—Vaya.
La exclamación escapó de sus labios mientras contenía la risa, como si pretendiera mantener la compostura.
Bisabul preguntó:
—¿Estás diciendo que no salía porque creía que la gente podría asustarse?
—No lo dijo con esas palabras, pero, en resumen, tampoco es incorrecto.
Yoo Sung-woon asintió.
—Parece consciente de que podrían surgir problemas si un ser con un rango espiritual tan elevado como el suyo se encuentra con una persona indefensa. Aunque no entiendo cómo encaja eso con que insista en afirmar que es un ser humano común y corriente…
Ante aquello, Bisabul entrecerró los ojos como si fuera una serpiente y dijo:
—No podemos descartar por completo la posibilidad de que realmente sea un monstruo humanoide con forma de retrato, pero tampoco parece que podamos considerarlo un simple monstruo. No siente el menor odio hacia los humanos.
—…
—Si se trata de un ser que ni siquiera el Curador Yoo Sung-woon ha logrado identificar con certeza, probablemente esté relacionado con el Origen. Y, puesto que todavía no has presentado un informe oficial, supongo que es la primera vez en tu vida que ves una entidad de esa clase.
—Sí, por el momento.
Era raro que Yoo Sung-woon, quien era Jardinero, desconociera la existencia de algún ser del Origen.
«Los monstruos de las mazmorras también nacen de las venas del Origen, pero, en cuanto a lo difíciles que son de tratar, no se pueden comparar con los Hijos del Origen. Si Ji-oh es un Hijo del Origen de una clase que jamás había visto, la situación se vuelve mucho más complicada.»
Los llamados ‘Hijos del Origen’ podían encontrarse por igual en todas las mazmorras. No era posible encargarse de ellos mediante una simple subyugación, como se hacía con los monstruos comunes.
Por eso se necesitaban amplios conocimientos sobre ellos y la capacidad para lidiar con cada caso.
Yoo Sung-woon era un veterano que trabajaba como Jardinero desde los once años.
El ‘Retrato de Ji-oh’, una entidad desconocida incluso para alguien como Yoo Sung-woon, era claramente algo ante lo que debían mantenerse alerta.
—En cualquier caso, incluso si lo consideramos un ‘Hijo del Origen’, es indudable que se trata de una existencia fuera de lo común.
Si había algo que los monstruos y los Hijos del Origen tenían en común, era que desconocían lo frágiles que eran los humanos.
Aunque lo supieran, los monstruos odiaban a los humanos, mientras que los Hijos del Origen eran indiferentes hacia ellos.
Fuera cual fuera el caso, inevitablemente resultaban perjudiciales para los seres humanos.
—Es raro que uno de ellos sea tan favorable hacia la humanidad.
—Con razón la Asociación lo codicia.
—Ya se lo pregunté la última vez, pero ¿piensa entregarlo?
—No tengo ninguna intención de hacerlo.
Bisabul era bastante posesivo.
Ni siquiera cuando se trataba de prestar algo suyo durante un breve periodo para que lo examinaran lo dejaba en manos ajenas. Tal vez lo haría si se tratara de una transacción clara y definitiva, pero jamás resolvería las cosas de una manera tan ambigua.
—Parece que el Curador Yoo Sung-woon ya lo está administrando adecuadamente. ¿Hay alguna razón para entregárselo al laboratorio de la Asociación?
—Si Ji-oh es un Hijo del Origen, podría herir a alguien sin sentir la menor culpa. Él alegaría que solo actuó de acuerdo con sus propias reglas, pero… no sabemos la magnitud de la catástrofe que eso podría representar para los humanos.
Era necesario investigarlo.
—En este momento, lo único que puedo comprender es la historia del retrato. No puedo saber con exactitud qué habilidades utiliza, cuán elevado es su rango espiritual ni cuál es la función que cumple dentro del Origen.
—Pero yo no soy una persona que desee esas cosas.
—…
—¿Recuerdas lo que te pedí cuando te contraté, Yoo Sung-woon?
Yoo Sung-woon respondió como si suspirara:
—El análisis, la conservación y la administración de las obras de la galería.
—Exactamente.
—Pero ya no soy el jefe del equipo de investigación de la Asociación. No existe otro lugar capaz de analizar el ‘Retrato de Ji-oh’ con tanta precisión.
