—Doctora Lu, ha llegado el señor Xu.
La enfermera de recepción abrió la puerta. Xu Shu entró y Lu Sijia lo examinó de arriba abajo:
—Tiene buen aspecto. Mucho mejor de lo que imaginaba.
—Son problemas de los que ya hemos hablado mil veces, no merecen la pena para venirse abajo.
Lu Sijia se sentó en el sofá y le palmeó el sitio a su lado. Durante las consultas, solía mantener una distancia social cercana con el paciente, para darle una señal psicológica activa y amistosa que favoreciera la comunicación posterior.
Xu Shu se sentó y presionó ligeramente el cojín con los dedos:
—¿Ha cambiado el sofá?
—Sí, lo traje de Italia. ¿Qué tal la textura?
—El grano es fino, al tacto es firme pero suave a la vez. ¿De ternera?
Lu Sijia sonrió con los ojos entornados:
—Como siempre, entiendes de calidad.
Xu Shu recorrió la estancia con la mirada:
—También ha renovado la oficina.
—Claro. ¿Cuándo fue la última vez que vino? —Lu Sijia mostró un número con los dedos—. Hace siete años. Tu querida hermana mayor ya ha pasado de cobrar 500 a 5000 por consulta. El entorno de trabajo también tenía que subir varios niveles.
Xu Shu sonrió:
—Vale. Empecemos a contar el tiempo ahora.
Lu Sijia se negó. Ella y Xu Shu habían sido alumnos del mismo maestro, y el profesor Qi lo apreciaba mucho. Cuando él le encomendó a Xu Shu, le prometió que si lograba curarlo, le daría una carta de recomendación para una institución de primer nivel nacional. Si no fuera por él, Lu Sijia no sería quien es hoy.
Cogió la hoja de registro, encendió la grabadora y la consulta comenzó oficialmente. El propio Xu Shu se dedicaba a la investigación psicológica y había hecho los deberes: anotó todas las anomalías de los últimos tiempos en el bloc de notas y se lo entregó a Lu Sijia.
Lu Sijia lo revisó con detenimiento. Al ver que Xu Shu solo había aparecido dos veces, preguntó:
—¿Antes no se daba cuenta o, aunque lo notaba, lo ignoraba a propósito?
Xu Shu lo pensó con atención y respondió:
—Supongo que no me daba cuenta.
—Es normal. Aunque usted es muy sensible, Xu Shu es un niño muy cuidadoso. Si actúa con sigilo, no es fácil percibirlo.
—Sí. Tiene miedo de que me enfade. En estos siete años nunca ha aparecido durante el día.
—¿Seguro?
—Seguro. No tengo ninguna laguna de memoria anómala.
Lu Sijia repasó el bloc de notas y observó que un nombre aparecía con frecuencia. Lo rodeó con el bolígrafo:
—Lu Jingxian, ¿quién es?
—Mi asistente. Un viajero del alma.
Hizo girar el bolígrafo entre sus dedos:
—En las dos transiciones de personalidad, él estaba presente. ¿Cree que es casualidad o coincidencia?
—No.
—Entonces, ¿puedo entenderlo así: a Xu Shu le gusta bastante y quiere acercarse a él?
—Sí —asintió Xu Shu.
—¿Y cómo es su asistente?
Al pensar en Lu Jingxian, una expresión compleja cruzó los ojos de Xu Shu. Tras un momento de silencio, dijo lentamente:
—Tiene rasgos agradables, una mente sana, una personalidad luminosa y extrovertida; además, posee tanto inteligencia como inteligencia emocional. Estar con él resulta muy cómodo. Es el típico ENFP (*): seguro de sí mismo, optimista y emocionalmente expresivo; no guarda rencor con facilidad y además sabe cuidar muy bien de los demás. Que Xu Shu se sintiera atraído por él es algo completamente normal.
(*) ENFP es uno de los 16 tipos de personalidad del indicador MBTI (Myers-Briggs Type Indicator). Las siglas significan:
E — Extrovertido (Extraverted)
N — Intuitivo (iNtuitive)
F— Emocional o sentimental (Feeling)
P— Perceptivo (Perceiving)
Cuando el texto dice que Lu Jingxian es “el típico ENFP”, está describiéndolo como alguien que suele tener estas características: * sociable y expresivo; * optimista y energético; * emocionalmente cálido; * espontáneo y flexible; * empático y atento con los demás; * capaz de crear una atmósfera cómoda y relajada.
