Ya quisiera poder hacer eso 👀👀
Me convertí en un retrato.
No en un retrato funerario, sino en una pintura de verdad.
—…
Y para colmo, fui a parar justo en medio de una cabaña en el bosque.
—…¿Debería tomármelo como si me hubiera retirado al campo a cultivar? Aunque estoy vivo y en perfectas condiciones, parece que seré tratado como un retrato embrujado, pero como es divertido, está bien.
* * *
Seo Ji-oh era profesor de arte.
Para explicar por qué él, que era un miembro respetable de la sociedad, terminó convertido en un retrato poseído por un fantasma: se debió a que él, al no poder escapar a tiempo de la escuela en llamas, quedó atrapado en el salón de arte y cayó de cabeza dentro de su propia pintura.
—…
Es en serio.
—Si de todos modos iba a morir, quería morir en el lugar que más me gustaba.
Ese lugar era, justamente el almacén de arte. El lugar donde estaba colocado el cuadro con un paisaje de una cabaña en el bosque, el lugar que, al final, lo convirtió en una pintura parlante.
—Solo viviendo se llega a experimentar esto.
Seo Ji-oh se sentó en un banco y contempló el paisaje dentro de la pintura.
—…
El aire era templado.
Los pájaros trinaban armoniosamente, cantando como si hicieran un coro. Había una brisa primaveral, suave y ligera como la seda.
La luz del sol, similar a una gema, brillaba entre las frondosas hojas. La temperatura adecuada y el denso aroma del bosque lo hacían sentir como si estuviera mojado por el rocío…
—Mmm.
Todo estaba en perfecta armonía.
—Qué agradable.
Ya había pasado aproximadamente una semana desde que recuperó el conocimiento en esta cabaña dentro de la pintura.
«Como el flujo del tiempo es inestable, no sé con exactitud cuánto tiempo he estado aquí, pero…»
Que un inquilino examine su nueva casa es algo natural. Seo Ji-oh descubrió unas cuantas reglas menores dentro de la pintura.
Primero, todo lo que dibuja ahí, se vuelve real.
—…
Seo Ji-oh, que observaba la manzana que había dibujado, la dejó caer con un suave golpe. La manzana bien madura desprendía un buen aroma.
Se sintió orgulloso.
«Me he liberado de los gastos de comida. Como era de esperar, soy admirable.»
Fuera un retrato embrujado o lo que sea, para Seo Ji-oh, quién era tanto un sibarita1 como un glotón, esta era una excelente noticia.
Si dibujaba una manzana, se convertía en una manzana real. Si dibujaba una bolsa de sal, se convertía en sal real. Lo mismo ocurría con los utensilios de cocina, como ollas o espátulas, además de los ingredientes alimentarios, e igual pasaba con las plantas, con los árboles o las flores.
«En este punto, hay algo por lo que cualquiera sentiría curiosidad.»
Pero no podía dibujar personas.
Llegó a dibujarlo pensando que tal vez se convertiría en el primer humano en moldear a otro ser humano con pintura, pero de ello, solo resultaba un cadáver tibio; no lograba convertirse en un humano vivo que se moviera.
—Es un alivio que el límite en esto esté claro.
Seo Ji-oh casi se asusta. Para él, que valoraba la amistad, la paz y el amor, una habilidad como la de crear a la humanidad solo le traería problemas.
Por encima de todo, el sueño de Seo Ji-oh estaba mucho más cerca del de ser dueño de un edificio que del de ser un creador.
«Qué alivio no haber obtenido una habilidad que dañara la modestia y la lindura de mi vida.»
Y la segunda regla.
—…
La mirada de Seo Ji-oh se posó en un marco colgado en la columna de un árbol.
—¿Será algo así como la puerta principal?
A través del marco, Seo Ji-oh podía ver el paisaje del exterior de este lugar.
—Tal vez está colgado por la importancia de la comunicación, para que no envejezca solo.
Como también era posible interactuar con la realidad, podía salir de la pintura en cualquier momento. Se podría decir que, en comparación con los numerosos retratos poseídos por fantasmas de los que Seo Ji-oh tenía conocimiento en las historias de terror, su nivel de libertad era bastante alto.
«Como era de esperar, al final sigo siendo yo.»
Incluso convirtiéndose en pintura, no hay forma de que siga el mismo camino que los demás.
Seo Ji-oh estaba sumamente satisfecho con su propia singularidad, la cual no volvería a repetirse en la historia de la humanidad. No creía que existiera un segundo ser como este en el mundo. Si lo hubiera, sería el destino y eso sería incluso mejor.
