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(*) 桃花来了挡都挡不住 (Táohuā láile dǎng dōu dǎng bù zhù): Es una expresión que se refiere a la suerte en el amor, y se puede interpretar como “cuando te llega la suerte en el amor, no hay manera de impedirlo”. También se usa de forma humorística para decir que alguien está atrayendo mucha atención romántica.
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A las 7 de la tarde, Lu Jingxian entró en la sala de ejercicios con su chándal. Para su sorpresa, ya había alguien dentro: Xu Juncai estaba en la cinta de correr, subiendo una pendiente, y Cui Yu, con una tableta en la mano, le informaba de la reunión. Cuando se dieron cuenta de que alguien entraba, los dos se volvieron a la vez. Su mirada era bastante amable. Lu Jingxian, incómodo, dijo:
—¿Qué, les molesto en su cita?
—Desde que se ha convertido en tu hermano pequeño, se ha vuelto más atrevido—. Cui Yu se lo dijo a Xu Juncai.
—Se parece a Lingzong.
—¿Te cae bien?
—No se puede decir. Por ahora, no me molesta del todo—. Xu Juncai cogió la botella de agua. Su tono contenía una velada advertencia—. No tomes decisiones por tu cuenta. Me enfadaré.
—Sí, señor.
Uno decía una cosa y el otra otra, sin ningún reparo en hablar delante del protagonista. Lu Jingxian ya los había calado. Aquel par de amo y sirviente no eran gente normal. Así que se fue directamente a la zona de musculación y empezó a hacer su entrenamiento de fuerza.
Esta situación de mutua no interferencia duró media hora. Xu Juncai se sentó en una banqueta baja a descansar. Cui Yu le sirvió agua y le alcanzó la toalla, atendiéndole en todo momento. Notó la mirada inquisitiva de Lu Jingxian y levantó la cabeza.
—¿Qué te intriga?
Lu Jingxian dejó las pesas.
—¿En TEGOLA te dedicabas a la logística?
Cui Yu entrecerró los ojos. Aquella pregunta, aunque en apariencia inofensiva, era muy insultante.
—No me malinterpretes. Solo quiero saber qué hay que preparar para un viaje de negocios con mi jefe—. Lu Jingxian se esforzó por explicarse—. Yo también tengo un jefe difícil de contentar… Es solo una sugerencia, quiero pedir consejo.
Xu Juncai levantó la barbilla y asintió ligeramente. Cui Yu abrió un documento y le mostró la pantalla de la tableta a Lu Jingxian.
Lo que vio fue una tabla. La letra era menuda. Lu Jingxian la recorrió de arriba abajo. Al principio, los documentos, la ropa y los artículos de aseo le parecieron razonables. Pero a mitad de la tabla, empezó a desvariar.
—Té Longjing, Lishan Changshun, Saizhenzhu, Shoumei, Yinzhen Baihao, Biluochun… ¿Vais a una exposición de té?
—Los tres primeros son los tés que le gusta tomar al señor Xu habitualmente. Los siguientes se ajustan según el responsable con el que se reúna—. Cui Yu se burló de él con sorna—. “Conoce al enemigo y a ti mismo, y saldrás ileso de cien batallas”. ¿Es que ni siquiera sabes los gustos de tu jefe?
—…
Lu Jingxian siguió leyendo. Lo que venía después era aún más exagerado: termos, cazuelas pequeñas, molinillos, rebanadoras, fiambreras… De repente, el viaje de negocios se convertía en una excursión de supervivencia.
—En algunas regiones, la comida no se adapta al paladar del señor Xu. Cuando terminan los compromisos sociales, yo le preparo otras cosas. ¿Algún problema?
—… No.
Cuanto más avanzaba, más inverosímil se volvía. Cuando Lu Jingxian vio que hasta las marcas de preservativos estaban detalladamente clasificadas, ya estaba anestesiado. Tomó la iniciativa para despedirlo.
—No hace falta que me lo expliques. Seguro que otras marcas no le sientan bien, no le gustan, le dan alergia… Lo entiendo, lo entiendo todo.