—Por lo que se ve hasta ahora, se ajusta muy bien a los gustos de Xu Shu, por eso aparece con más frecuencia por él.
—Sí.
—¿Y la reacción de Lu Jingxian? Ha estado en contacto con Xu Shu, ¿qué opinión te ha dado?
Xu Shu apretó el puño derecho y en sus ojos se encendió una chispa de enfado: —Él ha decidido ocultarlo y no me ha revelado nada.
—¿Lu Jingxian también es del campo de la psicología?
—No.
—Entonces, cuando se encontró con un cambio de personalidad, debió de sentir sorpresa y desconcierto, pero no te dijo nada a ti, la personalidad principal —Lu Sijia hizo una pausa—. ¿Entre él y Xu Shu ha llegado a haber contacto físico?
—Puede que haya habido conductas sexuales de tipo marginal, pero no relaciones sexuales —dijo Xu Shu frotándose el entrecejo—. Lu Jingxian no es un hombre promiscuo, y sumado a la presión que le he puesto, es posible que no desarrolle sentimientos especiales hacia Xu Shu.
—¿Entonces entre ellos existe una relación de intereses?
—Sí. Eso es lo que creo—. Xu Shu se enderezó de golpe, elevando el tono de voz—. Lu Jingxian guarda un gran secreto, y yo lo estoy investigando. Y Xu Shu, para colmo, siente por él ese tipo de emociones absurdas. ¿Acaso sabe él lo que es el cariño? No es más que un niño inmaduro. Ingenuo, estúpido y con la boca sin freno, incapaz de distinguir las verdaderas intenciones de la gente.
Fuera de control por las emociones, sus mejillas se tiñeron de rojo por la excitación, color que se extendió hasta el borde de las orejas: —Si Lu Jingxian, para conocer mis pensamientos, le ofrece un falso valor emocional, Xu Shu, siendo tan ingenuo, para ganarse su favor, acabará contándole todo lo que sabe.
A su lado, Lu Sijia permanecía muy tranquila, como si aquello no le sorprendiera. Puso una mano en la rodilla de Xu Shu y la palmeó suavemente, luego se levantó para servirle un vaso de agua caliente y que se calmara un poco.
La consulta quedó interrumpida temporalmente.
—¿Ya estás mejor?
Xu Shu sostenía el vaso de agua, con la cabeza gacha, en silencio. Lu Sijia lo reconfortó con voz suave: —A Shu, cada vez que surge algo relacionado con Xu Shu pierdes el control. ¿Lo has olvidado? Él es una personalidad protectora. El propósito de su existencia es protegerte, no ir en contra de tus deseos.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué piensas que ahora puede convertirse en una personalidad persecutoria?
Las enfermedades mentales son diferentes de las lesiones orgánicas del cuerpo, que pueden diagnosticarse con precisión mediante métodos científicos. Para que un psicólogo comprenda la enfermedad, la entrevista clínica es la mejor vía. Los relatos de los pacientes suelen ser muy subjetivos, y cuando están inestables, la información que obtiene el médico también puede ser errónea.
Lu Sijia continuó: —Dicho de otro modo, lo que ha ocurrido no es la aparición de una personalidad nueva.
—Antes le preocupaba enfadarme, así que solo se atrevía a salir a escondidas y procuraba que no me diera cuenta. Pero ahora se arriesga a ser descubierto con tal de ver a Lu Jingxian—. Xu Shu entrelazó los dedos con fuerza hasta que los nudillos se le volvieron blancos—. Hermana mayor, la edad de la personalidad secundaria no crece, pero su estado psicológico y su conciencia de comportamiento sí cambian. Lleva tantos años sintiéndose odiado por mí y sin poder usar el cuerpo, y ahora quizá ya me guarda rencor.
Lu Sijia se quedó pensativa.
Siete años atrás, cuando entrevistó a Xu Shu, él mismo le dijo que Xu Shu era una “personalidad protectora”, nacida para protegerlo. Siete años después, ahora teme que esa personalidad actúe en su contra. Sin duda, algo había cambiado.
—A Shu, ¿te importaría que hablara un rato con Xu Shu?
Lu Sijia cogió el teléfono interno para pedir que prepararan la sala de hipnosis. Pero Xu Shu le sujetó la mano y negó lenta pero firmemente con la cabeza.
—¿No quieres que me vea con Xu Shu? —preguntó Lu Sijia, sorprendida.
—Que sea la próxima vez —dijo Xu Shu levantándose—. Antes de que ustedes dos hablen formalmente, primero hablaré yo con él.
