Desde la última vez que apareció Xu Shu, solo habían pasado tres días. Sostenía esa sonrisa inocente y cariñosa, y sin ningún reparo se sentó a horcajadas sobre Lu Jingxian. Bajó la cabeza y sus miradas se encontraron: “Hermano Jingxian, me daba miedo despertarte, pero quería hablar contigo. ¿No te enfadarás, verdad?”
—Mmm —Lu Jingxian levantó la mano, pero en cuanto rozó el muslo que tenía a un lado, apartó los dedos como si hubiera recibido una descarga—. Levántate primero.
Xu Shu obedeció dócilmente y se sentó de lado, abrazándose las rodillas. Lu Jingxian se recostó en la cabecera de la cama y preguntó:
—¿Cómo es que has salido hoy? Xu Shu no había bebido.
—En realidad no hace falta que se emborrache; con que su conciencia esté relajada, puedo salir—. Xu Shu parpadeó—. ¿Tú querías verme?
Lu Jingxian sonrió, pero no respondió. No sentía ningún afecto especial por Xu Shu, así que tampoco prestaba especial atención a su otra personalidad. Si los comparaba, sin duda Xu Shu, tan dulce y cariñoso, era más fácil de tratar que el otro, al menos no se llevaba cada dos por tres un corte.
—Hermano Jingxian, ¿por qué no dices nada? —Xu Shu se acercó y le tiró del dobladillo—. ¿Es que no quieres charlar conmigo?
—No. Estoy esperando a que hables tú—. Lu Jingxian le alborotó el pelo negro—. Tienes tantas historias que seguro que no acabas en un buen rato.
Xu Shu asintió repetidamente y se tocó el brazo: —Pero he notado que eso no está bien. Charlar es cosa de dos, y si siempre me paso escuchándome a mí solo; ¡debe de ser muy aburrido!.
—Más o menos.
—Hoy cuéntame tú una historia, ¿puede ser? Tengo muchas ganas de oírla.
Lu Jingxian se quedó callado unos segundos, luego sonrió: —Igual no es más que un cuento.
Su vida anterior era como un sueño. Recordaba cada detalle, pero Xu Lingzong le había dicho que eran recuerdos falsos, tejidos con engaños. Además, tras pasar un tiempo en el nuevo mundo, aquel mundo cada vez se hacía más lejano y difuso, así que ahora a menudo dudaba si todo aquello no sería solo “una historia”.
Al ver la mirada expectante de Xu Shu, Lu Jingxian aclaró su garganta:
—De pequeño era muy travieso, y a menudo hacía enfadar a mi madre. En primaria ya me atrevía a saltarme las clases para ir a jugar. Unas vacaciones de verano, fui con unos compañeros a nadar al río. Aquel río era ancho y largo, y cada año se ahogaba más de uno. Nosotros, bien pequeños, allá que nos fuimos, y uno tras otro nos tiramos al agua como patitos.
»En aquel entonces no había móviles. Después de nadar me fui directamente a casa de un amigo, y jugamos hasta que anocheció, solo entonces caí en la cuenta de que debía volver. Pero en mi casa me estaban buscando como locos. Mi madre pensaba que seguía en el río, y lloraba desconsolada en la orilla. Cuando me vio, se abalanzó sobre mí y me abrazó con todas sus fuerzas. Yo creía que me iba a dar una paliza, pero ella me sujetaba como si fuera a caerse de rodillas, y solo pedía que yo estuviera a salvo, que no quería nada más.
Al terminar, se quedó abstraído. Aunque se esforzaba por controlarse, la nostalgia bullía en su interior sin remedio. Los rostros y las voces de los suyos eran tan nítidos y vívidos en su memoria… ¿cómo podrían ser recuerdos inventados?
Cinco dedos se movieron frente a sus ojos: —Hermano Jingxian, ¿en qué piensas?
Lu Jingxian volvió en sí, dijo “en nada”, pero la melancolía en su rostro era imposible de ocultar.
—¿Echas de menos tu casa? —Xu Shu apoyó la cara en la mano—. Puedo entenderlo. Mi hermano y yo nos mudamos varias veces, y vivimos en sitios distintos, pero la casa que más me gusta es donde vivía de pequeño.
—No es lo mismo —dijo Lu Jingxian con una sonrisa amarga—. Ni siquiera sé si eso que echo de menos puede considerarse realmente “hogar”.
Xu Shu no entendía por qué se angustiaba tanto. Se arrodilló en la cama, lo abrazó y quiso consolarlo a su manera: —Puedes contarme cualquier problema que tengas. Te prometo que no dejaré que mi hermano lo sepa.
