Ese día, Lie Yushan invitó a Lie Chengchi a jugar al ajedrez en el patio. Esta era la primera vez que, tras haber luchado durante tanto tiempo, ambos se sentaban a beber té y jugar al ajedrez en total tranquilidad.
El tablero estaba plagado de intenciones asesinas, pero el patio se encontraba completamente vacío.
Lie Yushan era el mismo de siempre; sus ojos de lobo acumulaban la sombra y la crueldad de muchos años. Los dos jugaban, enfrascados en una partida reñida y difícil de decidir. Lie Chengchi descifró sus hábitos de juego y comenzó a contraatacar en el tablero.
Lie Yushan no hablaba mucho, simplemente jugaba en silencio, haciéndole alguna que otra pregunta de vez en cuando:
—¿Cómo manejarás los asuntos de la defensa fronteriza este año?
Lie Chengchi, sin poder adivinar sus verdaderas intenciones, respondió de manera sencilla con un par de palabras.
Tras escucharlo, Lie Yushan no expresó aprobación ni desaprobación. No fue hasta que intercambiaron varios movimientos más en el tablero que volvió a preguntar:
—¿Cómo eran tus días en la ciudad de Jinyou?
Lie Chengchi se sorprendió por un momento. Al recordar aquellos años de juventud libre de preocupaciones, sus palabras fluyeron inconscientemente con un poco más de soltura, y respondió medio relajado:
—Podría decirse que era libre y sin ataduras, sin preocupaciones ni ansiedades. Frente a la puerta de casa había un bosque de melocotoneros verdes con un estanque en su interior. Bajo los árboles a menudo había unos cuantos gatos manchados, y en el patio crecía un árbol de osmanto centenario; sus pétalos eran de un color amarillo claro y su fragancia era muy intensa.
Lie Yushan no esperaba que hablara con tanto detalle. Guardó silencio durante un buen rato, quién sabe qué recuerdos cruzaron por su mente. Después de mucho tiempo, dijo:
—En la Ciudad Ziwei, nunca ha habido un príncipe que creciera de esa manera.
Lie Chengchi lo miró, sintiendo que estaba insinuando algo. Poco después, escuchó a Lie Yushan preguntar nuevamente:
—¿Qué clase de persona crees que fue tu padre?
La mano de Lie Chengchi, que sostenía una pieza de ajedrez, se detuvo, y en su corazón surgieron varios pensamientos. Había escuchado sobre Lie Rong a través de las pocas palabras de algunos ministros de la corte. Todos decían que Lie Rong era un monarca magnánimo, amable y benevolente; la gente comentaba que su rostro y el del difunto emperador eran casi idénticos, como si él estuviera vivo de nuevo. Aun así, Lie Chengchi sentía una distancia hacia Lie Rong como si fueran completos extraños. Para él, Lie Rong era solo un personaje de papel en las historias de los narradores de las casas de té: invisible, intocable, e incluso difícil de imaginar.
—Un monarca benevolente de su generación, alabado por cien generaciones —respondió Lie Chengchi de esta manera.
Lie Yushan no dijo nada. Los dos continuaron jugando en silencio. El cuerpo de Lie Yushan estaba medio girado, y detrás de él se encontraba el vacío jardín de la mansión del príncipe. Este lugar alguna vez había estado rebosante de colores primaverales, pero ahora los arbustos florales habían perdido su vitalidad hacía mucho tiempo.
No fue hasta que la victoria y la derrota estaban a punto de decidirse que Lie Yushan rompió el silencio.
—En el duodécimo año de la era Rending, la Consorte Li viajó al sur para admirar las flores. Ese año, Zhaoling era muy hermoso, especialmente los lotos rosados en el Lago Guanyin. Ese mismo año, las aguas del Lago Guanyin también subieron mucho; las lluvias torrenciales fueron incesantes, destrozando los lotos. El agua se desbordó por las orillas del lago e inundó las aldeas.
