ESA NOCHE, EL GRUPO continuó con la barbacoa. Como si les hubieran dado cuerda, cada uno de ellos siguió haciendo alboroto hasta pasada la medianoche antes de irse a descansar.
Cuando Fang Chi terminó de recoger y subió, Sun Wenqu ya se había quedado dormido; esta vez era de verdad, Fang Chi podía escuchar su respiración tranquila y pausada.
Sobre la mesa había una pila de papeles. Fang Chi los tomó y les echó un vistazo: eran bocetos de diseño numerados por fecha. Floreros, jarrones, tazas, platos… bastantes. En algunos se notaba que estaban dibujados por juegos.
Los dibujos de Sun Wenqu eran muy detallados. Aunque Fang Chi no terminaba de entender qué pretendía expresar, le parecían hermosos. Incluso aquel par de floreros de formas irregulares y colocados de manera algo extraña le acabaron pareciendo agradables a la vista cuanto más los miraba.
Sun Wenqu dormía profundamente envuelto en una manta delgada. Debió haber trabajado muy duro hoy. Fang Chi miró la temperatura del aire acondicionado: veinte grados.
Tomó el control remoto y subió la temperatura unos grados en silencio. A la temperatura en que estaba, si Sun Wenqu le quitaba su toalla-manta a mitad de la noche, lo más seguro es que se despertara congelado.
Cuando se metió en la cama, esta se sacudió un poco. Sun Wenqu frunció el ceño y dejó escapar un leve quejido.
Fang Chi apagó la luz enseguida y se acostó, luego lo abrazó y le acarició el brazo con suavidad.
Sun Wenqu siguió durmiendo. A Fang Chi le pareció divertido: era como si estuviera arrullando a un niño. Le dio otro par de palmaditas y se acercó para darle un beso en la mejilla antes de cerrar los ojos.
Después de un día caminando en la montaña y una noche de alboroto, Fang Chi también estaba exhausto. Al cerrar los ojos, ni siquiera pasó por su habitual proceso de dejar volar la mente antes de dormir; se durmió de inmediato y no soñó en toda la noche.
Cuando despertó por la mañana, ya eran las ocho. Descubrió que el aire acondicionado estaba de nuevo a veinte grados, pero tanto su toalla-manta como la manta delgada de Sun Wenqu estaban sobre él, así que se sentía bastante cálido.
Sun Wenqu ya no estaba en la cama. Fang Chi se sentó, se frotó los ojos y escuchó la risa de Liang Xiaotao abajo, que estaba jugando con Chico.
Al levantarse vio, junto a la almohada, una nota escrita a mano, en la inconfundible letra de Sun Wenqu: «Fui a correr».
Fang Chi sonrió. Una serpiente que corría todos los días con disciplina; un perro salvaje que dormía hasta las ocho o nueve antes de levantarse.
Ese grupo de compañeros de clase regresaban a la ciudad hoy. Cuando bajó, la abuela ya les había preparado jiaozi y todos comían animados.
—Eh, Fang Chi, los jiaozi de tu casa están buenísimos —gritó Xu Zhou al verlo bajar.
—Díselo a mi abuela —rio Fang Chi—, en cuanto lo oiga, te preparará una bolsa para que te lleves.
—¿En serio? —Xu Zhou dejó el cuenco y se fue directo a la cocina—. ¡Abuela, los jiaozi están riquísimos!
—Come más entonces —respondió la abuela desde la cocina—, hay de sobra. En un rato te empaco algunos para que te lleves.
Todos en el patio soltaron una carcajada.
Después de asearse, Fang Chi se sentó junto a Xiao Yiming, quien comía sus jiaozi en silencio con la cabeza baja.
—¿Te quedarás en mi casa al volver? —preguntó Fang Chi.
—Sí —asintió Xiao Yiming—. Hablé con mi primo, iré con él en un par de días.
—¿Primo? ¿Qué primo? —Fang Chi lo pensó un momento—. ¿El que tiene un negocio en Computer City?
