Jajaja
En una famosa casa de subastas de gran prestigio.
—¿Eh…?
—¿Qué pasa? ¿Ocurre algo?
—P-parece que… este cuadro se acaba de mover.
—Vaya novato.
Uno de los encargados soltó una risita burlona.
—¿Acaso crees que traerían un retrato ordinario a esta casa de subastas? Obviamente debe ser un objeto traído de alguna mazmorra.
—Ah…
—Dicen que lo encontraron en el almacén de arte de una escuela abandonada, pero como su lugar de origen no está claro, su valor bajará bastante. Saldrá a la venta a principios de la primera sesión, así que ve preparándolo.
—Entendido, señor.
A pesar de las palabras tranquilizadoras de su superior, el empleado no tenía buena cara. Miró el retrato que tenía enfrente con cierta aprensión.
—…
Estaba seguro.
De que sus miradas se habían cruzado por un segundo.
«…Solo espero que no sea un objeto maldito…»
Aunque seguro ya había pasado por los controles de seguridad antes de ingresar, el mundo era enorme y la variedad de objetos, infinita.
Probablemente había llegado hasta esta casa de subastas gracias al misterio de que ni siquiera con habilidades de evaluación se podía descifrar su origen ni sus funciones, pero, precisamente por eso, el empleado sentía un mal presagio.
«¿Acaso no es así como empiezan habitualmente las películas de terror? Un objeto inquietante y la gente a su alrededor sin la menor noción de peligro… Encaja a la perfección.»
Solo le quedaba rezar para no convertirse en la primera persona en morir.
—Uff, qué miedo.
—…
El “Retrato de Seo Ji-oh” observaba esa escena en absoluto silencio.
Y luego, cerró los ojos.
* * *
Hace 31 años.
El mundo se fue a la mierda.
Cuando esta frase introductoria tan trillada se volvió realidad, a partir de aquel día el cine de ciencia ficción desapareció por completo de la Tierra.
Ver a la gente ser arrastrada repentinamente a otras dimensiones para ser despedazada por reglas absurdas, o presenciar cómo emergían monstruos desde las grietas más oscuras del espacio, resultaba infinitamente más impactante y real que cualquier película.
—¡¿Pero qué mierda…!?
—D-disculpe, ¿están grabando una película o algo así?
—¡¿Acaso esto te parece una maldita película?!
Y entonces, como si hubieran estado esperando su momento, aparecieron los superhumanos.
—Eh… ¿Esto que veo no es una ventana de estado, como en los juegos?
—¡Dios mío, a mí también me apareció eso!
—¿Qué te salió? A mí me dice que desperté como “Sacerdote”.
—A mí no me sale nada de eso… solo la lista de habilidades. Oye, si eres Sacerdote, ¿tienes alguna religión?
—Sí, voy a la iglesia cristiana. ¿Será que se decide por cosas así?
—Eso no lo sé…
Ellos cambiaron por completo las reglas del juego en la Tierra.
—¡Oigan, ataquen…! ¡¿Por qué carajos no están atacando?!
—Si estás parado justo enfrente del monstruo, ¡¿cómo quieres que le dé sin darte a ti?!
—¡¿Acaso me estás jodiendo?! ¡¿Desde cuándo el Tanque se queda atrás en lugar de ponerse enfrente?!
—Uff, esta incursión ya se echó a perder…
—¡Waaaaah…!
Cazaban a los monstruos con la misma soltura que si estuvieran jugando un videojuego.
Este fenómeno, definido como “Despertar”, se manifestaba al azar en cualquier persona y, por mucho que se investigó, jamás se encontró una regla o criterio exacto. La única coincidencia entre todos los que despertaban era la aparición de una pantalla de sistema similar a la de un juego.
Por supuesto, eso no significaba que cazar monstruos fuera algo tan ligero como jugar en una consola.
—…
—…Oigan, recojan sus pertenencias. Ya que no hay cuerpo, al menos hay que hacerle un funeral digno.
—Se nos fue el Cazador del equipo… Qué desánimo. ¿Cuántos años dijiste que tenía?
—18 años. Él mismo decía que quería regresar a la escuela.
—Obligar a pelear a un chico que solo quería estudiar… Este país está completamente loco.