¿Zhaoling? Ese lugar le resultaba extraordinariamente familiar; parecía ser la ciudad natal de Ling Yezi…
—Una inundación causó que el cielo y la tierra colapsaran en Zhaoling, dejando innumerables muertos y heridos. Tras la retirada de las aguas, la epidemia llegó inmediatamente después. La Consorte Li quedó atrapada en Zhaoling durante más de dos meses, hasta que el emperador Rong recibió una carta diciendo que ella padecía de una fiebre alta que no cedía y que su cuerpo estaba cubierto de un sarpullido rojo. Los médicos no podían curarla, y cuando finalmente fue enviada de regreso al palacio, su vida pendía de un hilo.
Lie Chengchi lo miró sin cambiar de expresión, sopesando la verdad y la falsedad en sus palabras.
—El emperador Rong estaba ansioso, con el corazón ardiendo de impaciencia. Convocó a todos los médicos famosos bajo los cielos, pero el cuerpo de la Consorte Li seguía siendo demasiado frágil, y al final falleció en el otoño de aquel año. El asunto de la epidemia provocó pánico entre la gente de las doce provincias, por lo que el emperador Rong no tuvo más remedio que ocultar la verdadera causa de su muerte.
—Sin embargo, esa noche, él no podía quedarse quieto ni encontrar paz en su corazón. Quería arrancar a un culpable de aquel desastre natural para consolar el alma de la Consorte Li, a quien tanto atesoraba, y así aliviar el dolor de su propio corazón. —Al llegar a este punto, Lie Yushan dejó caer una pieza sobre el tablero—: …Pero ese culpable resultó ser su propio hermano, su propio ministro y general.
Lie Chengchi miró la pieza negra que había caído sobre el tablero de ajedrez. Su corazón se encogió y dijo:
—Zhen no lo comprende.
—Porque él era un emperador. —La mirada de Lie Yushan era profunda mientras continuaba—: Él ya no era aquel príncipe dócil del Palacio Oriental1, ni tampoco el joven que no soportaba matar ni a un insecto o a una hormiga. Al convertirse en emperador, los hermanos dejan de ser hermanos, y soberanos y ministros son solo soberanos y ministros. Es una lástima que… aprendiera a tener boca de Buda y corazón de serpiente, que adquiriera mano de hierro y forjara la hegemonía de las doce provincias, para terminar siendo derrotado por una mujer.
Lie Chengchi bajó la cabeza para mirar la partida de ajedrez. Con los ojos ligeramente entrecerrados, reflexionó detenidamente sobre las palabras de Lie Yushan.
—En esos años, las Regiones Occidentales y la Dinastía Xin estaban unidos en apariencia pero divididos en espíritu; fingían obediencia a los tratados mientras actuaban en su contra a escondidas, y la corte imperial no lo sabía. Pero una vez que surge la desconfianza y se abre una brecha entre hermanos, entre soberano y ministro, ¿sabes cuáles serán las consecuencias?
Al escuchar esto, el rostro de Lie Chengchi palideció ligeramente. Recordó lo que Meng Zhiyi le había dicho en la ciudad de Jinyou: el forense de aquel entonces descubrió en la autopsia que el emperador Rong había muerto por veneno, pero coaccionado por Lie Yushan, no se había atrevido a decirlo en voz alta.
—Personas con motivos ocultos aprovecharon las grietas para infiltrarse, causando que la corte se dividiera, enfrentándose con espadas desenvainadas y arcos tensados… Sin embargo, esta situación no duró muchos años, pues el cuerpo de Lie Rong ya no pudo soportarlo más.
El ritmo de las palabras de Lie Yushan se volvió más lento; su mirada sombría, propia de un rey lobo, revelaba el peso de la vejez.
—Aquel día, invitó a este rey a beber. Sobre la mesa solo había dos copas, ambas de oro, y en las dos había dragones enroscados tallados. Esos dragones, uno a la izquierda y otro a la derecha, parecían hermanos. Pero él estaba demacrado hasta los huesos, con las ropas y el cinturón holgados, y se puso a hablar con este rey sobre los recuerdos de nuestra infancia.
—En aquel momento, él ya estaba postrado en cama, con dificultades para levantarse. Finalmente se dio cuenta de que había sido envenenado. Tú aún eras pequeño en ese entonces; si él abdicaba, entre todos los príncipes de la corte, el único capaz de sucederlo era este rey. Por lo tanto, quién era el envenenador parecía evidente sin necesidad de palabras.
