuanto al segundo hermano, tiene más de cuarenta. No está en el ejército; es mercenario. Ahora mismo debe estar en algún lugar del universo.
—¿Mercenario? —Tang Yu no había oído ese término y le resultó interesante.
—Sí. Aunque también es militar, tiene más libertad —explicó Ivy.
¡Más libertad! A Tang Yu le pareció una opción atractiva.
Al ver los ojos brillantes de Tang Yu, Ivy sintió que se había metido en un lío: —No me digas que quieres ser mercenario…
Si el joven Bai se enteraba, no lo perdonaría.
Ivy sintió que se había buscado un problema.
—¿No es buena opción? —preguntó Tang Yu.
—¡Claro que no es buena! —exclamó Ivy—. Piensa: el joven Bai es general de división. Como militar de carrera, ¿crees que te dejaría separarte de su equipo? Y además, ser mercenario es muy peligroso.
¿Peligroso? ¿Y qué? Ya había muerto una vez, pensó Tang Yu frunciendo el ceño.
Al ver que Tang Yu no parecía inmutarse, Ivy sintió que le dolía el alma.
Tuvo que recurrir a su as bajo la manga: —Ni lo pienses. El joven Bai no te dejará ir. No quiere que vivas en peligro.
Tang Yu guardó silencio. No estaba seguro de si Bai Jin lo permitiría o no.
Pero Ivy tenía razón en algo: Bai Jin, siendo un militar formal, no lo dejaría ser mercenario.
—Entonces, ¿por qué el segundo hermano Bai puede…? —Tang Yu aún se resistía.
Ivy puso los ojos en blanco: —No sabes el escándalo que se armó con eso.
—¿Qué tan grande?
—No lo sé.
Se miraron en silencio un rato. Tang Yu empezó a dudar de si Ivy realmente conocía bien a la familia Bai.
—No me mires así. El caso es que los mayores no permiten que los que saben lo cuenten, así que yo tampoco sé mucho —aunque Ivy era el favorito de la familia Fox, precisamente por eso le guardaban mejor los secretos.
Bueno, Tang Yu dejó aparcado el tema de los mercenarios por ahora.
—Sigue contando.
—El padre del joven Bai es el mariscal Bai Yihuang, ¿lo sabías?
—Sí —asintió Tang Yu. Lo había visto el día del torneo, junto con muchas otras personas que no conocía. Aunque había muchos desconocidos, por su porte especial, los recordaba bien.
—El mariscal Bai lleva casi veinte años en el cargo. Por cierto, se acerca el cambio de mandato —dijo Ivy. Justo después del torneo interestelar, habría relevo cargo de mariscal.
Seguro que habría agitación. Por cómo lo veía, el tío Bai no parecía dispuesto a reelegirse.
Pero sus intenciones no eran fáciles de descifrar. El año que viene pintaba movido.
—Ah —Tang Yu no entendía mucho de esos asuntos, así que lo dejó pasar. No tenía nada que ver con él.
—Y al abuelo Bai, ya lo conociste. Dicen que en su juventud fue un personaje temible y enérgico, pero con la edad, uno cambia —dijo Ivy con evasivas.
Tang Yu se quedó con la cara llena de rayas.
(Nota: “Tener la cara llena de líneas negras” o “la cara llena de rayas” en este caso— Es una traducción literal de una expresión muy común en el cómic y la literatura china para indicar vergüenza, impotencia, desconcierto o incomodidad ante algo absurdo).
—Eso es todo. ¿Quieres saber algo más?
Tang Yu dudó: —¿Y la madre del señor? ¿O su padre?
—Falleció.
—¿Falleció? —Tang Yu se sorprendió.
—Sí, cuando el joven Bai tenía quince años. La señora Bai ya era de muy avanzada edad cuando dio a luz al joven Bai.
¿Muy avanzada? ¿Cuántos años tendría?
La esperanza de vida humana era de unos trescientos años. Muy avanzada… ¿quizá más de doscientos cincuenta? ¿Y qué edad tendría entonces el abuelo Bai?
Tang Yu se hizo esa pregunta, pero notó que Ivy no mostraba ninguna extrañeza, lo cual le pareció raro.
—Ah, y el joven Bai es el primero en llevar a su pareja a casa. Sus hermanos mayores siguen solteros.
La palabra “pareja” hizo que Tang Yu se sonrojara. Sintió alegría, pero también culpa y vergüenza.
Ivy adivinó sus pensamientos. Solo alguien tan bueno como Tang Yu le daría importancia a un compromiso sin sentido.
