Capítulo 39: Sí que son una pareja
Zhuo Yiran no apartaba la vista de la pantalla del móvil, embobado con la foto en alta resolución.
En la imagen, dos chicos vestidos con uniformes blancos de baloncesto estaban abrazados con cercanía. El de la derecha solo mostraba el perfil, porque en ese instante alzaba la cabeza sin reparos para besar la mejilla del otro.
El de la izquierda tenía un semblante frío, con una expresión de sorpresa repentina, captada por completo por la cámara.
—Llevas media hora mirando esa foto —comentó Gu Yao, lanzándole una mirada y diciendo con voz lánguida—. Si tanto te gusta, te la imprimo y la pegas en la pared de tu dormitorio.
—…No es eso, solo que ahora que lo pienso, no entiendo cómo me dejé llevar tanto —Zhuo Yiran alzó el rostro al techo, confundido—. ¿Cómo pude emocionarme de tal forma que…?
¿Que terminó besando a Lu Chen delante de miles de personas?
Aunque fueran novios por contrato, en un lugar público, semejante escena parecía un poco… indecorosa.
Más aún cuando Zhuo Yiran sabía bien que entre ellos no había nada real.
Volvió a mirar la pantalla y masculló, molesto:
—La culpa fue de ellos, por armar tanto alboroto.
—Sí, toda de ellos —repitió Gu Yao en voz baja—. Claro, miles de personas sujetándote la cabeza y obligándote a besarlo.
—¡Yo solo estaba feliz! —se defendió Zhuo Yiran.
—¿Y si hubiera sido yo? —preguntó Gu Yao, señalándose a sí mismo—. Nos conocemos desde antes que a Lu Chen. Cuando estás feliz, ¿me besarías a mí?
—¡Claro que no! —respondió Zhuo Yiran sin pensarlo.
Dos betas besándose, demasiado raro. Él era un “beta de hierro” bien recto: por más que se llevara con Gu Yao, jamás haría algo así.
¿Entonces por qué sí con un alpha…?
Antes de que Gu Yao pudiera formular la pregunta, Zhuo Yiran se apresuró a añadir:
—Además, tú no eres mi compañero de equipo.
—¿Y por qué no besaste a Zhong Han, entonces? —insistió Gu Yao.
Apenas lo dijo, Zhuo Yiran no pudo evitar imaginar la escena…
No, no, imposible, la imagen era demasiado fuerte. Ni se atrevía a seguir pensándola.
Gu Yao lo miró con una expresión extraña, como si ya lo hubiera previsto, y preguntó:
—Entonces, ¿solo puedes besar a Lu Chen?
—Obvio, somos pareja —respondió Zhuo Yiran por instinto.
Apenas terminó de hablar, sintió que algo no estaba bien.
…Rayos, ¿será que se estaba metiendo demasiado en el papel?
Sin querer, su dedo rozó la pantalla del teléfono y cerró la foto. Al deslizar hacia abajo, volvió a encontrarse con la misma imagen.
Su círculo de amigos ya estaba inundado con esa foto, y seguramente el de Lu Chen también.
Regresó a la ventana de chat de WeChat y vio que la última conversación entre ellos había quedado en la mañana del día anterior.
Normalmente se enviaban mensajes casi todos los días, pero desde que terminó el partido la noche pasada, Lu Chen no lo había contactado en absoluto.
—¿No estará enojado? —Zhuo Yiran, algo tarde, se dio cuenta de un problema más serio.
Después de todo, la noche anterior había sido tan llamativo, mientras que Lu Chen no le había dado ninguna respuesta de principio a fin.
Gu Yao preguntó:
—Cuando lo besaste, ¿qué reacción tuvo?
Zhuo Yiran lo pensó un poco, luego negó con la cabeza, desconcertado.
En el instante en que besó a Lu Chen, los gritos en sus oídos eran ensordecedores, tanto que se sintió un poco aturdido, y no tuvo tiempo de notar la reacción de Lu Chen.
Después sus compañeros lo rodearon, luego vino la foto grupal de todo el equipo, y ya no tuvo más contacto a solas con él.
—Estoy frito —Zhuo Yiran se puso más nervioso al pensarlo—. Seguro que se enojó.
Inmediatamente abrió ese avatar tan familiar, con la intención de disculparse. Pero al poner los dedos sobre el teclado, se detuvo.
¿Qué podía decir?