—Sí. Ya le había dicho antes que iría a trabajar con él en las vacaciones —dijo Xiao Yiming—. Pensaba hacerlo después de que salieran las notas, pero ahora me adelantaré un poco. ¿Tú cuándo vuelves a la ciudad?
—Cuando salgan las notas. Sun Wenqu me ayudó a revisar carreras. Cuando tenga la puntuación quiero ir a preguntarle al profe Li sobre el tema de elegir universidad. ¿Por qué no vamos juntos? Tú tampoco puedes consultar con tu familia ahora, ¿verdad?
—Sí —asintió Xiao Yiming—. Solo de pensar en las notas ya me pongo nervioso.
—Pero si eres un cerebrito, ¿de qué te pones nervioso? —se rio Fang Chi—. Si pasa algo estos días, llámame. Si te falta dinero, también dímelo. Todavía tengo algo ahorrado. Cuando regrese a la ciudad tengo que buscar a Fang Ying; ella aún me debe diez mil.
—Mjum… —Xiao Yiming le dio un mordisco a un jiaozi.
Después de despacharlos a todos en el autobús, ya eran más de las diez. Fang Chi corrió por el pueblo con Chico y, mientras corría, sacó su teléfono para marcar el número de Sun Wenqu.
—¿Terminaste? —preguntó Sun Wenqu al contestar.
—Ajá —dijo Fang Chi—. ¿Tú ya terminaste de correr?
—Sí —respondió Sun Wenqu—. Salí pasadas las siete. Si no hubiera terminado ya, me habría convertido en un inmortal.
—¿Regresaste? —Fang Chi aminoró el paso..
—No —dijo Sun Wenqu—. Sigo junto al arroyo.
—No regreses, no regreses, no regreses. —Fang Chi volvió a acelerar el paso—. Espérame allí, voy a buscarte.
Sun Wenqu se rio.
—Lo sé. Te estaba esperando. Si no, ya habría vuelto.
Cuando Fang Chi llegó al arroyo, Sun Wenqu seguía en el mismo sitio donde el otro día había practicado baduanjin; estaba sentado sobre una roca con un cuaderno de bocetos y un lápiz a mano.
—¡Ya llegué, ya llegué…! —Fang Chi corrió hacia él.
Chico también ladró unas cuantas veces.
—No me fui, no me fui. —Sun Wenqu se volvió y lo miró con una sonrisa.
Fang Chi saltó sobre la roca y se arrodilló detrás de él. Lo abrazó con fuerza, hundió la cara en el hueco de su hombro y le dio un beso sonoro.
—¿Corriste?
—Corrí, claro —respondió Sun Wenqu, pasando la mano hacia atrás y revolviéndole el cabello.
—¿Por qué no hueles nada? —Fang Chi se acercó a su cuello y volvió a olfatear.
—Fue un trote suave y en la montaña todavía está fresco. Además, no suelo sudar mucho —dijo Sun Wenqu—. Ahora que tus compañeros se han ido, ¿te aburrirás de nuevo?
—Para nada. —Fang Chi se sentó detrás de él, todavía rodeando su cintura con los brazos—. Estos días tengo que hacer algo de entrenamiento de recuperación. El entrenador Chen, del club, también dijo que me pasara por ahí durante el verano.
—¿Ah, sí? —Sun Wenqu ladeó la cabeza—. Pensé que te quedarías en casa todas las vacaciones.
—Bueno, me gustaría. —Fang Chi soltó una risita—. Pero estaba pensando en aceptar algunos trabajos como guía estos días. Ahora que hace calor, hay más trabajo y más gente viene por aquí. Y podría volver a casa… Pero lo que estaba pensando era… bueno…
—¿Qué? —Sun Wenqu se giró para mirarlo.
—Si yo regreso a la ciudad y tú te quedas aquí… —Fang Chi se frotó la nariz—. Dime, ¿qué haré si te extraño?
—¿Quieres que regrese a la ciudad contigo? —Sun Wenqu entrecerró los ojos e inclinó un poco la cabeza para evitar un pequeño rayo de sol que caía sobre su rostro.