—Qué comentario tan hiriente. Como bien sabes Curador Yoo Sung-woon, yo no deseo poseer un arma.
—Sí, lo sé.
—Quiero una obra de arte. —Bisabul sonrió, curvando ligeramente los ojos.
En su expresión se filtró la arrogancia natural de alguien acostumbrado desde su nacimiento a mirar a los demás desde arriba.
—Para eso fundé este gremio, esta empresa. Podría sentir orgullo como artista, pero como cazador no poseo ni el más mínimo atisbo de él.
—…
—Ningún coleccionista contempla un autorretrato de Van Gogh esperando descubrir qué espíritus malignos puede ahuyentar o qué clase de buenos sueños puede provocar. A nadie le interesan esas funciones. Solo desean conocer la historia contenida en la pintura y protegerla íntegramente con sus propias manos.
—La situación podría volverse realmente peligrosa. Es el único ser que ha escapado de la habilidad emocional del líder del gremio y, aunque sea considerado y respetuoso con los humanos, su rango es demasiado elevado. Aunque no perciba divinidad en él, probablemente se encuentre casi al nivel de un dios venerado por sacerdotes. Que el retrato actúe con cautela no significa que los humanos puedan bajar la guardia.
—¿Viste sus ojos?
—…
Aquello surgió de la nada.
—¿Cómo dice?
—¿Alguna vez has visto sus ojos, señor Yoo Sung-woon?
—¿Se refiere a los ojos del retrato?
—Vaya, parece que nunca los has visto.
—No, no es que no los haya visto.
—Entonces respóndeme.
Bisabul agitó elegantemente una mano. Incluso el gesto con el que lo incitaba a soltar una respuesta estaba impregnado de la refinada elegancia propia de alguien de elevada posición.
—¿Cómo eran?
—…
Yoo Sung-woon no tuvo que pensarlo demasiado.
—…Insondables.
Miedo.
Asombro y repulsión; ira y tristeza; felicidad y éxtasis; desesperación, soledad y vértigo.
Todo dirigido hacia una existencia tan inmensa que resultaba imposible percibirla por completo en un solo instante…
—…No sé muy bien cómo explicarlo. Yo también poseo una habilidad emocional, pero su rango resultaba tan evidente incluso sin utilizarla que no pude juzgarlo de manera objetiva.
Era tan insondable que ni siquiera podía describirlo con una palabra tan trillada como ‘universo’. Sentía como si él mismo alcanzara, a través de aquello que podía ver, incluso lugares que permanecían invisibles.
—Sin duda parecían negros, pero en ocasiones también se veían blancos. Eran tan oscuros que, por el contrario, daban la impresión de ser luminosos. Parecía imposible distinguir la pupila del iris, pero, al observar su interior… aparecían senderos densamente entrelazados.
En ellos había agua de lluvia. Había corrientes, arroyos y venas subterráneas.
Eran tan tupidos como las ramificaciones de un árbol y, a la vez, tan delicados como los vasos sanguíneos de un ser humano. También eran tan inmensos y variados, tan vastos, que un humano jamás podría percibirlos por completo.
Uno llegaba a sentir que había espiado algo que los seres humanos no debían contemplar. Algo de semejante magnitud se encontraba dentro de aquellos estrechos ojos.
—Me hizo recordar aquello de que los ojos son las ventanas del alma.
—Es una apreciación aceptable. No está mal.
—Por cómo lo dice, parece que mi apreciación no lo ha satisfecho.
—No se puede evitar. —Bisabul sonrió como si contemplara el error de un niño muy inexperto.
De pronto, Yoo Sung-woon recordó la verdadera edad de aquel hombre. Tenía años suficientes como para poder instruirlo.
—Te pedí que miraras sus ojos, pero te limitaste a contemplar la obra. Antes que nuestras respectivas profesiones y preferencias, ambos deberíamos ser seres humanos capaces de conversar.
—…
—Si Ji-oh posee un yo, significa que también tiene ojos capaces de comunicarse con las personas. —Volvió a preguntarle—: ¿Alguna vez ha visto sus ojos?
—…En el sentido al que acaba de referirse, no.
