Capítulo 33: Te asustaste
Al ver la reacción instintiva de rechazo de Lu Chen, quedó claro que él no era del tipo de persona a la que le interesaran lugares como los parques de diversiones. Zhuo Yiran, por su parte, era descuidado, y ninguno de los dos pensó en mirar alguna guía o prepararse de antemano; simplemente al día siguiente dijeron “vamos” y se fueron.
El parque tenía buen negocio y nunca le faltaban visitantes. Las entradas que entregaba el consejo estudiantil eran para el turno de la tarde, y cuando entraron, los juegos más populares ya tenían largas filas. Miraran donde miraran, prácticamente no había nada disponible para jugar.
Mientras caminaban, apareció frente a ellos un pabellón decorado con caras demoníacas y colmillos feroces. Como parecía no tener mucha fila, ambos se miraron con total complicidad y, sin pensarlo dos veces, entraron.
Resultó ser una sala de escape. En efecto, no había mucha gente esperando en el vestíbulo, lo que hacía suponer que no debía ser gran cosa.
De pie en el área de espera, Zhuo Yiran chocó el hombro de Lu Chen:
—¿Tienes miedo?
—¿Tú qué crees? —replicó él.
—Eso está bien —rió Zhuo Yiran—. Yo tampoco soy de asustarme fácilmente, pero a veces esas cosas de sobresaltos repentinos me hacen brincar.
Mientras lo decía, lo miró de reojo y soltó un suspiro de alivio.
—Con vos acá ya me quedo tranquilo.
Su grupo estaba formado solo por los dos, así que únicamente podían jugar en una sala relativamente pequeña. No pasó mucho tiempo antes de que un empleado se acercara a avisarles que ya podían entrar.
Para mantener el misterio, a los visitantes de las salas de escape no se les revelaba de antemano la temática, y además, en el trayecto previo a la entrada de la sala, se los hacía ingresar con los ojos vendados.
A pesar de que no podía ver nada, en el camino Zhuo Yiran percibió un penetrante olor a desinfectante. Calculó que la temática debía estar relacionada con un hospital. La escena resultaba bastante trillada; aunque no había llegado con muchas expectativas, no pudo evitar sentirse algo decepcionado.
Ambos fueron guiados uno detrás del otro hasta dentro de la sala, y tras ellos la puerta se cerró de golpe con un “¡bang!”.
Zhuo Yiran iba al frente. Al quitarse la venda de los ojos, lo primero que vio fue, en efecto, una habitación hospitalaria totalmente blanca.
—¿Es que no pueden ser un poco más originales? Esto ya es demasiado… —se quejó hacia Lu Chen, pero apenas habló, las luces de la sala se apagaron de golpe—. ¿¡Qué carajos!?
La oscuridad lo envolvió sin previo aviso, tan densa que no se veía ni la propia mano. El corazón de Zhuo Yiran dio un vuelco y, por reflejo, extendió la mano hacia un lado. Al instante tocó una piel tibia y familiar: el antebrazo de Lu Chen.
—¿Tenés miedo a la oscuridad? —preguntó Lu Chen.
—No —Zhuo Yiran lo apretó con fuerza—, lo que tengo es ceguera nocturna.
—…Y aun así venís a jugar a esto —su tono destilaba puro desdén.
—¿Yo qué sabía que iban a empezar tan heavy de entrada…? —murmuró Zhuo Yiran por lo bajo.
Antes de terminar la frase, notó que el brazo que tenía agarrado se movía levemente, como si quisiera zafarse.
En medio de una negrura casi como la ceguera, donde solo quedaban el tacto y el sonido, Zhuo Yiran apretó aún más fuerte. Para su sorpresa, la otra parte respondió con más insistencia, intentando apartar sus dedos uno por uno.
Zhuo Yiran se quedó pasmado, y solo entonces cayó en la cuenta: lo estaba agarrando con demasiada rudeza; obviamente a Lu Chen no le hacía gracia.
En momentos críticos, me deja morir solo. La princesa Lu, qué amarrete…
Lo maldijo en silencio, pero a pesar de su reticencia, el orgullo masculino lo impulsó a soltar el brazo de Lu Chen.
—¿Te asustaste? —preguntó él.
Zhuo Yiran no podía verle la cara, pero por alguna razón, sintió que sus palabras iban teñidas de una sonrisa burlona, con un dejo de regocijo en la desgracia ajena.
Mordió los dientes con enojo y replicó con dureza:
—¿Miedo yo? Ni en pedo.
En el mismo instante, su mano, ahora perdida, fue tomada con firmeza. La palma de Lu Chen se entrelazó con la suya, obligándolo a abrir los dedos y encajando perfectamente contra él.
El corazón de Zhuo Yiran dio un salto repentino. Entonces escuchó a Lu Chen murmurar en voz baja:
—Si no tenés miedo, ¿para qué apretabas tan fuerte?
Fue como si lo hubieran pillado en plena mentira; una oleada de vergüenza lo recorrió de pies a cabeza. Con terquedad intentó retirar la mano, pero fue inútil: Lu Chen lo sostuvo aún con más fuerza.
