Capítulo 70 – El hombre de vino y deseo
Después de la premiación, tras varias rondas de fotos caóticas, cuando todo terminó por completo ya era pasada la medianoche.
—Todos trabajaron duro estos días —dijo Ming Yu cuando el gimnasio ya estaba casi vacío—. Pedí un lugar para comer algo, y esta noche, nadie se va sobrio.
—¡Gracias, senpai!
—¡Gracias, gerente!
—¡Nadie se va sobrio!
Entre vítores y risas, el grupo salió del gimnasio en pequeños grupos.
Ming Yu había reservado un restaurante de hot pot cerca de la universidad, así que decidieron ir caminando.
Como capitán, Lu Chen caminaba instintivamente al final del grupo, con Zhuo Yiran a su lado. No habían avanzado mucho cuando Lu Chen dijo de repente:
—Ya no hay nadie.
—¿Ah? —Zhuo Yiran parpadeó, sin entender.
Lu Chen levantó un dedo y se señaló la mejilla.
—…¿Todavía te acuerdas de eso? —Zhuo Yiran soltó una risa entre divertida y exasperada—. Solo era una broma.
Lu Chen lo miró de reojo, con los labios apretados, y luego apartó la cabeza.
Zhuo Yiran miró hacia adelante, donde Lin Yang y Zhou Lulu caminaban charlando animadamente, y murmuró:
—Además, ellos también son personas, ¿no?
Lu Chen siguió sin responder, bajando lentamente la mirada.
Él ya era atractivo de por sí, y normalmente tenía ese aire altivo e inalcanzable; pero cuando mostraba esa expresión de leve tristeza, producía un contraste tan grande que parecía una princesa caída en desgracia, forzada a ser una Cenicienta.
Zhuo Yiran no soportaba verlo así. Sin pensarlo más, apretó los dientes, se inclinó y le dio un beso rápido en la mejilla.
Apenas lo hizo, apartó la mirada con brusquedad, sin atreverse a mirarlo a la cara, fingiendo una arrogancia descarada, como si acabara de hacer algo indecoroso:
—¿Contento ahora?
—No probé el sabor —respondió Lu Chen con calma.
Zhuo Yiran se quedó perplejo, y un segundo después entendió que se refería a lo que había dicho al final del tercer cuarto. Enrojeció hasta las orejas.
—¿Por qué tienes que ser tan descarado? —protestó con frustración—. ¿No me digas que te anotaste en un curso avanzado de sinvergüenzas?
—¿Y quién de los dos es el sinvergüenza? —replicó Lu Chen.
—…Está bien, está bien, ya no haré más tonterías —Zhuo Yiran suspiró—. ¿Contento ahora?
Lu Chen no lo detuvo, pero tampoco respondió. Solo volvió a mostrar esa expresión tan triste, como si hubiera sido él el ofendido.
Zhuo Yiran ya no sabía qué hacer. Al final, y movido por la culpa, miró alrededor: Lin Yang y Zhou Lulu seguían conversando animadamente, y no había nadie más cerca. Así que, decidido, tomó el rostro de Lu Chen entre sus manos y le dio un beso rápido en los labios.
No esperaba que Lu Chen comentara con tono neutro:
—Demasiado rápido.
—… —Zhuo Yiran, de temperamento impaciente, casi explotó. Ya sin pensar, pasó los brazos alrededor de su cuello y lo besó de verdad.
Zhuo Yiran no tenía experiencia alguna en ese tipo de cosas, ni el talento natural de Lu Chen. En las pocas veces anteriores, siempre había quedado pasivo, siguiendo el ritmo que el otro marcaba.
Pero esta vez, Lu Chen no se movió. Era como si lo estuviera poniendo a prueba.
Eso lo irritó aún más, y, sin querer rendirse, se armó de valor y dejó que la punta de su lengua temblorosa rozara los labios de Lu Chen.
Antes de lograrlo, un grito ahogado sonó frente a ellos —sin duda, la voz de Zhou Lulu.
Zhuo Yiran se quedó petrificado y giró bruscamente la cabeza. Lin Yang y Zhou Lulu, que iban adelante, se habían detenido y los miraban: ella con emoción, él con horror.
—¡Por favor! ¿Pueden no…? —alcanzó a decir Lin Yang antes de que Zhou Lulu lo arrastrara a la fuerza.
Desde la distancia todavía se escuchó su voz:
—¡Pago por un par de ojos que no hayan visto nada!
—¡Nadie te pidió mirar! —le gritó Zhuo Yiran, furioso.
Y, refunfuñando en voz baja, añadió:
—Tienen cara para burlarse, si ya están marcados como pareja de por vida…
Pero al pronunciar la palabra marcados, sintió de nuevo el calor subiéndole al rostro. Sin querer, miró a Lu Chen.
El otro tenía las comisuras de los labios levemente curvadas. No solo no parecía avergonzado, sino que además se veía abiertamente divertido, como si lo estuviera tomando el pelo.
—Todo es tu culpa —Zhuo Yiran estaba cada vez más furioso—. Eres un maldito pervertido.
—Aún no probé el sabor —respondió Lu Chen con toda calma.
—… —Zhuo Yiran se quedó completamente sin palabras.
—Te lo dejaré pendiente —dijo Lu Chen.
Entre bromas y discusiones, pronto llegaron al restaurante de hot pot. Aunque ya pasaba de medianoche, el lugar seguía lleno de clientes.
El grupo completo —jugadores, personal y algunos familiares— era bastante numeroso. Por suerte, Ming Yu había tenido la previsión de reservar un gran salón privado.
