Zhou Mingyue rezaba con todas sus fuerzas al cielo, pero el cielo no escuchaba sus suplicas.
En aquel pequeño supermercado solo había tres personas. Pedirles ayuda no era imposible, pero entrañaba cierto riesgo. Los pasos de Zhou Mingyue eran lentos e indecisos, y en sus ojos flotaba una vacilación que, entre el miedo que la consumía, no dejaba de generar pensamientos racionales y contradictorios: ¿podría pedirles ayuda? ¿Lo lograría?
En estos días, el estado mental inestable y el semblante siniestro de Ke Junyi se habían grabado en su corazón, haciéndola estremecer una y otra vez. Por las noches se abrazaba a sí misma sin atreverse a dormir, despertandose una y otra vez sobresaltada, porque podía ver con total claridad que Ke Junyi, temiendo que huyera, permanecía despierto a su lado toda la noche con un cuchillo junto a la almohada. El joven sonreía con suavidad y le decia: —Yueyue, que bonita eres cuando duermes.
Bonita, adorable… esas palabras Zhou Mingyue las había escuchado incontables veces desde pequeña. Alegre y vivaz como era, siempre había estado orgullosa de su aspecto. Pero ahora solo le provocaban un escalofrío profundo.
—Cuando cumplas veinte años, nos casaremos.
Al escuchar esas palabras, Zhou Mingyue sintió que casi enloquecía de terror. Pensaba que si seguían conviviendo así, aunque Ke Junyi no la volviera loca, ella misma acabaría perdiendo la cordura en aquel ambiente opresivo y aterrador.
Ke Junyi repetía una y otra vez: —Yueyue, me gustas, tu también me gustas a mi, estamos hechos el uno para el otro, te trataré bien—. Pero el cuchillo contra su cuello la hacía temblar sin parar, y aquella actitud dominante no le dejaba ningún margen para negarse. Durante la huida de la policía, él había tomado unas tijeras y le había cortado el largo cabello que ella tanto quería, diciendo que ese cabello los delataria. Cuando los mechones cayeron al suelo, el corazón de la joven casi murió con ellos.
Caída en manos de un loco, pensaba sin esperanza que esos cabellos que se balanceaban al caer eran el presagio de su destino.
Y al escuchar una vez más de sus labios las palabras —me gustas— y —nos queremos mutuamente—, Zhou Mingyue sintió pánico. ¡Ella no recordaba haber dicho jamás que le gustaba! ¿Por qué había llegado él a semejante malentendido?
Estaba sufriendo enormemente.
Estos días de vida errante, escondiéndose en despoblados y vagando de un lado a otro, con la vida pendiente de un hilo en todo momento, la tenían permanentemente al borde del colapso. En sus dieciséis años de vida nunca había padecido semejante tormento, y ansiaba desesperadamente que alguien la rescatara de las manos de Ke Junyi.
Había fantaseado incontables veces: si se presentaba la oportunidad, si se presentaba la oportunidad, pediría socorro a gritos, arriesgándose a recibir algunas puñaladas a cambio de una posibilidad de escapar.
Pero su deseo había quedado frustrado.
Había usado mil excusas, hambre, sed y otras, desgastando su argumentación hasta el límite para conseguir ir a un lugar público. Y resultó que en el supermercado casi no había nadie.
Una niña, una mujer joven y un empleado. Ni un solo hombre adulto de complexión fuerte. Si hubiera habido aunque fuera un hombre adulto medianamente corpulento, Zhou Mingyue no habría dudado un segundo en pedir ayuda. Pero no había ninguno.
Si pedía ayuda sin éxito, solo conseguiría arrastrar a inocentes a su desgracia.
No podía arriesgarse. Tendría que esperar otra oportunidad.
Las lágrimas giraban en los ojos de la joven. Se mordió el labio y se esforzó por tragarse el gemido de angustia. Y así era en efecto, tal como Jiang Xuelü había visto en el futuro.