—…
En fin, volviendo al punto.
—…No parece haber ninguna razón para salir especialmente a una sociedad que apesta a gases de escape para empezar una nueva vida.
En serio, ¿quién dejaría un sector tan limpio para ir allá?
—Además, en apenas unos pocos años, muchas cosas han cambiado de lo que yo recordaba…
Era un murmullo bastante amargo para tener una edad tan radiante de 29 años, pero la realidad era esa. Escuchó decir que ya habían pasado cerca de 30 años desde que ocurrió el accidente del incendio.
«Para ser exactos, 31 años.»
Seo Ji-oh, al enterarse de eso, regresó tranquilamente al interior de la pintura. Esta patata parlante no tenía la confianza para adaptarse a una nueva sociedad.
—Ya debe haber pasado mucho tiempo desde que me declararon muerto, ¿a qué clase de experimento biológico me expondría si saliera de aquí?
No tenía intenciones de pasar trabajos en vano dejando esta casa tan pacífica donde, por supuesto, no se gasta en comida, ni en alquiler, ni en la factura de la luz.
—Me preocupan un poco los niños de mi clase… pero como el mundo cambió tanto, no sé cómo lo estarán pasando todos.
Hace 31 años, cuando ocurrió el accidente del incendio, parecía que la Tierra se había puesto patas arriba por completo.
«Lo llamaban “La Gran Catástrofe”, si no me equivoco.»
Desde aquel día, el mundo parecía haber cambiado por completo.
Al ver la increíble escena de un hombre de negocios de traje, arco en mano, luchando contra una bestia monstruosa del tamaño de una casa, un sumamente acobardado Seo Ji-oh aceptó dócilmente su identidad como pintura.
—Al vivir, supongo que estas cosas también pueden pasar.
Aunque su cuerpo muriera y volviera a morir cien veces más y sus huesos blancos se hicieran polvo, su alma seguiría perfectamente bien, así, la vida de un retrato poseído por un fantasma; pacífica y cómoda, era mejor que la sociedad moderna que ahora vivía luchando con monstruos.
—En el mundo existen diversas formas de vivir, y entre ellas, también está la vida de un retrato…
Y llegados a este punto, si hemos de discutir la tercera regla.
—…Mmh.
Este bosque es otro ecosistema.
—¿Debería ir a recolectar algo de comida?
Seo Ji-oh preparó una cesta resistente. Tenía la intención de traerla repleta de cosas para comer.
«Aunque lo único que dibujé fue la cabaña de dos pisos y el bosque que la rodea, al andar de un lado a otro descubrí que también existen plantas y elementos del terreno que nunca dibujé.»
Todo, además de la cabaña, parecía haber sido creado basándose en la imaginación de Seo Ji-oh.
—…
Cruk.
—Hola.
—Pik.
—Sí.
Seo Ji-oh se limitó a observar cómo el conejo que salió repentinamente de entre los arbustos frotaba su cuerpo contra su pie antes de irse.
«Qué pequeño.»
Era de una forma mucho más pequeña y redonda que los conejos que comúnmente se conocen en Corea; parecía reflejar el gusto de Seo Ji-oh, quien prefiere las cosas pequeñas e inofensivas.
«Me gusta.»
Principalmente, le gustaba el hecho de que parecía que no podría lastimarlo. Le gustaba el hecho de que, si peleaban en serio, Seo Ji-oh podría ganar.
«¿Será que, como yo, el dueño de la pintura, soy inofensivo, solo se han distribuido criaturas inofensivas? Es una suposición con probabilidades…»
Después de eso, de vez en cuando, criaturas que tenían puntos ligeramente diferentes a las de la realidad pasaban al lado de Seo Ji-oh. Ardillas con las mejillas infladas de forma redonda. Gorriones con las plumas esponjadas como si fuera invierno. Ciervos de cuello esbelto y ojos claros como joyas…
—…
En ese momento, Seo Ji-oh pensó en la cuarta regla.
—…Que sean así de amables a pesar de ser la primera vez que nos vemos, sin duda significa que reconocen que soy su padre.
Todos los seres dentro de esta pintura muestran hostilidad cero hacia Seo Ji-oh.
«¿Será porque yo dibujé este lugar?»
Aunque se había convertido en una pintura, Seo Ji-oh seguía siendo pintor, y este mundo también era una obra que él había dibujado.
«Que las criaturas que viven dentro de esta obra sean amables conmigo, que soy el creador, tal vez sea algo natural.»