Fang Chi hizo una pausa y volvió a reírse con timidez. Después de un momento, dijo con algo de vergüenza:
—Pero ¿no viniste aquí a buscar inspiración?
—Ya encontré bastante. —Sun Wenqu apoyó la cabeza en su hombro—. Volver también está bien. Justo quería usar el horno del taller del tío Liang-zi. El horno eléctrico que tengo aquí no es conveniente si voy a cocer muchas piezas.
—¿En serio? —Fang Chi se enderezó de inmediato, pero enseguida regresó a su posición original para que Sun Wenqu pudiera seguir apoyándose en él—. ¿En serio?
—Sí. —Sun Wenqu asintió—. Esta vez serán muchas piezas y el proceso será largo; necesito un horno grande.
—Entonces, ¿dónde vivirás cuando regreses? —preguntó Fang Chi de inmediato.
Sun Wenqu cerró los ojos y se echó a reír. Pasó un buen rato sin decir nada.
—¿De qué te ríes? —Fang Chi le tapó la boca.
—De lo que estás pensando —dijo Sun Wenqu contra su palma.
Su respiración y las pequeñas vibraciones al hablar provocaron un cosquilleo en la palma de su mano. Fang Chi sintió que su propia respiración se aceleraba. Agarró la barbilla de Sun Wenqu, lo giró hacia él y lo besó.
Desde pequeño, a Fang Chi le había gustado pasar el tiempo junto al río. Cada vez que se cansaba de escalar rocas en la montaña, venía aquí a descansar un rato. Era tranquilo y podía oler el sol y el viento.
Nunca imaginó que un día, en un lugar tan silencioso y lleno de los recuerdos reconfortantes de su infancia, estaría abrazando y besando de aquella manera a alguien.
Los labios y dientes de ese hombre tenían el mismo aire fresco de sol y viento, que lo hacían hundirse poco a poco, sin deseos de detenerse.
Por el rabillo del ojo alcanzó a ver que Chico los observaba. Después de un momento, se acercó, se agachó junto a la roca, orinó y luego se alejó corriendo.
A Fang Chi le entraron ganas de reír, pero no quería soltar los labios tibios y suaves de Sun Wenqu, así que se contuvo y continuó el beso, enredándose con él con delicadeza.
Sin embargo, Sun Wenqu no aguantó ni dos segundos antes de empezar a reír; pegado a sus labios, reía sin poder parar.
Fang Chi persistió y lo besó un momento más, pero al final tampoco pudo contenerse y, abrazado a Sun Wenqu, estalló en carcajadas con él.
Confundida por sus risas, Chico se quedó a unos metros de distancia mirándolos con la cabeza ladeada.
—¿Eres tonta o qué? —Fang Chi señaló a Chico—. Dime, ¿acaso eres tonta?
Chico volvió a ladear la cabeza, emitiendo un leve gemido agudo por la nariz mientras agachaba las orejas.
—Ven aquí. —Fang Chi se dio unas palmadas en el muslo.
Chico corrió hacia él, se levantó sobre las patas traseras y apoyó las delanteras en su pierna, aún con las orejas gachas.
—Estaba ocupado en algo serio. —Fang Chi le acarició la cabeza—. ¿Qué pretendías al venir a orinar aquí?
Sun Wenqu también acarició a Chico y dijo entre risas:
—Tu hermano ha sido despreciado hasta por perros y gatos. Qué deprimente.
Ya no había forma de continuar con aquel beso, pero no importaba. Fang Chi sentía que, mientras pudiera estar con Sun Wenqu, incluso sin hablarse o verse, el simple hecho de sentirlo cerca era un deleite.
Sun Wenqu se tumbó sobre la roca y su ropa se subió dejando al descubierto un pedacito de su cintura. Fang Chi trazó círculos suaves con el dedo sobre la piel expuesta.
—En unos días salen las notas.
—¿Nervioso? —preguntó Sun Wenqu.
