COMER EN UN BUFÉ, en teoría, debería ser el fuerte de Fang Chi: él podía comer por tres sin problema. Sin embargo, hoy no comió mucho, pues temía que la comida grasosa le soltara el estómago. En cambio, Sun Wenqu comió un poco más de lo habitual.
Al salir del restaurante, Fang Chi se sentía algo lleno. Ma Liang y su esposa se fueron primero en el coche, y Sun Wenqu le pasó las llaves a Fang Chi.
—Maneja tú. Yo estoy demasiado lleno.
—Oh. —Fang Chi asintió, abrió la puerta del lado del conductor y se sentó.
—Hoy, cuando llegues, no sigas estudiando —dijo Sun Wenqu al subir al coche—. Escucha un poco de música, juega con Sir Amarillo y vete a la cama a las diez.
—Mmm —respondió Fang Chi—. Pero Sir Amarillo ya no juega conmigo, ni siquiera me mira. Antes al menos me echaba un par de vistazos. Ahora me trata casi como si fuera aire.
Sun Wenqu se echó a reír.
—Te guarda rencor.
—Cuando termine el examen lo saco para que lo veas —dijo Fang Chi—. Está tan gordo que parece un cerdo. Ya empecé a reducirle las raciones.
—Y tú no tardas, que tus abuelos están esperando a que vuelvas para poder alimentar al cerdo.
—Me da la impresión… —Fang Chi lo miró de reojo mientras conducía— de que tú también has adelgazado, ¿no?
—Es que es verano. Al mudar de pelaje uno parece más delgado. —Sun Wenqu sonrió—. Y también he estado agotado estos días. Tu tío Liang-zi quiere llevar esa serie de trabajos a una exposición, y el tiempo es corto, la tarea pesada y los estándares muy altos.
—Eso de una entrada grande de dinero de una sola vez, ¿era esto a lo que te referías?
—Ajá. —Sun Wenqu pensó un momento y sonrió de nuevo—. Gracias por el sobre rojo, eh.
Fang Chi se rio entre dientes y, tras un rato, preguntó:
—¿Dónde vas a dormir esta noche?
—En casa de Liang-zi, claro. —Sun Wenqu echó un vistazo al asiento trasero—. Me traje todo lo que hice. Esta noche tengo que discutirlo con él.
—¿Toda la noche? —Fang Chi frunció el ceño.
—Ya veremos. No pasa nada si trasnochamos. Mañana te recojo para llevarte al examen y luego me iré al hotel a recuperar el sueño —dijo Sun Wenqu—. Tú descansas al mediodía y yo sigo durmiendo en la tarde.
—Ah, cierto… —Fang Chi lo miró de nuevo—. Digo, ¿podrías… mañana, recoger de paso a otra persona? Es un compañero mío.
—¿Ese mejor amigo tuyo?
—Ajá. —Fang Chi asintió—. Él… lleva tiempo peleado con su familia. Está viviendo en casa de su tía. Mañana va a ir al examen en bus. Pensé que si pasamos cerca, podríamos llevarlo.
—Claro, no hay problema. —Sun Wenqu se desperezó—. Aunque meterse en líos con la familia justo ahora… Qué temerario. ¿no le preocupa arruinar su examen?
Fang Chi no respondió. Guardó silencio un buen rato antes de suspirar.
—No fue a propósito.
Cuando llegaron al edificio, Fang Chi bajó y observó a Sun Wenqu rodear el coche.
—Sube. —Sun Wenqu le dio unas palmaditas en la espalda—. Descansa temprano.
—Oh. —Fang Chi se quedó quieto.
—¿Qué pasa? —preguntó Sun Wenqu, abriendo la puerta para volver a entrar.
—Nada. —Fang Chi solo lo miró.
—¿Tengo carne seca? —Sun Wenqu se tocó la cara.
—No. —Fang Chi sonrió, frotándose la nuca con un gesto algo avergonzado—. Es solo que… siento que hace mucho que no te veo.
—¿Quieres mirarme un rato más, entonces? —Sun Wenqu se apoyó contra la puerta del auto, sacó su teléfono y encendió la linterna, apuntándola hacia su propio rostro—. Alta definición y sin censura.[1]
—… Creo que es suficiente —dijo Fang Chi, sin apartar la vista—. Me asustaste.