Aquel supermercado estaba en las afueras de la ciudad, junto a una gris carretera por la que de día apenas pasaban algunos viajeros que se detenían a repostar. Desde fuera, el escaparate transparente permitía ver las estanterías del interior de un vistazo.
Zhou Mingyue había sentido una alegría desbordante al ver la gasolinera. En ese momento estaba a punto de pedir ayuda a un hombre adulto. Ese hombre había posado la vista en el rostro ambiguo de aquel —joven—, pareciendo reconocer algo. El caso de la desaparición de la joven había sido portada en toda la red, y muchos recordaban el aspecto de Zhou Mingyue y su largo y hermoso cabello.
De no haber ocurrido nada imprevisto, habría podido ser rescatada con la ayuda de ese transeúnte.
Cuando el hombre volvió la mirada hacia ella, el corazón de Zhou Mingyue se aceleró. Abrió la boca en silencio, queriendo pronunciar aquel débil “ayúdame”.
Pero no había contado con que el momento fuera tan inoportuno.
Dentro del supermercado, un niño de repente tomó una botella y gritó emocionado: —¡Gane papá! ¡Gané otra vez! ¡Otra botella!— El empleado se volvió hacia él: —A ver, pequeño—. El padre del niño también apartó la mirada y se acercó rápido. —¡Qué suerte tienes, hijo!
El hombre no había mirado con atención y, naturalmente, se perdió la tristeza y el abatimiento que se asomaban en el rostro de aquel “joven”
La risa alegre del niño brincando atrajo la atención de todos los presentes en el supermercado. Aquel ambiente festivo y aquella concentración de personas parecian incomodar a Ke Junyi, que se puso en guardia y dijo en voz baja: —¡Yueyue, nos vamos!
Y así, fue arrastrada a la fuerza y sacada de la gasolinera.
El primer intento había fracasado por completo.
Para colmo, la policía había levantado la liebre. Ke Junyi acababa de obligar a Zhou Mingyue a subir a un coche blanco amenazandola, cuando inmediatamente después los voluntarios de Chaoshan iniciaron una búsqueda masiva en la zona, dispuestos a remover cielo y tierra para encontrar a la joven. La casualidad quiso que casi se cruzaran. Zhou Mingyue no fue rescatada, y el secuestrador Ke Junyi, presa del pánico, se la llevó esa misma noche cambiando de escondite.
Durante el mes siguiente, Zhou Mingyue no se resignó a su suerte. Planificó un segundo intento, luego un tercero, pero ambos fallaron.
Con el paso del tiempo, todo el mundo creía que había muerto. Los efectivos policiales comenzaron a retirarse, los controles en las carreteras se levantaron, los drones que sobrevolaban la ciudad fueron recogidos uno a uno, y los familiares, desanimados, se sumaron al duelo colectivo en internet encendiendo velas virtuales en su memoria. Solo cuando la gente desapareció del mapa, Ke Junyi se atrevió a salir con ella, y fue entonces cuando tuvo oportunidad de escapar.
Dicho de otro modo, si la mariposa no hubiera batido las alas, la joven habría tenido que soportar un mes más de tormento.
Pero es que tenía tanto miedo, un miedo que le recorría el cuerpo entero haciéndola temblar. Tras tantos fracasos y tanta desesperanza, sentía que el mundo entero era incapaz de salvarla. No tenía porqué haber sufrido todo aquello.
Anhelaba con todas sus fuerzas que en ese momento cayera del cielo un grupo de héroes que la rescatara de aquel infierno.
No había héroes, solo policía que había tendido una red en cuanto recibió la denuncia. Zhou Mingyue esperaba que alguien descubriera su situación y la rescatara con éxito, sin saber que los familiares de la víctima y los agentes de policía estaban igual de tensos que ella: el secuestrador tenía un rehén, había que proteger su seguridad a toda costa.
Sus corazones latian, en ese momento, al mismo ritmo.
Habían pasado exactamente tres días desde que Jiang Xuelü se había levantado en la comisaría y había pedido de manera inesperada una fotografía a la señora Shao para informarles sobre el paradero de la joven.