Las mejillas de Zhuo Yiran se encendieron al instante. No le dio tiempo a refutar nada, porque justo en ese momento un chirrido extraño se escuchó desde el suelo.
Con la otra mano, Lu Chen encendió la linterna del celular. Una débil luz blanca iluminó el lugar.
Tras parpadear un par de veces, Zhuo Yiran alcanzó a ver el área iluminada: varias sombras del tamaño de una palma se movían lentamente hacia ellos. Cuando enfocó mejor, descubrió que eran arañas gigantes cubiertas de un denso y negro pelaje, que avanzaban mostrando sus fauces.
—¡La puta madre!
El escenario era tan impactante que, aunque sabía que eran falsas, Zhuo Yiran retrocedió un paso por instinto. Enseguida, Lu Chen lo cubrió con el brazo.
—No se van a acercar —dijo él, imperturbable.
Y en efecto, el lugar no era tan tecnológico como una película: las arañas de peluche se detuvieron a cierta distancia, sin abalanzarse sobre ellos.
Aun así, el espectáculo era desagradable. Para no tener pesadillas esa noche, Zhuo Yiran hizo un esfuerzo consciente por no mirarlas demasiado de cerca.
Lu Chen alzó un poco la linterna y notó que cada vez más arañas se arrastraban hacia ellos. Zhuo Yiran las observó y comentó:
—¿La fuente?
Lu Chen asintió.
Era una cama de hospital cubierta con una cortina cerrada herméticamente. De allí salían todas las arañas.
—Seguí mis pasos —dijo él, sin soltarle la mano. Evitando las zonas donde se acumulaban los bichos, dio un paso al frente, y Zhuo Yiran lo siguió de inmediato.
Los movimientos de las arañas electrónicas estaban programados; no atacaban a las personas ni reaccionaban a sus acciones. Mientras tuvieran cuidado, no resultaba difícil esquivarlas.
Finalmente llegaron hasta la cama. Lu Chen lo miró de reojo, y Zhuo Yiran entendió al instante, acercándose más a él y preparándose mentalmente para encontrar una montaña de arañas peludas.
Pero al abrir la cortina, no había ninguna. Solo un esqueleto blanquecino y desnudo yacía sobre la cama.
Esta vez, gracias a la preparación mental, Zhuo Yiran no se sobresaltó demasiado. Siguiendo la luz de la linterna, extendió la mano y presionó el botón de llamada al lado de la calavera.
Las luces de la habitación se encendieron de golpe, tan brillantes que costaba abrir los ojos.
Ahora sí, parecía que el juego empezaba en serio. Zhuo Yiran se acercó a la puerta asegurada, frotándose los ojos para ver mejor el teclado.
—Cuatro dígitos.
La habitación no era grande, así que en teoría encontrar la clave no debería ser difícil. Sin embargo, a simple vista solo había arañas tiradas por el suelo y nada más.
Había también un pequeño baño, pero la puerta estaba cerrada con llave. Lu Chen probó la manija y confirmó que no se abría. Los dos comenzaron a buscar la llave por toda la sala, sin éxito.
Zhuo Yiran regresó a inspeccionar la cerradura del baño y, tras observarla, sintió que no parecía real. Ya había visto trucos así en otras salas: en realidad no había llave ni cerradura, bastaba con usar la fuerza bruta.
Al ver que Lu Chen se acercaba, Zhuo Yiran se sintió bastante más tranquilo. Con el corazón preparado para cualquier sobresalto, volvió a probar la manija y empujó con fuerza varias veces. Tal como sospechaba, la puerta cedió.
Contra todo pronóstico, adentro no había nada aterrador, solo un inodoro y un lavabo.
Zhuo Yiran respiró aliviado y estaba por entrar, cuando de pronto, desde el techo, se escuchó un crujido extraño. Antes de que pudiera reaccionar, algo cayó en picada desde arriba.
Un cadáver colgando boca abajo.
—¡Wácala! —Zhuo Yiran se llevó un buen susto, retrocediendo instintivamente, y terminó chocando de lleno contra el pecho de Lu Chen.
No era de extrañar que reaccionara así; el cadáver había caído de repente y estaba hecho de manera extremadamente realista:
Vestía un pijama de hospital, con una expresión espantosa, los ojos a punto de salirse de las órbitas. Lo más aterrador era la piel de su rostro, completamente podrida, con carne roja y grasa amarilla burbujeando por las heridas.
Lo más horrible era la lengua, como si alguien la hubiera arrancado deliberadamente de la boca; colgaba fuera sin control, con tonos violáceos y oscuros, creando una imagen impactante y perturbadora.
Lu Chen también se quedó atónito, y de inmediato extendió la mano para proteger la cintura de Zhuo Yiran. En ese instante, parecía escuchar un sonido proveniente de no muy lejos.
Era breve, apenas audible, pero agudo y extraño.
“¿Lo escuchaste?” preguntó Lu Chen.
“¿…Qué?” Zhuo Yiran aún estaba aturdido, como si su alma hubiera salido del cuerpo por un momento.
