—Aparte de Qingjun, Song Yuanjun y Bihua Lingjun, el resto de los inmortales han estado presentes cada mañana en la audiencia del Palacio Lingxiao —respondió Lu Jing.
—En ese caso —insistí—, ¿hay entre los inmortales que nunca asisten o no tienen cargo alguno que haya desaparecido del Cielo recientemente?
—Este humilde inmortal ignora el paradero de quienes no asisten a las audiencias —contestó.
No esperaba oír rumores del tipo «he escuchado que…» saliendo de la boca de Lu Jing, así que no tuve más remedio que dejar el asunto.
Los inmortales que acudían a las sesiones en el palacio celestial estaban todos presentes. Entonces, ¿quién, entre los que no asistían ni ocupaban cargo alguno, habría podido salvar a Nanming?
Mientras tanto, Hengwen ya había revisado varios documentos oficiales, aunque aún quedaba una alta pila por examinar.
Volví a llenar su taza de té. Bihua Lingjun, en cambio, se tapó la boca para bostezar y miró a su alrededor.
—Song Yao, ¿cuál de estas dos habitaciones es mejor para descansar? Hace muchos días que no tengo un momento libre, y solo de ver la cama y las cortinas de esta habitación me está entrando sueño.
Bihua Lingjun fingió hacer la pregunta, pero su mirada ya se había posado en la amplia cama detrás de Hengwen, donde se detuvo con insistencia.
Este inmortal fingió reflexionar sobre la petición y guardó silencio.
Al cabo de un momento, Bihua Lingjun dijo:
—O bien, este señor podría descansar en esta cama. No ocupo mucho espacio al dormir, así que me quedaré del lado de adentro. Qingjun, cuando termines de leer las correspondencias oficiales, puedes dormir del lado de afuera. Y justo en la habitación contigua hay otra cama donde pueden dormir Song Yao y Lu Jing.
Volvió a bostezar y empezó a incorporarse.
—Bihua —dije—, no has dormido en muchos días, y ellos dos están aquí leyendo documentos oficiales con todas las luces encendidas. Me temo que no podrás descansar bien.
—No importa —respondió Bihua Lingjun—. A menudo descanso en la residencia de Maori Xingjun cuando voy a buscarlo para jugar al ajedrez, así que nunca me ha preocupado la luz.
—Pero esta habitación no es tan tranquila como la de al lado —repuse—. Además, el gato montés está allí. ¿No quieres ir a verlo?
Bihua Lingjun sonrió radiante.
—¡Sabía que Song Yao comprende mi corazón como un alma gemela!
De buen humor, atravesó la pared hacia la habitación contigua.
No me quedó más remedio que seguirlo, pero antes de hacerlo, me volví y acerqué la taza de té hacia Hengwen.
—Toma algo de té mientras voy a vigilar a Bihua Lingjun. Regresaré enseguida.
—Está bien —respondió Hengwen, sin levantar siquiera la vista. La punta del pincel se detuvo un instante; luego lo dejó a un lado, cerró la carta y comenzó con la siguiente.
Atravesé la pared hacia la habitación contigua.
El zorro observaba fríamente a Bihua Lingjun, con el cuerpo medio incorporado. Mientras tanto, el gato montés dormía profundamente, hecho un ovillo contra el lomo del zorro, con una almohada bajo el vientre.
Bihua Lingjun miraba codiciosamente al gato montés, que, sorprendentemente, seguía completamente ajeno.
El zorro arqueó el lomo, se puso de pie, sacudió el pelaje y saltó al suelo, donde adoptó su forma humana. El zorro había comprendido la situación.
El aura inmortal de Bihua Lingjun era tan poderosa que el zorro comprendió al instante que se hallaba ante un señor excelso. Inclinó respetuosamente la cabeza y saludó:
—Este humilde demonio se llama Xuan Li. ¿Podría saber a cuál de los nobles señores de la Corte Celestial tengo el honor de dirigirme?
El alboroto despertó al gato montés. Abrió los ojos somnolientos y miró a su alrededor con desconcierto. Al divisar a Bihua Lingjun, dio un respingo y se encogió sobre sí mismo, temblando.
Bihua esbozó una sonrisa afable.
—No tengas miedo. Este señor es Bihua Lingjun de la Corte Celestial. Justo terminé un encargo y pasé por aquí para visitar a unos amigos inmortales. No he venido a someter demonios.
Mientras hablaba, se acercó a la cama. Con aparente naturalidad, posó la mano sobre la cabeza del gato montés. Éste se estremeció por completo y se encogió aún más, hecho un pequeño ovillo.
Acariciándolo, Bihua sonrió.
—Qué dócil, qué dócil.
La expresión escabrosa en su rostro hizo que su «amigo inmortal» –este señor inmortal– comenzara a sudar un poco.
Al ver al gato montés temblar tan lastimosamente, al fin cedí a mi conciencia.
—Bihua, parece que es tímido con los extraños y te tiene algo de miedo. Mantén un poco de distancia, no vayas a asustar a la criatura.
