Capítulo 57 — Falló en hacerse el interesante
Durante toda la noche, Zhuo Yiran se sintió aturdido, con aquella frase de Lu Chen repitiéndose sin cesar en su cabeza.
¿De verdad Lu Chen habría dicho algo así? No podía dejar de sospechar que todo había sido un sueño.
Y luego realmente comenzó a soñar, y, como era de esperarse, en el sueño también estaba Lu Chen. Con su voz grave y magnética, le murmuraba una y otra vez al oído: “esposa”.
Por supuesto, en la realidad Lu Chen jamás haría algo así. Además, ese apelativo era demasiado vergonzoso. En su opinión, tenía el mismo tono que “cuñada”, algo que solo sonaba bien aplicado a omegas dulces y adorables, no a alguien tan tosco y poco delicado como él, un ex–beta de aspecto rudo.
Su tolerancia hacia esa palabra era bajísima, pero, por alguna razón, cuando salía de los labios de Lu Chen, sonaba… extrañamente agradable. Aun sabiendo que era un sueño, su cara se puso roja y su corazón comenzó a latir más rápido.
Así que, cuando de repente unos golpes en la puerta lo despertaron, su corazón todavía latía a toda velocidad.
Parpadeó unas cuantas veces. Ya era plena mañana.
La que tocaba era la encargada del dormitorio. Su compañero de habitación, Gu Yao, seguía dormido. Zhuo Yiran, temiendo despertarlo, salió con cuidado y cerró la puerta.
—Zhuo, querido —dijo la encargada con expresión preocupada—, esta mañana la universidad nos notificó oficialmente tu diferenciación. Normalmente algo así se debe reportar de inmediato, pero como fue tan repentino y tu estado emocional pudo verse afectado, lo entiendo perfectamente.
—Sin embargo —continuó—, ahora que tu género cambió, ya no es apropiado que sigas en el edificio de los betas. El departamento de logística te ha asignado una habitación en la residencia de los omegas. Puedes mudarte cuando tengas tiempo.
Cuando la mujer se fue, Zhuo Yiran se apoyó en la puerta, agotado, y se frotó la frente.
Aquella diferenciación había sido tan repentina, y los problemas que vinieron después, tan numerosos, que casi se había olvidado de ese detalle.
Pensar que tendría que mudarse le pesaba un poco, sobre todo por separarse de Gu Yao, con quien se llevaba tan bien.
Levantó la vista hacia la cama de su compañero. Ya era mediodía, y Gu Yao, que siempre se acostaba temprano y se levantaba con el alba, aún dormía profundamente, algo inusual.
Quizá era por su estado de celo reciente, pero Zhuo Yiran notó que su sentido del olfato estaba especialmente sensible. Al levantar la cabeza, percibió un aroma dulzón flotando en el aire.
Gu Yao solía usar aromaterapia, por eso el dormitorio siempre olía fresco, aunque nunca tan intenso como ahora.
Aquel olor era completamente distinto: dulce como un durazno maduro, tan embriagador que parecía llenar el ambiente con el jugo de miles de frutos recién abiertos.
Zhuo Yiran pensó que Gu Yao habría comprado fruta, y al mirar su escritorio, de pronto escuchó un leve jadeo detrás de las cortinas cerradas de la cama.
Un mal presentimiento se apoderó de él. Probó llamarlo:
—¿Gu Yao?
El jadeo se aceleró.
Sin dudar más, Zhuo Yiran corrió la cortina, y el aroma, diez veces más intenso, lo envolvió al instante, haciéndolo sentir acalorado.
El corazón se le encogió. Ya sabía lo que estaba pasando.
Gu Yao debía estar soñando. Su rostro pálido y fino estaba encendido, el pecho se alzaba y bajaba rápidamente. A pesar del malestar que le provocaba el olor, Zhuo Yiran lo empujó con fuerza, pero el otro no despertó.
Pensando rápido, sacó una inyección de supresor nueva de su bolso y se la aplicó en el brazo.
En pocos minutos, la respiración de Gu Yao se normalizó y su color volvió a ser el de siempre. Zhuo Yiran lo observó con expresión compleja mientras él abría lentamente los ojos.
—¿Volviste? —preguntó Gu Yao, incorporándose de golpe—. ¿Estás bien?
—El que no está bien eres tú —respondió Zhuo Yiran—. Arréglate, te llevo a la enfermería. Parece que tengo que mudarme cuanto antes… ¿cómo puede ser que una diferenciación se contagie así?
—Espera —lo detuvo Gu Yao con voz débil.
—Si no nos apuramos, me vas a contagiar el celo a mí también —Zhuo Yiran frunció el ceño, impaciente—. Y si los dos terminamos así, esto será un desastre…
La imagen fue tan absurda que prefirió no imaginarla.
Gu Yao respiró hondo, movió la nariz ligeramente, como si percibiera algo, y de pronto preguntó:
—¿Lu Chen te marcó?
Zhuo Yiran se quedó helado. Gu Yao sonrió con comprensión.
—Con razón tantos omegas se derriten por él. Sus feromonas son demasiado fuertes… solo con una pizca ya fueron suficientes para inducirme el celo.
Mientras hablaba, de pronto pareció darse cuenta de algo. Levantó la vista con cierta culpa y miró a Zhuo Yiran, sin decir una palabra.
—Un momento —Zhuo Yiran parpadeó—, ¿tú sabías que te habías diferenciado?
Gu Yao no respondió. Simplemente bajó de la cama, se dio la vuelta y sacó un pequeño atomizador, rociando varias veces el aire.
Al darse cuenta de que era un inhibidor, Zhuo Yiran se quedó aún más confundido.
—…¿Tan rápido te preparaste para esto?