“Perdón, fue solo un impulso del momento”?
…Sonaba demasiado poco serio, como echar más leña al fuego.
Zhuo Yiran, deprimido, se dejó caer sobre la cama.
—Si de verdad estuviera enojado, ya anoche te lo habría demostrado —Gu Yao le lanzó una mirada resignada—. ¿Tú crees que podrías seguir vivo tan campante hasta ahora?
—Tú no lo entiendes —Zhuo Yiran negó con un aire apesadumbrado—. Él es de carácter de princesa: cuando se enoja, su reacción es ignorarte. Solo con mucho esfuerzo y mimos se le pasa.
—¿Princesa? —repitió Gu Yao incrédulo, incapaz de asociar ese término con ese alpha perfecto que todos admiraban.
Al final, murmuró en voz baja:
—Seguro que solo contigo es así.
Lu Chen, en efecto, nunca ocultaba sus emociones, no porque no supiera, sino porque no lo consideraba necesario; su desagrado siempre se reflejaba claramente en su rostro.
Según las observaciones de Zhuo Yiran en los días siguientes, Lu Chen no se comportaba con frialdad como solía hacerlo cuando estaba molesto. Sin embargo, él seguía sintiendo algo extraño.
Aparentemente todo estaba igual que antes: iban a clases, entrenaban, jugaban los partidos, y nadie volvía a mencionar el incidente. Tanto así que Zhuo Yiran empezaba a sospechar si, para Lu Chen, aquello no había sido más que una nimiedad sin importancia.
Pero en ciertos momentos sentía una leve e inexplicable incomodidad. No sabía señalar con exactitud qué era, solo que el ambiente entre ambos no era igual, un poco torpe, un poco incómodo.
Lo peor era que, como Lu Chen no le daba ninguna respuesta, Zhuo Yiran no podía confirmar si esa sensación era solo cosa suya por sentirse culpable, o si en realidad el otro sí lo había notado.
De todos modos, tampoco tuvo mucho tiempo para pensarlo, porque enseguida comenzó otra tanda intensa de partidos.
En la primera ronda de la fase de grupos se toparon con un rival fuerte, y aun así ganaron. A partir de ahí, la suerte pareció sonreírles: en las dos rondas siguientes se enfrentaron a facultades de humanidades.
En esas facultades había pocos alphas, y mucho menos jugadores de baloncesto de nivel; aparte del equipo de Economía y Gestión, los demás tenían dificultades hasta para reunir a los titulares, e incluso alineaban más de un beta.
Pero no todos los betas tenían la fuerza de Zhuo Yiran, y menos aún contaban con un capitán como Lu Chen, un controlador nato, único en su generación. Así, Economía y Gestión ganó con facilidad todos los encuentros.
Tras la inesperada victoria del primer partido, el equipo afrontó los siguientes con calma, aunque la pasión del público no disminuía.
Desde que Lu Chen apareció con el nuevo número de camiseta, de repente surgió un grupo de fans con camisetas del 9, aunque otros seguían fieles al 6. Y no faltaban quienes, fascinados con la pareja, se presentaban con el 69, sin importar las connotaciones del número. En cualquier caso, la hinchada de Economía y Gestión era inconfundible: un mar de camisetas blancas.
En el tercer partido, el último punto lo anotó Zhuo Yiran.
La ovación fue ensordecedora, y esta vez, los gritos con su nombre se escuchaban más claros que nunca. Antes de reaccionar, todos sus compañeros corrieron hacia él, rodeándolo.
—¡Cuñada! —exclamó Zhong Han, abrazándole el cuello con entusiasmo—. ¡Con esa canasta rompiste el récord!
Zhuo Yiran al fin comprendió, y como si despertara de un sueño, miró la pantalla gigante: junto a su nombre brillaba la puntuación más alta del partido, un número que jamás había alcanzado antes.
—Es gracias al trabajo en equipo, todos me pasaron bien el balón —respondió con humildad, sonriendo—. Y también al capitán…
Alzando la vista, buscó a Lu Chen. Este estaba en la entrada trasera, bebiendo de una botella de agua mineral, con medio cuerpo sumido en la sombra. La camiseta blanca acentuaba su figura alta y recta, y la línea de su nuez, al moverse suavemente, desprendía un atractivo afilado.
Zhuo Yiran se quedó un instante embobado. Entonces, como si Lu Chen lo hubiera presentido, mientras cerraba la botella, le lanzó una mirada casual.