—Tres días después, gasolinera del norte de la ciudad—. Como un tifón que arrasa con todo a su paso, aquel nombre había quedado grabado a fuego en la mente de todos. La noticia de que la chica se encontraba sana y salva por el momento supuso un enorme alivio para la familia. La señora Shao se secó las lágrimas y recuperó el ánimo.
La policía de Jiangzhou fue inmediatamente a revisar las cámaras de la autopista, buscando la combinación de un joven universitario y un adolescente. Al cambiar el criterio de búsqueda de chica joven a chico joven, lograron dar, entre decenas de miles de vehículos, con un coche blanco.
Bajo la cámara de vigilancia, al volante había un joven universitario de aspecto apuesto y sombrío que conducía con una sola mano; en el asiento del copiloto, un adolescente con sudadera y el cinturón abrochado. Ese adolescente llevaba la cabeza gacha durante todo el trayecto, en aparente silencio, y la cámara no alcanzaba a capturar su cara, por lo que no había llamado la atención de la policía.
—¿Por qué no pedía ayuda? Un cuchillo apuntaba a su espalda.
Gracias a esta frase de Jiang Xuelü, la unidad de tráfico volvió a revisar las grabaciones una y otra vez hasta que finalmente descubrió la anomalía.
El joven universitario conducía con una sola mano; la derecha, debajo de la chaqueta, parecía reflejar un destello blanco. Combinado con el estado completamente anormal del copiloto, que permanecía en silencio con la cabeza gacha durante todo el trayecto, la conclusión era evidente: secuestro.
Una escena llena de peligro que puso a todos en estado de máxima alerta.
Aquel secuestrador era increíblemente audaz: no solo le había cortado el cabello a la víctima y la había obligado a vestirse de hombre, sino que gracias a ese disfraz había conseguido burlar el primer control policial en la carretera.
Gracias a la matrícula, la policía averiguó la identidad del propietario del vehículo.
Ke Junyi, estudiante de tercer año de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Jiangzhou.
El día anterior a los hechos había faltado a clase sin justificación y nadie lo había notado. La Universidad de Jiangzhou tenía un ambiente académico relajado y libre, la Facultad de Administración era muy numerosa, y que un compañero de por sí introvertido faltara a clase sin avisar no llamaría la atención de profesores ni tutores. Antes de cometer el secuestro, Ke Junyi había dicho a sus compañeros de habitación: —Tengo un asunto familiar, voy a estar fuera un tiempo. Os pido que me cubran en las listas de asistencia.
Los tres compañeros aceptaron sin dudar.
Cuando el profesor pasaba lista, se lo habían repartido entre ellos para responder por él.
El día que llegó la policía de paisano, estaban en una clase magistral. Un agente preguntó en voz alta y con semblante serio: —¿Esta Ke Junyi?— Uno de los compañeros respondió por reflejo:
—¡Presente!—
—¿Usted es Ke Junyi?— El compañero vaciló un instante y asintió con decisión, y acto seguido fue retenido por la policía, completamente desconcertado. Solo ese día la policía supo que Ke Junyi llevaba varios días sin aparecer por la universidad.
Los compañeros de habitación también quedaron boquiabiertos, sin poder creer que Ke Junyi hubiera cometido algo tan monstruoso: ¡había secuestrado a la hermana de un compañero!
Que un universitario secuestrara a una menor de edad era algo que sacudiría a toda la sociedad. Para eludir el seguimiento, había cortado el pelo de la víctima, causándole daño físico adicional. Y ellos, sin saberlo, habían contribuido a despistar a la policía.
La policia investigo la personalidad de Ke Junyi y supo por sus compañeros que era una persona silenciosa e inteligente, un estudiante de lo mas corriente en la Universidad de Jiangzhou, que apenas tenia contacto con el sexo opuesto y que mostraba escaso interes por la vida social. En su comportamiento cotidiano era completamente normal, sin ninguna relación con palabras como “extremista” u “obsesivo”.
Eso sí, en los días previos al incidente lo habian visto muy a menudo con el teléfono en la mano.