—¿Y qué quieres que le hagamos? Hoy en día explotan hasta a niños de 10 años si llegan a despertar…
—Bueno, viéndolo así, tener 18 años y ser un despertado de esa clase es todo un lujo.
—…
—Maldita sea todo.
Como los llamados “Despertados” y los “Cazadores” encargados de eliminar monstruos eran una minoría, les resultaba casi imposible librarse de la muerte por sobretrabajo. Frente a una transformación a escala mundial que atravesaba un periodo de caos e incertidumbre, la vida de un individuo era tratada como un simple número.
Sin embargo, Corea del Sur fue uno de los países que logró sofocar el caos global con mayor rapidez, todo gracias al liderazgo de sus tres grandes héroes. En un abrir y cerrar de ojos, tras atravesar turbulencia tras turbulencia, lograron sentar las bases de una nueva sociedad.
—Amor, ¿puedes hablar? Dijeron que Ye-rin acaba de despertar…
Gracias a eso, los ciudadanos de las ciudades ya estructuradas comenzaron a recuperar la calma y la estabilidad.
—Las maestras del jardín de niños me avisaron que despertó hoy durante la clase.
— [¿Eh? ¿Nuestra Ye-rin? Vaya… ¿Le asignaron alguna clase o profesión? ¿Qué habilidades tiene? ¿De qué rango es?]
—No lo sé, Ye-rin dice que no tiene clase y que su habilidad es Rango D. Creo que tendremos que ir al Centro para confirmarlo con precisión.
— [En ese caso, no hagamos que Ye-rin sea cazadora. Pregúntale qué quiere hacer y, si dice que no, no la obliguemos jamás.]
—Pensé exactamente lo mismo. Sí, gracias amor, te cuelgo.
Las dimensiones pasaron a llamarse “Mazmorras”, y se estableció una clara distinción entre los “Despertados”; quienes simplemente obtenían poderes, y los “Cazadores”; aquellos cuya profesión era cazar monstruos, dando paso a un sistema bien organizado con gremios y centros de control.
—Así es, que un niño despierte no significa que esté obligado a convertirse en cazador.
—Mamá… ¿Tengo que cazar monstruos…? Tengo miedo… No quiero hacer eso.
—No, mi amor, tranquila. Nuestra Ye-rin no tiene que cazar ningún monstruo.
A partir de cierto punto, los Despertados comenzaron a dedicarse a otros oficios.
Aunque los Despertados poseían un poder cualitativamente superior al de un ciudadano común y al principio estaban bajo un estricto control estatal, en tan solo 31 años, tras superar incontables crisis y decenas de cambios de gobierno, el trato hacia ellos mejoró drásticamente.
Para aquellos Despertados de Rango C o inferior, el abanico de opciones laborales se volvió muchísimo más amplio.
—Vaya, mira a ese sujeto… Debe ser un Cazador.
—Definitivamente, mira el emblema del gremio que lleva puesto.
—¡Increíble! ¿Quién es? Es la primera vez que lo veo, ¿será un novato? ¿Lo has visto en la televisión?
—Esas alas negras se ven geniales. Hermano, ¡eso sí que es un Cazador de verdad!
—Escuché que las habilidades de vuelo son sumamente raras…
—Ese tipo ya tiene la vida resuelta.
Y en esa misma medida, la admiración y la fascinación por los Cazadores no hizo más que crecer.
—Si yo llegara a despertar, sin duda me haría Cazador.
—Ay, no sé, a mí los trabajos peligrosos no me van.
—Pero piénsalo, ¡es genial! Ganas muchísimo dinero y eres súper popular.
Al final, los Cazadores terminaron siendo tratados prácticamente como estrellas de cine o celebridades.
—…
—E-eh… Oigan, oigan, creo que los escuchó. Ya basta, vámonos.
—L-lo siento, es solo que se veía muy bien… Una disculpa…
Tanto si los Cazadores lo deseaban como si no, ese era el rumbo que había tomado el mundo.
—…Uff…
Algunos cazadores, de hecho, terminaban exhaustos por la excesiva atención del público.
—¿Acaso somos soldados o idols de K-Pop…? ¿Por qué hay tanta gente acercándose a pedirnos fotos? A este paso, ¿terminaremos bailando en un escenario? En cualquier otro país, algo así sería sencillamente impensable.
