Este señor inmortal se preparó.
—¿Qué desea que le lea?
—Le ruego me lea la palma, Daozhang —dijo Shan Shengling—, y que me hable de mi pasado y de mi futuro. —Extendió la mano izquierda, y yo la tomé por la muñeca para leerla. Su pasado y su futuro estaban desde hacía tiempo escritos en el Libro del Destino por el Viejo Mingge, y este señor inmortal los había aprendido de memoria.
Entorné los ojos.
—Las líneas de la palma del benefactor Shan son singulares. Hay muchas cosas en su vida que difieren de las de una persona común. Separación a una edad temprana de padres y hermanos. Gran penuria en su juventud. Está destinado a vagar de un lugar a otro toda la vida. Además… —Me interrumpí a mitad de frase y adopté un gesto dubitativo, titubeando.
—Si Daozhang tiene algo que decir, dígalo sin rodeos —dijo Shan Shengling.
—Benefactor —respondí lentamente—, su sino es funesto; es un destino que arrastrará a los demás a la ruina. Sus padres y hermanos, sus amigos y parientes, todos se verán implicados. Además, está destinado a no tener descendencia. No habrá matrimonio en esta vida, solo una relación condenada al fracaso.
Mu Ruoyan, que había estado sentado con los ojos cerrados, frunció de pronto el ceño, y su cuerpo pareció estremecerse.
Continué:
—Y además, hay una gran calamidad que le aguarda en un futuro cercano. Sus signos ya comienzan a manifestarse tenuemente. No es una desgracia que pueda tomarse a la ligera. Benefactor, debe andar con suma cautela.
«Sería un milagro que una calamidad dispuesta personalmente por el Emperador de Jade no resultara ser un gran desastre. Y quien le prepara esta adversidad no es otro que este señor inmortal».
Los ojos de Shan Shengling brillaron.
—¿Oh? Entonces, ¿tiene Daozhang alguna manera de evitarlo?
Por un instante, se despertó en mí la compasión, y decidí imitar el proceder de los budas del Paraíso Occidental: darle a Nanming la oportunidad de apartarse del abismo mientras aún le fuera posible. Que se arrepintiera para alcanzar la salvación.
—Benefactor, si en este momento es capaz de dejar a un lado la espada y retirarse solo a las montañas para cultivar el Tao, aún sería posible evitar el desastre antes de que sea demasiado tarde. Tras varias décadas de cultivación, quizá logre ver la luz al final del túnel.
Shan Shengling soltó una larga y sonora carcajada.
—Gracias, Daozhang, por su consejo. —Alzó las cejas—. Si no es mucha osadía, ¿puedo preguntar la honorable edad de Daozhang y en qué lugar ha estado cultivando el Tao todo este tiempo?
Me acaricié la barba.
—Este humilde taoísta tiene cuarenta y ocho años, y ha estado vagando por el mundo sin un lugar fijo al que llamar hogar.
Shan Shengling colocó un lingote de plata sobre la mesa.
—Esta es la recompensa por la adivinación, un pequeño gesto de gratitud por haberle ocasionado molestias al Daozhang.
Posé la mirada en aquel lingote de plata y dibujé una sonrisa fingida.
—Benefactor Shan, no hay necesidad de tanta cortesía. Es gracias a nuestra buena afinidad que viajamos en la misma barca. La recompensa no es necesaria.
—Daozhang, le ruego que no rechace —dijo Shan Shengling—. Es justo y apropiado pagar por la lectura. Por favor, acéptelo.
Dejé escapar dos risas secas.
—En ese caso, gracias. —Extendí la mano para tomar el lingote de plata y lo guardé en mi manga.
Después de tanto parloteo, sentía la garganta un poco reseca. Saqué una calabaza de agua del fondo del estante de mimbre y estaba a punto de destaparla cuando alcé la vista y vi a Mu Ruoyan, que parecía profundamente fatigado, con los labios descoloridos, blancos y resecos. Nanming había hecho que Tianshu subiera a la barca y emprendiera el viaje sin agua limpia ni provisiones secas. Él podía soportarlo, siendo el hombre fuerte que era, pero ¿cómo podría Mu Ruoyan resistir semejante tormento? Interiormente, meneé la cabeza. Tarde o temprano, el cuerpo que yo había cuidado hasta devolverle la salud iba a desmoronarse bajo el suplicio de Shan Shengling.
Aún sosteniendo la calabaza de agua, dudé un instante, pero al final no pude soportar verlo en ese estado.
—Este humilde taoísta tiene aquí un poco de agua limpia. ¿Querrían ambos benefactores beber?
Shan Shengling expresó su agradecimiento y pidió al barquero una taza de té. Sirvió media taza, bebió un sorbo primero y luego se la entregó a Tianshu. Tianshu dio unos cuantos tragos, y el color volvió a su rostro mientras me daba las gracias. Me apresuré a desviar sus palabras de gratitud, y tomé de nuevo la calabaza para beber yo un trago. De pronto, el rostro de Tianshu se heló, su mirada clavada en el estante de mimbre entre nosotros.
Bajé la cabeza para mirar y yo también me llevé un pequeño susto. El gato montés estaba abrazando el tubo de bambú para echar suertes, el mismo que este señor inmortal había entregado en su día a Mu Ruoyan. Siempre guardaba aquel tubo de bambú en mi bolsa de viaje y, al llegar a la posada, lo había dejado sobre la mesa por comodidad. Por alguna razón, el espíritu del gato montés le había tomado cariño. No era apropiado que este inmortal le pusiera mala cara a un niño a causa de un tubo de bambú, así que simplemente había hecho la vista gorda cada vez que el gato montés lo abrazaba y jugaba con él.
El gato montés estaba tan encariñado con el tubo que se había negado a soltarlo. Después, lo había llenado hasta la mitad con pescado seco. Quizá por hambre y aburrimiento tras medio día de travesía, había sacado el tubo del estante. Ahora lo tenía medio acunado –tendido de lado– bajo el vientre, con la pata delantera izquierda presionando el tubo, mientras que con la derecha hurgaba para sacar el pescado seco que había guardado.
Para mí sorpresa, Mu Ruoyan reconoció aquel tubo de bambú. Su cuerpo comenzó a relajarse poco a poco después del sobresalto inicial; aunque su rostro carecía de toda expresión, siguió mirando fijamente el tubo.
Al percibir esa mirada constante sobre sí, el espíritu del gato montés se encogió y soltó un maullido tímido.
Los ojos de Mu Ruoyan parecieron brillar.
El gato montés estrechó el tubo de bambú contra su pecho y gimoteó dos veces más. Mu Ruoyan se levantó y caminó despacio hacia la mesa, donde extendió con cuidado una mano para acariciarle la cabeza.
En cuanto su dedo rozó la cabeza del gato montés, este se encogió, pero Mu Ruoyan era la reencarnación de Tianshu Xingjun, y poseía el aura de un inmortal, la cual todos los espíritus amaban instintivamente. El gato montés permaneció quieto y dejó que Tianshu lo acariciara unas cuantas veces más, luego gimoteó un par de veces antes de tomar la iniciativa de frotar su coronilla contra la palma de Tianshu.
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