—No soy como tú —murmuró Gu Yao mientras también rociaba un poco en la nuca de Zhuo Yiran—, que regresas trayendo el olor de tu hombre para atormentarme.
—¿Cuándo te diferenci…aste? —Zhuo Yiran estaba tan sorprendido que ni siquiera reparó en la última frase—. ¿Y estás tan tranquilo?
—Hace cuatro años —dijo Gu Yao después de un breve silencio.
Zhuo Yiran se quedó helado.
—¿Me estás tomando el pelo? —preguntó incrédulo unos segundos después—. ¿Quieres decir que, desde que nos conocimos, en realidad… fingías ser beta?
—…El que finge eres tú —respondió Gu Yao con una mirada de soslayo.
—¿Cómo es posible? —balbuceó Zhuo Yiran—. ¿Cómo no me di cuenta?
Vivían juntos todos los días; Gu Yao era un omega, y aun así había fingido ser beta durante todo un año justo delante de sus narices. Que Zhuo Yiran no lo notara era casi más increíble que su propia diferenciación repentina.
A decir verdad, por más cuidadoso que fuera Gu Yao, era inevitable que dejara escapar alguna pista. Pero Zhuo Yiran, un ex “hetero de hierro” con un conocimiento fisiológico casi nulo, siempre tan despreocupado, nunca se había fijado.
Por ejemplo, Gu Yao decía gustarle el incienso, pero en realidad lo usaba para disimular el exceso de dulzura de su aroma natural, ya que ese olor resultaba demasiado llamativo.
Sin embargo, Zhuo Yiran siempre había pensado firmemente que Gu Yao era un chico delicado y enfermizo; incluso cuando este tenía varios días de fiebre cada mes, Zhuo Yiran creía que era por su débil constitución y los cambios de estación.
—No fue mi intención ocultártelo —dijo Gu Yao en voz baja—. Es solo que… me acostumbré a fingir.
—¿Por qué? —preguntó Zhuo Yiran, aún aturdido—. ¿Por qué hacerlo?
—La razón es algo complicada —Gu Yao bajó la mirada—. Te la contaré cuando haya oportunidad.
Al ver que no parecía querer explicarlo, Zhuo Yiran no insistió. Guardó silencio un rato antes de cambiar de tema:
—Por cierto, hace un rato vino la encargada del dormitorio. Dijo que tengo que mudarme.
—¿Tan rápido? —Gu Yao levantó la mirada.
En realidad, no había ningún problema en que un omega viviera en el área de betas; al fin y al cabo, estos no podían oler las feromonas de aquellos, así que no causaba interferencias.
Pero las reglas eran reglas, y nadie podía romperlas. Más aún ahora que en su habitación había surgido un nuevo “riesgo”.
—Mira qué coincidencia, los dos cambiando de sexo casi al mismo tiempo. Somos como hermanos de desgracia —suspiró Zhuo Yiran—. ¿Por qué no te mudas conmigo? Podríamos seguir siendo compañeros de cuarto en el edificio de los omegas.
—Yiran, sé razonable —suspiró Gu Yao—. El único que cambió de sexo eres tú.
—… —Zhuo Yiran se atragantó con sus propias palabras—. En tu boca suena como si me hubiera vuelto travesti.
De pronto, Gu Yao pareció recordar algo. Levantó la vista con expresión más seria:
—Por cierto, ¿cómo estás ahora?
—Anoche vi esa publicación y quise salir a buscarte, pero mi período de celo estaba por empezar… —suspiró, con un deje de culpa—. No me atreví a salir, así que te esperé en el dormitorio, y me quedé dormido sin darme cuenta.
—Estoy bien —respondió Zhuo Yiran, dándole una palmadita en el hombro para tranquilizarlo.
—Entonces, lo que decía esa publicación… —preguntó Gu Yao con cautela, levantando la mirada—, ¿era inventado?
Zhuo Yiran negó con la cabeza.
—Era cierto.
Gu Yao abrió los ojos de par en par, sorprendido.
—¿Tan Fei? ¿Él…?
Tras una breve pausa, frunció el ceño con furia.
—…De verdad, las apariencias engañan.
Luego levantó otra vez la vista hacia Zhuo Yiran; en sus grandes ojos brillaba una compasión suave y dolida.
Zhuo Yiran no soportaba ver a la gente llorar. En cuanto vio esa expresión, se puso nervioso y se apresuró a decir:
—Estoy bien, ya se encargaron de él.
Gu Yao bajó la mirada y murmuró:
—Menos mal que el hermano Lu estaba ahí.
Por alguna razón, al escuchar eso, Zhuo Yiran recordó el sueño en el que Lu Chen le susurraba aquel vergonzoso “esposa” al oído. Su corazón se calentó sin razón, y rápidamente apartó la vista sin responder.
—A todos los omegas nos toca vivir algo así en algún momento —suspiró Gu Yao—. Yo tampoco lo llevé bien cuando me diferencié.
—¿Por eso fingiste ser beta? —preguntó Zhuo Yiran.
Gu Yao negó con la cabeza.
—No fue por eso.
Antes de que Zhuo Yiran pudiera seguir preguntando, Gu Yao cambió el tono y sonrió con amabilidad:
—Pero en realidad no es para tanto.
—¿Qué tiene de malo ser omega? —dijo mientras lo miraba con ternura, la comisura de los labios curvada en una sonrisa suave—. Aunque te hayas convertido en omega, nuestro Yiran sigue siendo el omega más guapo y fuerte del mundo.
Zhuo Yiran se quedó un instante sorprendido, luego también esbozó una sonrisa.
Pero en el fondo, pensó con cierta melancolía:
Ojalá Lu Chen pensara lo mismo.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.