El compromiso, en el fondo, no era más que una atadura para los hijos e hijas de las familias nobles. En las familias civiles ni siquiera existía.
Y Tang Yu era claramente un peón de la familia Tang. Ni su propia madre lo quería. ¿Por qué no pensaba un poco más en sí mismo?
Como se dice: “Si no velas por ti mismo, el cielo y la tierra te destruirán”. Si ni siquiera podía decidir su propia vida, ¿de qué servía haber nacido?
—¿El senior nunca ha traído a nadie? —preguntó Tang Yu mordiéndose el labio. Alguien tan popular como Bai Jin, ¿cómo no iba a tener pretendientes?
—¡Nunca! Ese Bai Jin no deja que nadie se le acerque —si él no se hubiera empeñado en ser su amigo, seguro que ahora tampoco se acercaría.
—Por cierto, pasado mañana es el cumpleaños del joven Bai. ¿Ya tienes regalo? —preguntó Ivy con sorna.
Si le preguntaban a él, Tang Yu no necesitaba preparar nada; bastaba con que se entregara a sí mismo. Ese sería el mejor regalo para Bai Jin.
Seguro que a Bai Jin le encantaría.
—¿El cumpleaños del senior?
—Sí, pasado mañana, el 7 de julio.
El 7 de julio, esa fecha le sonaba tan familiar. Pero Tang Yu pronto lo olvidó; ahora solo pensaba en qué regalo podría hacerle a Bai Jin.
Como si leyera su mente, Ivy dijo: —Estos días podemos salir a dar una vuelta. Seguro que es tu primera vez en el planeta capital; yo lo conozco como la palma de mi mano.
Tang Yu lo pensó y aceptó: —¡De acuerdo!
Siguieron charlando de otras cosas, pero al poco rato Tang Yu sintió que los párpados se le cerraban. Iba a avisar a Ivy de que se iba a dormir, pero apenas abrió la boca, cayó desplomado.
Por suerte, estaba sentado en la cama; si no, se habría estrellado contra el suelo.
Ivy, que nunca había visto a Tang Yu dormirse de repente así, se asustó muchísimo.
—¡Pequeño Tang Yu! ¡Tang Yu! ¡Tang Yu! —gritó cada vez más fuerte, pero Tang Yu no reaccionaba.
Ivy, desesperado, iba a salir a ver qué pasaba, cuando Bai Jin salió del baño.
Vio el holograma de Ivy y lo miró con indiferencia: —¿Por qué gritas tanto?
Ivy, como si viera un salvavidas, dijo rápido: —¡Mira a Tang Yu! ¡Se ha desplomado de repente! ¿Estará enfermo? ¿Será una secuela de la lesión de antes?
Bai Jin, con solo mirar, supo lo que pasaba.
—Está dormido.
Ivy:…
—¿¡Dormido!? —la cara de Ivy se torció. ¡Por dormir no hacía falta dar semejante susto!
Pero, ¿cómo podía Bai Jin mostrarse tan tranquilo?
—¿Siempre le pasa esto?
Bai Jin asintió, levantó a Tang Yu con cuidado, lo acomodó en la cama y lo tapó con la manta. Luego se giró hacia Ivy:
—Cuelga.
Ivy, atontado, dijo: —Ah… — lo había dejado pasmado la ternura de los movimientos de Bai Jin. Recién cuando la imagen se apagó, reaccionó.
—El joven Bai está completamente perdido por él…
Bueno, en la familia Bai todos eran románticos. Si hubiera un mujeriego o un desamorado (NT: que ha perdido o no ha encontrado el amor), eso sí que sería raro.
Bai Jin miró el rostro dormido de Tang Yu un momento y luego salió.
Apenas cerró la puerta, el mayordomo lo esperaba.
—Joven amo, el señor le pide que pase.
Bai Jin asintió y se dirigió a la habitación del abuelo Bai.
El abuelo Bai ya no tenía el aire afable de antes. Ahora su rostro era serio.
—¿Xiao Yu se ha dormido?
—Esa muestra de sangre que me diste, es de Xiao Yu, ¿verdad? —preguntó el abuelo Bai.
Bai Jin lanzó una mirada penetrante a su abuelo. Aunque era imponente, el abuelo Bai, curtido en batallas, había visto de todo.
Pero, sin duda, Bai Jin era mucho más poderoso que aquellos de su tiempo.
Ver a su nieto así le llenaba de orgullo.
Pero había cosas que decir.
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