Jaehwan calmó con serenidad los recuerdos que afloraban y puso en orden su mente.
Así que, de todos modos, ¿no existía un Mongma?
Tenía algo que quería preguntarles sin falta si llegaba a encontrarse con uno, así que era una lástima.
Jaehwan volvió a preguntar:
—Entonces, entre los artesanos que quedan, ¿quién es el mejor?
—Después de él, está el submaestro del taller, el señor Michael, pero…
El artesano recorrió de arriba abajo con la mirada el aspecto de Jaehwan y dejó la frase inconclusa. Jaehwan también bajó la vista hacia su propio cuerpo.
Pensándolo bien, se había olvidado de que seguía vestido como un mendigo.
—Los procesos del señor Michael tienen un coste considerable. Además, también se necesitan materiales para la fabricación…
—Traje los materiales.
En un taller, cuando se hablaba de ‘materiales’, normalmente se hacía referencia a los cuernos de las bestias cornudas.
Por supuesto, también refinaban metales como acero o hierro negro, pero dentro de «Fantasía de Bestias» no existía ningún material tan valioso como los cuernos de las bestias cornudas.
Porque ningún metal era más ligero y resistente que un cuerno de bestia cornuda.
—¿… Dice que ha traído un cuerno?
El artesano volvió a preguntar con voz desconfiada:
—Nosotros no aceptamos encargos si no se trata, como mínimo, de un cuerno de una bestia de un bicornio ¿Qué le parecería elegir uno de nuestros modelos estándar? Después de todo, están fabricados por nuestro «Crepúsculo Penumbroso», así que incluso los modelos estándar tienen una calidad bastante exce…
Jaehwan negó varias veces con la cabeza y el artesano, algo avergonzado, estaba a punto de decir algo cuando Jaehwan preguntó:
—¿Esa bestia bicornio de la que hablas es el monstruo que tiene dos cuernos?
—…
Jaehwan rebuscó silenciosamente en su mochila dimensional y sacó un cuerno que pensaba utilizar para la fabricación.
Era un cuerno que había obtenido tiempo atrás tras matar a una bestia monstruosa con forma de lobo. El artesano, que sin darse cuenta lo recibió y lo abrazó contra su pecho, observó el cuerno durante largo rato.
Después, sus manos comenzaron a temblar violentamente.
—¿E-esto qué demonios es…?
Incluso él, que había recibido formación como artesano durante muchos años en «Crepúsculo Penumbroso» veía por primera vez un cuerno semejante.
El brillo negro del cuerno.
Su dureza y grosor. Tan solo contemplarlo resultaba embriagador.
—Algo tan grande y hermoso…
El joven artesano comprendió una cosa. Aquel encargo no era algo que pudiera decidirse a su nivel.
—S-sí, así es, pero…
La cabeza del artesano, que miraba apresuradamente a todos lados, se detuvo en un punto.
Cerca del horno central se habían reunido más de una decena de artesanos, murmurando entre ellos como si estuvieran contemplando algún espectáculo.
—¡Ah, justamente el submaestro del taller está…!
Antes de que el artesano terminara de hablar, Jaehwan ya se dirigía hacia allí.
Tras él caminó Mino, soltando un profundo suspiro y detrás de ella, el artesano que aún sostenía el cuerno salió corriendo apresuradamente para seguirlos.
♦ ╬ ♦
El submaestro del taller de «Crepúsculo Penumbroso»
El ‘Artesano del Amanecer‘, Michael. No había nadie en la Fortaleza Gorgona que no la conociera.
Porque era una de las poquísimas personas entre los humanos que habían alcanzado el rango de Aprendiz como fabricante.
Un título reservado exclusivamente para los Mongma.
Aunque ‘Aprendiz’ era el rango más bajo entre las tres categorías de fabricantes, el simple hecho de que aquellos Mongma tan orgullosos reconocieran a una raza distinta como fabricante había sido un acontecimiento de enorme importancia.
—Je, je. Parece que yo también me he hecho viejo.
Y eso había ocurrido ya hacía varias décadas. Últimamente, Michael estaba tomando conciencia de sus propios límites.
«Culpa a la raza con la que naciste. Con un cuerpo humano jamás podrás ascender más allá de Aprendiz.»
Recordó las palabras que le había dicho un Mongma cuando recibió por primera vez el título de Aprendiz.
Al principio no las creyó.
El joven Michael pensó: Todavía tenía tiempo y también tenía pasión.
Aunque hubiera nacido perteneciendo a una raza desfavorecida, no existía nada que no pudiera alcanzar mediante el esfuerzo.