—Entonces me voy. —Sun Wenqu se metió en el auto y bajó la ventanilla—. Mañana paso a buscarte temprano. Te traeré el desayuno.
—Está bien. —Fang Chi fue retrocediendo despacio hacia él pasillo—. Buenas noches, avísame cuando llegues a casa de Ma Liang.
—Mjum, buenas noches. —Sun Wenqu agitó una mano y se fue manejando.
Fang Chi volvió a su apartamento, guardó en un estuche lo que necesitaría para el día siguiente, lo metió en su mochila y la dejó junto a la puerta. Luego se bañó, llamó a Xiao Yiming para decirle que lo esperara en la intersección al día siguiente y, después, arrancó al gordo Sir Amarillo del sofá para llevarlo a la cama, donde lo acarició un rato.
Pensándolo bien, no estaba tan nervioso como creía. Tal vez era porque Sun Wenqu había venido, y eso le daba cierta seguridad.
Cuando Sun Wenqu le mandó un mensaje diciendo que ya había llegado a casa de Ma Liang, Fang Chi empezó a sentir sueño. Se acostó y se durmió de inmediato, hasta que sonó la alarma.
En cuanto se levantó, la tensión volvió de golpe. Era hoy. En dos horas estaría en el examen, con sus propias expectativas a cuestas… y también con las de Sun Wenqu. Sí, Sun Wenqu esperaba algo de él.
Después de asearse, revisó de nuevo las cosas que debía llevar. Justo entonces entró la llamada de Sun Wenqu.
—Bajo enseguida —dijo Fang Chi, al divisar el coche estacionado abajo.
El desayuno que le trajo Sun Wenqu no estaba nada mal: pudín de tofu y bollitos al vapor, todavía humeantes.
—¿Dónde vive tu compañero? —preguntó Sun Wenqu.
—Por la calle que va a la escuela, sin doblar. Sigues recto dos cruces y llegas. Le dije que me esperara en la intersección. —Fang Chi abrió la caja de desayuno—. ¿Dos porciones? ¿No comiste?
—Sí, comí —dijo Sun Wenqu—. Una extra, por si tu compañero no desayunó.
—Oh. —Fang Chi lo miró—. Qué atento.
—Es el compañero y mejor amigo de mi hijo. —Sun Wenqu sonrió—. Por supuesto que tengo que ser atento.
Cuando llegaron al cruce, Xiao Yiming ya estaba esperando. Fang Chi bajó del coche, le indicó que subiera primero al asiento trasero y luego se acomodó de nuevo.
—Este es Xiao Yiming, mi mejor amigo. Él es mi amigo, Sun Wenqu.
—Gracias, hermano Sun —dijo Xiao Yiming desde el asiento trasero.
—Llámalo tío —corrigió Fang Chi, entregándole el desayuno—. ¿Has comido? Si no, come esto.
—No he comido. —Xiao Yiming lo aceptó, dudó un momento y luego preguntó—: ¿Tío?
—Ajá. —Fang Chi asintió.
—Gracias, tío —dijo Xiao Yiming, cambiando el trato con naturalidad.
—De nada. —Sun Wenqu sonrió, echando un vistazo por el retrovisor.
Xiao Yiming. El chico tenía buen aspecto, bastante correcto, pero se notaba que su estado de ánimo no era tan enérgico como el de Fang Chi. Parecía cargar con preocupaciones. Parecía que ese «conflicto» con su familia no era una cosa menor.
No se permitía estacionar cerca del centro de examen, por lo que Sun Wenqu los dejó frente a la puerta y fue al aparcamiento cercano.
—Aún hay tiempo —dijo Fang Chi asomándose por la ventanilla—. Aparca y ven.
—¿Eh? —Sun Wenqu se sorprendió—. ¿No vas a entrar?
—Entraré después de que vengas. —Fang Chi se aferró al borde de la ventanilla y dio unos saltitos—. Es que… estoy un poco nervioso. No sé qué me pasa.
—Entonces espérame. —Sun Wenqu sonrió.
—Mjum.
Había muchos autos dejando a estudiantes, ya que la mayoría se quedaba hasta el mediodía. El estacionamiento estaba casi lleno, pero el auto de Sun Wenqu era pequeño y logró meterse en un espacio a medio ocupar.