Había tantas cosas, tantas, que superaban con creces la comprensión de Lu Jingxian. Lo que él consideraba preparación para un viaje de negocios terminaba en la tercera línea de la tabla, en el apartado de muda de ropa.
—Solo pregunto: ¿todo esto se usa?
—Más vale prevenir que curar.
Lu Jingxian se quedó con un nudo en el estómago. Tenía muchas ganas de preguntarle si tenía alguna prueba de los malos tratos de Xu Juncai. Si no, ¿cómo podía ser tan meticuloso?
Él no tenía tiempo ni ganas de estudiar los gustos de Xu Shu. Total, esa relación de superior a subordinado no duraría mucho. Que pase lo que tenga que pasar.
Xu Juncai se levantó. Cui Yu lo entendió, recogió sus cosas y se fueron sin despedirse. Por el pasillo, dos siluetas, una detrás de la otra. La de atrás se detuvo de repente.
—¿Para qué preparaste eso? —preguntó Xu Juncai.
—Son mis pertenencias. —Cui Yu dio un paso y se acercó a su oído—. Si soy un perro, ¿qué hay de malo en que entre en celo?
—Qué asco—. Xu Juncai lo miró de reojo. Su expresión impasible no dejaba adivinar si estaba enfadado o contento. Cui Yu rió en voz baja y se despidió por iniciativa propia. A la mañana siguiente volvería a buscarlo para ir a trabajar.
Alrededor de las 8 en punto, Lu Jingxian llevó a Xu Shu a la Estación Sur de Jiangzhou. Xu Shu traía tres maletas: dos de equipaje con ruedas, una grande y una pequeña, y una de mano.
Lu Jingxian tenía sentimientos encontrados. Él solo llevaba una mochila con unas cuantas mudas y artículos de aseo. ¿Sería demasiado informal viajar tan ligero de equipaje?
A Xu Shu no le importaba, porque aunque trajera muchas cosas, podía cargarlas él mismo.
—Date prisa, ya están revisando los billetes.
Lu Jingxian llevaba la mochila cruzada en el hombro, una maleta con ruedas en cada mano, y además tenía que sujetar la maleta de mano: —Qué quieres ¿que vuele?
—Pues vuela.
—… —murmuró Lu Jingxian—. ¿¡Y él duerme por la noche!?
En el vagón, Lu Jingxian colocó el equipaje y, de paso, echó una mano a una chica del asiento de al lado para subir su maleta. Ella le dio las gracias efusivamente y comenzó a charlar con él. Al descubrir que eran de la misma edad, sacó su teléfono y, con cierta timidez, quiso añadirlo como contacto.
Lu Jingxian siempre había sido muy popular desde sus tiempos de estudiante hasta la vida laboral, y caía bien a casi todos; después de todo, un chico limpio, desenvuelto, alegre y abierto solía ganarse fácilmente el cariño de los demás. Pero era la primera vez que le pedían el número en un tren de alta velocidad. Él solo había ayudado por amabilidad, sin ningún gesto de coqueteo. Como la chica había tomado la iniciativa, rechazarla directamente habría sido muy grosero, así que dijo:—Agreguémonos en WeChat; escanea mi código QR……
No terminó la frase. Un teléfono se deslizó entre los dos, bloqueando la pantalla del teléfono.
—Es de muy mal gusto pedir el número a alguien que tiene pareja —dijo Xu Shu con tono educado, pero con una mirada inusualmente fría.
La chica apretó el móvil contra el pecho. Miró a Lu Jingxian.
—Si a tu pareja le molesta, entonces no hace falta. Lo siento.
Lu Jingxian se quedó sin palabras. Como Xu Shu estaba sentado justo al lado, separado por un pasillo, solo pudo inclinarse hacia él y decir en voz baja:
—No sabía que tenías pareja.
—Esa frase iba para ella. No para ti.
Lu Jingxian frunció el ceño. ¿Acaso me toma por un sinvergüenza que va detrás de las mujeres de los demás? Replicó al instante:
—Ella viaja sola, no lleva anillo y antes ha dicho que era soltera. No soy tan canalla como crees.