Todo el mundo se preguntaba: ¿por qué un estudiante de una universidad de prestigio había hecho algo tan perturbador?
Una vez confirmada la identidad del secuestrador, todo fue mucho más rápido. La policía actuó de inmediato y rastreó el historial de movimientos del vehículo registrado a nombre de Ke Junyi y la localización de su número de teléfono.
La tecnología de localización solo permitia acotar una zona aproximada, pero pronto encontraron el coche blanco aparcado al borde de un camino en medio de la nada. No había nadie dentro.
La policia se decepcionó un poco, pero el hecho de que el coche blanco siguiera allí significaba que las pistas dejadas en el lugar no habían desaparecido. La unidad canina entro en acción. Los perros olisquearon el interior del coche y en pocos segundos ladraron y echaron a correr hacia un paraje silvestre. Al caer la tarde, aquel terreno montañoso estaba en penumbra, como una enorme boca que se abría hacia el abismo. Solo cuando los animales llegaron a un río y perdieron el rastro, el equipo de búsqueda freno.
—Debe de ser esta zona.
Guardaron silencio y calmaron a los perros. El joven había advertido que no debían alertar al secuestrador.
Ke Junyi tenía un rehén. No podían actuar precipitadamente.
Los investigadores ya estaban revisando las redes sociales de Ke Junyi. Encontraron su cuenta secundaria con un montón de publicaciones que una y otra vez repetían las mismas cosas:
—Hoy me ha sonreido.
—El hermano de ella es un estorbo. ¿Por qué le pone la mano en el hombro? ¿Por qué se mete tanto en su vida? Incluso entre hermanos hay que mantener las distancias.
—¿Un pelo largo es tan bonito? La gente es tan vulgar.
—Me ha guiñado el ojo. Ya veo que… le gusto.
—Me gusta ella, y yo le gusto a ella. ¿Cómo puede ser tan buena la casualidad?
—Cuanto quisiera huir con ella de esta ciudad ruidosa y vivir como Adan y Eva en plena naturaleza.
La policía se frotó la frente, se restregó los ojos creyendo que había leído mal, porque según todas las investigaciones realizadas, los testimonios de compañeros, familiares de la víctima y el hermano de Zhou Mingyue confirmaban que Zhou Mingyue en realidad solo había coincidido con Ke Junyi tres veces.
Siempre rodeada de más gente.
Los dos ni siquiera habian intercambiado más de diez frases solos.
Tal vez era tal como había dicho aquel joven. Ke Junyi aparentaba normalidad, pero en lo más profundo de su interior albergaba una personalidad extremadamente distorsionada y fantasiosa. Pero como ese joven no era Ke Junyi, ¿cómo podía saber lo que se escondía bajo aquella apariencia tranquila, ese mundo interior que solo Ke Junyi conocía?
Quizás incluso la propia víctima ignorara por completo el motivo de su secuestro.
Al otro lado, al ver que no había mucha gente en el supermercado, Zhou Mingyue se resignó, mientras Ke Junyi sonrió satisfecho. Relajo su vigilancia animal y caminó sin prisa hacia dentro. Creyendo que no había ningún peligro cerca, le sonrió a la joven: —Yueyue, entra.
Como si no viera la expresión rígida de la chica. Fue directamente hacia las estanterías con una actitud completamente desenvuelta, y su voz se volvió suave y tierna, con una sonrisa de afecto en los labios, como cualquier persona común tratando de complacer al ser amado: —Yueyue, recuerdo que tu marca favorita de patatas fritas es esta. Compremos varios paquetes.
Si, esa era efectivamente su marca favorita de patatas fritas.
Ke Junyi era compañero de su hermano. Ella solía asistir a las reuniones de los universitarios porque su objetivo también era entrar en la Universidad de Jiang. Su hermano la quería mucho y a menudo la llevaba de compras con su grupo de amigos, presumiendo de conocer sus gustos al dedillo: —¿No lo sabéis?, a mi hermana le encantan los snacks y el chocolate. Su estómago no tiene fondo, puede comer todo lo que quiera sin engordar. Son la comida basura que mi mama no le deja comer, y como sabe que pedirle a ella no sirve de nada, me lo pide a mi. Es que no la aguanto.