Miró la hora y volvió trotando hasta la entrada del examen. Fang Chi seguía allí; apenas lo vio, corrió hacia él de un salto.
—¿Qué hago? Estoy nervioso.
—Es normal. —Sun Wenqu le tomó el brazo y se lo frotó con suavidad—. Es el examen de ingreso a la universidad, cualquiera estaría nervioso. Incluso aquellos que han decidido entregar una hoja en blanco lo están, por no hablar de que tú quieres obtener una buena nota.
—Dime, ¿crees que lo haré bien? —Fang Chi apretó el trébol de cuatro hojas que llevaba en el cuello—. Cielo y Tierra, bendíganme…
—Solo házlo como siempre, sigue tu ritmo. —Sun Wenqu le dio unas palmaditas en la cara—. Seguro que te va bien.
—Mmm, está bien. —Fang Chi asintió y luego dio un par de saltitos—. Listo, ya no estoy nervioso. ¿Irás al hotel a recuperar el sueño?
—No, no dormiré —dijo Sun Wenqu—. Yo también estoy nervioso, no pegaría un ojo. En un rato viene Liang-zi, buscaremos un sitio para hablar. Tú entra.
Fang Chi respiró hondo y se giró, caminó unos pasos y luego se detuvo. Tras una pausa, regresó junto a Sun Wenqu, le agarró la mano y se la apretó un momento con fuerza. Recién entonces se dio vuelta y corrió hacia la puerta del centro de examen.
Sun Wenqu esperó a perderlo de vista antes de apretar los dientes y sacudir la mano. Con lo nervioso que estaba, Fang Chi casi le rompe los huesos de un apretón.
Después de que sonó la campana que marcaba el inicio del examen, Sun Wenqu recibió la llamada de Ma Liang. Se encontraron en el estacionamiento y fueron a sentarse a una cafetería cercana para seguir conversando sobre el diseño que habían dejado pendiente la noche anterior.
Esta vez, el proyecto «ESPERA» era la propuesta que Ma Liang pensaba presentar en una exposición de diseño de fin de año. El evento reunía obras modernas con ideas novedosas.
Justo el tipo de cosas que su padre más despreciaba; las tachaba de carentes de raíces y superficiales. Sun Wenqu pensaba que, aunque era cierto que había propuestas así, la suya no sería una de ellas: de la misma raíz podía crecer un brote distinto.
Ma Liang estaba de acuerdo tanto con su planteamiento como con el primer grupo de diseños. Lo que discutían era si debían enfocarse más en la funcionalidad o en el impacto visual.
—El crecimiento es eso —dijo Sun Wenqu, bebiendo un sorbo de café—: pasar de lo torpe a lo fluido, de lo inútil a lo práctico. Quiero representar ese proceso en tres fases.
—Pero que no re-resulté demasiado torpe —señaló Ma Liang.
—Sé a qué te refieres. —Sun Wenqu sonrió—. No lo voy a llevar a lo estrafalario. Mira este jarrón: visto aislado, puede parecer extraño, pero no de una fealdad chocante.
Ma Liang asintió.
—Al verlo junto a los otros dos, se entenderá el concepto —siguió Sun Wenqu—. Creo que podré terminarlo dentro del mes.
—¿Tendrás ti-tiempo este mes? —Ma Liang lo miró con una sonrisa significativa.
—Si quiero tenerlo, lo tengo. —Sun Wenqu le devolvió la sonrisa.
Charlaron un buen rato en la cafetería. Cuando vio la hora y se dio cuenta de que ya eran las once, Sun Wenqu decidió ir a esperar afuera del centro de examen.
—Te dejo las llaves —dijo Ma Liang—. Yo me vo-voy.
—¿No vas a ver a tu sobrino?
—Mejor no. Si me ve, se sentirá cohibido y no podrá expresar sus ardientes sentimientos hacia ti.
Afuera del centro de exámenes ya había varios padres esperando bajo el sol. Sun Wenqu no quería asolearse, pero después de dar unas vueltas, vio que todas las sombras estaban ocupadas. No le quedó más remedio que entrar al supermercado de enfrente. Allí compró un par de bebidas y observó la salida mientras bebía.
Un rato después de que sonó la campana, los estudiantes empezaron a salir.