—Dejando de lado su rango espiritual y los torrentes contenidos en sus pupilas, ¿alguna vez te has preguntado qué emociones siente la persona llamada Ji-oh? ¿o con qué mirada observa al señor Yoo Sung-woon?
—No, nunca.
¿Quién podría pensar en algo así frente a una existencia tan inmensa?
Cómo se atrevería una criatura tan pequeña e insignificante como él.
—…Nadie podría hacer algo semejante… salvo una persona como usted, líder Bisabul.
—¿Cómo puede alguien que se hace llamar Jardinero tener una mentalidad tan estrecha? Abre más tu corazón. Mucho más.
—¿No espera demasiado de un simple Jardinero?
—Ji-oh es una buena persona.
—…
—Es muy amable. —Bisabul continuó, como si estuviera instruyendo a un niño—: Aunque le disgustan las molestias, no las odia. Si no guarda resentimiento hacia aquello que le causa incomodidad, ¿qué tan amable debe de ser? También está lleno de compasión; se comporta con cortesía y respeta a los demás, pero no se lo impone a nadie.
—Es una valoración bastante generosa.
—Además, teme hacerle daño a alguien.
—…
Aquello era inesperado.
—…¿Ji-oh? Para él, los humanos no deberían representar más que lo que una hormiga para nosotros.
—Así es.
—¿No siente repugnancia ante el insecto que revienta frente a él, sino miedo ante el propio acto de lastimarlo?
—¿No acabo de decir que es amable?
—Ni siquiera ha podido conversar con él y, como mucho, sus miradas se cruzaron una sola vez…
—Hace falta poseer una capacidad como esta para convertirse en líder de un gremio. Debo ser capaz de deducir todo eso con solo haber cruzado la mirada una vez.
—…Eso es cierto.
Bisabul era un hombre que había creado uno de los tres gremios más importantes de Corea del Sur sin ninguna capacidad de combate, utilizando exclusivamente una habilidad emocional.
Si se tenía en cuenta que sus capacidades físicas equivalían a las de un hombre promedio, resultaba evidente lo extraordinarios que eran sus ojos y su boca.
«Al tratarse de una persona así, es natural que vea cosas distintas de las que veo yo. Probablemente, su propia manera de contemplar el mundo sea diferente.»
Yoo Sung-woon reprimió un suspiro y dijo:
—…Entiendo. Quiere decir que podemos continuar como hasta ahora sin tomar ninguna otra medida, ¿verdad?
—Me alegra que lo hayas entendido. Probablemente Ji-oh también hará todo lo posible por no lastimar a los humanos, así que te encargo que evites enfurecerlo. Las personas amables siempre resultan más aterradoras cuando se enojan.
—Precisamente estoy diciendo que deberíamos evitar que ocurra algo así…
—No existe ningún modo de impedir que un individuo se enoje y, aunque lo hubiera, seguramente implicaría sellar el retrato o deshacernos de él. Por muy despiadado que se haya vuelto el mundo últimamente, no podemos tratar de esa manera a alguien que intenta convivir en paz.
—…
Yoo Sung-woon preguntó con una expresión ambigua:
—…¿Lo considera… una persona? ¿Al ‘Retrato de Ji-oh’?
—Entonces ¿quién es la persona con la que el curador Yoo Sung-woon ha estado conversando todo este tiempo?
—Su rango es completamente distinto al nuestro.
—Pero es un ser con voluntad de conversar y que se considera a sí mismo una persona.
—Eso…
—¿En qué se diferencia de un ser humano? —Bisabul habló como si cantara—: Hay humanos peligrosos de sobra, aun sin contar al ‘Retrato de Ji-oh’. Solo en Corea del Sur existen cinco cazadores con habilidades de alto riesgo, y todos llevan sus propias vidas sin problemas. Algunas personas los tratan como perros peligrosos y los provocan a cada momento, pero eso ya ocurría hace cien años, cuando ni siquiera existían las mazmorras.
—Si actuamos con tanta negligencia, podría ocurrir algo de lo que terminemos arrepintiéndonos. Ji-oh es perfectamente capaz de provocar algo así.
—Si incluso esos cazadores peligrosos disfrutan de una vida cotidiana, ¿quiénes somos nosotros para oprimir hasta a un retrato?
—No sería opresión, sino una investigación…
—¿Y qué haríamos si eso enfureciera a Ji-oh?