—Lo oí. Cuando hablaba contigo, tenía las rodillas juntas y el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante. Eso indica que estaba satisfecha y deseaba intimar. Cuando dijo que era soltera, se acarició el bajo de la falda. Ese es un gesto de control. El aumento de la frecuencia de parpadeo y el gesto de tocarse la nariz demuestran que mentía.
—¿Eso también cuenta? —Los psicólogos sois demasiado perspicaces.
Lu Jingxian casi se apoyó en el hombro de Xu Shu. Xu Shu extendió el índice y le tocó la punta de la nariz.
—Cuando una persona miente, su cuerpo segrega catecolaminas. Estas sustancias químicas provocan la inflamación de las células de la mucosa nasal, aceleran el flujo sanguíneo y causan un leve picor en las terminaciones nerviosas de la punta de la nariz. Por eso surge el gesto inconsciente de tocarse la nariz. Si no me equivoco, va a Wencheng a ver a su novio.
La chica acababa de levantarse. Al verlos “acurrucados”, Lu Jingxian se enderezó rápidamente. Pero no pudo escapar de aquella mirada significativa.
A las 12 en punto, el tren de alta velocidad llegó a la estación de Wencheng. Los pasajeros fueron saliendo uno tras otro. Los dos Xu, Lu, no tenían prisa por salir. Esperaron a que el vagón se vaciara para bajar con sus bultos.
Xu Shu, por fin, tuvo un gesto humano. Cogió él mismo la maleta de mano. Lu Jingxian seguía con una maleta en cada mano. La pequeña de la derecha pesaba más que la grande.
—¿Cuántas cosas has metido?
—Ropa, documentos, libros.
Lu Jingxian volvió la cabeza.
—¿Tres días de viaje de negocios y traes una maleta entera de libros?
Xu Shu levantó la barbilla. No se molestó en decirle que todos eran de su último viaje de negocios y que se le había olvidado sacarlos. Esa maleta pequeña llevaba tiempo en el maletero. Puesto que Lu Jingxian la había sacado, pues que la trajera también.
Ambos esperaban en el andén de la estación de alta velocidad para coger un taxi. Llegaron dos. Uno se detuvo delante de una pareja. El hombre abrió la portezuela.
—Cariño, ¡sube rápido!
Lu Jingxian no miraba a propósito, pero ese “cariño” le resultaba muy familiar. Hacía apenas un rato la había visto en el tren de alta velocidad.
Efectivamente, ella también lo vio. Su expresión era de gran incomodidad. Lu Jingxian solo pudo maravillarse de lo perspicaz que era Xu Shu.
Su novio, evidentemente, lo malinterpretó. Se encaró con él.
—Oye, ¿por qué le das tantas vueltas a mi mujer?
Lu Jingxian hizo como que no oía y abrió el maletero para guardar el equipaje. Xu Shu intervino.
—Estaba mirando cómo te queda el sombrero nuevo.
El hombre, desconcertado, se tocó la cabeza. No tenía nada. Xu Shu abrió la portezuela y esbozó una sonrisa.
—Verde. Te queda muy bien.
El hombre se quedó con cara de tonto. Su novia se apresuró a decirle:
—¡Sube al coche! ¡Vamos a llegar tarde! Cuando la puerta se cerró, se oyó un tenue “son homosexuales”.
Lu Jingxian: “…”
Menudo par de personajes.
Nada más llegar al hotel donde se alojaban, recibieron una llamada de la Administración de Wencheng invitándoles a un banquete de bienvenida en un restaurante ya reservado.
Lu Jingxian dejó el equipaje y se disponía a salir. Xu Shu se quedó quieto, mirándole de arriba abajo.
—¿Vas a ir así?
Lu Jingxian se miró. Iba como siempre. De sport. De lo más normal. ¿Qué problema había?
—Ayer te envié un mensaje recordándote que trajeras un traje.
—Lo he traído—. Abrió su bolsa de viaje. La noche anterior había sacado del vestidor un traje nuevo. Lo había doblado bien en la bolsa, con su funda. Lo sacó y se lo mostró a Xu Shu.
El traje desplegado tenía solo unas ligeras arrugas. Colgado, desaparecerían. Xu Shu asintió e indicó que se lo pusiera. Lu Jingxian se quitó la sudadera de un tirón y la dejó en la cama de la derecha.
