Capítulo 36: Triunfo desde el comienzo
—Dicen que la Facultad de Economía y Gestión no es tan buena, ¿no? ¿Será que en la primera ronda, al enfrentarse con nuestra facultad, van a perder bien feo?
—Eso fue en ediciones anteriores. Este año parecen un poco más fuertes. Si realmente fueran tan malos, ¿cómo podría llenarse el estadio solo por un partido de grupos?
—¿Y cuántos vienen en serio a ver el partido? La mayoría viene por su capitán, ¿no?
—Ay, qué envidia, ¿por qué nuestra facultad no tiene un dios como Lu Chen? Guapo, estudioso, y además juega tan bien al baloncesto.
—Tan Fei tampoco está nada mal, ¿no? Su nivel es casi igual al de Lu Chen.
—Como estudiantes de Telecomunicaciones, debemos apoyar incondicionalmente a nuestro capitán Tan, pero siendo objetivos, él apenas entra en la categoría de “medio guapo”. Frente a Lu Chen, solo con la cara ya queda eliminado al instante…
—Además, el novio de Tan Fei es súper celoso. Se había corrido la voz de que la Facultad de Economía había organizado un apoyo masivo para Lu Chen, y entonces querían darle también una buena presencia a Tan Fei. Pero su novio fue el primero en enfadarse, diciendo que quien se atreviera a levantar una pancarta por Tan Fei, era porque quería robarle el chico.
—¿No es demasiado? ¡Tan Fei es el capitán del equipo! ¿Ni siquiera se le puede hacer un poco de apoyo?
—Si lo piensas, es normal. Tener un novio alfa tan perfecto, un omega puede sentir inseguridad.
—Bah, pero Lu Chen es aún más perfecto, y su novio no es tan problemático.
—¿Eh? ¿Acaso Lu Chen no era un soltero codiciado?
—Eso fue el año pasado. Ahora ya tiene novio, un beta.
—¿Ese novio de contrato? ¿De verdad siguen juntos? Yo pensé que solo jugaban.
—Se llama Zhuo Yiran, también es un ídolo de la Facultad de Economía. Creo que hoy también va a jugar.
—Aunque sea un ídolo, sigue siendo un beta. ¿Un beta jugando la Copa de Novatos? ¡Qué locura!
—Sí, es ridículo. Ser guapo no te da puntos. Hoy seguro que pierden.
Las chicas de Telecomunicaciones hablaban demasiado fuerte, y sus voces retumbaban en los oídos de Zhou Lulu, que ya estaba molesta. Giró la cara y miró hacia las gradas de enfrente.
Aún faltaba un rato para el inicio, pero el estadio ya estaba repleto y el bullicio era ensordecedor. Muchos sostenían pancartas para animar a sus equipos, y no faltaban los carteles con nombres de jugadores individuales.
—Lulu —la amiga Xiaoxi miró la pancarta que ella tenía en las manos con el nombre “Lin Yang” y preguntó en voz baja—. ¿Tu novio te contó cómo se han preparado? Dicen que Telecomunicaciones es muy fuerte.
—Solo mira —respondió Zhou Lulu—. Yo confío en ellos.
—Aunque siendo sincera, no entiendo nada de baloncesto. Yo vine más que nada a ver chicos guapos —suspiró Xiaoxi con aire melancólico—. Hoy en día, omegas como yo, que llegamos a la universidad solteros, somos pocos.
No habían hablado mucho más cuando la alegre música de fondo del estadio se detuvo. Los árbitros y los managers de ambos equipos entraron en la cancha, y de pronto, todas las miradas convergieron en una misma persona.
Ming Yu sostenía una carpeta, vestida con traje de falda y tacones, maquillaje impecable, su largo cabello negro cayendo como cascada sobre los hombros. Pese a la formalidad de su atuendo, seguía siendo radiante y hermosa.
—La senpai es demasiado guapa —Xiaoxi no pudo evitar taparse la boca con las manos—. Aunque me gusten más los alfas hombres, si se tratara de ella, yo también podría… ¡Ahhh, Lu Chen!