Ella, ¿cómo había reaccionado en aquel momento? Fingió indignarse, tiró del brazo de su hermano y dijo: —¡Para ya! ¿Vas a comprarlos o no? ¡Quiero los cinco o seis sabores, todos!
Quizá fue en ese momento cuando Ke Junyi memorizó sus preferencias.
La joven cayó en un estado de aturdimiento. Una punzada de calor ardiente fluyó en el fondo de sus ojos. Echaba de menos a su hermano. Pasara lo que pasara, su hermano podía protegerla. ¿No había sido precisamente usando el nombre de su hermano como Ke Junyi la había sacado de casa sin que ella sospechara nada?
El otro había hablado con total naturalidad, y ella había salido felizmente de casa cambiándose de ropa. Pero al bajar y llegar al punto de encuentro, solo había encontrado a Ke Junyi.
Ke Junyi había dicho: —Yueyue, se que te gusto, solo que las convenciones sociales te impiden decirlo. A mi tambien me gustas. Huyamos, a un lugar donde nadie pueda encontrarnos.
Esas palabras habían dejado a Zhou Mingyue desconcertada. Iba a decir: ¿de qué estás hablando?
Pero no supo por qué, su instinto sensible se disparó de pronto en su subconsciente, y al segundo siguiente casi gritó. Un cuchillo reluciente apareció ante ella y el otro dijo: —Vamos.
Ante la amenaza a su vida, cedió y se dejó llevar.
Al otro lado, bajo el mostrador del supermercado, innumerables personas aguardaban con los nervios en tensión. Aparte de las respiraciones pesadas en los intercomunicadores, casi nadie hablaba. Hasta que el secuestrador y una joven aparecieron, y en aquel silencio sepulcral de los intercomunicadores estalló la agitación.
—Realmente han aparecido.
Los miembros de la unidad de operaciones especiales murmuraron en voz baja. Sabían que el caso de la desaparición de la joven había causado una enorme conmoción, era justo decir que tenía a toda la red pendiente de él, y que si no se resolvía a tiempo, seguramente derivaría hacia teorías conspirativas. Resolverlo era la prioridad absoluta, pero cuando tres días antes habían recibido la orden, muchos de los experimentados agentes habían pensado que sus superiores habían perdido la cabeza.
¿Cómo era posible movilizar efectivos con tres días de antelación, formar un equipo de rescate y tender una emboscada durante tres días junto a una gasolinera en medio de ninguna parte esperando a un secuestrador que supuestamente aparecería allí? ¿No era una locura?
¿Los familiares de la víctima habian consultado a un adivino?
¿Y si tres días después solo aparecian algunos viajeros y el secuestrador no se presentaba? ¿Tendrían que esperar todo un día? Reunir tantos efectivos para nada sería un enorme desperdicio de recursos policiales.
Pero no había nada más grande que las órdenes superiores.
Llegado el día, todos los agentes se apostaron en sus posiciones. El supermercado fue vaciado de civiles, una agente de policia femenina se disfrazó de cliente con un niño, los de operaciones especiales se disfrazaron de empleados, y todos esperaron a que el secuestrador cayera en la trampa.
Nadie creía de verdad que alguien fuera a aparecer.
Pero aquella larga espera no fue en vano. A lo lejos, realmente había un hombre joven caminando junto a un adolescente. Sin saber que sus movimientos habían sido previstos, fueron entrando tranquilamente en el supermercado.
Las caras de todos cambiaron de golpe y entraron rápidamente en estado de alerta.
—Yueyue, ¿te gusta esto? —preguntó Ke Junyi con entusiasmo. Solo había una mujer y un empleado en la tienda; no los consideraba ningún peligro.
Zhou Mingyue sufría en su interior y no tenía el menor deseo de responder. Sabiendo que ese día no podía escapar, sus ojos se fueron llenando de lágrimas poco a poco.