—El otro día un fanático acosador se metió al cuarto de nuestro recluta novato. ¿Tiene algún sentido? O sea, ¿no les da miedo que un Cazador les corte la cabeza o qué…? El trabajo de un Cazador es eliminar monstruos, no gestionar su club de fans.
—Una cosa es ser popular y otra esto, ¿no cuenta ya como obstrucción del trabajo? Me pone de muy mal humor. Vine a cazar monstruos, no a hacer payasadas frente al público. En Corea, la percepción hacia los Cazadores es demasiado frívola. Esto tiene que cambiar.
Por supuesto, también existían opiniones opuestas.
—A mí me parece genial. Y bueno, eso de “hacer payasadas”… ¿acaso desprecias a los artistas?
—Sabes perfectamente que no me refería a eso.
—Ya, ya, no se peleen. De todos modos, siempre es mejor tener popularidad que ser un don nadie. No estoy defendiendo a los acosadores ni la interrupción del trabajo, pero… a medida que el sistema se consolide, ese tipo de molestias irán disminuyendo.
—Así es, la Asociación se encargará de gestionar ese tipo de inconvenientes. Si tanto les molesta, vayan a presentar una queja formal.
De ese modo, la percepción pública hacia los Cazadores trascendió los conceptos de superhumanos, monstruos o soldados, llegando a posicionarlos al mismo nivel que las celebridades.
Con el paso del tiempo, esta idea se arraigó profundamente en la sociedad. Para los habitantes de las grandes ciudades, los monstruos y las mazmorras pasaron a ser considerados simples desastres naturales de rutina, al mismo nivel que un incendio convencional que los bomberos podían sofocar sin mayores complicaciones.
Y en medio de esa Corea del Sur, surgieron los tres grandes gremios del país.
—Líder de gremio.
—Sí, dígame.
—Por mucho que el nombre de nuestro gremio sea El Coleccionista…
El gremio en el puesto número 3 del ranking nacional: 『El Coleccionista』.
—¿No cree que esta vez se le fue un poco la mano?
—Pedirle a un coleccionista que no coleccione… ¿no te parece un insulto bastante grave?
—¿Tiene idea de cuánta fortuna salió de nuestras arcas solo para comprar este retrato?
—Si estoy comprando mis propios objetos con mi propio dinero, ¿cuál es el problema?
El líder de aquel gremio, el “Coleccionista” Bisabul.
Aquel hombre de rostro maduro esbozó una sonrisa sutil. Era una sonrisa fina y elegante, digna de un caballero refinado, pero que dejaba un sabor de boca ligeramente turbio.
—Este es un artefacto que incluso el mismísimo Presidente de la Asociación codiciaba. ¿Qué te parece? ¿Acaso no es sorprendente?
—¿Incluso el Presidente de la Asociación? Eso sí que resulta bastante sorprendente.
—Hablamos de un hombre que no tiene más pasatiempos que criar monstruos y que jamás colecciona nada… ¡y ofreció hasta 2000 por esta obra!
—2000…
En este contexto, decir 2000 no significaba veinte millones de wones, sino doscientos mil millones de wones. Aunque no alcanzara la escala de los billones, definitivamente no era una suma que pudiera tomarse a la ligera.
—…Admito que mi habilidad de evaluación es torpe e insuficiente para comprender el verdadero valor de esta obra. Le pido disculpas por haber juzgado apresuradamente.
—Es natural que te preocupes al ver al coleccionista haciendo de las suyas si no tienes conocimiento de la situación completa.
—Agradezco profundamente su inmensa benevolencia. En ese caso, ¿qué tipo de función tiene este retrato?
—Tampoco lo sé.
—No diga disparates…
Al momento de evaluar a un Cazador, existen tres factores fundamentales que se toman en cuenta:
La Clase, que por su sola presencia puede interferir con las reglas del mundo.
La Habilidad Innata, que se manifiesta desde el momento del Despertar como una marca de nacimiento.
Y el Nivel, que refleja el grado de maestría en la clase y en todas las habilidades.
Si un Cazador desea conocer los detalles profundos de su clase y las habilidades adicionales que puede aprender, debe recurrir a la asistencia del Centro. Sin embargo, el Rango general de un Cazador es evaluado e impreso de forma integral por el llamado “Sistema”.