Lu Chen giró la cabeza hacia otro lado: un gabinete de desinfección. Zhuo Yiran recuperó la respiración y le hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
El gabinete era opaco, pero tenía muchos agujeritos en la superficie. La llave estaba al lado; Lu Chen la tomó y volvió a preguntarle a Zhuo Yiran para confirmar.
Esta vez, Zhuo Yiran retrocedió detrás de Lu Chen, esperando que su valentía actuara como amortiguador.
Al abrir la puerta del gabinete, apareció otro cadáver.
Al observarlo más de cerca, se dieron cuenta de que este era aún más realista que el anterior; la piel no tenía la sensación de silicona de un maniquí, y hasta cada poro era visible.
Era una enfermera, acurrucada como un bebé dentro del gabinete de desinfección. Su uniforme estaba teñido de sangre en grandes manchas, su cabello se extendía como el de Sadako, y se distinguían unos grandes ojos sin vida.
Luego, esos ojos parpadearon.
“¡Joder!” En este lugar, los sustos siempre tenían nuevas formas, inesperadas cada vez. Zhuo Yiran casi colapsa y retrocedió instintivamente.
Como si hubiera telepatía, al instante, la mano de Lu Chen lo sujetó con firmeza.
Zhuo Yiran estaba asustado, ya que apenas podía mantener el equilibrio, y con la fuerza de Lu Chen, tropezó y cayó en sus brazos.
Lu Chen extendió la mano hacia adelante casi por instinto, abrazándolo suavemente por la cintura.
La respiración de Zhuo Yiran se detuvo por un momento, pero antes de que pudiera reaccionar, la enfermera frente a él emitió otro extraño sonido: “Ēng.”
Era el mismo tipo de reacción que tenían las chicas de la escuela cuando los veían tomados de la mano.
Parece que esta “muerta” también tenía el peculiar hobby de emocionarse al ver a dos chicos guapos juntos.
“No juegues así, hermana,” dijo Zhuo Yiran entre risas y llantos, “cuando vinimos no dijeron que habría NPCs humanos.”
La enfermera parpadeó nuevamente con sus grandes ojos hermosos.
Zhuo Yiran la examinó un momento más; no encontró nada más. No podía registrar físicamente a un NPC, así que imitó a la enfermera y le guiñó un ojo: “Señorita, ¿no nos dará ninguna pista?”
Lu Chen le lanzó una mirada de desaprobación.
Al ver que la enfermera no respondía, Zhuo Yiran miró a Lu Chen y le guiñó un ojo: “Hermano, entonces será cosa tuya.”
“Ēng.”
Los músculos faciales de la enfermera se contrajeron, su boca temblaba de manera frenética.
Zhuo Yiran pensó para sí mismo: parece que realmente existen personas que se emocionan hasta gritar al ver a dos hombres juntos.
Unos segundos después, la enfermera parpadeó y sacó rápidamente la lengua.
Zhuo Yiran y Lu Chen se miraron en complicidad.
Volvieron frente a la puerta del baño, observando el cadáver colgando boca abajo.
“¿El mecanismo está aquí?” Zhuo Yiran frunció el ceño al mirar la lengua morada y negra, “¿no podría ser menos asqueroso?”
Lu Chen reflexionó unos segundos y recordó algo. Regresó al gabinete de desinfección y vio un par de guantes desechables sin abrir en la parte superior.
Zhuo Yiran lo observó abrirlos, con una expresión de sentimientos encontrados: “…Esta tienda realmente piensa en todo.”
Lu Chen se puso los guantes y se acercó al cadáver, diciendo a Zhuo Yiran: “Ten cuidado.”
Sin necesidad de que le advirtiera, Zhuo Yiran se escondió detrás de él.
Tras tantas sorpresas, ya sentía que aunque el cadáver cobrara vida de repente, no se asustaría.
Lu Chen extendió la mano y tiró de la lengua del cadáver.
De repente, la boca del cadáver emitió un sonido extraño y expulsó un gran chorro de líquido amarillento y verdoso, pegajoso y turbio, como una enorme flema.
Viendo aquello frente a él, Lu Chen permaneció sereno, observando meticulosamente la sustancia como si fuera un estudio académico.
Zhuo Yiran, por un lado, admiraba la calma de este hombre alfa; por otro, se alegraba de estar detrás de él. Si hubiera estado más cerca, seguro habría vomitado la cena de la noche anterior.
Al levantar la mirada y mirar la habitación, Zhuo Yiran pensó que el lugar era realmente enfermo, cuando Lu Chen se levantó de repente, con una leve curva en los labios, mostrando un toque travieso.
Al ver esa expresión, Zhuo Yiran supo que lo estaba burlando, y dijo con frustración: “¡No tengo miedo!”
“Mhm.” Lu Chen no lo contradijo; más bien, lo consoló con esa simple respuesta.
Antes de que Zhuo Yiran dijera algo más, Lu Chen bajó la vista hacia la sustancia en el suelo y dijo con comprensión: “Solo es limonada.”
Zhuo Yiran bajó la mirada y vio, dispersos entre el desorden en el suelo, unos números rojos, exactamente cuatro dígitos.
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