—¿Por qué pones esa cara? Fuiste tu quien quiso venir al supermercado a comprar cosas. —Su miedo no era infundado. Ke Junyi cambiaba de humor más rápido que el viento. El rostro que hasta hace un momento había sido amable se ensombreció instantáneamente, y sus ojos se volvieron tan fríos como veneno.
Sintiendo la punta afilada del cuchillo bajo la capucha, Zhou Mingyue se alarmó y se apresuró a secar las lágrimas. ¿Cómo había podido olvidarlo? Su vida y su muerte dependían enteramente de este hombre.
Quizás podía escapar, pero Ke Junyi la alcanzaría antes.
Entreabriendo los labios, comenzó a ceder con docilidad y conteniendo las lágrimas dijo: —Me gusta esto—. Lo había dicho, pero sin esperarlo, el joven que decia “lo que tu quieras te lo compro” miró y no supo qué le habría recordado aquello, porque al instante palideció y le espetó de repente: —A ti no te gusta este sabor. Es el que le gusta a tu hermano, ¿verdad?
—¿Eh?
Zhou Mingyue no entendía por qué el otro se había enfadado de nuevo. Hasta la elección de un producto conseguía hacerlo estallar de cólera. Aterrorizada, con las pupilas contraídas de golpe, se apresuró a disculparse: —En… entonces no lo quiero.
Esa era su situacion ese día. Viviendo en una inestabilidad constante, con una bomba de relojería a su lado en todo momento. Zhou Mingyue tenía el presentimiento de que ese hilo de sus nervios, permanentemente tenso hasta el límite, tarde o temprano se rompería.
¡Quería escapar! ¡Alejarse de este hombre! ¡Dios mío! ¡Que alguien venga a salvarme! Bajo la capucha de la sudadera, los dedos de la joven estaban tan apretados que se habían vuelto blancos.
Ella había dicho que no lo quería.
Ke Junyi tampoco pareció quedar satisfecho. Sus ojos estaban oscuros y cargados, como cubiertos por nubes de tormenta, con una expresión de profundo desagrado.
Todos esos intercambios entre los dos no habían escapado a la vista de águila de los agentes. Aunque Zhou Mingyue llevaba gorra y tenía la cabeza agachada y no se veia que contenia las lagrimas, sus hombros temblando sin cesar como presa de un susto lo delataban todo, diciéndole a todos: estaba siendo retenida por la fuerza, estaba aterrorizada.
Los dos iban muy pegados, en una postura aparentemente muy íntima. De no haber sido porque alguien había revelado de antemano que era una situación de secuestro, podría pasar completamente desapercibido para cualquier transeúnte. Precisamente por haberlo notado, todos los agentes fruncian el ceño con intensidad.
La víctima estaba ante sus ojos. Debían rescatarla de inmediato.
Solo necesitaban el momento oportuno, el más mínimo descuido…
Fue entonces cuando el niño de repente gritó llamando la atención de todos los presentes en el supermercado, incluidas la joven y Ke Junyi. La mirada del joven se desvió hacia allí, y la fuerza con la que apretaba el cuchillo se aflojo un instante.
Ese instante fue captado por los agentes entrenados. El oficial con dominio en combate cuerpo a cuerpo, antiexplosivos y tiro se lanzó sobre él. Ke Junyi fue tomado por sorpresa y por inercia cayó hacia adelante.
Todo aquello ocurrió en fracciones de segundo. Zhou Mingyue aún no había reaccionado cuando vio caer al hombre que la había secuestrado. Con los ojos muy abiertos y la mente en blanco, no entendía lo que había pasado. Ke Junyi reaccionó rápidamente, levantó el cuchillo y se lo lanzó directamente a la cara de la joven. El filo brillaba ominoso cortando el aire: —¡Yueyue, ven aquí!
Los ojos del joven eran de una locura y una obsesión absolutas. Parecía querer agarrarla de la capucha, o quizá hacerle daño. Si ella no lo esquivaba, volvería a caer en sus manos, y quizás acabaría con una herida en el cuello.