—Este rey pensó que su cuerpo estaba débil y le recomendó a excelentes médicos, pero fui rechazado en la puerta. Este rey se enfureció por su falta de aprecio y lo odió por su extrema paranoia y desconfianza. Poco después, este rey recibió órdenes de la corte de alejarse de los asuntos políticos y fue transferido a la Frontera Occidental. Ese invierno, este rey descubrió que las Regiones Occidentales mantenían comunicaciones secretas con Chen Lixiu desde hacía mucho tiempo. Desde el momento en que Chen Lixiu ofreció a Muna al palacio, ya albergaban oscuras intenciones. En la primavera de ese mismo año, el emperador Rong falleció en el Palacio Jinming, dejando únicamente un edicto imperial.
Lie Chengchi miró a Lie Yushan y vio que su larga túnica púrpura parecía cubierta por una fina capa de escarcha. Bajo esa gélida frialdad, se escondía la infinita desolación de alguien que protege un imperio en absoluta soledad.
Resultó que, hace veinte años, la primera persona en albergar sospechas y cambiar de corazón no fue Lie Yushan, sino Lie Rong.
Todo el odio y las maldiciones que la facción imperial había mantenido hasta el día de hoy no eran más que una ilusión construida debajo de otra ilusión.
Ese año, Lie Rong falleció, y un edicto imperial, calculado meticulosamente, fue proclamado a todo el imperio. Al escucharlo, la gente de las doce provincias maldijo a Lie Yushan, llamándolo ministro rebelde y traidor usurpador.
Ese año, Lie Yushan ascendió al poder, y su primera orden fue interceptar y asesinar al príncipe heredero en la colina Wuchang.
Tras la muerte de Lie Rong, Lie Yushan, quien había sido su ministro durante décadas, finalmente desarrolló intenciones de rebelión. Se volvió cruel y despiadado, recurriendo a cualquier medio necesario, aniquilando al huérfano del emperador sin piedad; consolidando así su nombre de ministro traidor y su reputación de hermano con corazón de lobo.
Se empeñó obstinadamente en degradar y exiliar a muchos de los ministros de confianza del emperador Rong, para aliviar el odio en su corazón: el profundo dolor por la paranoia de Lie Rong y el amargo resentimiento por la traición de la Consorte Li.
Pero de lo que Lie Yushan más se arrepentía era de no haber descubierto antes las artimañas y la ambición de las Regiones Occidentales.
El príncipe heredero vagó por el mundo humano, y veinte años después, todo sucedió tal como Lie Rong lo había planeado antes de su muerte. Lie Chengchi, bajo la guía de Meng Zhiyi, un veterano ministro de tres reinados, regresó a la Ciudad Ziwei y reclamó el trono imperial.
Sin embargo, a estas alturas, las circunstancias habían cambiado por completo, y en la Ciudad Ziwei ya no quedaba ningún ganador.
Ese día, Lie Chengchi regresó al Palacio Jinming y contempló las columnas talladas con dragones enroscados, brillantes y espléndidas ante sus ojos.
Entre la generación de sus padres, resultó que todos escondían su propio dolor. Algunos murieron culpando a la persona equivocada, y otros sobrevivieron solo para albergar un arrepentimiento y un odio vacíos. La Ciudad Ziwei era inmensa, las historias nunca cesaban, y ahora él, ¿por quién se había quedado atrapado en este lugar?
Desde aquella partida de ajedrez, el Príncipe de Nan’an rara vez volvió a aparecer en la corte imperial, y poco tiempo después, alegó su vejez y renunció a su cargo oficial.
Lie Yushan se retiró a la Mansión del Príncipe de Nan’an. Parecía como si todos los enfrentamientos entre él y Lie Chengchi durante los últimos dos años no hubieran sido más que una prueba profunda y llena de significado para el sobrino biológico al que no había visto en veinte años.
La intención del bebedor no está en el vino2, y la intención del Príncipe de Nan’an no estaba en el imperio.
La persona en la que recaían verdaderamente sus intenciones ya había regresado al polvo hacía veinte años.
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