Seo Ji-oh caminó tal como estaba, en dirección contraria a la corriente del arroyo.
—.. Como corresponde a un desempleado que no tiene nada que hacer, ¿debería buscar un lugar con buen sol para tomar una siesta?
Él estaba en camino a buscar el manantial que era el origen de este amplio bosque.
«Si en el camino también hago recolección, mejor aún.»
Seo Ji-oh todavía era un sibarita y de buen comer. Aunque se convirtió en pintura y no sentía hambre ni sueño, si quería comer, podía comer tanto como quisiera, y si quería dormir, podía dormir cuanto quisiera.
«Al ver que si como demasiado me siento pesado, o que no puedo volver a dormir justo después de haber dormido profundamente… parece que, aun así, se mantiene el patrón de vida básico.»
De todos modos, poder comer tanto como quisiera era una gran ventaja.
—…Ah.
Seo Ji-oh que seguía el arroyo a contracorriente encontró unos frutos rojos y redondos.
—Serían perfectos para un bocadillo.
Un árbol delgado de baja altura, de poco menos de dos metros, con ramas profundamente curvadas como un plato boca abajo. Esas delgadas ramas, estaban llenas de frutos del tamaño de las canicas que venden en las papelerías. El hecho de que crecieran esparcidos de forma esponjosa tomando como referencia las ramas alargadas, hacía que su forma se pareciera más a un árbol de cerezas de Corea que a uvas.
—Si los seco al sol, ¿podría lograr una textura similar a las pasas…?
En ese momento, el “sistema” de Seo Ji-oh comenzó a explicar las propiedades del fruto rojo.
Fruto de Mangdung
Presenta un color rojo. Es agridulce, pero predomina un fuerte sabor dulce. Es un fruto de forma esférica con un diámetro de 1 cm, en su tamaño mínimo y de 2 cm en su tamaño más grande.
Alquimia (Método de refinamiento): Si se hace un polvo con los frutos bien secos, se mezcla con el jugo de Lurupu para hacer una masa, se forman albóndigas y se secan en un lugar oscuro durante más de una semana, se convierte en una buena medicina para las hemorragias y su recuperación.
—…Si tan solo avisaras con un poco más de anticipación…
La quinta regla.
—…Sí, creo que para esto voy a necesitar un poco de adaptación. El tiempo lo cura todo.
A decir verdad, no se podía decir con seguridad que esto fuera una regla de este bosque… pero parecía que Seo Ji-oh había experimentado lo que llaman un “despertar”. Ese fenómeno que, según dicen, se manifiesta en las personas con superpoderes surgidas después del “Gran Desastre”.
La gente actual en la Tierra miraba a esos superhumanos y los llamaba “Cazadores”, lo cual le parecía curioso.
«El hecho de que yo me haya convertido en uno de esos superhumanos también…»
Era, por así decirlo…
—Como un juego.
Se sentía como haber caído dentro de un juego relajante, de esos de recolectar y cocinar.
«Quizás sea una suerte. Gracias a esa sensación, me ha resultado bastante fácil adaptarme a este entorno tan extraño.»
No es que estuviera escapando de la realidad pensando que este lugar era un juego. Simplemente significaba que “al estar en un entorno tan inofensivo y conveniente como un juego, la adaptación resultaba fácil”.
—…Mmh…
Seo Ji-oh, tras leer una vez más lo que decía el sistema, revisó la cesta. Todavía quedaba mucho espacio.
—…¿Debería juntar más?
Él fue desprendiendo los frutos uno a uno con un suave “tok tok” hasta que el fondo de la cesta se tiñó de rojo. Luego, colocó una hoja grande y limpia para crear una división y separar el espacio de los frutos.
Lo hacía para asegurar un espacio donde poner otros elementos recolectados cuando los encontrara y, quizás gracias a ello, no pasó mucho tiempo antes de que pudiera hallar otra hierba medicinal.
—¿Qué era aquello?
Una flor pequeña que se parecía a una orquídea.
Baibamunil
Presenta un color azul claro. Desprende un suave aroma a crema de vainilla. Se puede comer si se hierve en agua caliente durante 10 minutos. Brota en el lugar donde muere una mariposa del “Bosque del Olvido”. Sus pétalos se asemejan a las alas de la mariposa del bosque.
Alquimia (Método de refinamiento): Hervir en agua caliente para extraer la toxicidad y luego secar en un lugar oscuro durante 10 días. Si se seca sobre las hojas del “Árbol Dorong-dorong”, el efecto medicinal aumenta. Si se cocina la flor completamente seca a fuego lento durante un día entero, se puede usar como un té medicinal que desprende una buena fragancia. Es excelente para detener hemorragias, recuperar la inmunidad y aumentarla.