Nada más abandonar el supermercado, Sun Wenqu distinguió a Fang Chi entre la multitud, mirando para todos lados. Le hizo una seña y, en cuanto el otro lo vio, una sonrisa le iluminó la cara hasta hacerle desaparecer los ojos
—¡Creo que me fue bien! —gritó Fang Chi antes incluso de llegar a él—. ¡Muy-muy bien!
—¿Sí? —Sun Wenqu sonrió—. ¿Ya comparaste respuestas?
—No, terminado el examen ya no me importa. —Fang Chi se rio—. Igual sentí que me fue bien. La redacción del ensayo era parecida a una que hicimos antes; le di unas vueltas y la adapté como pude.
—Me alegro. —Sun Wenqu le dio un toquecito en la cara con los dedos—. ¿Vamos a comer?
—Espera —dijo Fang Chi sacando su teléfono de la mochila—. Voy a…
—¿Viene también ese compañero tuyo? —preguntó Sun Wenqu.
—No sé, voy a preguntarle. —Fang Chi bajó la cabeza y marcó—. ¿Dónde estás? ¿Eh? ¿Tu mamá…? ¿En serio? ¿Han venido los dos?
Después de algunas palabras más, colgó. Se lo veía aliviado. Miró hacia la puerta del centro de examen.
—Sus papás vinieron a buscarlo. Supongo que al final sí les importa su hijo.
Que los padres de Xiao Yiming hubieran venido a recogerlo aflojó un nudo que Fang Chi llevaba apretado en el pecho. Hasta respirar se le hizo más fácil.
Al mediodía, quiso comer carne y Sun Wenqu lo llevó por un buen bistec. Estuvo bastante bien.
El hotel que Ma Liang había reservado no quedaba muy lejos del centro de examen, apenas a quince minutos en coche. Resultó ser una suite bastante lujosa.
—El tío Liang-zi se pasó —dijo Fang Chi, mirando todo de arriba abajo—. Una habitación así de buena, solo para un par de siestas… qué desperdicio.
—Estás pensándolo demasiado. —Sun Wenqu se rio—. Además, no lo pagas tú.
—Creo que no voy a poder dormir. —Fang Chi se rascó la cabeza.
—Prueba un rato. —Sun Wenqu encendió el aire acondicionado y se sentó en la mesa de la sala—. Tú duerme, yo me quedo aquí.
—¿Vas a trabajar?
—Sí. Conversamos por la mañana, pero hay cosas que ajustar. —Sun Wenqu miró la hora—. Te despertaré cuando sea la hora. Duerme tranquilo.
Sun Wenqu había traído una carpeta llena de hojas con dibujos, similares a las que Fang Chi recordaba de las vacaciones de Año Nuevo. Todas estaban fechadas y numeradas, algunas con anotaciones al margen.
Fang Chi se quedó de pie tras él, observando.
Ahora que hacía calor, Sun Wenqu vestía una camiseta blanca y pantalón de chándal negro. Su aspecto relajado y sencillo transmitía una serenidad que, con solo mirarlo, parecía ahuyentar el aire sofocante.
Claro que también podía deberse al aire acondicionado…
Fang Chi entró en el baño a darse una ducha. No es que tuviera mucho calor —tanto el aula como el restaurante tenían aire—, pero le parecía un desperdicio no aprovechar una habitación tan cara para, al menos, ducharse y orinar.
Cuando salió del baño, se sorprendió al encontrar a Sun Wenqu con la cabeza apoyada en la mesa.
—Tú… —Fang Chi se acercó a observarlo. La mano que iba a extender para empujarlo se detuvo en el aire. Sun Wenqu parecía estar dormido. Dudó un instante y le dijo en voz baja—: ¿Por qué no te acuestas en la cama?
—Duerme tú. —Sun Wenqu abrió un ojo—. No estoy durmiendo.
—¿Entonces qué haces? —Fang Chi se quedó perplejo.
—Concebir ideas. —Sun Wenqu volvió a cerrar los ojos—. Anda, descansa. Tienes otro examen por la tarde.
—Ah. —Fang Chi asintió y entró en la habitación interior.
La cama era bastante cómoda; no tardó mucho en quedarse dormido luego de acostarse.
