Capítulo 32: El novio genio
Zhuo Yiran, al principio, pensaba que Lu Chen lo menospreciaba al ponerlo a estudiar junto con un niño de primaria; pero después de una clase completa, se dio cuenta de que en realidad había recuperado bastantes puntos de conocimiento que ya tenía completamente olvidados. Un beneficio inesperado.
—Con tu nivel, sacar seiscientos puntos en el examen de nivel cuatro de inglés ya es todo un logro —comentó Lu Chen.
—Eso solo demuestra que tengo un coeficiente intelectual altísimo —respondió Zhuo Yiran con desparpajo—. Todavía tengo mucho margen para mejorar.
Lu Chen arqueó las cejas con burla, mostrando todo su desdén.
—De verdad que contigo… —Zhuo Yiran no pudo contenerse—. Con el niño eres tan amable, ¿por qué conmigo siempre te pones en ese plan?
—¿Cuántos años tienes? —replicó Lu Chen.
—Pues, igual que él, también tengo diez y pico —murmuró Zhuo Yiran entre dientes—. Maldito alpha, con dos caras distintas.
Ya era de noche cuando regresaron a la escuela. Al pasar frente al edificio del dormitorio de Lu Chen y los demás, este le pidió a Zhuo Yiran que lo esperara abajo.
Al poco rato, Lu Chen bajó y le entregó un cuaderno bastante grueso.
Zhuo Yiran lo abrió y vio que era un cuaderno entero de apuntes de inglés. Reconoció la letra de Lu Chen: ordenada, clara, limpia; cada página parecía una obra de arte.
En su impresión, Lu Chen, como típico “dios del estudio”, nunca se dignaba a tomar apuntes; a lo sumo escribía algunas palabras clave en clase, que los demás ni siquiera podían entender. No esperaba que realmente se tomara el tiempo de organizar un cuaderno tan meticuloso.
—El semestre pasado el profesor nos obligó a hacerlo —explicó Lu Chen, como si entendiera lo que él estaba pensando.
—Con razón —dijo Zhuo Yiran tras darle otra ojeada. Alzó la mirada y preguntó—: ¿Entonces ya no lo necesitas?
Lu Chen no respondió, pero Zhuo Yiran lo entendió enseguida: ese tipo de apuntes hechos por obligación, para él eran totalmente innecesarios. Después de todo, era alguien que podía sacar 700 puntos con los ojos cerrados.
—Gracias —dijo Zhuo Yiran, algo conmovido por recibir de pronto este gesto de consideración del dios del estudio.
—Normalmente, el resultado del examen de nivel seis es de 30 a 50 puntos más bajo que el del nivel cuatro —dijo Lu Chen—. Prepárate psicológicamente.
—…Entonces procuraré morir con un poco de dignidad —Zhuo Yiran, que justo estaba agradecido, suspiró con resignación—. No te voy a dejar mal parado.
En los días siguientes, no solo en inglés, sino que en varias materias importantes empezaron a anunciarse el contenido y los requisitos de los exámenes parciales.
En realidad no eran muchas las asignaturas con examen, pero para Zhuo Yiran la presión era grande. Siempre había sido alguien juguetón, que se apoyaba en su buen cerebro y solía salir del paso sin mucho esfuerzo. Pero esta vez era distinto: era el primer examen después de haber sido transferido a la clase S. Si no progresaba, incluso retrocedía, no había cómo justificarlo.
Más importante aún, el grado de mejora en los parciales era un indicador obligatorio para la evaluación de las parejas por contrato. Ya había invertido tanto esfuerzo junto a Lu Chen por unas zapatillas de edición limitada; no podía fallar justo en el tema de las calificaciones.
En la secundaria Zhuo Yiran había cursado ciencias, y el cálculo no era ningún problema para él. Pero en la universidad se inscribió en una carrera de humanidades, y ser bueno solo en matemáticas no bastaba. Tenía que memorizar un montón de principios de política y economía.
Sus días estaban repletos de clases, y en la noche todavía tenía que sacar tiempo para repasar. Por fin entendía lo que era “escoger bien la carrera, y cada año es como repetir la selectividad”.
Por suerte tenía a Lu Chen, un “gran muslo” al cual aferrarse. Cada vez que tenía dudas podía consultarlo. Aunque no se libraba de ser despreciado de vez en cuando, ya se había acostumbrado.
En un abrir y cerrar de ojos llegó el día de los exámenes. Todos los estudiantes de la facultad fueron redistribuidos en distintas aulas, así que Zhuo Yiran no coincidió con Lu Chen y no lo vio en toda la mañana.