—Las cortinas están abiertas.
—Somos hombres. ¿Quién nos va a mirar? —Lu Jingxian se puso la camisa y se fue abrochando los botones. Cogió los pantalones y se fue al baño. Xu Shu se rió con desdén.
—Cámbiate aquí. ¿No decías que no te miraba nadie?
No es que no se atreviera. Es que no hacía falta. Estar en cueros de cintura para arriba se puede considerar normal. De cintura para abajo, es de degenerados.
Un minuto después, Lu Jingxian salió del baño y se puso la chaqueta. Xu Shu rebuscó en la funda.
—¿Y la corbata?
—¿También hace falta corbata?
Xu Shu le lanzó una mirada de desaprobación. Abrió la maleta grande. En un compartimento transparente, había una hilera de corbatas perfectamente ordenadas. Eligió dos. Se acercó a Lu Jingxian y las probó contra su cuello.
—¿Cuál te gusta más?
—La lisa.
—La lisa con el traje negro es demasiado formal. No pega con tu edad. La de rayas grises está bien. Tiene carácter y no desentona—. Xu Shu se la tendió—. Póntela.
—… —Mejor no haber preguntado.
Cuando terminó de arreglarse, Lu Jingxian se dio la vuelta. Su aspecto era impresionante. Su cuerpo era esbelto y atlético, la espalda recta, los hombros anchos y la cintura estrecha. La chaqueta a medida le sentaba de maravilla. A su aire, con un porte seguro y arrogante, todo él irradiaba un carisma varonil. Parecía que iba a cerrar un contrato de cientos de millones.
Xu Shu estaba muy satisfecho. Muy bien. Así da gusto enseñarlo. A partir de ahora, irá conmigo a todas las reuniones.
En el comedor privado, había más de diez personas. La mitad del equipo directivo de la Administración de Wencheng estaba presente. Xu Shu iba a menudo a Wencheng. Todos eran viejos conocidos. Tras un par de frases de cortesía, se sentaron y pidieron al camarero que sirviera la comida.
Zhuang Tong, la subdirectora del departamento de identificación, se interesó por Lu Jingxian.
—Director Xu, ¿este es el nuevo perfilador de vuestra Administración?
—Mi asistente.
—¿¡Has contratado a un asistente!? —Se tapó la boca, igual de asombrada que los demás—. Había oído rumores, pero no me los creía. ¿Es verdad que es pariente tuyo?
—Ah, eso…
Lu Jingxian, temiendo que Xu Shu volviera a degradarle, se apresuró a responder.
—Era una broma. El director Xu y yo no somos parientes. No hay enchufe de por medio.
—Ya decía yo. El director Xu no es de esos que favorecen a sus amigos —Zhuang Tong bromeó—. Justo estaba pensando que si era un evaluador al que estabas dispuesto a traer, quizás el puesto de subdirector del departamento de identificación ya tendría dueño.
Xu Shu alzó su copa.
—No hace falta. A mí me gusta la dictadura.
—Jaja, el director Xu cada vez es más bromista.
Por la tarde, la agenda consistía principalmente en visitar las instalaciones y hacer intercambios académicos. Xu Shu había viajado para dar un curso, invitado por la Administración de Wencheng a transmitir su experiencia. Habían destinado un grupo de perfiladores noveles, que lo admiraban de forma enfermiza. Nada más entrar Xu Shu en el departamento de identificación, empezaron a enloquecer.
—¡Director Xu! ¡Director Xu!
—¡Es realmente Xu Shu! ¡Por fin puedo verlo en persona!
—¡Apártense, que le voy a hacer una foto! La imprimiré y la pondré en mi habitación. Cuando me examine a final de año, rezaré todos los días delante de ella.
Instintivamente, Lu Jingxian se puso al lado de Xu Shu, en actitud protectora. No sabía por qué, pero le recordaba a cuando trabajaba de guardaespaldas.
—Oye, no has contratado a tu asistente en balde. Te protege mucho —se rio Zhuang Tong.
—Son sus reflejos profesionales.