El cuerpo que se acercó de repente desprendía un calor cálido y atento. Pero precisamente por hacerle esa promesa, Lu Jingxian sintió un cargo de conciencia, como si estuviera haciendo algo malo a espaldas de Xu Shu.
Dejando aparte las apariencias, lo que tenía delante era un “adolescente” con una edad mental de diecisiete años: ingenuo y necesitado de amor, un manojo de vulnerabilidades. Aunque Lu Jingxian no era ningún héroe de la justicia, sí tenía suficiente sentido de la responsabilidad como para proteger a un menor. Apartó suavemente los brazos de Xu Shu, aumentó la distancia y dijo con seriedad:
—¿Sabes que “como esto” es la segunda vez que nos vemos? ¿No te das cuenta de lo peligroso que es?
Xu Shu ladeó un poco la cabeza, con el rostro lleno de perplejidad. Lu Jingxian se frotó la sien con la falange del índice. Lo primero: corregir esa mala costumbre suya de tocar a la gente.
—Siéntate bien, y junta las piernas.
Xu Shu obedeció. Se sentó en el borde de la cama con las manos sobre las rodillas.
—De ahora en adelante, cuando veas a un desconocido, mantén cierta distancia: no menos de un metro. No te acerques por tu cuenta, y si alguien se acerca a ti, aprende a apartarte.
Xu Shu estaba aún más desconcertado: —Pero tú no eres un desconocido…
—Ahora pasamos al siguiente nivel —dijo Lu Jingxian señalándose a sí mismo—. Con alguien a quien conoces, pero no tratas, no menos de medio metro. Por muy bien que estés charlando, nada de contacto físico.
Por fin Xu Shu lo entendió. Frunció el ceño, una tenue niebla empañó sus ojos negros y puso cara de disgusto: —¿Es que te caigo mal?
Lu Jingxian ya se lo esperaba: —No es que me caigas mal, es que tienes que aprender a protegerte. Si le das demasiada confianza a alguien, malinterpretará las cosas y no te hará ningún bien.
—…Ah. —Xu Shu bajó la cabeza y murmuró—. Antes mi hermano también me decía lo mismo. Se quejaba de que soy demasiado despreocupado y no sé medir las distancias. Así que era verdad.
Lu Jingxian suspiró para sus adentros. No podía culpar a Xu Shu; su estado psicológico era inmaduro y apenas trataba con extraños. El pobre Xu Shu también debía de pasarlo mal. Con una personalidad que mantenía a raya a todo el mundo, y la otra que no le cerraba la puerta a nadie… el motivo era evidente.
—¿Te has quedado con lo que te he dicho?
Xu Shu asintió. Lu Jingxian cogió el móvil: casi las tres. Siempre perspicaz, sonrió para despedirse: —Hermano Jingxian…
—Sí, vale.
—Por cierto… —Tenía la costumbre de acercarse a Lu Jingxian, pero levantó la mano a medio camino y la retiró—. Me alegro mucho de haberte conocido.
Cuando Xu Shu despertó, ya había plena luz. Se incorporó. La cama de al lado estaba vacía; Lu Jingxian había vuelto a salir, seguramente a correr por la mañana y aprovechar para traer el desayuno.
Al bajar de la cama para ponerse las zapatillas, Xu Shu miró hacia abajo. La pierna que iba a bajar se quedó en el aire.
La posición de las zapatillas no era la correcta.
La habitación del hotel tenía suelo de baldosas. Él recordaba perfectamente que antes de acostarse había dejado las zapatillas sobre la línea de la tercera baldosa, pero al levantarse estaban en el centro de la cuarta.
Aunque Xu Shu tenía muchas manías, no llegaba a ser tan quisquilloso. Había diseñado esos pequeños detalles a propósito para poder deducir, a través de las mínimas pistas, si Xu Shu había aparecido o no.
La distancia entre las dos camas de la habitación doble no era muy grande, así que no podía descartar por completo que Lu Jingxian se hubiera levantado por la noche, hubiera tropezado con las zapatillas y las hubiera vuelto a colocar bien. Xu Shu se bajó de la cama descalzo, sacó de la maleta una linterna de luz ultravioleta y la encendió.
La noche anterior, antes de acostarse, aprovechando que Lu Jingxian no miraba, había untado un poco de revelador fluorescente en la suela de las zapatillas. En ese momento la habitación ya estaba a oscuras y el revelador no brillaba, pero si alguien caminaba por la habitación, sin duda quedaría rastro.