«Y aún así…»
Bisabul era un hombre que se había convertido en un Cazador de Rango S apoyándose únicamente en una sola habilidad innata: Evaluación.
«Que una persona así no haya podido descifrar esta obra… ¿Qué clase de broma de buen gusto se supone que es esto?»
Sin percatarse del profundo desconcierto que abrumaba a su empleado, el Coleccionista se limitó a sonreír con evidente diversión.
—Por eso mismo me resulta aún más codiciable.
La particularidad de El Coleccionista, uno de los tres grandes gremios de Corea, era que todos y cada uno de sus miembros poseían la habilidad de Evaluación. Y la habilidad de su líder, Bisabul, era tan sobresaliente que bien podría considerarse la mejor de todo el mundo.
Que un hombre de ese calibre no pudiera descifrar la función exacta de un artefacto…
—Ahora entiendo por qué el Presidente de la Asociación ofreció 2000 por ella.
Resultaba incluso espeluznante.
«…Quizás sea solo mi imaginación, pero la atmósfera de la obra se siente bastante pesada. A pesar de ser un simple retrato con una sola persona pintada en él…»
El empleado de oficina asintió lentamente con la cabeza.
—A decir verdad, parece una obra más adecuada para la investigación que para la apreciación artística.
—¿Y no es precisamente por eso que el Presidente la deseaba tanto? Aunque al final, el ganador fui yo.
—Si ya terminó de decir todo lo que quería, me retiraré. No tengo ningún interés en salir lastimado en una pelea de gigantes.
—No sé por qué todos los miembros de mi gremio son tan fríos e indiferentes.
—Considero que es el karma del Líder por haber reunido únicamente a personas con este tipo de carácter.
—Qué triste.
Mostrando una sonrisa juguetona con un rostro que no reflejaba la menor tristeza, Bisabul vio salir al empleado, quien se retiró con una cara de absoluta molestia, como si hubiera sufrido una desgracia por el simple hecho de ir a entregar unos documentos.
—…
Quedándose a solas, Bisabul levitó el retrato utilizando su telequinesis y se dirigió hacia el ascensor oculto dentro de su oficina.
—…
Clac.
El ascensor, un espacio tan estrecho en el que apenas cabían tres personas con dificultad, descendió hasta las profundidades más oscuras del edificio.
Aquel lugar era el almacén del gremio El Coleccionista, clasificado formalmente como “zona prohibida” por el propio gobierno. A menos que se tratara de un empleado autorizado o de un cliente de altísimo nivel, nadie tenía permitido poner un pie allí.
Dicho de forma sencilla: era una galería de arte hecha exclusivamente por y para Bisabul.
—…
Al llegar finalmente al almacén.
—Haa…
Bisabul dejó escapar un suspiro repleto de una emoción abrumadora. Las venas de la enorme mano con la que se sujetaba la parte inferior del rostro se remarcaron con fuerza, hinchadas por el éxtasis y la satisfacción.
—Qué maravilloso.
Sus ojos amarillos como los de una serpiente resplandecieron con una devoción casi obsesiva y demente.
Aquel almacén era el santuario privado de Bisabul. No se trataba de una sala de exhibición común donde sus subordinados simplemente colocaban los objetos recuperados en las mazmorras o traídos del extranjero; cada una de las piezas exhibidas allí había sido comprada y colocada personalmente por el líder del gremio.
Por esa razón, la colección privada de Bisabul estaba saturada de artefactos y obras de arte sumamente peligrosos.
—Esto es sencillamente genial.
Como Bisabul no podía renunciar a su pasión por las bellas artes, se había tomado la molestia de implementar todas las medidas de seguridad imaginables. Reconociendo sus esfuerzos y la efectividad de sus contenciones, el gobierno a menudo terminaba confiándole objetos “problemáticos” o de alta peligrosidad.
—Supongo que este lugar le sentará bien.
Y ese era precisamente el caso del “Retrato de Seo Ji-oh”, la obra que acababa de adquirir.
Clic.
—Soberbio.
El lienzo retrataba a un hombre.