Entre gritos ensordecedores, los jugadores de ambos equipos entraron en fila. La Facultad de Economía llevaba uniformes completamente blancos, que bajo la luz resaltaban aún más. Los dos que iban al frente llamaban especialmente la atención.
—¿Eh? —Xiaoxi miró a uno de los jugadores, fijándose en el “9” rojo en su camiseta blanca.
Instintivamente miró alrededor, y al ver a varios fans con camisetas que tenían el número “6”, se aseguró de que no se había confundido.
—¿Lu Chen cambió de número?
Zhou Lulu señaló con la barbilla hacia la cancha:
—Mira detrás de él.
Xiaoxi vio entonces que el número “6” que antes pertenecía a Lu Chen, ahora estaba en la camiseta de Zhuo Yiran. Se quedó sorprendida: —¿Cómo es esto? ¿Hasta en la cancha muestran su amor?
—Juntos forman el “69” —dijo Zhou Lulu con naturalidad—. Quizá sea una especie de… diversión íntima.
—¿Eh? —Xiaoxi no entendió, y la miró confundida.
—Nada —Zhou Lulu negó rápidamente con la cabeza.
El equipo de Telecomunicaciones estaba formado enteramente por alfas, y casualmente, sus uniformes eran negros, haciendo un fuerte contraste con el blanco puro de Economía.
El capitán Tan Fei extendió la mano hacia Zhuo Yiran, con una sonrisa orgullosa y algo burlona:
—Así que de verdad un beta va a jugar. La Facultad de Economía sí que guarda talentos ocultos.
Zhuo Yiran le estrechó la mano, sonriendo sin arrogancia ni sumisión.
—No me atrevo a tanto.
La mirada de Tan Fei se desvió hacia Lu Chen, con un tono insinuante: —No esperaba menos del chico de Lu.
Esa frase parecía tener doble sentido. Lu Chen levantó apenas una ceja, como respuesta. Tras el saludo formal, ambos equipos se colocaron en sus posiciones, esperando el salto inicial.
El estadio quedó en silencio. El árbitro se acercó al centro y, al sonar el silbato, el balón fue lanzado al aire. Zhong Han, alto y fuerte, saltó más que el contrario, y con un manotazo se lo pasó a Lu Chen.
La habilidad de Lu Chen era indiscutible. En realidad, era un jugador versátil, capaz de desempeñar cualquier posición, pero para controlar la estrategia del equipo, siempre jugaba de base, el verdadero cerebro del conjunto.
Con el balón en las manos, cambió de dirección rápidamente, esquivando varias defensas en un instante, y con una sola mano lanzó la pelota hacia fuera.
Un pase largo y preciso atravesó a los delanteros del equipo contrario y llegó directo al jugador que lo estaba esperando—
Zhuo Yiran levantó la mano y lo atrapó sin dificultad. Antes de que nadie pudiera interceptarlo, saltó y en cuestión de segundos anotó la primera canasta del partido.
El estadio entero estalló en vítores, entremezclados con los nombres de ambos jugadores. Los seguidores de Telecomunicaciones no se quedaron atrás y también empezaron a gritar “¡Ánimo!” por su equipo.
El equipo de Telecomunicaciones, acostumbrado a la soberbia, no esperaba semejante golpe de entrada. La rabia no tardó en encenderse, y varios jugadores se abalanzaron a la vez sobre el balón. Sin embargo, en la prisa por recuperar la posesión, desordenaron su formación, y Lu Chen les robó el balón de nuevo con facilidad.
En el mismo instante en que giró sobre sí mismo, Lu Chen encontró un hueco para penetrar, y sin dudarlo pasó el balón a Lin Yang en la línea exterior.
Lin Yang estaba demasiado marcado, todos pensaron que pasaría el balón. Pero tras un par de fintas de hombros, de pronto saltó y lanzó.
