Capítulo 7 | Lluvia lúgubre incesante, fantasmas caminan de día

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Fu Yan solo escuchó de pasada el alboroto antes de regresar al interior de la habitación. Ató obedientemente su holgada túnica exterior para cubrir bien su pecho, enderezó sus botas aplastadas y se las puso como es debido.

El clamor afuera se desvaneció gradualmente, al parecer dispersado por los sirvientes.

Cuando Fu Yan, ya vestido de forma impecable, se dirigía hacia las afueras de la residencia, el monje acababa de regresar. Los dos se encontraron frente a frente, intercambiaron una mirada indiferente y pasaron rozando sus hombros.

Tras abandonar su alojamiento, Fu Yan caminó a solas por la calle principal de la ciudad de Jinyou. Le gustaba pasear por allí y comprar pequeñas baratijas del mundo mortal.

Justo cuando fijó su atención en una flauta de bambú púrpura finamente elaborada, un mercader rechoncho, vestido con ropas lujosas se acercó y empezó a hablar de negocios con el dueño de la tienda.

Haciendo girar en su mano la flauta que había elegido, Fu Yan vio que ambos hombres estaban inmersos en su charla, así que no los interrumpió y simplemente dejó una pieza de plata rota sobre el mostrador.

Un shichen después, el cielo que debía estar completamente despejado se llenó de nubes negras que se arremolinaron, cambiando drásticamente en un instante. Las densas nubes se movieron a toda velocidad, ocultando el sol del día y sumiendo al cielo y la tierra en la penumbra. Un viento feroz levantó arena fina y, de repente, rugió con furia.

Un relámpago estruendoso sacudió de golpe todas las direcciones. De pie en el patio, Fu Yan no pudo evitar estremecerse, y las yemas de sus dedos temblaron a la par.

La lluvia torrencial cayó sobre él de golpe, empapando sus ropas en un par de segundos. Su mirada era profunda, sus pupilas de un rojo carmesí; la sangre aún goteaba de las yemas de sus dedos, diluyéndose rápidamente por la lluvia implacable. Cayó otro trueno furioso. Pareció reaccionar en ese momento, pero su cuerpo ya temblaba violentamente sin control; el miedo a los relámpagos le calaba hasta los huesos.

Justo en ese momento, la lluvia que caía sobre su cabeza fue bloqueada de repente.

Se volvió de golpe y descubrió que el monje estaba de pie detrás de él sin saber desde cuándo. Su trascendental túnica color luna1 estaba empapada, y sostenía un paraguas de papel aceitado, cubriéndolo con una expresión apacible.

El horror en los ojos de Fu Yan se resistió a desaparecer durante mucho tiempo, olvidando incluso cómo hablar. Detrás de él, todos los miembros de la familia del rico mercader, jóvenes y viejos, habían caído en la inconsciencia, incapaces de emitir el menor sonido. En cuanto al mercader, el corazón de su pecho había sido completamente arrancado.

—Tú… —Fu Yan tardó mucho tiempo en organizar sus pensamientos y recuperar el habla, y luego preguntó—: ¿Cómo me seguiste hasta aquí?

—Esta vez olvidaste ocultar tu aura.

Fu Yan se quedó atónito al principio, luego soltó una risa baja para sí mismo. Sabiendo que era inútil esconderse, habló de manera franca y directa:

—Realmente has mejorado bastante en todos estos años.

Antes de esto, Liao Xuan verdaderamente no había sospechado de Fu Yan.

No fue hasta que notó que Fu Yan salía tres días seguidos, regresando siempre con las manos vacías, que poco a poco empezaron a nacer las dudas en su interior. Recordó que los días en que el demonio se recuperaba de sus heridas en Lanruo, coincidieron exactamente con los días en que la ciudad de Jinyou estuvo libre de desgracias, y además, la reaparición de los crímenes coincidió con su viaje de retorno. Por si fuera poco, resultaba sospechosa la misteriosa sombra cian que había aparecido un par de veces frente a Liao Xuan sin mostrar ni un ápice de intención asesina.

Solo había una explicación lógica: el asesino era el mismo Fu Yan. Para evadir la implacable tribulación celestial que lo perseguía, había huido despavorido a la montaña Tianyu, deteniendo temporalmente sus atrocidades. En cuanto a las recientes víctimas en la ciudad de Jinyou que el monje no pudo salvar a tiempo, fue debido a que ya habían sido asesinadas a plena luz del día. La sombra cian solo era un señuelo para atraerlo. Cegados por ideas preconcebidas debido a los rumores, todos asumieron por error que los asesinatos solo ocurrían de noche.

Por lo tanto, por mucho que el monje vigilara, solo estaba custodiando cadáveres que ya se habían enfriado.

—Tal vez no debí salvarte.

El monje dejó escapar un profundo suspiro. Aún sostenía el paraguas y sus ojos carecían de su calidez habitual, mientras las cuentas de oración en su muñeca destellaban con luz búdica bajo la lluvia.

—Te arrepientes… ¿Acaso pretendes subyugarme? —Fu Yan lo fulminó con sus pupilas rasgadas. Al ver que el otro no respondía, pareció enfurecerse de repente. Esos ojos de bestia, que antes se mostraban claros, revelaron crueldad, y se burló de él palabra por palabra—: Esta expresión me resulta tan familiar.

Era evidente que estaba furioso, pero aun así sonreía mostrando los dientes. Sus ojos enrojecieron, dejando entrever un odio abrumador que había ocultado durante mucho tiempo, así como una ferocidad arrogante que estaba grabada a fuego en sus huesos.

Fu Yan apretó los dientes lentamente y sentenció:

—¡¡Tal vez ya lo hayas olvidado, pero sabes exactamente por qué… he caído hasta este punto!!

Dicho esto, extendió abruptamente la mano. Su aura asesina se elevó y las yemas de sus dedos se transformaron en afiladas garras.

El trueno celestial resonó una vez más seguido del relámpago, rasgando el cielo lúgubre e iluminando en el patio a aquellos dos, el monje y el demonio, empapados por la lluvia.

Notas del Traductor

  1. En la paleta de colores tradicionales chinos, el “color luna” no es un blanco tiza ni un blanco puro y plano. En realidad, hace referencia a un blanco plateado o un blanco con un levísimo tinte azul hielo, imitando el resplandor frío y etéreo que proyecta la luna en la noche.
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