La luz ultravioleta iluminó el suelo. Desde la línea de la tercera baldosa junto a la cama, apareció una tenue línea verde intermitente que llegaba hasta la cama de Lu Jingxian. Otra línea volvía desde la cama hasta el centro de la cuarta baldosa, justo donde estaban ahora las zapatillas.
Xu Shu apagó la linterna y se quedó de pie en medio de la habitación, con el rostro cada vez más frío.
Detrás de él había un espejo de cuerpo entero. Se acercó e increpó: —¿Arriesgándote a que te descubra solo para salir? ¿Tanto te gusta?
—No lo tengo a mi lado por capricho, ¡es por trabajo! No hagas cosas ingenuas que arruinen mis planes.
La puerta se abrió con la tarjeta. Lu Jingxian entró justo en ese momento y vio a Xu Shu descalzo en el suelo, con el rostro lleno de furia.
A primera hora de la mañana, ¿qué le pasaba ahora a Su Majestad?
—Sí, vale, voy a reorganizar la agenda. Por favor… —No había terminado la llamada cuando Xu Shu se abalanzó sobre él y lo agarró por el cuello de la camisa—. ¡¿Dónde has estado?!
—¿Eh? —Lu Jingxian levantó la mano derecha—. Bajé al comedor a por el desayuno. ¿O es que quieres bajar tú a comer?
—¡Lu Jingxian, ¿qué demonios has estado haciendo a mis espaldas con él?!
Lu Jingxian lo miró desconcertado: —¿Con quién? Si solo bajé un momento… ¿Quién te ha enfadado?
Xu Shu, demasiado alterado para escuchar nada, insistió: —¡Sigues haciéndote el tonto! ¡Se ha subido a tu cama y aún así no sueltas prenda!
—Oye, ¿qué mosca te ha picado? ¡No me hables como si te estuviera siendo infiel! —Lu Jingxian estaba a punto de estallar, pero de repente recordó que la llamada seguía abierta y preguntó rápidamente—: ¿Dígame? ¿Sigue ahí?
Del otro lado, la voz se oyó con evidente incomodidad: —Asistente Lu, lo de la reunión no es urgente en absoluto… mejor ocupe primero de sus asuntos familiares.
Lu Jingxian: «…»
Después de la erupción de ese volcán llamado Xu Shu, este se calmó con rapidez. Ni siquiera interrogándolo así había servido de nada, así que los dos debían de tener muy “buena relación”.
Respiró hondo, soltó el cuello y le arrebató la bolsa del desayuno.
Lu Jingxian se sentó a un lado a rumiar su enfado. Aunque no era rencoroso, también tenía su genio. Y ese ajetreo tan temprano… el poco sueldo que ganaba no le compensaba ni el daño psicológico.
Durante la media hora siguiente, no intercambiaron una sola palabra. Hasta que Xu Shu sacó otra corbata de la maleta: —Ven.
Lu Jingxian no quería hacerle caso. Xu Shu se acercó, lo miró desde lo alto y, sin más, apoyó una rodilla en la silla, se inclinó y le anudó la corbata.
Sus dedos se movían con soltura, haciendo un nudo Windsor perfecto y pulcro. Raro era que tomara la iniciativa de hacer un gesto amable, así que Lu Jingxian se fue calmando y aprovechó la ocasión para bajar del burro: —¿Qué te pasaba hace un momento?
—Nada, tuve una pesadilla —respondió Xu Shu con una fría mirada de reojo—. Soñé que te confabulaste con alguien para hacerme daño.
—¿No estás pensando demasiado? Si no me haces daño tú a mí, ya es un milagro.
Según el programa, los jueves había clases magistrales, por la mañana y por la tarde, en la gran sala de juntas de la Administración de Wencheng. El viernes, una conferencia abierta al público en la sala de actos de la Biblioteca de Wencheng.
Las clases magistrales iban dirigidas a los nuevos orientadores. Además de los de la Administración de Wencheng, también habían enviado representantes —orientadores noveles y en prácticas— las administraciones de las ciudades de los alrededores. La sala, con capacidad para doscientas personas, estaba abarrotada. Y aparecieron más admiradores de Xu Shu, en su mayoría estudiantes recién salidos de la universidad. Algunos traían las grandes obras publicadas por Xu Shu y miraban con expectación, deseando conseguir un autógrafo.
Pero pronto, aquellos fervorosos ojos se tornaron temerosos. Porque a Xu Shu le gustaba pasar lista, y cuando el alumno se ponía de pie, le lanzaba una pregunta. Repasaba el listín sin distinciones, esforzándose por llegar a todos los estudiantes.