—Al principio estaba bien, pero esta mañana Xiao Yiming dijo que estaba nervioso —dijo Fang Chi—. Él siempre ha tenido buenas notas. Si él se pone nervioso, a mí también se me pega.
—Estar nervioso no sirve de nada. De todos modos, hiciste tu mejor esfuerzo; no importa qué puntaje saques.
—Si al final no me va bien, iré a cualquier universidad. No quiero repetir —pensó Fang Chi en voz alta.
—Mmm. —Sun Wenqu le dio unas palmaditas en la espalda.
Permanecieron junto al arroyo hasta la hora del almuerzo antes de regresar a casa.
Para comer había fideos zhajiang.[1] El abuelo había preparado una mesa llena de guarniciones y acompañamientos; con solo verla, a Fang Chi le entró hambre de inmediato. Se acercó frotándose la barriga y, de entrada, tomó con los dedos dos trozos de huevo revuelto para metérselos en la boca.
—¿Fuiste a dibujar al aire libre? —preguntó el abuelo al ver el cuaderno de bocetos en manos de Sun Wenqu.
—Sí, solo unos dibujos casuales. —Sun Wenqu lo hojeó. Eran trazos y bocetos muy espontáneos, pero se notaba a simple vista que representaban diversos paisajes de la orilla del río, capturando la esencia misma del lugar.
—De verdad tienes talento. Xiao-Chi debería aprender de ti —comentó el abuelo con admiración.
—Yo no sirvo para eso, no me da la cabeza. —Fang Chi se encorvó para inspeccionar las guarniciones sobre la mesa—. Solo soy bueno para trepar y escalar cosas.
El abuelo sonrió y le dio una palmada en el brazo.
—Ve a buscar los tazones. Tu abuela está cocinando los fideos.
Durante la comida, Fang Chi habló con sus abuelos sobre volver a la ciudad después de que salieran los resultados. Ambos estuvieron de acuerdo. Fang Chi siempre había sido independiente y nunca les había dado preocupaciones, así que cuando mencionó regresar al club para hacer trabajos de guía a tiempo parcial, tampoco pusieron objeciones.
Solo la abuela mostró cierta preocupación.
—No te esfuerces demasiado, ¿sí? A la familia no le falta el dinero para pagar la matrícula.
—Lo sé. —Fang Chi sonrió.
Sin embargo, cuando mencionaron que Sun Wenqu también regresaría a la ciudad, la abuela se quedó un momento pensativa.
—¿Shuiqu también se va?
—Mjum. —Sun Wenqu asintió—. El juego de piezas que estoy haciendo requiere un horno grande para la cocción; usar el horno de hierro aquí no daría un buen resultado.
—Oh, ya… —La abuela lo pensó—. ¿Esa cosa que tienes en tu cuarto? Tanto esfuerzo para traerlo y ahora no sirve.
—Para cosas normales está bien: piezas pequeñas, platos, tazones, con esos no hay problema —explicó Sun Wenqu—. Pero esta vez voy a cocer varios juegos de jarrones y similares, así que necesito un horno grande de barro.
—Ay —suspiró ella—. Esto de que de repente todos se vayan… Shuiqu ha vivido aquí tanto tiempo que ya me da pena que se vaya.
—Vendré a quedarme cuando tenga tiempo —dijo Sun Wenqu—. Como no trabajo, tengo mucho tiempo libre; es muy fácil venir de visita.
—Eso es —dijo el abuelo sonriendo—, vuelve para buscar inspiración.
—Abuela —Sun Wenqu se acercó un poco más a ella—, no hace falta que recoja ese cuarto todavía. Dejaré mis cosas ahí; de todos modos, no suelen usar esa habitación…
—¡Claro! —respondió la abuela de inmediato—. Te lo guardamos. Quédate allí siempre que vengas, ¡y no me hables de alquiler!
—De acuerdo. —Sun Wenqu sonrió.
Por la tarde, Sun Wenqu se dedicó a organizar y modificar sus diseños. Fang Chi estaba sentado en su cama escuchando música y jugando con el teléfono. La puerta de la habitación no estaba bien cerrada, dejaba una rendija.