Tenía la piel pálida, que combinaba a la perfección con su expresión seria y sombría, y un cabello de un negro azabache en el que no parecía reflejarse ni una sola chispa de luz.
Sin embargo, lejos de transmitir una melancolía abatida, la composición desprendía una atmósfera fría, firme y definida, envuelta en una contenida arrogancia…
Acompañado, en perfecta armonía, por el pacífico y sereno paisaje del bosque que lo rodeaba.
—¿A quién habrán retratado?
Era una pintura que despertaba la curiosidad tanto por el artista que la había ejecutado como por el modelo que había posado para ella.
—Si esto es fruto de la simple técnica humana, es algo formidable. Y si es algo más, el mérito es el mismo. Realmente parece como si hubieran atrapado a un ser humano vivo aquí dentro…
En ese preciso instante…
—…
—…
El hombre frente a sus ojos…
Aquel retrato pálido abrió los ojos y miró fijamente a Bisabul.
—…
A Bisabul se le cortó la respiración por completo.
—…
Como si sus órganos y cada uno de sus músculos hubieran sido apresados por una fuerza descomunal, fue incapaz de articular una sola palabra.
—…
…¿Qué demonios era esto?
«¿Qué es esto?»
Eran negros.
De una negrura absoluta.
A pesar de que sus ojos tenían divididas la esclerótica y la pupila, resultaba imposible distinguir el límite entre ambas; era un abismo insondable.
El centro era tan profundo que escapaba a cualquier cálculo. Era una sombra. Era un cielo nocturno. Y además…
—…
¿Acaso se parecía al universo?
«Son negros.»
Profundos.
Multifacéticos.
Parecían una forma de vida en la que coexistían, de manera imposible, la calidez y la frialdad.
—…
Las ramificaciones de venas y los hilos del destino que se extendían en su interior.
Incapaz de contenerse, Bisabul extendió la mano hacia los ojos azabache del hombre en la pintura…
—…
—…
De inmediato, el retrato…
—…Vaya.
…Cerró los ojos.
—Dios mío.
En ese instante, Bisabul intuyó que le había tocado el premio gordo, una fortuna del todo inesperada.
—Así que de verdad no era una pintura ordinaria, ¿eh?
Se sentía increíblemente de buenas.
* * *
—…
Por su parte, Seo Ji-oh, el hombre dentro de la pintura…
Estaba muerto de miedo.
—Mmh…
Con un rostro sumamente consternado, algo bastante raro en él, retrocedió en silencio para mirar el marco colgado en el árbol. Se trataba, ni más ni menos, de lo que solía llamar su “puerta principal”.
Al confirmar que su única salida había quedado bloqueada, Seo Ji-oh murmuró repleto de consternación:
—Considero que yo soy una pintura de lo más ordinaria…
Estaba tan desesperado que terminó soltando una excusa al aire que nadie podría escuchar.
«…¿Acaso esto es lo que llaman una amenaza a la vida? Pensé que jamás ocurriría algo así en esta pacífica cabaña, pero definitivamente las cosas en este mundo no fluyen como uno quisiera. Qué mundo tan despiadado.»
Antes de ponerse de lleno a elaborar las medicinas, Seo Ji-oh había querido echar un vistazo al exterior, momento en el que notó que su lienzo estaba siendo trasladado a alguna parte. Tras monitorear la situación de tanto en tanto, le pareció que lo habían subastado.
Y el lugar final al que había llegado no era otro que un almacén gigantesco…
«…O más bien, ¿debería llamar este lugar una galería o un museo?»
Las paredes completamente blancas y el diseño de interiores tan bien planificado indicaban que solo exhibían obras rigurosamente seleccionadas. Parecía ser una galería que recibía una inmensa cantidad de amor por parte de su dueño.
Y cuanto más amor derramaba el dueño, más en aprietos se veía Seo Ji-oh, quien había perdido su única puerta principal.
—Ahora, cada vez que salga al exterior, estaré cometiendo el delito de allanamiento de morada. ¿Por qué le ocurre esto a un ciudadano ejemplar como yo, que se acuesta temprano y se levanta temprano? ¿Habrá sido porque anoche no me lavé los dientes antes de dormir?