—¡Yueyue, no te vayas!
La joven se quedó paralizada. Sin tiempo de gritar ni de reaccionar, veía como su brazo estaba a punto de ser apresado.
En el momento crítico, pam, un espectacular placaje por el hombro.
La agente disfrazada de cliente corrió hacia allí. Con una destreza producto del entrenamiento, agarró la muñeca armada de Ke Junyi y ejecutó un giro limpio y decisivo hacia adelante. Ke Junyi salió volando y fue lanzado violentamente contra las estanterías. El impacto debió de ser brutal porque su espalda chocó con el metal duro y de su garganta brotó un grito de dolor. En un instante, los productos de las estanterías se desplomaron sobre él como una avalancha, sepultándolo.
Y eso no era todo. El resto de los agentes se lanzó hacia adelante: —¡No se mueva! ¡Ke Junyi! ¡Suelte el cuchillo!
¿Soltarlo? ¡Imposible!
Ke Junyi quiso resistir, intentó incorporarse de entre las estanterías, pero rápidamente alguien le pisó la muñeca y le pateó el cuchillo haciéndolo volar por los aires. Esos movimientos no tuvieron ninguna consideración, y de la garganta de Ke Junyi brotó un segundo grito.
Aunque escuchaba gritar de aquella manera agonizante al hombre que la había amenazado y aterrorizado durante todo ese tiempo, la joven seguía aturdida, con la mente en blanco y el corazón atascado en la garganta.
Había quedado completamente paralizada de impresión por aquel giro repentino de los acontecimientos.
La agente corrió hacia ella: —Zhou Mingyue, somos policia. ¿Estás bien? Recibimos la denuncia y vinimos a rescatarte de inmediato. ¿Sabes que toda la red ha estado pendiente de tu seguridad?
—¿De inmediato? ¿Toda la red?
Zhou Mingyue miraba a la agente con ojos fijos e incrédulos. La joven tenía la cara pálida y la expresión atontada. La agente tenía un porte gallardo y un aspecto que no era de una belleza deslumbrante, pero en sus ojos brillaba la determinación, y la voz con la que le hablaba era muy suave. Le decia palabras de aliento y le preguntaba si tenía alguna herida. Al notar que el cuerpo de la chica estaba frío y que seguía temblando de miedo, la mujer directamente la abrazó: —Ya pasó todo.
Esa mano se posó sobre su cara empapada de sudor frío, le palmeó el hombro y la consoló con suavidad: —No tengas miedo, Yueyue, ya pasó todo. Estás a salvo ahora, todo quedó atrás.
Fortaleza y ternura en una sola persona.
Justo como ella imaginaba a un héroe. Por primera vez descubria que el azul marino era un color tan hermoso.
No era fantasía, no era un sueño. Era real, de verdad la habían salvado.
Todo eso era real.
Los nervios en tensión se fueron relajando poco a poco. Sin poder aguantar más, Zhou Mingyue soltó la voz temblando y se echó a llorar a pleno pulmón, arrojándose en brazos de la agente como quien se aferra a un árbol inmenso. Quería llorar todo el miedo y el terror acumulados durante ese tiempo: —¡Aaaaaah!
¡Dios mío! ¡Al final me viste, verdad!
—Ya pasó todo, estás a salvo. Tus padres también están aquí. Zhou Mingyue, bienvenida a casa.
La familia Zhou estaba en la puerta del supermercado. Corrieron hacia dentro y abrazaron a su hija, sana y salva y recuperada. La familia se abrazó con fuerza.
La chica que tenían ante los ojos se parecía y a la vez no a las fotos que circulaban masivamente por toda la red. Tenía la cara sucia, el cabello cortado en un desaliñado corte muy corto, y en solo unos pocos días sus labios estaban agrietados y su aspecto era deplorable. Era difícil imaginar cómo estaría un mes después.
Qué nivel de agotamiento físico y mental habría padecido.