—…
—Según dijiste, es alguien que concede mucha importancia a la cortesía. Si investigamos arbitrariamente sus pensamientos y provocamos su ira, eso podría convertirse en una catástrofe todavía mayor. Limítate a ser un buen interlocutor para Ji-oh.
Señaló las ventanas que cubrían toda la pared.
—Y llévalo fuera de vez en cuando.
—…¿Habla en serio?
—Sé lo que le preocupa, señor Yoo Sung-woon. —Bisabul asintió—. Por supuesto que lo sé. ¿Acaso los Hijos del Origen no son seres sumamente misteriosos y cautelosos? Forman parte de un ecosistema que no siente demasiado interés por los humanos. Son la naturaleza misma y, precisamente por eso, sé que pueden presentarse como calamidades. Es la clase de seres que son.
—…
—Y los humanos también forman parte de la naturaleza.
Lo dijo con naturalidad.
—Ji-oh no es diferente.
—…Sí.
—Trátalo bien. Si tiene reglas, adáptate a ellas y, si se acumulan conflictos infantiles entre ambos, discutan un poco y resuélvanlos.
—Entendido.
—Si él mismo afirmó que tiene veintinueve años, entonces esa es su edad. Ni siquiera ha llegado a los treinta; es un hombre joven. Como alguien con más experiencia en la vida, deberías cuidarlo.
—…Es muy probable que Ji-oh esté equivocado. Podría no tener veintinueve años en realidad, sino que sus recuerdos estén adaptados a los de un joven de veintinueve años y, por eso, lo haya dicho. En realidad, podría tener bastante más de mil años. Si es un Hijo del Origen, es perfectamente posible.
—¿Y por qué sería tan importante?
—…
Yoo Sung-woon suspiró y asintió.
—En eso tiene razón.
Él era un Jardinero.
Ponía todo su empeño en su jardín, le entregaba la misma cantidad de afecto y se enorgullecía de él.
Ji-oh era una existencia relacionada con el Origen, el cual constituía los cimientos de su jardín. Aunque afirmaba que debían tomar precauciones, mientras el retrato no reaccionara primero, él también quería tratarlo con la misma caballerosidad.
—Y eso que me tomé la molestia de hablarle desde la perspectiva del Curador de un coleccionista.
—Siempre agradezco lo considerado que es nuestro Curador Yoo Sung-woon.
—Qué desagradable. Dejemos eso. En cualquier caso… —Yoo Sung-woon miró discretamente el reloj y preguntó—: ¿Quiere decir que debo convertirme en el guía de Ji-oh?
—Ya que estás, enséñale nuestro gremio, preséntale a los empleados y, cuando salgan, llévalo a ver alguna obra de teatro interesante, cómprale algo de comer y muéstrale los lugares turísticos.
—Así que lo que realmente quiere que sea, es su guía turístico. No, aun así, no sé si sea buena idea presentárselo a los empleados… Para empezar, ellos mismos se negarían. A Ji-oh tampoco le gusta el alboroto.
—Eso puedes decidirlo tú. Si Ji-oh prefiere la tranquilidad, ayúdalo a conocer la empresa o el exterior aunque tengas que hacerlo de madrugada.
—¿En qué se basa para confiar tanto…?
—Ya te dije que lo vi. —Sonrió nítidamente—. Yo lo vi.
—…
Bisabul veía cosas que los seres humanos no podían ver.
Yoo Sung-woon decidió confiar en eso.
—…Entendido.
—Espero seguir contando contigo, Curador Yoo Sung-woon.
—Si ocurre algún accidente, no será asunto mío.
—De algo así me encargaré yo.
—De verdad, no sé qué estará pensando…
Aunque refunfuñaba, Yoo Sung-woon se sentía bastante bien.
«Podré ampliar su radio de acción.»
Ya le preocupaba que Ji-oh permaneciera siempre dentro del retrato.
Él aseguraba que estaba más cómodo y a gusto allí, pero informarle que tenía permiso oficial para entrar y salir también haría que se sintiera más tranquilo.
«Quizá sea porque es la primera vez que conozco a un Hijo del Origen con el que resulta tan fácil comunicarse, pero cuando lo observo sin hacer nada me entran ganas de ofrecerle toda clase de cosas…»
Desde la perspectiva de un Jardinero y un curador, Yoo Sung-woon sentía una afectuosa admiración por él.