Mientras los Mongma dormían, él practicaba una vez más el templado y el curtido.
Mientras los Mongma jugaban, estudiaba metalurgia.
Con la convicción de que algún día podría convertirse en un ‘Maestro Artesano’ o incluso en un ‘Gran Maestro Artesano’.
Los esfuerzos de Michael acabaron otorgándole el sobrenombre de Artesano del Amanecer.
Fue un apodo que le dieron quienes admiraban verlo seguir esforzándose incluso al amanecer, cuando todos los demás dormían. Sin embargo, incluso el Artesano del Amanecer, al aproximarse poco a poco al crepúsculo de su propia vida, terminó comprendiendo gradualmente la verdad del mundo.
Por mucho que uno se esfuerce, existen cosas imposibles.
—Ya ni siquiera puedo seguir con esto—. Michael murmuró mientras observaba el cuerno colocado frente a él.
Era el cuerno de una bestia de cuatro cuernos entregado personalmente por el señor de la Casa Mugeuk, una de las Diez Casas del Caos.
El encargo consistía en fabricar una espada.
El proceso de fabricación estaba prácticamente terminado. El problema era el trabajo final de acabado.
«Haz un soporte para gema en el centro de la empuñadura».
Crear un soporte en un material tan duro como el cuerno de una bestia de cuatro cuernos no era tarea sencilla.
No.
Ni siquiera romperlo era fácil. Así de resistente era el cuerno de una bestia de cuatro cuernos.
Gracias a sus técnicas particulares había conseguido tallar la hoja y darle forma. Pero ¿un soporte para gema…?
La habilidad exclusiva de los Mongma; «Procesamiento».
Incluso usando esta habilidad, que había aprendido de ellos al alcanzar el rango de Aprendiz, excavar un soporte tan preciso en un cuerno de bestia de cuatro cuernos seguía siendo una tarea extremadamente difícil.
“Quizá cuando era joven…”
Al final, Michael dejó de trabajar por un momento. Si quería continuar, necesitaba descansar lo suficiente.
Al verlo así, los artesanos que lo rodeaban se abalanzaron enseguida.
—¡Maestro, déjeme intentarlo a mí!
—¡Permítame probarlo una vez…!
Michael soltó una risita.
Ser joven era algo bueno.
—¡Con su habilidad no tienen ninguna posibilidad, mocosos!
Michael sabía que ninguno de ellos lograría superarlo. Porque en este mundo existían cosas imposibles.
Los humanos jamás podrían superar a los Mongma en el campo de la fabricación. Aun así, el ardor de la juventud calentaba incluso el envejecido corazón de Michael.
La juventud debía consumirse por completo mientras aún se era joven. Lo único que él podía hacer era avivar el fuego para que aquella juventud ardiera en el momento adecuado.
—Muy bien. Si hay alguno de ustedes que es capaz de abrir un agujero en este cuerno, sea quien sea, le cederé durante un día entero el puesto de submaestro de este «Crepúsculo Penumbroso».
Mantener viva la ilusión de que con esfuerzo se puede lograr cualquier cosa.
Quizá ese fuera el papel que le correspondía a alguien viejo como él.
Eso pensó Michael.
—¿De verdad?
—¡Entonces yo también!
Los jóvenes artesanos, excitados, se lanzaron uno tras otro.
Naturalmente, ninguno tuvo éxito. Incluso aquellos que sabían manejar la energía espiritual bastante bien fueron incapaces de dejar una sola marca en el cuerno de la bestia de cuatro cuernos.
Ese era el tipo de material que era un cuerno de bestia de cuatro cuernos.
—Yo también quiero probar.
¿Quién era?
Era un rostro desconocido.
La expresión de Michael, que se estaba abanicando con la mano en medio del calor del horno central, se volvió extraña.
—¡Señor, no puede hacer eso ahí!
Se veía a un artesano corriendo apresuradamente con los brazos cargados de algo. Era Neiven, quien recientemente había sido asignado a la recepción de la entrada.
—Neiven, ¿quién es ese? ¿Y qué es eso que llevas en brazos? —preguntó Michael.
—E-es que…
Neiven no sabía por dónde empezar a explicar. Alternaba la mirada entre Jaehwan y el cuerno que llevaba abrazado.
Michael suspiró y preguntó:
—¿Quién es usted? Los forasteros no pueden entrar aquí libremente.
—Solo hay que hacer una ranura en esta empuñadura, ¿verdad?
Una luz diferente brilló en los ojos de Michael. Vestía como un mendigo, pero en cuanto a audacia, poseía el nivel de un artesano de primera categoría.
