—Ah, ahng… ¡No…! Haa…!
Una sensación punzante explotaba una y otra vez desde su interior. Un estímulo tan fuerte que le nublaba la vista subía desde lo más profundo de su cuerpo hasta la punta de la cabeza con un cosquilleo intenso.
Jamás habría imaginado ni en sueños que tenía algo así, como una extraña mina terrestre escondida dentro de su cuerpo. El placer desconocido que se extendía cada vez que presionaban con fuerza era tan intenso que sentía que la conciencia se apagaba a intervalos, y eso incluso le daba miedo.
Sentía que, si perdía el control ahora mismo, acabaría soltando unos gemidos extraños con los que jamás podría volver a caminar con la cara en alto.
Junseong, incapaz siquiera de controlar todo su cuerpo, que se estremecía a voluntad propia como si no fuera suyo, se aferró al brazo de Hanseo mientras temblaba violentamente.
—Ahí… ngh, te dije que pares… ¡Ah…! ¡Maldito loco…!
Ya ni podía distinguir si estaba forcejeando para resistirse o si estaba convulsionando embriagado por el placer.
—Ha…
El rostro de Hanseo, ya sin aquella calma habitual, se torció. Su respiración, apresurada como la de una bestia en celo, estaba tan desordenada como la de Junseong.
—¿Por qué te pones tan lindo? ¿Te gusta tanto aquí?
—¡No…! Ngh, para…! ¡Aaah…!
—No mientas, mierda. Se aferra cada vez que entro. —Hanseo exhaló aire caliente mientras miraba hacia abajo y añadió otro dedo— ¿Te estás corriendo o te estás meando?
—¡Ninguna de las dos! Ah…
—Si fuera posible, me gustaría que fueran ambas.
—¿Estás loco…?!
Los dedos de Hanseo, que se movían sin dificultad gracias al gel, pronto fueron tres. Junseong, invadido por una presión extraña y creciente, lo fulminó con la mirada.
—¡Deja de meter más, hijo de puta!
—¿No puedo meter solo uno más?
—¡No!
Aunque cada movimiento le arrancaba oleadas de placer inesperado, no podía borrar ni el dolor ni la presión que lo llenaba por dentro.
—Ngh… No… lo muevas así…
—Si no quieres más dedos, entonces tendré que hacerlo así.
Aunque el lubricante suavizaba las cosas, el espacio seguía siendo pequeño.
Junseong, ignorando lo que pasaba por la cabeza de Hanseo, tragó saliva mientras las lágrimas calientes se acumulaban en las esquinas de sus ojos.
—También… existe la opción… de no hacerlo…!
—No existe una mierda así. —Hanseo dejó escapar una respiración caliente y lamió suavemente la humedad acumulada cerca de sus ojos—. Oye, me esforcé bastante en prepararte. ¿Puedo meterlo ya?
—Ahora mismo… ya lo estás… ngh…
—No los dedos. Otra cosa.
—… ¿Otra cosa… qué…?
Tal vez fue la respiración de Hanseo rozándole la cara, o aquella expresión impaciente.
Aunque podría haber dicho simplemente “no”, terminó preguntando.
Los dedos que lo habían estado preparando salieron de golpe. La sensación vacía lo hizo estremecerse.
Algo grueso y caliente rozó aquella entrada pequeña y suave.
Y en el instante en que sintió incluso la delgada goma cubierta de lubricante, Junseong entendió de qué se trataba sin necesidad de mirar.
—Oye… tú no estarás…
Hasta ese momento aún había dudado. Pero cuando aquello presionó contra él, el miedo y la ansiedad lo golpearon de lleno.
—E-eso no… no va a entrar… maldito loco…
Sentía que la respiración se volvía más difícil y que la sangre abandonaba su rostro.
—Está bien. Si te relajas, no se va a romper.
—¡¿Cómo que no se va a romper?! ¡Voy a morir!
—Haré que no mueras.
—¡Eso no se puede controlar…! ¡Aaah…!
El dolor punzante recorrió su cuerpo.
Cuando habían usado los dedos, aún podía soportarlo. Pero aquello era completamente distinto.
Todo ardía.
Como si lo estuvieran forzando a abrirse. Sus piernas temblaron. Junseong clavó las uñas en el brazo de Hanseo instintivamente.
Hanseo miró las marcas rojas sobre su brazo y luego lo sostuvo con suavidad.
—Ngh…
Aquella caricia desvió parte de su atención lejos del dolor.
—Relájate. O se va a romper.
—Eso… no… puedo…
Hanseo murmuró junto a su oído:
—Si prefieres llorar sangrando cada vez, también puedo hacerlo.
—Tú… mald…
Una lágrima cayó por la mejilla de Junseong y Hanseo la lamió.
—Tú dijiste que lo hiciera rápido. Entonces abre más las piernas y relájate. Así no podemos seguir.
Hanseo también estaba soportando dolor. Pero Junseong no tenía forma de saberlo.
—Buen chico. Nuestro Junseong.
La voz amable de Hanseo sonó extrañamente urgente y Junseong apretó los labios.
Desde el principio había sido él quien había decidido aceptar los deseos de Hanseo. Solo que jamás imaginó llegar hasta esto. Finalmente, relajó poco a poco el cuerpo. Y el placer empezó a mezclarse con todo lo demás.
—Ungh… ah…
—Lo estás haciendo bien.
Aquellas palabras parecían dirigidas a Junseong. Pero también eran para Hanseo. Porque incluso ahora seguía luchando desesperadamente contra sus propios impulsos.
Junseong, jadeando, levantó una mano.
—Solo… termina rápido…
Tal vez ya empezaba a acostumbrarse; sin darse cuenta de que estaba provocándolo, rodeó el cuello de Hanseo con ambos brazos.
—Deja… de hacerlo tan desesperante… y hazlo de una vez…
A Junseong no le gustaba aquella lentitud; prefería acabar con las cosas rápido. Incluso pensó que sería mejor terminar pronto por la gente que estaba esperando.
—¿Quién fue el que dijo que hoy no iba a tener consideración? —Junseong levantó la mirada—. No sé cuánto me has estado perdonando hasta ahora, pero deja de contenerte y haz lo que quieras.
Y apenas terminó de decirlo… Se arrepintió.
Porque lo que apareció en los ojos de Do Hanseo… Fue un deseo extremo que hasta ahora había estado conteniendo con todas sus fuerzas.
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