El tiro fue apresurado, parecía destinado a fallar. Mientras todo el público contenía la respiración, Xiang Jia ya se había preparado para la siguiente jugada—
Y en efecto, la pelota rebotó con fuerza en el tablero. Xiang Jia se adelantó a todos, saltó y encestó de rebote con un movimiento fluido.
—¡Mierda! —exclamó Tan Fei incrédulo, en medio de la nueva ola de gritos.
Había oído que la Facultad de Economía nunca había tenido buenos resultados, por lo que su equipo no los tomó en serio como rivales de primera ronda.
Incluso al ver a Lu Chen en persona, muchos lo juzgaron solo por la cara: pensaron que esa fama suya era puro humo.
Recién ahora entendían cuánto lo habían subestimado.
Tal vez los demás aún no lo percibían del todo, pero Tan Fei, que también era base, lo sintió con claridad: en esas dos jugadas ya podía medir el nivel de su oponente.
La capacidad de control de Lu Chen era sorprendente. Sus ojos seguían el balón, pero con el rabillo observaba toda la cancha. Lo que llaman “ver tres pasos más allá”: cada movimiento de defensa que hacía ya contenía el plan de la siguiente ofensiva.
Como hacía un momento: el pase de Lu Chen, el tiro de Lin Yang, y luego el rebote de Xiang Jia. No hubo un solo error. Todo estaba dentro de su cálculo.
Las dos canastas iniciales marcaron el tono del partido. Desde entonces, la cancha parecía pertenecer al equipo de Economía.
Lu Chen marcaba el ritmo con maestría, y sus cuatro compañeros se acoplaban a la perfección, encadenando una anotación tras otra.
Mientras tanto, el equipo de Telecomunicaciones, pese a contar con un jugador tan fuerte como Tan Fei, empezó a resentirse. Los fallos del inicio pesaron en la mente; recuperar la posesión era cada vez más difícil, y varios tiros errados hicieron que la diferencia en el marcador se ampliara con rapidez.
Cuando el primer cuarto entraba en sus últimos segundos, Lu Chen volvió a tener el balón. Era casi la misma situación que antes, salvo que esta vez el pase exterior fue para Zhuo Yiran.
El equipo rival, curtido y acostumbrado a los primeros lugares, no carecía de capacidad de análisis. Ya habían aprendido la lección del rebote anterior, y todos estaban en máxima alerta para evitar que se repitiera.
Zhuo Yiran repitió la jugada: varias fintas, cambió de dirección, y saltó a lanzar desde la línea de tres. Bajo el aro, todos estaban listos. Tan Fei, en persona, se había colocado allí, y saltó antes que nadie para tomar el rebote—
Pero contra todo pronóstico, el balón no tocó el tablero. Entró limpio, directo en la canasta.
El rostro de Tan Fei se congeló en una expresión de incredulidad.
Lin Yang era un anotador fiable con un porcentaje altísimo, y aun así, en esa misma situación, ni siquiera un alfa podía garantizar un acierto. Que lo lograra un beta parecía una arrogancia absurda.
Pero Zhuo Yiran lo hizo.
Al notar la serenidad en los rostros del equipo contrario, Tan Fei comprendió que ese acierto no había sido suerte. Todo volvía a estar bajo el control de Lu Chen.
Su mirada se posó de nuevo en Zhuo Yiran.
No solo habían subestimado a Lu Chen, sino que también habían despreciado demasiado a ese beta que, en teoría, debía ser del montón. En el instante en que el balón cayó al suelo, el silbato del árbitro sonó: terminaba el primer cuarto.
El estadio rugió con una ovación ensordecedora. Zhuo Yiran escuchó con claridad su nombre en los gritos. Pero no tuvo tiempo de reaccionar. Instintivamente giró la cabeza hacia la persona que le había pasado el balón.
Lu Chen seguía allí, erguido y apuesto. A pesar del esfuerzo físico, se mantenía sereno, con una expresión tranquila mientras lo observaba.
Al cruzar miradas, Lu Chen levantó apenas la comisura de los labios, dibujando una sonrisa tenue, casi imperceptible. Como si esa sonrisa existiera únicamente para que Zhuo Yiran la viera.
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