Hasta que, una vez sentado en el aula, alguien lo llamó:
—Eh, tu novio te busca.
Zhuo Yiran alzó la vista y vio, en la puerta del salón, a ese apuesto chico de largas piernas.
Al salir, Lu Chen le preguntó:
—¿Desayunaste?
Zhuo Yiran asintió:
—¿Qué pasa?
Desde que descubrió que era propenso a marearse, ya había dejado atrás el mal hábito de saltarse el desayuno.
Lu Chen pareció aliviado, no dijo nada más y de repente se acercó a él.
El aroma fresco del inhibidor le llegó a la nariz, y el corazón de Zhuo Yiran se saltó un latido sin motivo.
Mientras se quedaba atónito, la mano de Lu Chen pasó por detrás de él, y algo alargado y fino se deslizó en el bolsillo trasero de su pantalón.
Zhuo Yiran se quedó petrificado, rígido de pies a cabeza, mientras eso seguía resbalando hacia abajo.
Antes de que pudiera reaccionar, la mano de Lu Chen ya había vuelto a retirarse, pero la extraña sensación permanecía aún en su trasero.
Entonces se dio cuenta de que eso no era parte de Lu Chen…
Rápidamente llevó la mano hacia atrás, y al tacto del envoltorio supo enseguida que se trataba de una barrita de chocolate con nueces.
Según las normas de la universidad, estaba prohibido llevar comida al edificio de aulas. Con razón Lu Chen lo había hecho con tanta cautela.
Al recordar lo que había malinterpretado, las orejas de Zhuo Yiran se calentaron de golpe.
—Tú…
Quiso preguntarle por qué no lo había puesto en el bolsillo delantero, pero recordó que sus pantalones no tenían bolsillos adelante.
—Que no te vuelva a dar una hipoglucemia —dijo Lu Chen en voz baja.
Zhuo Yiran sintió remordimiento por haber sospechado mal de él. Carraspeó y dijo:
—Gracias, Lu-ge, hoy sí que estás atento.
—Tengo miedo de que te vaya tan mal —replicó Lu Chen—, que luego el tutor me culpe de haber afectado tu rendimiento.
—Tranquilo —dijo Zhuo Yiran, ya resignado a que este tipo nunca era amable por más de un segundo—. Para entonces seguro ya nos habremos separado.
Lu Chen lo miró, como si quisiera decir algo más, pero el profesor encargado ya había entrado con los exámenes, así que cada uno volvió a su aula.
La agenda de exámenes estaba muy apretada: varias materias comprimidas en un solo día, desde la mañana hasta la noche, y hasta la hora de la comida se iba en un abrir y cerrar de ojos.
La última prueba era de inglés, y para sorpresa de Zhuo Yiran, descubrió que todo el esfuerzo de las últimas semanas sí había servido. Incluso al adivinar en las preguntas de opción múltiple se sentía más seguro, y en la traducción y la redacción ya no se quedaba sin palabras como antes.
Al entregar el examen, suspiró aliviado, como si hubiera rozado el cielo.
El edificio entero estaba abarrotado y ruidoso, lleno de estudiantes que acababan de entregar. Como el aula de Lu Chen estaba en un piso más abajo, al bajar Zhuo Yiran miró inconscientemente hacia su salón.
Sabía que Lu Chen siempre terminaba antes y se marchaba enseguida, pero esta vez, para su sorpresa, lo vio a lo lejos, en el extremo del pasillo.
—¿Cómo es que todavía no te vas? —le dijo Zhuo Yiran alzando la barbilla en su dirección.
Lu Chen lo vio y caminó hacia las escaleras.
—¿Tú también piensas que el examen de hoy estuvo un poco difícil? —aventuró Zhuo Yiran, convencido de su deducción—. ¿Por eso revisaste varias veces?
Lu Chen le lanzó una mirada y, sin dar una respuesta directa, cambió de tema:
—Parece que te fue bastante bien en el examen.
—Al fin y al cabo, tengo al dios del estudio protegiéndome —Zhuo Yiran alzó orgulloso las cejas—. Esta vez no debería haber una diferencia de 50 puntos con el penúltimo.
—Vaya aspiraciones las tuyas —Lu Chen soltó una risa breve y se fue con él escaleras abajo.
Zhuo Yiran miró el reloj: las ocho y media, todavía temprano, así que preguntó:
—¿Tienes algo que hacer esta noche?
—¿Por qué? —preguntó Lu Chen.