Ante la negativa del paciente, la psicóloga no podía acceder a la otra personalidad. Además, visto su estado, la consulta no podía continuar.
Lu Sijia dispuso que le hicieran a Xu Shu análisis complementarios: hemograma, bioquímica, resonancia magnética… Cuando estuvieran los resultados, se los enviaría todo por correo. Xu Shu salió por la puerta, y en lo alto de las escaleras hizo una leve inclinación: —Hermana mayor, no le diga nada al maestro, no quiero que se preocupe.
—Está bien —asintió Lu Sijia, y suspiró—. En esta sesión tampoco he podido ayudarte mucho. Lo siento. Ya buscaremos otro momento.
—Me ha ayudado mucho—. Xu Shu esbozó una sonrisa amarga—. Necesitaba un desahogo. Aparte de usted y del maestro, no tengo a nadie más con quien poder hablar de esto.
Lu Sijia sintió un dolor profundo. Xu Shu no solo era su paciente; por compartir el mismo maestro, era casi como un hermano menor para ella. Lo abrazó con fuerza y le dio suaves palmadas en la espalda: —Prométeme que en cuanto aparezcan síntomas negativos te pondrás en contacto conmigo. No intentes solucionarlo tú solo, ¿me oyes?
—Sí, lo sé. Tampoco quiero volver a aquel mal estado.
¡Crack!
La barra de pesas cayó sobre la colchoneta. Lu Jingxian se secó el sudor y le dijo a su nuevo compañero de gimnasio: —Hermano, ¿cuántas series te quedan?
—Dos.
—Pues ya casi terminas. ¿Vamos a tomarnos algo al acabar?
Lu Jingxian iba a asentir, pero de repente recordó que vivía en casa ajena y que allí le esperaba Xu Shu. Cogió el móvil: —Déjame preguntar si puedo. Si dice que sí, vamos.
Le envió un mensaje a Xu Shu, diciéndole directamente que cenaba fuera y que llegaría más tarde. Recibió la fría respuesta de Xu Shu: 【No puedes】.
【Lu Jingxian: ¿Qué diferencia hay entre pedir comida a domicilio y volver a casa después de haber cenado fuera?】
【Xu Shu: En casa hay comida】.
Esa frase fue como una pluma que le rozó suavemente el corazón: cosquilleo agradable y una punzada de alegría.
Lu Jingxian cogió su vaso de agua y declinó la invitación: —Otro día. Voy a comer a casa.
Su compañero de gimnasio sonrió con picardía: —¿Cómo? ¿Que te tomes unas copas y tu mujer no te deja? Vaya vidita más triste que te pegas, ¿no?
—No es eso —dijo Lu Jingxian. La sonrisa que se le dibujaba en los labios no habría podido ocultarla ni con un AK (*)—. Ya tiene la comida hecha, y no le haría justicia no volver.
(*)El “AK” hace referencia a un fusil AK-47, y proviene de un meme muy popular en internet chino: Se usa para describir a alguien que está tan feliz, enamorado o complacido que no puede contener la sonrisa. La idea humorística es que ni siquiera un rifle AK podría “bajarle” la sonrisa.
De camino a casa, se desvió a una tienda de comidas preparadas: compró media ración de ganso añejo, unas cuantas alitas y patas de pato, y como sabía que a Xu Shu le gustaban las verduras, también compró un bol de ensalada variada.
Al llegar a casa, Lu Jingxian entró rápidamente: —¿Has esperado mucho?
Xu Shu estaba sentado en el sofá, apoyándose la cabeza con la mano: —No mucho.
—He comprado unas cosas —dijo Lu Jingxian mientras se dirigía al comedor. La mesa estaba vacía. ¿Y la comida?
—En la cocina —dijo Xu Shu.
—Pues voy a servirla.
Lu Jingxian entró en la cocina y lo único que encontró fue una cesta llena de verduras de hoja verde sin procesar. Abrió la nevera: en el estante superior había un pollo desplumado. Buscó por todas partes, pero no halló nada que pudiera comerse directamente.
Volvió a salir: —¿A eso le llamas “en casa hay comida”?
Xu Shu lo miró con extrañeza: —¿Acaso todo eso que hay en la cocina no es comida?
«…» Una y otra vez, repetido hasta la saciedad, Lu Jingxian se cuestionó: ¿Qué demonios esperabas, en realidad?