Para colmo de males, en su intento previo por mirar hacia afuera, Seo Ji-oh ya le había sacado un susto de muerte a cierto empleado. Aunque jamás había experimentado la muerte en su vida, tampoco tenía el menor deseo de ser quemado en la hoguera por ser un “retrato embrujado”.
—Tampoco sé qué le pasaría a este mundo dentro del lienzo si la pintura física se llega a dañar…
Definitivamente, no había duda de que la Tierra se había vuelto un lugar muy salvaje en estos 31 años. Era un mundo demasiado brusco y despiadado como para que una papa tierna, asustadiza y vulnerable criada en las montañas de Gangwon como Seo Ji-oh pudiera sobrevivir.
«Fuera de la cama todo es peligroso.»
Al reafirmar una vez más su identidad como una simple pintura, Seo Ji-oh juró permanecer en ese lugar.
Justo al día siguiente, cuando pensaba que debía ser aún más precavido para sobrevivir en este despiadado mundo manteniendo el honor de un retrato embrujado…
—Hola.
—…
Al otro lado del marco de madera colgado en el árbol, el hombre de cabello rojo que había visto el día anterior estaba asomándose.
«Vaya.»
No es que Seo Ji-oh albergara intenciones de discriminar o faltar al respeto, pero sus propias córneas se lo decían de manera objetiva y sin rodeos: esos ojos amarillos como los de un reptil le daban verdaderos escalofríos.
Y por alguna razón insondable, no dejaban de relucir. ¿Por qué demonios sería? Era un misterio que prefirió no intentar comprender. Para Seo Ji-oh, que solo había salido al jardín esperando disfrutar de una mañana fresca, esto era un tormento excesivo.
—Es un placer, estimado señor. No sé si para usted sea una buena mañana, una buena tarde o una buena noche, pero para nosotros los humanos es una excelente mañana. ¿Pudo dormir bien, señor?
—…
—Ayer me parece que fui un tanto descortés. ¿Por casualidad no le gustaría conversar conmigo? ¿Cómo se llama? Según mi evaluación, la obra se titula “El retrato de Ji-oh”, así que supongo que su nombre debe ser Ji-oh …
—…
—¿Señor? ¿Me está escuchando? El hecho de que abra y cierre los ojos me resulta enormemente frustrante a mí, que me muero de ganas por conversar. Veo que tiene un talento excepcional para mantener a la gente en vilo.
¡Por los santos cielos!
«Pensar que la primera persona que me habla en 31 años es este tipo… Mañana seguro me va a pasar algo bueno para compensar. Pero incluso teniendo eso en cuenta, esto es una desgracia del todo incomprensible.»
«Qué tipos tan aterradores alberga la sociedad moderna».
Seo Ji-oh solo deseaba con el alma que el sujeto al otro lado del marco mantuviera una distancia prudente y le prestara una cantidad de atención moderada.
«…Qué abrumador…»
La papa introvertida, Seo Ji-oh, terminó encogiéndose de puro pánico ante aquel hombre que no hacía el menor esfuerzo por ocultar su abrumadora energía.
Por supuesto, que hubiera alguien dispuesto a hablarle a un ser tan solitario como él, era algo digno de agradecer. Aunque no se sentía literalmente como tres décadas, de todos modos era la primera oportunidad que tenía en muchísimo tiempo para comunicarse con alguien.
«El hecho de que la otra parte parezca bastante amistosa indica que, dentro de todo, es una situación favorable.»
Sin embargo…
—¿Señor? ¿Sigue ahí? ¿Señor? Si el problema es que vine con las manos vacías, con gusto puedo prepararle cualquier objeto que sea de su agrado.
—…
—Hmm, ¿será que debo ofrecer un sacrificio…? En estos casos, ¿qué tipo de ofrendas suele recibir? Lo más común sería un humano cargado de pecados, o tal vez un humano completamente puro… Pero el segundo caso es demasiado difícil de conseguir…
—…
—Creo que tendré que ponerme en contacto con la prisión después de tanto tiempo. En el mundo de hoy, conseguir humanos cargados de pecados es pan comido. ¿Cuántos serán suficientes?
«Uff. Qué agotador.»
Incluso para Seo Ji-oh, quien solía ser la estrella idol de su pequeño pueblo de montaña, este era un individuo con el que no se sentía capaz de entablar una conversación.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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