Zhuo Yiran carraspeó, y con una sonrisa respondió:
—El capitán enseña bien.
Dicho esto, varios ya se habían acercado, pero antes de que pudieran hablar, Ming Yu salió del interior de la sala de descanso de los árbitros.
—Felicidades —les entregó agua y pañuelos a cada uno—, es la primera vez en cinco años que Economía y Gestión entra a los cuartos de final.
—¿Ya estamos en cuartos? —Zhuo Yiran, que nunca había estudiado bien el sistema de competición, se sorprendió de lo fácil que parecía, y por un momento quedó atónito.
En un ambiente de celebración general, su asombro lo hizo resaltar entre todos, provocando una carcajada colectiva.
—Cuñada, ¿qué te pasa últimamente? —Zhong Han le dio una palmada en el hombro—. Siempre andás medio bobo.
Que un “bobo” lo llamara a él “bobo” le pareció demasiado irónico, y Zhuo Yiran quedó sin palabras. Estaba por replicar cuando Lin Yang bromeó:
—Éxito en el amor y en el deporte, normal que esté demasiado emocionado.
Lin Yang siempre era así, parecía que no podía abrir la boca sin tomarlo de punto. Zhuo Yiran se quedó aún más sin palabras y le soltó una palmada en el hombro:
—¿Por qué siempre andás metiendo bulla?
—¿Yo metiendo bulla? —Lin Yang lo miró, luego miró a Lu Chen—. No sé quién fue el que en medio del partido se puso a dar besitos.
Si no lo hubiera mencionado, todavía, pero al oírlo, todo el nerviosismo y remordimiento de Zhuo Yiran regresaron de golpe. Inconscientemente alzó la vista hacia Lu Chen.
—Ahora sí te da vergüenza… —murmuró Lin Yang, y mientras hablaba se llevó de un brazo a Zhong Han y Xiang Jia, arrastrándolos al vestuario.
De pronto, solo quedaron él y Lu Chen en las cercanías. Para disimular su inquietud, Zhuo Yiran tomó la iniciativa:
—Aquella noche, yo…
Lu Chen bajó la mirada hacia él, y sus ojos se encontraron. Zhuo Yiran sintió que su corazón daba un fuerte brinco.
La mirada del otro le resultaba completamente indescifrable, y temiendo que en cualquier momento fuera a explotar con su carácter de “princesa”, tuvo que armarse de valor:
—Fue solo una broma, no te enojes.
El gesto de Lu Chen se detuvo, y repitió en voz baja:
—¿Una broma?
Al oírle ese tono, Zhuo Yiran supo de inmediato que había metido la pata. Se apresuró a añadir:
—Es que me emocioné por la victoria, todos estaban gritando… y en el calor del momento, pues…
Aunque su actitud era muy sincera, el semblante de Lu Chen se fue ensombreciendo más y más, dejándolo aún más descolocado.
En el fondo, se decía que era su propia culpa: sabiendo que el otro era un “príncipe orgulloso y frío”, él había querido hacerse el descarado romántico; lo atrevió a “tomar ventaja”, pero ahora no podía lidiar con las consecuencias.
—De verdad no quería aprovecharme de ti —murmuró, mordiéndose los labios—. Si aún así no te parece suficiente…
Bajó los ojos, nervioso, y señaló su propia mejilla:
—¿Por qué no me devolvés el favor?
Las cejas de Lu Chen se arquearon ligeramente, pero no dijo nada.
Zhuo Yiran lo había dicho a propósito, sabiendo que él jamás haría algo tan descarado como lo que él mismo había hecho.
Y ahora que había ofrecido una “solución”, si el otro no la aceptaba, ya no era problema suyo.
Como Lu Chen seguía en silencio, Zhuo Yiran se apresuró a retirarse con gracia:
—¿Ves? También pensás que no vale la pena. Al fin y al cabo, un hombre hecho y derecho… por una tontería así no deberías ponerte a…
No alcanzó a terminar, cuando de pronto Lu Chen lo jaló de golpe. La acción fue tan repentina que, sin estar prevenido, Zhuo Yiran se vio arrastrado hasta la esquina del pasillo detrás del escenario.
Aún sin reaccionar, vio cómo Lu Chen apoyaba una mano en la pared junto a su rostro, inclinándose bruscamente hacia él.
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