Ya había indicios: por lo nuevo que estaban la encimera y la campana extractora, se podía deducir perfectamente cómo eran los días que pasaba Xu Shu en su casa, ajeno por completo a las tareas mundanas.
—Quiero comer apio salteado y pollo tierno guisado con habas —el gran señor Xu no solo no cocinaba, sino que encima encargaba el menú.
Lu Jingxian miró el reloj con desgana: —¿Pero qué hora es? Guisar un pollo tierno no da tiempo. Si querías comer eso, tendrías que haberlo dicho antes.
—Pues ya sé que la próxima vez te lo diré antes. Ya que has comprado comida preparada, haz solo el apio salteado—. Xu Shu se dio la vuelta y se fue.
Lu Jingxian reaccionó de repente y se dio mentalmente una bofetada: ¡Otra vez me estoy cavando mi propia tumba!
Aunque el reparto de las tareas domésticas parecía muy severo, después de cenar, Xu Shu tomó la iniciativa de fregar los platos.
—Oye, ¿ya has terminado? —Lu Jingxian cogió un trapo. Xu Shu se secó las manos—: Te doy un ejemplo. De ahora en adelante, hazlo con este mismo nivel.
Como era temprano aún, Lu Jingxian se sentó en el sofá y puso la retransmisión de un creador de contenido de videojuegos. Se entretenía con las alitas y patas de pato que habían sobrado mientras veía el directo. Xu Shu cogió un libro con la mano derecha y posó la mirada en la mesa baja: —¿Acabas de cenar, no?
—Sí. ¿Y qué? —Lu Jingxian se apartó unos centímetros—. ¿Quieres un poco? Esto no llena.
Xu Shu negó con la cabeza y se sentó en el otro extremo del sofá, abriendo su libro. Lu Jingxian le echó un vistazo: el título de la portada ya daba dolor de cabeza. ¿No iba a tener mala digestión leyendo eso nada más cenar?
Llevaban menos de cinco minutos en paz cuando Xu Shu dijo: —Tu móvil y tu boca: baja el volumen de los dos.
Lu Jingxian se levantó a recoger la bolsa. Justo acababa de comer, así que se iba a duchar enseguida, sin molestar ni un segundo más.
—Espera —lo detuvo Xu Shu—. ¿Qué tal fue lo de la comisaría de Beixu?
Lu Jingxian le informó puntualmente de lo ocurrido por la tarde.
En el distrito de Beixu habían ocurrido dos casos recientemente. Las dos víctimas eran viajeros del alma y ambas se habían suicidado sin causa aparente. Por eso habían recurrido a la Administración Judicial Sustituta, para que consultaran sus registros de evaluación y su situación durante el período de supervisión.
—Otro suicidio más —murmuró Xu Shu para sí mismo. Sacó el móvil y rebuscó en sus archivos. Descubrió que ese ya era el vigésimo tercer caso de suicidio de un viajero del alma ocurrido en la ciudad de Jiangzhou en los últimos seis meses.
Actualmente, el número total de transmigradores de alma registrados en Jiangzhou asciende a 17.850 personas. Solo este año se han añadido 1.436 nuevos casos, y todavía hay 2.975 transmigradores bajo período de supervisión. Desde que la normativa se implementó oficialmente hace cinco años, la cifra anual de suicidios ha rondado el 5 %, una tasa muy superior a la de otras ciudades de la provincia. En todo el país, aparte de Pekín, Shanghái, Cantón y Shenzhen, Jiangzhou es la ciudad con la situación más grave.
Según el análisis de los psicólogos, el ritmo acelerado y la enorme presión de la vida en las grandes ciudades, sumados a la mala adaptación de los transmigradores al nuevo mundo, actúan conjuntamente y provocan que muchos no logren integrarse, llegando incluso a considerar el suicidio como una forma de liberación.
—¿Cuándo terminaron los períodos de supervisión de los dos fallecidos, respectivamente? —preguntó Xu Shu.
—Uno en mayo del año pasado y otro en enero de este año —respondió Lu Jingxian, rascándose la mejilla—. El que fue conmigo es Wang Zhe. Dice que no es extraño que un viajero del alma se suicide en cualquier momento, y las razones son muy variadas. Incluso una falta de sentido de pertenencia puede llevarlo al suicidio.
—Eso es cierto, pero no deja de parecerme demasiado frecuente —dijo Xu Shu, golpeando ligeramente el respaldo del sofá con el índice—. Envíame sus expedientes. Los revisaré antes de dormir.