—Vamos a mi cafetería —respondió Zhuo Yiran—, para agradecerle al dios del estudio toda su dedicada enseñanza.
A esa hora, MiQiu estaba en su punto más concurrido, pero tuvieron suerte y encontraron mesa apenas llegaron; lo único era que las bebidas tardarían un poco más.
—Mira —Zhuo Yiran señaló el folleto sobre la mesa, donde aparecía un mojito rosa de flor de cerezo—, ya salió oficialmente a la venta.
Antes de que Lu Chen dijera algo, de pronto recordó:
—Oye, me contaste que tu feromona es de ron, ¿no?
Al ver que Lu Chen asentía, preguntó con curiosidad:
—Entonces, cuando bebes esto, ¿no te da una sensación rara? Como si… ¿estuvieras bebiéndote a ti mismo?
—…No —Lu Chen quedó sin palabras—. Tu imaginación sí que vuela.
—Qué lástima —Zhuo Yiran apoyó la cabeza en la mano y suspiró con dramatismo—. En esta vida nunca sabré lo que se siente tener feromonas.
—No se siente nada —Lu Chen disipó sin dudar sus expectativas.
Zhuo Yiran lo miró de reojo:
—Eso es porque tú no sirves.
—… —Lu Chen apenas pudo contenerse y, bajando la voz, preguntó—: ¿Acaso quieres que te lo demuestre?
Zhuo Yiran no esperaba que él también respondiera con una indirecta subida de tono. Sorprendido, arqueó una ceja y luego sonrió con descaro aún mayor
—Perfecto, cuando nazca tu hijo me llamas; te prometo que llevo regalo.
Por alguna razón, tras esa frase, Lu Chen no siguió el juego.
Por suerte, justo en ese momento el camarero les trajo lo que habían pedido: dos vasos de Leche Tres Hermanos.
—Ya va a empezar la votación de las parejas por contrato —comentó Zhuo Yiran mientras bebía y deslizaba el dedo por el celular—. ¿Tienes confianza?
—Esa pregunta deberías hacértela tú mismo —respondió Lu Chen.
—Yo he tenido confianza desde el principio, ¿qué no? —replicó Zhuo Yiran—. Si no, ¿cómo habríamos aguantado hasta ahora?
Cuando inició la actividad, muchos se inscribieron, pero bastantes se retiraron apenas el sistema los emparejó, ya fuera por el género de la pareja o por alguna otra insatisfacción.
Y entre quienes sí firmaron el “contrato de noviazgo”, no todos llegaron a cumplirlo. La mayoría se desinfló tras el entusiasmo inicial de tres minutos, o poco a poco perdió el interés en la convivencia. En fin, tras un mes de actividad, las parejas que seguían resistiendo eran mucho menos que al inicio.
En cambio, desde el principio Lu Chen y Zhuo Yiran, este par AB en quien todos tenían puestas sus esperanzas, habían perseverado. Su popularidad no había hecho más que crecer, manteniéndose inamovibles en el primer puesto.
Justo cuando Zhuo Yiran estaba regodeándose, el boletín le envió una notificación: al día siguiente habría una actividad para parejas en un parque de diversiones, abierta a todos los que aún siguieran en el contrato.
Se apresuró a mostrarle el teléfono a Lu Chen, y tal como esperaba, su primera reacción fue fruncir el ceño.
—Vamos, vamos —dijo Zhuo Yiran—. Hemos estado ocupados revisando, hace rato que no actualizamos el vlog.
Lu Chen lo miró con evidente desagrado en los ojos.
—Ya casi nos toca separarnos —añadió Zhuo Yiran—. Estas oportunidades hay que aprovecharlas.
El ceño de Lu Chen se arrugó un poco más.
Tras decir esto, Zhuo Yiran bajó la mirada y no se fijó en la expresión de Lu Chen. Sin saber por qué, solo de pensar que, cuando acabara la actividad, su relación falsa también llegaría a su fin, le oprimía el pecho.
Como buen hombre, no iba a dejar que se le notara en la cara esa especie de nostalgia ridícula. En unos segundos volvió a levantar la cabeza, miró a Lu Chen con una sonrisa burlona y preguntó:
—¿De verdad no vas a sentir ni un poquito de pena por mí? Al verlo bajar los ojos, Zhuo Yiran se envalentonó y le guiñó— ¿Lu-ge?
No podía verse a sí mismo, pero seguramente ese acto de macho jugando a hacerse el inocente era tan ridículo que a Lu Chen le resultó insoportable: apartó la mirada como si se hubiera quemado.
—Vamos —dijo al fin, de mala gana, asintiendo.
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