Cuando Fang Chi hizo ademán de ir a cerrarla, Sun Wenqu dijo:
—Déjala así.
—¿Tienes miedo de que la abuela suba?—Fang Chi pensó que quizá su propio nerviosismo estaba afectando a Sun Wenqu y se sintió un poco culpable—. Yo… no pasa nada.
—Solo faltan unos días para volver a la ciudad. —Sun Wenqu lo miró—. No hagamos que la abuela piense cosas raras. Aunque no tenga esa idea, si dos hombres se encierran todo el día en una habitación, ella se preguntará qué pasa. Si solo es para aprovechar el aire acondicionado, no hay necesidad de cerrar tan bien.
—Mmm. —Fang Chi asintió.
Sin embargo, la puerta terminó cerrándose de todos modos. La abuela pasó por allí cuando subía a la azotea a poner los frijoles a secar y, al ver la puerta, se acercó a cerrarla bien.
—Tienen el aire acondicionado encendido y no cierran la puerta, se escapa todo el frío, de verdad…
Una vez cerrada la puerta, Sun Wenqu se giró y le sonrió a Fang Chi.
Fang Chi chasqueó la lengua.
—Lo tenías todo calculado, ¿no? Viejo zorro.
No obstante, por la noche, Sun Wenqu echó a Fang Chi de regreso a su propia habitación para dormir. Él se aferró al marco de la puerta.
—¿Ya ni siquiera puedo quedarme a aprovechar el aire acondicionado?
—¿Ahora resulta que eres tan valiente? —preguntó Sun Wenqu riéndose.
—No es eso… —Fang Chi lo pensó un momento y suspiró—. Olvídalo, mejor ser cuidadosos. Ahora, si de verdad… pasara algo, creo que no sabría manejarlo.
—Descansa bien. —Sun Wenqu le dio unas palmaditas en la mejilla—. En un par de días, cuando volvamos a la ciudad, podrás desatar tu lado salvaje.
Esas palabras provocaron en Fang Chi un arrebato de calor inexplicable. Se quedó mirando a Sun Wenqu.
—Mira que decir eso…
—Solo digo la verdad. —Sun Wenqu levantó una comisura de la boca—. Perro salvaje.
—Me voy a dormir. —Fang Chi se tiró del pantalón hacia arriba y dio un par de saltitos—. Buenas noches.
—Buenas noches, hijo —respondió Sun Wenqu.
Fang Chi lo miró de reojo.
—Buenas noches, papi.
Durante los días siguientes, Fang Chi no volvió a intentar colarse para usar el aire acondicionado. Se limitó a acompañar a Sun Wenqu a correr cada mañana, charlar con sus abuelos y ayudar a arreglar el huerto.
Sabía que ahora mismo había demasiada incertidumbre, responsabilidades que aún no podía asumir y conflictos que no sabría manejar. Si algo salía mal en este momento, Sun Wenqu se vería arrastrado al centro de todo en un segundo y eso era lo que Fang Chi menos quería. Su plan siempre había sido que, si llegaba el día que debía hablarlo con su familia, no podía usar a Sun Wenqu como punto de partida.
Aunque Sun Wenqu siempre parecía despreocupado, Fang Chi no quería que enfrentara esa presión con él. Prefería manejar sus propios asuntos primero y, una vez resueltos, entonces presentar a Sun Wenqu. Le parecía la mejor opción.
A medida que el tiempo pasaba, Fang Chi no despegaba la vista de su teléfono. En el grupo de su clase, casi todos los temas giraban en torno a consultar las notas. Cada vez que veía un mensaje, sentía que le sudaban las manos.
Cuando finalmente llegó la notificación de que ya se podían consultar las calificaciones, en ese mismo instante lanzó el teléfono a un lado y gritó:
—¡Mierda! ¡Ya se pueden ver las notas!
—¿Qué pasa? —Sun Wenqu lo miró—. Pues consúltalas. Qué escándalo haces.