La historia sería un poco distinta si se enfrentara directamente a aquel rango inmenso, pero, por el momento, Ji-oh no era más que un retrato parlante. Yoo Sung-woon era el encargado de administrarlo, así que tampoco resultaba tan extraño que tuviera aquella impresión.
«…Aunque es cierto que pensar de ese modo es ser demasiado temerario. Cuando algún día me enfrente debidamente a su rango, tendré que cuidarme de no paralizarme sin motivo y hacer que Ji-o se sienta incómodo».
Algo entró en el campo de visión de Yoo Sung-woon cuando salió del gremio.
—…
Un puesto de bungeoppang. 1
—…Qué raro encontrar uno.
Yoo Sung-woon se acercó alegremente al carrito de bungeoppang.
—¿Está atendiendo?
—Ah, sí.
—¿Cuánto cuestan diez bungeoppang?
—Cinco mil wones.
—Deme diez, por favor.
—Un momento.
El dueño del carrito era un joven de aspecto hosco.
—Aquí tiene.
—Se ven deliciosos… ¿Viene siempre aquí?
—Supongo que seguiré viniendo hasta que me atrapen durante una inspección.
—Mmm.
Su tono, un tanto brusco, le recordó un poco al de Ji-oh.
—…
«Ah, cierto.»
—Deme diez más, por favor.
—Sí, gracias.
—Más bien soy yo quien debería agradecerle.
—¿Por qué me lo agradece?
—Porque hoy en día es raro encontrar lugares que vendan bungeoppang. Últimamente se han vuelto todavía más difíciles de ver.
—Ah…
Parecía que tardaría un poco en salir la nueva tanda, así que Yoo Sung-woon continuó conversando. Tal vez el joven también estuviera aburrido porque, a pesar de su manera tajante de hablar, respondió con amabilidad.
—Es difícil mantener este negocio. Pero, aunque vendiera bungeoppang fuera de la ciudad, nadie los compraría, así que entro de vez en cuando y los vendo de esta manera.
—Oh, entonces ¿viene hasta aquí desde fuera de la ciudad?
—¿Quién entre los habitantes de la ciudad se dedicaría a un negocio como este? —El joven se encogió de hombros— ¿No trabajan la mayoría en oficinas o como cazadores?
—Aun así, debe de recorrer una distancia bastante larga. Debe de ser agotador. Es admirable.
—Algunas personas me ayudan porque el bungeoppang les parece entrañable, así que todavía puedo continuar. Además, mi hermana menor trabaja como cazadora por esta zona…
—Supongo que buscar una casa cerca de aquí sería demasiado caro.
—Es difícil pagar el alquiler de una casa en la ciudad. Y obtener la ciudadanía tampoco es algo que pueda hacer cualquiera.
—¿No conceden con facilidad los permisos de corta estancia? He oído que aumentaron porque los requisitos eran bajos.
—Sí, puedo obtener esos permisos. Pero a veces no logro terminar el trabajo antes de que cierre la terminal… Por eso no busco alojamiento. Requiere tiempo y dinero y, por varios motivos, no obtendría ningún beneficio.
El joven, que acababa de dar vuelta a la plancha de bungeoppang, dijo:
—Además, tengo un hermano de diez años en casa, así que debo regresar.
—Ah, en ese caso, sin duda… tiene que volver. Sería un problema si lo dejaras solo y apareciera un monstruo en la aldea. Debe de sentirse más seguro si tiene a su hermano mayor con él.
—Mi hermana menor también trabaja como cargadora, así que solamente venimos aquí para ganar dinero. Regresa a casa una vez cada tres días y vuelve a salir la semana siguiente. Ahora ella está en casa, así que yo pude venir a trabajar.
—Es impresionante.
—Me gusta esta zona porque vendo bien.
—Ya veo… —Yoo Sung-woon inclinó la cabeza y preguntó—: Entonces ¿hasta cuándo podrá seguir viniendo?
—Probablemente continúe hasta comienzos de primavera… Todavía es invierno. Cuando el clima se vuelva cálido, buscaré otro trabajo.
—Aun así, falta bastante. Nos veremos de vez en cuando.