«Aunque el sabor es bastante diferente, al menos la textura recuerdo que se siente similar a la de la espinaca bien cocida.»
Quizás suene extraño lo de una espinaca con aroma a crema de vainilla, pero sorprendentemente era bastante pasable para comer. Hervirla una vez y comerla como bocadillo venía de maravilla cuando se tenía un poco de hambre.
«Además, la textura también es divertida porque si la presionas ligeramente con la lengua, se deshace con suavidad como una castaña bien cocida.»
Como dato adicional, los “Dorong-dorong” son unos árboles de este bosque que, aunque son tan robustos como un baobab, tienen una altura mucho menor.
Sus hojas, que crecen enrolladas sobre sí mismas, son gruesas, elásticas y carnosas como globos llenos de agua. Como estos árboles se encontraban cerca de la cabaña, Seo Ji-oh podía conseguir sus hojas sin el menor esfuerzo.
—Por si acaso…
Seo Ji-oh continuó con su recolección con total dedicación. En su situación actual, no solo necesitaba comida, sino también medicinas para estar preparado ante cualquier emergencia, por lo que una búsqueda minuciosa a gran escala era indispensable.
Mientras seguía recolectando, llegó finalmente al manantial que daba origen al arroyo.
—…
Ploc.
Gluglú…
—…
Un manantial custodiado entre raíces de un blanco tan puro que parecía haber embotellado la luz del sol y de la luna.
En medio de ese manantial que brillaba con la transparencia del cristal, florecían unas flores tan hermosas y delicadas que semejaban seda hecha de gemas. Eran unas flores de pétalos abundantes que recordaban en cierto modo a la flor de loto.
—Con esto…
Lurupu
Aspecto: Una flor de capullos exuberantes y abundantes. Solo crece de forma silvestre en aguas puras, utilizando dicha agua para florecer.
Propiedades: Una vez que la Lurupu florece por completo, mantiene su forma intacta incluso si se corta. Sin embargo, solo libera su jugo cuando entra en contacto con agua tibia.
Sabor: Es comestible, pero más allá de su intensa fragancia, no tiene ningún sabor.
Alquimia (Método de refinamiento): Coloque los pétalos en agua tibia apta para el consumo y espere a que se disuelvan y liberen su jugo. Bajo ninguna circunstancia debe tocar el agua durante este proceso. El jugo resultante se puede combinar con diversos ingredientes medicinales.
Receta compatible: Píldoras de sangre (utilizando frutos de Mandung y jugo de Lurupu).
—Si preparo algo de medicina ahora, seguro que me servirá en el futuro.
Tup.
Seo Ji-oh dejó la cesta en el suelo.
«Aunque no creo que vaya a necesitar usarla de inmediato, de todas formas ya estaba aburrido…»
Pensando que aquello era perfecto como una nueva actividad para entretenerse, se lavó muy bien las manos en el manantial y extendió el brazo hacia la flor de Lurupu.
Con su habitual rostro inexpresivo y sombrío, Seo Ji-oh cortó el tallo de la flor con un leve “clic“. A diferencia de su rostro decaído, la delicadeza con la que manejaba la flor era sumamente notable.
«Habría sido interesante arrancarla de raíz para plantarla, pero esta no es la clase de planta que suelo cultivar… Como es una flor hecha de agua, ni siquiera sé dónde empiezan o terminan las raíces. Además, si lo intento a ciegas y la cantidad de flores disminuye, me daría mucha pena, así que será mejor tener cuidado.»
La Lurupu que acababa de cortar debía de estar en su punto máximo de floración, ya que no se deshizo en agua ni se escurrió entre sus dedos. Eso significaba que Seo Ji-oh la había recolectado de la manera correcta.
—Tiene una fragancia muy agradable.
Seo Ji-oh depositó con cuidado el capullo de la flor dentro de su cesta.
En el manantial florecían unas veinte flores en total, pero él, por si acaso, solo recolectó tres. Como los pétalos de por sí eran grandes y frondosos como los del loto, llevarse más de esa cantidad se sentía como un desperdicio.
«El tallo también es bastante firme. ¿Habrá alguna otra forma de aprovecharlo? Se le nota la fibra; me da la impresión de que si lo desgarro a lo largo en tiras delgadas, podría desprenderse como si fueran hilos…»
Pronto, Seo Ji-oh terminó de acomodar todas las flores.