Por la tarde, Sun Wenqu lo despertó un poco antes y lo llevó al centro de examen.
Después de la dura batalla de la mañana, la tensión de Fang Chi había desaparecido. Durante las dos horas de la tarde, se concentró por completo: encorvado sobre la mesa, escribía y calculaba sin parar; llenó las hojas de borrador y aún le sobró tiempo para revisar el examen a toda velocidad un par de veces más.
Al salir, sentía sus pasos extrañamente ligeros.
Sun Wenqu estaba bajo un árbol en la acera, mordisqueando una paleta helada. Al verlo, le tendió otra.
—Toma, la acabo de comprar.
—Tengo la sensación —dijo Fang Chi mientras quitaba el envoltorio— de que voy a ser el campeón nacional.[2]
—Tener grandes aspiraciones siempre es bueno. —Sun Wenqu asintió.
—¿No podrías seguirme la corriente? —Fang Chi se rio—. ¡Anímame un poco!
Sun Wenqu alzó la paleta y la agitó.
—¡Oppa, eres increíble! ¡Seguro serás el campeón, fighting, fighting! [3]
—¡Oye! —Fang Chi se apresuró a mirar a su alrededor, luego bajó la cabeza y siguió caminando.
Aunque sacar el primer puesto era una meta ambiciosa —no parecía alcanzable en este examen— y tampoco estaba pensando en presentarse otra vez para intentarlo, lo cierto es que Fang Chi había mantenido un estado inmejorable. Durante los dos días de exámenes, salvo por la mañana del primer día en que estuvo tan nervioso que casi le rompe la mano a Sun Wenqu, se relajó. Al terminar ciencias, sonreía de oreja a oreja. Y cuando salió del examen de inglés, parecía tener resortes en los pies. Si no fuera por la gente alrededor, habría salido disparado hacia el cielo.
—¡Soy libre! —Fang Chi se recostó en el asiento del coche y gritó a pleno pulmón—: ¡Soy libreeee!
—¿Tienen que volver a la escuela? —preguntó Sun Wenqu con una sonrisa.
—No, solo cuando salgan las notas. Luego hay una cena de despedida y esas cosas. —Fang Chi ladeó la cabeza para mirarlo y soltó una risita tonta—. ¿Por qué estoy tan feliz? No puedo parar.
—Hay quienes lloran —comentó Sun Wenqu mirando por la ventana: una chica caminaba entre lágrimas, con sus padres tratando de consolarla—. Tú no lloraste porque te fue bien.
—Aunque me fuera mal, no lloraría. —Fang Chi chasqueó la lengua—. Nadie me habría reprochado nada.
Sun Wenqu sonrió sin decir nada. Fang Chi pensó un momento y volvió a emitir un chasquido.
—No es nada más mi ilusión, ¿verdad? Si así fuera, no lloraría: me desmayaría en el acto.
—No lo es. —Sun Wenqu le dio una palmada en el hombro—. Aquellos ejercicios que me enviaste alardeando, si pudiste resolverlos, entonces esto no es una ilusión.
—¿No me lo dices para consolarme? —Fang Chi lo miró.
—No —respondió Sun Wenqu con seguridad, y luego añadió—: Tienes que confiar en el cerebrito.
—¡Cierto! —Fang Chi se dio una palmada en la pierna.
Ma Liang había pensado invitar a Fang Chi a comer para celebrar, pero este, impaciente como un perro que no deja de mover la pata, insistió en volver a casa, al pueblo, a ver a sus abuelos.
Sun Wenqu no tuvo más opción que acompañarlo de regreso para empacar, recoger a Sir Amarillo, comer un tazón de fideos en el local de abajo y salir directo en coche.
—Si estás cansado, puedo conducir yo —ofreció Fang Chi—. Estoy tan eufórico que podría conducir hasta el amanecer sin pestañear.
—Dormí bien anoche, no pasa nada. —Sun Wenqu lo miró—. Relájate un rato, cierra los ojos.
—¡No hace falta! Estoy muy emocionado. —Fang Chi se recostó en el asiento mientras miraba por la ventana. Bajó la voz y dijo en tono suave—: Todo esto… es gracias a ti. Si no me hubieras dicho esas cosas, si no me hubieras ayudado a repasar, no estaría tan feliz ahora.