—Tengo miedo —soltó Fang Chi antes de salir corriendo de la habitación. Mientras bajaba las escaleras, gritaba—: ¡Abuelo! ¡Abuela! ¡Ya salieron las notas!
—¿Ya las viste? —El abuelo entró corriendo desde el patio trasero—. ¿Cuántos puntos sacaste?
—No he mirado. —Fang Chi se sentó en el sofá, pero enseguida volvió a levantarse y agarró a Chico para revolverle el pelaje de la cabeza con vigor—. Estoy demasiado nervioso.
Sun Wenqu bajó las escaleras mirando su teléfono.
—Dame tu número de examen y tus datos. Yo consulto por ti.
—Está bien. —Fang Chi saltó de inmediato y corrió a buscar su pase de examen y demás documentos.
—Es este número, ¿verdad? —Sun Wenqu miró su teléfono—. Voy a llamar.
—Llama… —dijo Fang Chi, y empezó a dar pequeños saltos de nerviosismo. Cuando vio que el dedo de Sun Wenqu iba a tocar la pantalla, se dio la vuelta y salió corriendo de la sala—. ¡Tengo que orinar!
Sun Wenqu sonrió con cierta impotencia y marcó el número de consulta.
Fang Chi se quedó de pie en el baño, con una mano apoyada en la pared y la otra sosteniendo «el arma», mirando fijamente sus propios pies. Permaneció allí en silencio durante un buen rato sin que hubiera ningún progreso.
Era como una estatua de piedra sosteniendo un rifle.
Sentía que estaba a punto de petrificarse.
Más de medio año de esfuerzo, de estudiar hasta dejarse la piel; el fruto de todo aquello estaba en esa llamada. Había pensado que no le importaba, pero no imaginó que le importaría tanto.
Estaba tan nervioso que quería orinar.
Pero en ese momento, de pie allí, no salía nada.
No fue hasta que Sun Wenqu lo llamó desde el patio que volvió en sí, se subió el pantalón y salió corriendo del baño.
—¿Y bien? ¿Lo consultaste? —preguntó, clavando la mirada en el teléfono que Sun Wenqu sostenía.
Sun Wenqu alzó la mano y le mostró el móvil.
—Ya llegó el mensaje con los resultados. ¿Quieres verlo tú mismo o prefieres que te lo diga yo?
—¿Es bajo? ¿O es normal? —preguntó Fang Chi
—No es bajo. —Sun Wenqu miró el teléfono—. Revisé el puntaje mínimo del año pasado para las universidades de primer…
—¡¿Pasé o no?! —insistió Fang Chi, aún agarrado a su pantalón sin darse cuenta.
—¿Pasa algo con tus pantalones? —Sun Wenqu lo miró.
Fang Chi soltó su agarre.
—Superaste el mínimo del año pasado para las universidades de primer nivel, no está mal.[2] —Sun Wenqu le puso el teléfono frente a los ojos con una sonrisa—. 551. No debería haber problema… Te fue mejor de lo que pensaba.
Fang Chi fijó la vista en los números y los leyó una y otra vez. Una sonrisa comenzó a extenderse por su rostro hasta que finalmente dio un salto, le silbó a Chico, que movía la cola a un lado, y empezó a reír.
—¡No está mal, ja, ja, ja, ja! —Fang Chi corrió hacia donde estaban sus abuelos—. ¡Pensé que no llegaría a los 500 puntos, ja, ja, ja, ja…! —Luego entró en la sala, tomó una taza y bebió varios tragos de agua—. ¡Qué sorpresa, ja, ja, ja, ja…!
Los abuelos rieron con él un rato. Luego, el abuelo se volvió hacia Sun Wenqu.
—Ese puntaje está bien, ¿verdad?
—Sí, está bastante bien. No debería tener problemas para entrar en la universidad que quiere —respondió Sun Wenqu, sonriendo.
—Míralo cómo está de feliz —dijo la abuela, entre contenta y divertida, viendo a Fang Chi que no paraba de dar vueltas por la casa revisando su teléfono.
—Creo que se va a volver loco —comentó Sun Wenqu.