Bihua Lingjun lo acarició un poco más, a regañadientes, pero al final retiró la mano y dio un paso atrás.
El gato montés saltó de inmediato al suelo y, tras rodar una vez, adoptó la forma de un joven ingenuo y asustadizo, que se acurrucó detrás del zorro.
El zorro, por instinto, se colocó delante del gato montés para ocultarlo de la vista.
Bihua Lingjun dio unos pasos atrás con elegancia.
—Has cultivado durante casi dos mil años, ¿verdad? Tu cultivación es bastante buena.
—Gracias por su elogio —respondió el zorro en voz baja.
Con las manos cruzadas tras la espalda, Bihua Lingjun sonrió. De pronto, giró ligeramente en mi dirección, y unas palabras tan suaves como el zumbido de un mosquito llegaron a mis oídos.
Bihua se estaba comunicando conmigo por telepatía.
—Song Yao, ¿el zorro y el gato montés vienen de la misma guarida?
Solo pude responderle del mismo modo:
—Sí, el zorro es el rey del gato montés. De toda su cueva de demonios, solo este gato montés sigue con vida. Así que, si tienes alguna intención con él, te ruego me disculpes, pero no podré ayudarte.
Bihua Lingjun, aún con las manos a la espalda, sonreía con ese aire etéreo tan propio de un inmortal.
De pronto, dijo:
—Ven con este señor un momento. —Y salió flotando por la ventana.
El zorro, sorprendido por un instante, se apresuró a seguirlo.
Mientras tanto, el gato montés, que veía en este señor inmortal a su protector, me miró con aire lastimoso. Yo le acaricié la cabeza y salí también por la ventana para ver qué ocurría.
—¿Ese cachorro es de tu madriguera? —preguntó Bihua Lingjun al zorro bajo la brillante luz de la luna—. Este señor desea llevarlo a la Corte Celestial. ¿Estás dispuesto a dejarlo ir?
El zorro se quedó mudo un momento antes de responder:
—Es una bendición que haya llamado su atención, pero aunque provenga de mi madriguera, nunca he impuesto restricciones a los demonios que viven en ella; son libres de ir y venir a su antojo.
Bihua Lingjun volvió entonces a la habitación y le preguntó al espíritu del gato montés:
—¿Quieres venir conmigo a la Corte Celestial?
El gato montés se aferró al pecho del zorro y se apretó contra él, negando con la cabeza.
Bihua Lingjun suspiró suavemente.
—Está bien, olvídalo. Todo esto debe de estar escrito por el destino. Solo que… —Se sacudió las mangas, pasó una mirada ligera e indiferente sobre el zorro, y luego echó un vistazo rápido a este señor inmortal—. Espero que no te arrepientas dentro de unos días si no logras hacerlo cambiar de opinión.
Se acercó a la cama, pasó una manga sobre la superficie para quitar el polvo y luego se recostó sobre ella para dormir.
El zorro miró con cierta incertidumbre a Bihua Lingjun.
Pensé: «Bola de Pelos, tú no lo sabes, pero este Bihua Lingjun acaba de venir del Paraíso Occidental, y todavía no logra desprenderse del todo de aquella mentalidad».
Después de acostarse, Bihua Lingjun echó una mirada de soslayo hacia el suelo y negó con la cabeza.
—Song Yao, ay, Song Yao… Aunque este cuerpo del maestro taoísta se parece al del Segundo Maestro Lü Dongbin cuando estaba en el mundo mortal, tú ya lo has usado bastante tiempo. ¿No es demasiado miserable dejarlo tirado en el suelo? Al menos podrías darle un banco de madera donde recostarse.
—No lo sabes —le respondí—, pero los bancos son angostos y duros como piedra. Más vale dejarlo sobre el suelo, que es plano y parejo.
Bihua reflexionó un instante y asintió.
—Tiene sentido, pero escuché que las hormigas, los insectos y los ratones del mundo mortal son bastante temibles. Vigílalo bien, no vaya a ser que lo roan mientras duerme.
—Puedes dormir tranquilo, Bihua —dije—. Las hormigas y los ratones no se comerían esa cosa.
Solo entonces Bihua Lingjun me deseó buenas noches y se sumió en el sueño.
El gato montés, sin embargo, se acurrucó detrás del zorro, aún temblando mientras miraba a Bihua Lingjun.
Este señor inmortal pensó en llevarlos a la habitación de al lado, pero allí estaba Lu Jing, de pie con su porte solemne de siempre, y Hengwen no terminaría su correspondencia oficial hasta el amanecer.
Así que a este señor inmortal no le quedó más remedio que quedarse, sentado en silencio y en calma.
Solo entonces el gato montés se atrevió a saltar sobre una silla junto a mí y acurrucarse para dormir.
El zorro, al parecer resignado a no poder ver a Hengwen esa noche, buscó otra silla algo más alejada y se echó allí.
Hasta el amanecer.
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