—Con esto debería bastar.
Decidió que iría calculando las proporciones exactas poco a poco mientras preparaba la medicina, y volvió a dejar la cesta con las flores sobre el suelo.
Luego, se quedó contemplando el manantial.
—…
Ploc…
Gluglú…
—…
Se escuchaba el murmullo del agua cristalina fluyendo suavemente.
La fragancia límpida y fresca que emanaba de aquel manantial puro.
El aire del bosque, impregnado de una agradable humedad.
—…Qué bien.
Este manantial, que existía a pesar de que él no lo había dibujado, era hermoso más allá de lo imaginable.
Aquel árbol que, aun estando muerto, se erguía con firmeza, brillaba con una blancura que recordaba al costoso mármol de Carrara.
Entre las ramas de ese árbol, que poseía vetas tan complejas que la luz del cielo se filtraba sutilmente a través de ellas, brotaba el agua transparente del manantial, fragmentando los rayos dorados del sol.
«Es como si le hubieran untado una fina capa de nácar.»
La savia de este árbol se solidificaba hasta convertirse en gema. Tal vez porque había secretado savia antes de morir, unas joyas anchas y onduladas en forma de plato, de un azul translúcido, sobresalían por todo el tronco como si fueran hongos oreja de judas.
Aquellas protuberancias, de un tono verde azulado y transparente, parecían grandes platos hechos de piedras preciosas. Recibían el agua del manantial sobre la que caía la luz del sol, albergando en su interior un brillo cálido y templado.
—…
Gluglú…
El agua del manantial descendía en cascada, recorriendo uno a uno aquellos platos de gema.
Desde el punto más alto, paso a paso, uno tras otro. El agua salpicaba contra los platos de piedra preciosa, produciendo un sonido cristalino y sonoro, similar al de perlas de jade en la madrugada. Si uno prestaba atención en silencio, daba la impresión de estar escuchando el cantar de las mariposas.
La luz del sol, filtrada entre las hojas del bosque, se dispersaba y bañaba el árbol de aspecto marmóreo, haciendo sentir al espectador como si estuviera dentro de un templo sagrado.
—…
El agua que descendía de ese modo se estancaba entre las raíces del árbol muerto, formando un pequeño y poco profundo estanque.
El agua que rebosaba de allí se extendía por todo el bosque, mientras que mariposas con alas del color del sol iluminaban los alrededores. Parecían luciérnagas.
Luciérnagas que se podían ver incluso a plena luz del día.
—Es espectacular.
El manantial, que tenía como hogar a aquel colosal árbol que se elevaba hacia el cielo, también recordaba a un enorme estanque.
«…Dicen que el agua de buena calidad tiene su propio aroma; supongo que es una regla que también aplica a un agua tan pura como esta.»
El aire que envolvía el lugar era tan dulce y reconfortante que se sentía como estar recostado sobre un lecho de flores. Tal vez el aroma de los pétalos de Lurupu era lo que impregnaba el agua del manantial.
—…
Definitivamente…
—Uno tiene que retirarse al campo.
A Seo Ji-oh le encantaba este lugar.
Se acomodó entre el musgo, que era tan mullido como una colcha, y lentamente se entregó a una reconfortante siesta.
* * *
—Es aquí.
El almacén de arte de una escuela abandonada y ahora olvidada.
Dentro del retrato colgado allí, un hombre cerraba los ojos pacíficamente.
—Mira este cuadro.
—Vaya, ¿cómo es que no se quemó y quedó intacto?
—Está en excelente estado… Si nos lo llevamos, ¿crees que nos lo reconozcan como mérito?
—Parece que tiene título.
—¿Tiene nombre? Ah, entonces debe ser un artefacto.
Y ahora, la última regla.
Seo Ji-oh se había convertido en una pintura.
—…
—Dice: “El retrato de Ji-oh”.
Eso, al menos, era una verdad innegable.
—Es muy útil viajar con alguien que tenga la habilidad de evaluación… Por cierto, ¿seguro que esto es de la Tierra?
—¿Crees que un retrato ordinario estaría tan impecable en una escuela abandonada en medio de la montaña? ¿Y sin nadie que lo cuide?
—Bueno, es verdad.
—Obviamente es un objeto que llegó aquí desde alguna mazmorra. Hay un montón de mazmorras por los alrededores.
—Como sea, a los coleccionistas les va a encantar. Se vuelven locos por este tipo de cosas, ¿no?
Y así, mientras Ji-oh dormía…
La entrada y salida de la pintura estaba cambiando por su cuenta.
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