No regresaron al hotel hasta que la luna estaba alta. Xu Shu se adueñó del baño. Lu Jingxian, que no podía competir con él, hizo un gesto de “usted primero” y se tumbó en la cama a jugar con el móvil.
[Bai Mingyan: ¡Primo! ¡Estabas guapísimo con el traje hoy!]
Lu Jingxian se extrañó.
[Lu Jingxian: ¿Cómo lo sabes?]
Bai Mingyan le envió una foto. Era una publicación en el círculo de amistades de una de sus compañeras. La foto no tenía problema. ¿Pero qué era ese texto?
[Último producto del gremio: Activo leal x Belleza sumisa [ojos de estrella]. El que lo entiende, lo entiende [cara de perro].]
A Lu Jingxian le empezó a doler la cabeza. Las malas relaciones amorosas, cuando llegan, no hay quien las pare. Por donde iba, la gente se lo emparejaba. No creyera que no entendía esos términos. Entre los fans de algunos de los artistas para los que había trabajado, había un grupo de literatos contemporáneos que no habían dejado de escribir historias emparejándoles.
Si se fijaba bien, la publicación tenía una visibilidad segmentada. La chica era una experta.
Bai Mingyan se pavoneó con sorna.
[Bai Mingyan: Primo, ¿quieres que te explique qué es un “activo leal”?]
[Lu Jingxian: …]
Puso el WeChat de Bai Mingyan en modo no molestar y siguió jugando.
Media hora después, la puerta del baño se abrió. Xu Shu salió envuelto en vapor. Su largo cabello, recién secado, negro y esponjoso, le caía suavemente sobre los hombros. Llevaba un pijama de verano de color verde claro, con brazos y piernas al descubierto. Lu Jingxian cogió el mando del aire acondicionado para subir la temperatura. Xu Shu abrió la maleta de mano y sacó unos documentos. Lu Jingxian cogió la ropa para ir a ducharse. Al pasar junto a la cama de al lado, vio que estaba leyendo los informes de identificación de mayo que había recogido.
—¿Me mandaste a recoger los informes porque prefieres leerlos en papel?
Xu Shu negó con la cabeza.
Aunque era rencoroso, no era tan aburrido como para fastidiar a la gente haciendo que recogieran informes en papel. El archivo también necesitaba que alguien los organizara manualmente y los subiera. Con el aumento de los viajeros del alma, la recopilación en el archivo no estaba lista hasta después del día 10.
Xu Shu no podía esperar tanto. Desde que había notado algo extraño en Lu Jingxian, sospechaba que no era un caso aislado, que quizás había habido otros antes, solo que ningún perfilador los había detectado. Por eso había querido revisar los informes de identificación de mayo para encontrar viajeros del alma con un caso similar al de Lu Jingxian.
Lu Jingxian, al ver que no quería explicarse, no preguntó más. Se fue tarareando a la ducha. Xu Shu no había terminado de leer una página cuando la puerta del baño se abrió y Lu Jingxian salió.
Xu Shu miró el reloj.
—¿Has ido a dar una voltereta?
—No. ¿No es un tiempo normal de ducha? —Lu Jingxian se puso una toalla en la cabeza y se la restregó con fuerza—. Me ducho a diario. No estoy tan sucio. Tú, en cambio, ¿qué hacías dentro media hora? ¿Lavar la ropa? Tampoco se tarda tanto.
Xu Shu, cosa rara en él, se quedó sin palabras ante la pregunta de Lu Jingxian.
No pasó nada más. Sobre la una, apagaron la luz y se durmieron. En plena noche, cuando Lu Jingxian estaba en brazos de Morfeo, sintió de repente que un peso le oprimía el cuerpo. Poco a poco, le faltaba el aire.
¿Qué pasaba? ¿Parálisis del sueño?
Lu Jingxian abrió los párpados. Xu Shu estaba sentado a horcajadas sobre su abdomen, con las manos apoyadas a ambos lados. A la luz de la luna, sus ojos se arqueaban, llenos de diminutos destellos de luz. Su voz sonaba conmovedora.
—¿Ya te has despertado?
Lu Jingxian despertó por completo.
Xu Shu ha vuelto.
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