Mientras decía eso, no dejó de mirar hacia afuera. Ni una sola vez miró a Sun Wenqu. Este sonrió, imaginando que le daba vergüenza.
—La abuela dice que he adelgazado. Estos días podrías prepararme una merienda nocturna. Lo tomaré como tu humilde ofrenda de agradecimiento. —Sun Wenqu encendió la música. Aún no había cambiado las canciones; seguía siendo aquella selección de melodías tranquilas.
—Está bien. Puedes pedir lo que quieras, aunque solo sé hacer chocolate y pasta de sésamo —admitió Fang Chi.
—Con eso basta.
La carretera hacia la casa de los abuelos estaba en buen estado. Parte de la ruta había sido reparada después del Año Nuevo, así que se podía conducir con comodidad. Cuando llevaban más o menos un tercio del trayecto, Fang Chi, que iba en el asiento del copiloto tarareando de vez en cuando, se quedó en silencio.
Sun Wenqu lo miró de reojo: estaba dormido.
Dormía profundamente, con el ceño fruncido. Incluso, hubo un momento en que el auto pasó por un bache que Sun Wenqu no pudo evitar, pero él no se inmutó en lo más mínimo.
Bajó un poco el aire acondicionado.
Era evidente que estaba agotado de verdad. Fang Chi nunca se había caracterizado por su dedicación al estudio. Por lo que sabía de su actitud anterior, se las había arreglado para mantener una nota media equilibrando estudio y juego.
Estos últimos meses, había apretado los dientes y aguantado como nunca. No fue nada fácil. Cuando Sun Wenqu empezó a ayudarle con los repasos, no imaginó que lograría perseverar hasta el final.
Era muy determinado.
El teléfono de Fang Chi sonó. Estaba en su mochila, en el asiento trasero. Sin embargo, este estaba en el quinto sueño y no lo escuchó en absoluto. Sun Wenqu dudó si despertarlo, pero pensó que podían ser sus padres preguntando por los exámenes, así que le dio un pequeño empujón.
—Oye.
Fang Chi siguió sin moverse. Entonces, Sun Wenqu redujo la velocidad y se detuvo al lado de la carretera. Volviéndose, tomó la mochila y se la dejó caer encima.
—¡Hijo! ¡Teléfono!
—¿Eh? —Fang Chi se frotó los ojos.
—Tu móvil está sonando —dijo Sun Wenqu—. ¿Serán tus padres?
—Ah, no creo. —Fang Chi sacó su teléfono y lo miró con los ojos nublados—. Es Xiao Yiming.
Sun Wenqu volvió a poner el auto en marcha. Fang Chi contestó:
—¿Aló?
—¿Sigues dejando la llave de tu casa en el marco de la puerta? —se oyó la voz de Xiao Yiming.
—Sí. —Fang Chi se incorporó—. ¿Por qué?
—¿Puedo quedarme en tu casa una noche? —la voz de Xiao Yiming era baja—. Es que… en casa de mi tía tampoco puedo quedarme.
Fang Chi se quedó perplejo.
—Pero, ¿no fueron tus padres a recogerte al examen? ¿No había mejorado la cosa? ¿Por qué sigue todo igual?
—No fueron a recogerme. —Xiao Yiming bajó aún más la voz—. Te mentí. No quería afectar tu estado de ánimo.
Tras colgar, Fang Chi permaneció en silencio un buen rato.
Sun Wenqu no sabía de qué habían hablado, pero supuso que no era nada bueno. No preguntó; simplemente subió un poco el volumen de la música. Cuando tomaron el desvío hacia el camino rural, a unos treinta minutos todavía del pueblo, Fang Chi se volvió hacia él.
—Esta noche… ¿podemos hablar?
[1] 高清无码: Esta frase suele referirse a “alta definición sin mosaico/censura” (típicamente asociada a videos para adultos).
[2] La palabra usada es 状元 (zhuàngyuán): título para el primer lugar en los exámenes imperiales; hoy se usa para “mejor puntaje del examen nacional” o “primer puesto”.
[3] “Oppa” es una expresión en coreano que se usa para referirse a un hombre mayor o un hermano mayor en un tono amigable, y “Fighting” es una expresión tomada del coreano (화이팅), usada para animar o dar fuerza.
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