“¿Será un joven artesano viajando por el «Caos»?”
Michael apartó con un gesto a los artesanos que estaban creando una atmósfera intimidante.
—Dejen que lo intente.
No sabía de dónde había salido aquel sujeto. Pero no podía negarse que poseía un valor extraordinario.
En «Crepúsculo Penumbroso», donde los artesanos principiantes solían encogerse de miedo, mostrar semejante aplomo era algo digno de elogio como imprudencia juvenil.
Sin embargo, la imprudencia seguía siendo imprudencia. La autoridad no se construye de la noche a la mañana y precisamente porque no se derrumba, es autoridad.
Y el taller «Crepúsculo Penumbroso» era prácticamente el símbolo mismo de esa autoridad.
Si era así, pensó Michael, quizá tampoco fuera mala idea aprovechar la ocasión para mostrar el prestigio de «Crepúsculo Penumbroso»
—¿Eh?
El hombre levantó rígidamente un dedo.
Después afiló la punta de ese dedo y la acercó a la empuñadura hecha con cuerno de bestia de cuatro cuernos. Como si pretendiera excavar una ranura usando únicamente el dedo.
Era una locura.
Si alguien hacía eso, cien de cada cien veces terminaría con el dedo roto.
Por supuesto, los Mongma de alto nivel podían refinar cuernos de bestias sin necesidad de herramientas, pero jamás había oído hablar de un humano que hubiera conseguido algo así.
Si semejante cosa fuera posible, no habría tenido que sufrir tanto hasta ahora…
Y entonces, acompañado por un estruendo ensordecedor, el polvo explotó.
Fue un ruido tan fuerte que parecía capaz de derrumbar por completo «Crepúsculo Penumbroso».
Como si toda la base rocosa sobre la que se asentaba el taller hubiera sido sacudida.
Hasta ese momento, Michael aún no lo sabía.
No sabía que aquel sonido era el ruido de todos los esfuerzos acumulados durante toda su vida haciéndose añicos.
El polvo que había llenado todas las direcciones comenzó a disiparse poco a poco. Debajo del yunque podía verse una pequeña cavidad excavada exactamente con el grosor de un dedo.
Había penetrado tan profundamente que resultaba imposible ver el fondo.
—E-e-e-e-e…
Todos en el taller dudaron de sus propios ojos.
—¿Así sirve?
El hombre en cuestión seguía exactamente dónde estaba.
La espada fabricada con cuerno de bestia de cuatro cuernos había quedado ensartada en su dedo por el soporte, girando en círculos en el aire.
Al contemplar la espada girando sin parar, el mundo de Michael también comenzó a girar y dentro de aquel mareo, él logró recuperar apenas la compostura y preguntó:
—¿Quién demonios es usted?
Jaehwan pensó que ya estaba empezando a cansarse de escuchar esa pregunta una y otra vez, y respondió:
—… Submaestro de taller.
Ante esas palabras, el rostro de Michael mejoró ligeramente. Si se trataba de algún submaestro de taller de algún lugar, tal vez fuera un experto famoso.
—¿Submaestro? ¿De qué taller exactamente?
Jaehwan respondió despreocupadamente:
—Crepúsculo Penumbroso.
Al oír aquello, varios artesanos del taller abrieron los ojos con furia.
—¿Este bastardo? ¿Nos estás tomando el pelo?
—¡Cómo te atreves a usar el nombre de «Crepúsculo Penumbroso»…!
Pero Jaehwan, sin siquiera pestañear, dijo:
—Lo prometiste hace un momento, ¿no?
“¿Lo prometí?”
La misma escena cruzó la mente de todos.
Un momento.
¿No será…?
«Muy bien. Si hay alguno de ustedes que es capaz de abrir un agujero en este cuerno, sea quien sea, le cederé durante un día entero el puesto de submaestro de este ‘Crepúsculo Penumbroso’».
El rostro del submaestro Michael se endureció y Jaehwan volvió a decir:
—Durante hoy, yo soy el submaestro de «Crepúsculo Penumbroso».
Pero al instante siguiente.
Crack…
Comenzaron a aparecer grietas en el cuerno de bestia de cuatro cuernos que oscilaba sobre el dedo de Jaehwan.
Acto seguido, el rostro de Michael se volvió completamente blanco.
—¡N-no…!
El durísimo cuerno de bestia de cuatro cuernos, que nada menos que el señor de la Casa Mugeuk había confiado personalmente al taller, se estaba haciendo pedazos y dispersándose por el aire.
Jaehwan frunció el ceño y murmuró:
—… Solo fue un pinchazo suave.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.