—¡Ay! —La abuela se alarmó al oír eso y fue corriendo a agarrar a Fang Chi—. Pequeño revoltoso, ¿estás bien?
—¡Estoy bien, abuela! —Fang Chi seguía riendo sin parar—. ¡Es que estoy muy feliz!
—Este niño… en todos estos años nunca lo había visto tan contento por algo, da hasta miedo —dijo la abuela, observándolo un momento. Dudó un poco, tomó la taza que estaba al lado y arrojó el agua que contenía directamente hacia la cara de Fang Chi.
—¡Eh! —Aunque Fang Chi estaba inmerso en su risa, reaccionó rápido y esquivó el agua, aunque la mitad le cayó en el hombro. Miró a su abuela entre divertido y sorprendido—. ¡Abuela, ¿qué haces?!
Sun Wenqu se sentó en el sofá, muerto de risa.
—¿Ya se te pasó? —preguntó la abuela.
—… Pero si no me pasaba nada. —Fang Chi suspiró, calmándose un poco—. Solo estaba celebrando, me fue mejor de lo que pensé.
—Por supuesto que te iba a ir bien. —La abuela le tomó la cara y se la apretó—. Mi nieto adorado no podía fallar.
Fang Chi sonrió y la abrazó balanceándola un poco mientras miraba a Sun Wenqu.
Sentado en el sofá, Sun Wenqu apoyó la mejilla en una mano y le sonrió.
—¿Ahora tienes que regresar a la escuela? —preguntó el abuelo.
—Sí, quiero regresar para hablar con el profesor Li y aclarar algunas cosas —dijo Fang Chi—. Mañana deberían publicarse los puntajes mínimos oficiales y me gustaría escuchar su opinión otra vez. También quiero reunirme con mis compañeros, comer juntos y eso. Después será más difícil vernos.
—Vuelve mañana mismo, entonces —dijo el abuelo—. Es mejor resolver eso pronto.
—Mjum. —Fang Chi lanzó una mirada a Sun Wenqu—. Tú… ven conmigo mañana. Tienes muchas cosas, te ayudaré a cargar algo.
—Está bien. —Sun Wenqu sonrió—. Podemos pedirle a Liang-zi que nos recoja allá.
Después de cenar, Fang Chi llamó a Xiao Yiming y conversó un rato con él.
Xiao Yiming también había consultado su puntaje, que era bastante alto. Fang Chi lo admiraba sinceramente; a pesar de haber estado bajo tanta presión este último medio año, sus exámenes casi no se habían visto afectados al final.
—Ayer me mudé a casa de mi primo —dijo Xiao Yiming—. Dejé la llave en el mismo sitio.
—Okay —respondió Fang Chi—. Yo regreso a la ciudad mañana. ¿Irás a la escuela?
—Sí. Ya hablaremos con calma cuando nos veamos.
—Hecho. —Fang Chi colgó.
No sabía por qué, pero enterarse de que a Xiao Yiming le había ido bien, hizo que se sintiera mucho más ligero.
Subió las escaleras dando saltitos cortos. Sun Wenqu estaba en la habitación ordenando su ropa.
—No te lo llevarás todo, ¿verdad? —preguntó Fang Chi.
—No, solo lo de uso frecuente. —Sun Wenqu lo miró—. ¿Ya estás más tranquilo?
Fang Chi soltó un par de risitas.
—Sí.
—Ve a ordenar tus cosas.
—Mañana seremos solo nosotros dos. —Fang Chi se apoyó en la pared—. Solo nosotros dos.
[1] Fideos Zhajiang (Zhajiangmian): Un plato tradicional chino de fideos cubiertos con una salsa espesa de soja fermentada y carne de cerdo, acompañados de vegetales frescos (guarniciones).
[2] 一本线 (yī běn xiàn): Lit. Línea del primer grupo. Es el término específico en China para la nota mínima de acceso a las universidades de mayor categoría (llamadas “一本” o “Grupo 1”) en el examen nacional de acceso a la universidad (Gaokao).
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