Menos mal que el denunciante había proporcionado las pistas a tiempo, salvando un alma al borde del colapso.
Al otro lado, tras la detención, Ke Junyi casi no podía hablar como si alguien le apretara la garganta. Quiso llamar a la joven por su nombre, pero en cuanto pronunció una sola palabra, la chica reaccionó con un terror y una agitación extremos.
Al ver a su hija así, la familia Zhou se puso roja de rabia hasta el punto de querer matar al otro.
La policia puso cara seria: —¿Qué más quieres decir? Estas detenido. Vendrás con nosotros a comisaría. ¿Sabes lo que has hecho? ¡Secuestro e inducción de una menor de edad más privación ilegal de libertad!— ¡Y otros cargos que no terminaban de enumerarse!
Esas palabras llegaron a los oídos del joven, que movió las orejas levemente y tras un momento dijo con voz completamente normal: —¿De que hablan? Yo no me llevé a ninguna menor de edad por la fuerza. Yueyue y yo tomamos la decisión de irnos juntos porque nos queremos.
Con dos frases limpias y sencillas, había dado la vuelta por completo a la definición de lo ocurrido.
Había convertido aquel caso de secuestro que había conmocionado a toda la red en una fuga romántica.
La policia se tenso.
Pero lo más disparatado aún estaba por llegar. Ke Junyi continuó: —Fue ella la que se enamoró de mí unilateralmente. Yo en principio no tenía interés en ella, no me gustan las que son más jóvenes que yo, pero ella no dejaba de mirarme, y así acabó gustándole.
Al decir esto, su mirada seguía posada en la policia, como si quisiera convencer a todos de que decia la verdad. Todos los presentes eran su audiencia, lo que de repente le dio ganas de contar su historia.
Contó una historia de amor.
En esa historia, la protagonista se había enamorado primero del protagonista masculino: le había lanzado miradas insinuantes, le había sonreído con dulzura, a menudo había jugado al ratón y al gato sin declararse. El protagonista masculino, sin poder aguantar más el coqueteo, había decidido actuar. Pero ante ese amor había muchas montañas que superar: las asignaturas obligatorias, los padres de ambas familias, el hermano mayor que nunca daría su beneplácito, el guardia de seguridad del campus que siempre le cerraba la puerta… parecía que el mundo entero se oponia a que estuvieran juntos.
Pero si los dos se querían, había que eliminar todos los obstáculos. Aunque fuera contra el mundo entero, estarían juntos.
—Todo lo que digo es verdad—. Ke Junyi dijo con toda la seriedad del mundo. Su semblante era sombrío, pero sus ojos eran muy sinceros. Creía que no tenía ninguna razón para mentir.
En cuanto a por qué se había llevado a la protagonista femenina a la fuerza en medio de una resistencia feroz, él consideraba que eso era una expresión del amor de ella hacia él, junto con desconfianza e insatisfacción con los planes que él había hecho. Que ella quisiera escapar lo vivía como una traición, razón por la cual la amenazaba con el cuchillo en todo momento.
La policia escuchó ese relato que vuelve del revés toda la realidad, respiro profundo.
No había esperado que todo lo que había dicho aquel denunciante llamado Jiang Xuelü resultara ser verdad.
[Interrogarlo será muy difícil. Ni siquiera el detector de mentiras puede condenarlo, porque es una persona con enfermedad mental].
[Padece paranoia, trastorno delirante de persecución, erotomanía, trastorno delirante de referencia y celotipia delirante]. Jiang Xuelü enumero de un tirón los resultados del largo informe psiquiátrico, sin tomar aire, como si fuera un médico de cabecera leyendo un diagnóstico, cuando en realidad solo lo estaba prediciendo.
[Todo el amor y la persecución son fruto de su imaginación, no existen en absoluto, pero en lo más profundo de su interior, él está convencido de que todo lo que dice es verdad: que su amor existe].
[Es muy peligroso, porque el hecho de que esta chica esté bien no significa que la siguiente también lo esté].
Impresiones sobre el capítulo completo.
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