—Gracias.
El joven sacó los bungeoppang de la máquina. De los bungeoppang recién hechos se elevaba vapor. Desprendían un aroma tostado.
—Cómaselos mientras estén calientes.
—Oh, gracias.
Yoo Sung-woon tomó los bungeoppang y regresó a la empresa.
Para ser más precisos, se dirigió hasta el ‘Retrato de Ji-oh’, que estaría en la galería de Bisabul.
—Ji-oh, ¿estás despierto?
—…
—¿Ji-oh?
Por fortuna, Ji-oh abrió los ojos enseguida.
—¿Qué sucede?
—Estaban vendiendo bungeoppang frente a la estación, así que compré uno para ti.
—No parece que sea uno solo.
—Ah, es verdad. No es uno. Pensé que podrían gustarte, así que traje unos diez.
—…
El retrato parpadeó un par de veces y luego asintió.
—Gracias. Gracias a usted, vuelvo a recibir bungeoppang después de mucho tiempo.
—¿También conoces los bungeoppang?
—Aunque no pensé que todavía existieran.
—…¿En serio?
Tal como sospechaba, Ji-oh parecía ser un ser que había vivido en Corea.
«O quizá proceda de una dimensión similar… Incluso si nunca vivió aquí, también podría haber recibido únicamente los recuerdos de alguien que lo hizo.»
Cuando Yoo Sung-woon extendió la bolsa que contenía los bungeoppang, esta se fundió con el interior de la pintura.
—Oh… Se convirtió literalmente en una pintura.
—Gracias por el regalo.
—No es gran cosa. Espero que sea de tu agrado.
—Me gusta esta clase de comida callejera.
—Me alegra oírlo.
Le había preocupado porque Ji-oh tenía un semblante tan frío e impenetrable.
«Su apariencia es bastante aristocrática.»
Ji-oh podía parecer un aristócrata nato cuyas manos jamás habían tocado el agua, pero también un funcionario de inteligencia artificial fabricado para una sociedad moderna que no dejaba de moverse a toda velocidad.
Su ambiente era tan agudo y solemne que bastaba con observar su rostro para percibir su peso, por lo que Yoo Sung-woon llegó a preocuparse por un momento y se preguntó si realmente le gustaría la comida callejera. Había pensado que quizá lo despreciaría mientras decía: “¿Cómo te atreves a darme esto y llamarlo comida?”…
—La próxima vez, si encuentro gyeranppang 2 o takoyaki, 3 ¿quieres que te compre?
—…
—¿Ji-oh?
Ji-oh guardó silencio durante un momento y después sacó algo de entre sus ropas.
Era una bolsa blanca cuidadosamente atada.
—…¿Qué es eso?
—Hojas de té.
—¿Té?
—Encontré unas flores con un aroma agradable y las puse a secar.
—…
—Es un obsequio en agradecimiento.
Cuando extendió la mano…
La mano de Ji-oh salió de la pintura junto con la bolsa de té.
—…Esto sí que es diferente.
—Acéptelo.
—Ah, eh… Gracias.
Crujido.
De la bolsa de papel depositada sobre su mano emanaba un aroma agradable.
«Parece crema.»
Era una fragancia propia de una natilla dulce o de una crema de leche.
—…
Se sentía un poco extraño.
«…Si le digo que no necesita corresponderme siempre de esta manera, ¿alguien del Origen que se rige por reglas lo considerará una descortesía? Siento que siempre recibo un trato excesivo en comparación con lo que le doy, así que no sé muy bien cómo tomarlo.»
Yoo Sung-woon guardó la bolsa en el interior de su abrigo y dijo:
—Gracias. Después de tanto tiempo, tendré que volver a beber té.
—Espero que sea de su agrado.
—Por lo pronto, el aroma es excelente. Lo beberé con gratitud.
—Además, tengo una petición.
—¿Eh? ¿Una petición?
Ji-oh preguntó:
—¿Podría conseguirme semillas?
—…¿Semillas de qué?
—Cualquier cosa que pueda cultivarse en un campo estará bien.
—…
¿Qué demonios hacía dentro de aquel lugar?
«¿Un campo?»
De pronto, Yoo Sung-woon sintió curiosidad por el paisaje existente en el interior del retrato.
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