Después de ducharse, Lu Jingxian, mientras se secaba el pelo, le envió los archivos a Xu Shu. Al volver a su habitación, se detuvo ante la puerta del dormitorio y llamó: —Oye, ya te los he enviado.
La puerta de madera se abrió de golpe. Xu Shu iba a reprenderle por cómo llamar con educación, pero al ver su pelo corto erizado después del secador, no pudo contener la risa.
—¿De qué te ríes? —preguntó Lu Jingxian, desconcertado.
Xu Shu apretó los labios, pero su mirada se le iba constantemente hacia arriba. Tieso, erizado, con unos cuantos mechones enhiestos en lo alto. ¿Por qué le recordaba a un perro grande recién salido de la peluquería?
—¡Puf!
«…» Lu Jingxian no decía nada. ¿Qué demonios le pasaba?
Xu Shu tosió un par de veces suavemente y, recuperando la seriedad, dijo: —Por la noche acuérdate de cerrar la puerta con llave. No abras por nada, diga lo que diga o haga el ruido que haga.
—¿Y si es que tienes algo que decirme?
Xu Shu reflexionó unos segundos, dobló el índice y golpeó la hoja de la puerta.
—Toc, toc, toc.
—Salvo con este ritmo, no abras por ningún otro.
Lu Jingxian regresó a su habitación y giró el cerrojo.
Para protegerse de Xu Shu, vaya si se tomaba molestias.
La cortina del dormitorio estaba echada. Xu Shu yacía boca arriba en la cama, con los auriculares puestos sonando ruido blanco de la naturaleza. El cuerpo completamente relajado, vaciaba la conciencia, separándose poco a poco del estado de vigilia.
No se sabe cuánto tiempo después, en medio de la oscuridad, llegó ante una vieja puerta de hierro oxidado. Aquella puerta estaba llena de herrumbre y cubierta de pequeños agujeros densos, como la tapa de una lata de conservas apuñalada con la punta de un cuchillo. Las rendijas estaban selladas con cinta amarilla enmarañada. A primera vista resultaba lúgubre y terrible, provocando un malestar profundo desde el fondo del corazón.
También a Xu Shu, desde que vio aquella puerta, el corazón no dejó de acelerársele. Sus dedos temblaban sin control. Intentó abrir la puerta varias veces, pero en cuanto rozaba el pomo, las manos se le echaban atrás.
No importa. Es el espacio subconsciente. Es seguro.
Tras repetírselo varias veces, Xu Shu por fin reunió valor de una vez y abrió la puerta.
Era un almacén, con una sola ventana pequeña. Las paredes, negras como si hubieran sido ahumadas. El suelo, sucio y caótico, lleno de botellas de agua mineral esparcidas por todas partes. En un rincón había tres cajas de cartón y una pequeña palangana de plástico. En todo el almacén, ni siquiera una cama: no había ni un lugar donde apoyar el pie.
Una figura delgada estaba acuclillada bajo la ventana, con los brazos cruzados sobre las rodillas. Miraba fijamente hacia arriba, absorta, aquel haz de luz de luna que se colaba por la rendija. Su largo cabello le caía sobre los hombros. Sus facciones eran idénticas a las de Xu Shu, solo que con un deje más verde e inocente. Sus grandes ojos, redondos y brillantes. La luna se reflejaba en ellos, transformándose en alas de anhelo.
Cuando la puerta se abrió, giró la cabeza al instante. La emoción en su rostro era incontestable. Corrió descalzo hacia él y lo envolvió en un gran abrazo:
—¡A Shu, has llegado!
Xu Shu bajó la mirada. Levantó las manos y volvió a bajarlas. Al final, le devolvió el abrazo con suavidad.
—Sí, he llegado.
── ⋆⋅☆⋅⋆ ──
Nota del autor:
«Conductas sexuales limítrofes: caricias, abrazos, besos y otros comportamientos previos al sexo».
Síntomas negativos: síntomas deficitarios en psicopatología o neurología causados por daños en el sistema nervioso central, que provocan una disminución o pérdida de funciones normales. En psiquiatría, suelen considerarse síntomas negativos la pobreza del habla, los déficits de atención, el embotamiento afectivo, la indiferencia emocional y el retraimiento social.
Los síntomas negativos son síntomas de déficit, mientras que los síntomas positivos son síntomas “añadidos”, como delirios, fijación de creencias, alucinaciones auditivas o visuales, entre otros. Más adelante, cuando aparezcan casos de este tipo, volveré a explicarlos con más detalle.
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