—Wu Yue.
Una chica con coleta se puso de pie, nerviosa. Xu Shu preguntó: —He leído la exposición teórica que entregaste para el examen. ¿Estás segura de que la revisaste bien?
—Sí, hasta se la enseñé a mi tutor. No había ningún problema.
—El trastorno de fuga disociativo en el DSM-5 ya no se diagnostica como una entidad independiente, sino como una característica específica de la amnesia disociativa. Aunque no es un punto clave importante, si lo confundes, desde luego no podrás aprobar el examen.
Wu Yue se quedó desconcertada: —Maestro Xu, en mi exposición no puse si era el 4 o el 5…
—Ciertamente, no citaste la fuente. Pero según los términos que enumeraste, como “trastorno de identidad disociativo”, “despersonalización/desrealización” y “trastorno disociativo no especificado”, puedo determinar que usaste el DSM-5.
Wu Yue se mordió el labio e intentó justificarse: —No los confundí, solo… solo escribí unas palabras de más sin querer.
—Por eso te pregunto: ¿lo revisaste bien? —Xu Shu cogió el listín—. Eres alumna de Lin Hanguang. Cuando te corrigió el trabajo, seguramente aún no estaba del todo despierto.
Se oyeron risas suaves entre el público. Xu Shu golpeó ligeramente la pizarra e indicó que guardaran silencio: —La exposición teórica son puntos regalados. Supone el 20% de la nota total del examen. Todo lo que perdáis en las preguntas específicas podéis recuperarlo aquí. Así que antes de pulsar el botón de enviar, es mejor que lo reviséis bien otra vez. Pensad si merece la pena perder una oportunidad única por un error minúsculo.
—Gracias, muchas gracias, maestro Xu —dijo Wu Yue haciendo repetidas reverencias.
Al final de la jornada, ya nadie se atrevía a pasar por delante de Xu Shu. Lu Jingxian, con los brazos cruzados apoyado en la puerta, dijo: —Mira cómo los has puesto, no se atreven a mirarte a la cara.
—¿Y para qué iban a mirarme a la cara? Si tienen tiempo, mejor que hagan más simulacros de examen —dijo Xu Shu con una mirada de reojo—. Yo te insulto a ti mucho más, ¿y por qué sigues tan risueño?
¿Qué podía responder Lu Jingxian? Que después de tantos insultos, ya se había acostumbrado.
Por la noche, Zhuang Tong hizo de anfitriona y organizó una cena privada. Xu Shu no quería ir, pero ella lo detuvo: —Son todos conocidos, ¿acaso crees que voy a traicionarte?
—Lo sé, pero también tengo una cena esta noche.
—¿Ah? ¿Con quién?
Xu Shu señaló a Lu Jingxian. Zhuang Tong se quedó aún más desconcertada: —¿Cenar con tu asistente cuenta como cena?
—¿Y eso por qué no? Es una cita —respondió Xu Shu con calma.
Zhuang Tong primero se sorprendió, luego lo comprendió todo y finalmente se quedó pensativa: —No me extraña que ese chico, Jin Zi, ande últimamente como un loco, mordiendo a todo el que se le cruza. ¿Vais en serio?
—Sí.
—¡No!
Las dos voces sonaron al mismo tiempo. Xu Shu enganchó un dedo en la corbata de Lu Jingxian y lo acercó hacia sí: —Si ya planeas mudarte conmigo, ¿por qué te da vergüenza admitirlo?
Lu Jingxian estaba a punto de explotar por dentro: «Te lo ruego, deja de hacer este simulacro de romance. ¡Soy heterosexual!»
Zhuang Tong, testigo en directo del pastelazo, se fue satisfecha. Lu Jingxian se llevó la mano al cuello y preguntó de mal humor: —¿No te importa andar pregonando a los cuatro vientos que te vas a mudar conmigo? ¿Y tu pareja?
—¿Mí qué?
Lu Jingxian chasqueó la lengua. Venga, seguía fingiendo. Si los había visto entrando cogidos del brazo al centro comercial.
—Es mi hermana pequeña. De sangre —dijo Xu Shu con una mirada profunda e inescrutable—. ¿No estarás celoso, verdad?
—…¿Eh? ¿Yo? ¿Celoso?
Ante su expresión de estupefacción y desconcierto, Xu Shu se mordió los labios varias veces, pero al final no pudo contener la risa y soltó una carcajada.
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