En la etapa final del torneo, el ritmo de los partidos había sido muy intenso y la presión del entrenamiento alta, así que todos los jugadores habían estado bajo estricta prohibición de fumar o beber. Ahora, apenas se sentaron, ni siquiera habían encendido las ollas cuando ya todos tenían una botella de cerveza en la mano.
Lu Chen no era amante del alcohol ni de las charlas vacías. Después de brindar con ellos una vez, los dejó a su aire. No había partidos a la vista, y esa noche, con el campeonato en mano, decidió dejar que disfrutaran sin límites.
Sin embargo, cuando vio a Zhuo Yiran vaciarse una botella de cerveza de un solo trago, no pudo evitar tirar de él suavemente.
—Tómalo con calma, no vuelvas a pasarte.
—¿Y qué tiene de malo pasarme? —Zhuo Yiran, con un poco de alcohol en la cabeza, hablaba sin filtros—. ¿No quieres aprovechar la oportunidad para que pase algo?
De inmediato, en la mesa estallaron risas y silbidos.
—¡Cuñada, qué fogoso estás! —Lin Yang, que ya había bebido más que Zhuo Yiran, tenía el cuello completamente rojo y hablaba sin pensar—. Capitán, ¿no me digas que tú no puedes?
—No sabes nada —replicó Zhuo Yiran antes de que Lu Chen pudiera responder—. Es que últimamente hubo demasiados partidos, y el capitán se preocupa por mí.
Entre las carcajadas, los brindis y el ruido de vasos chocando, el único que mantenía la compostura, Lu Chen, solo pudo desviar la mirada resignado.
Pero no pasó mucho antes de que Zhuo Yiran se acercara otra vez.
—En realidad, no tengo tan mal aguante con el alcohol —dijo con aire serio—. La otra vez me afectó porque el trago era demasiado fuerte.
—Ajá —gruñó Lu Chen sin ganas.
—Esta vez solo tomaré un poquito, de verdad —levantó tres dedos solemnemente—. Si me paso, soy un perrito.
Lu Chen lo miró y pensó que, con esa cara y actitud, ya lo parecía bastante.
La primera caja de cervezas no duró mucho, y enseguida pidieron más. Esta vez ni siquiera querían cerveza: optaron por los “tragos especiales” del local, una mezcla de varios licores fuertes que juntos pegaban más que cualquier bebida pura. Estaba claro que aquella noche nadie planeaba irse sobrio.
Todos sabían que a Lu Chen no le gustaban esos ambientes, así que centraron su atención en emborrachar a Zhuo Yiran.
Pero, para sorpresa general, Zhuo Yiran cumplió su palabra y rechazó todas las copas con gesto elegante.
—Cuñada, este trago es una maravilla —dijo Zhong Han, amante del alcohol, casi con pasión—. Te lleva al cielo con una sola copa, y ni resaca ni lagunas al día siguiente. Es una oportunidad única, ¿de verdad no lo probarás?
Zhuo Yiran pensó que Zhong Han era un vendedor nato: todo lo que salía de su boca sonaba convincente, y por un momento, su determinación empezó a tambalearse.
Pero al ver de reojo a Lu Chen, terminó negando con la cabeza.
—Mi familia es muy estricta, mejor lo dejo así.
—La próxima vez salimos a escondidas a tomar —dijo Lin Yang, levantando un vaso de cóctel especial y dándole una palmada en el hombro—. Que no se entere.
—¿Te atreves? —la voz fría de Lu Chen cortó la conversación.
—No sabes lo que pasa después de beber… —murmuró Lin Yang, luego bufó—. Olvídalo, Lu Chen, eres un tipo sin sentido del humor.
El comentario, con su tono ambiguo, hizo que Zhuo Yiran se sonrojara de inmediato. Cuando los demás se alejaron con sus copas, Lu Chen se inclinó hacia su oído y dijo:
—No es que no quiera que bebas, solo me preocupa que te hagan beber de más.
—Está bien, no beberé —respondió Zhuo Yiran, sin saber si trataba de tranquilizar a Lu Chen o a sí mismo—. De todos modos, no soy ningún borracho. A decir verdad, no me gusta el sabor del alcohol… solo me gusta…
Levantó la vista hacia Lu Chen y sonrió tontamente.
Cuando bebía, aunque no estuviera borracho, el color subía enseguida a su rostro. Pero a diferencia de los demás, no se le ponía toda la cara roja, sino solo una pequeña mancha en los laterales de la nariz, lo que le daba un aire ingenuo y encantador.
Cuando sonreía, aún más: su piel blanca se teñía con un toque de rubor, y sus ojos, brillantes y claros, reflejaban completamente a Lu Chen.
El corazón de Lu Chen dio un leve vuelco, y por un instante, se arrepintió de haberlo detenido antes.
Pero su sentido de la rectitud lo hizo apartar el pensamiento. Desvió la mirada, sacó algo del hot pot y lo sirvió en el plato de Zhuo Yiran.
—Come un poco, si no, se te subirá el alcohol.
Zhuo Yiran obedeció, bajando la cabeza para comer, aunque de reojo seguía mirando con envidia a los que seguían bebiendo. Sin querer, se lamió los labios.
Lu Chen lo observó un momento y suspiró.
—Si de verdad quieres, prueba un sorbo.
Los ojos de Zhuo Yiran se iluminaron de inmediato, aún más que antes.
—¡Sabía que eras el mejor, Lu-ge!
Lu Chen le lanzó una mirada resignada, y por primera vez comprendió que todos los hombres caían por los mismos vicios: unos por el alcohol, otros por el deseo.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.