No fue sino hasta que despuntó la luz del amanecer que Hengwen terminó de revisar sus documentos oficiales.
Lu Jing guardó cuidadosamente la correspondencia y regresó a la Corte Celestial junto con Bihua Lingjun.
Antes de partir, Bihua incluso se dio el gusto de montar una pequeña escena, como si le pesara marcharse.
—Señores, cuídense. Me retiro a la Corte Celestial Celestial para devolver la llave de la Puerta Norte. Cuando tenga tiempo, vendré a visitarlos otra vez.
Hengwen y yo juntamos las manos en señal de despedida, observando con sincero alivio cómo ambas figuras se desvanecían tras el resplandor dorado.
Después de haber pasado toda la noche leyendo documentos oficiales, Hengwen se veía agotado.
Bebió un par de sorbos de té y extendió el edredón. Antes de recostarse, dijo:
—Ya le pedí a Lu Jing que, al regresar a la Corte Celestial, le recuerde a Mingge Xingjun lo de la misión. Espero que ese Mingge no lo haya olvidado por completo.
Lo arropé bien bajo la manta.
—Exacto. Mingge tiene una carga de trabajo enorme; no sería raro que se le pasara por alto.
Hengwen bostezó.
—Dices que estuviste meditando toda la noche. ¿No tienes sueño ahora?
Suspiré.
—Probablemente los sirvientes vendrán a golpear la puerta más tarde con agua y comida. Antes de dormir, bajaré a avisarle al posadero que no nos sirva nada —dije.
—Es muy temprano todavía —replicó Hengwen con pereza—. ¿Cómo podrían ser tan indiscretos los sirvientes para molestar a los huéspedes a estas horas? En todas las posadas anteriores, nunca llamaban a la puerta sin ser convocados, y solo venían por iniciativa propia cerca del mediodía, ¿no? Mejor durmamos primero.
Tal vez tenía razón, después de todo. Levanté el edredón y me metí en la cama.
¿Quién iba a pensar que ni siquiera había apoyado la cabeza en la almohada, ni cerrado los ojos por una sexta parte de una hora, cuando comenzarían a resonar golpes en la puerta?
—¡Señor, señor! ¿Sigue descansando?
Me invadió la furia. ¡El día apenas había amanecido! ¿Qué sirviente tan poco considerado e inoportuno era ese?
Con el ceño fruncido, Hengwen sacó una mano de entre la colcha y la agitó perezosamente en el aire.
—Despídelo. Yo voy a seguir durmiendo.
Dicho esto, con una deslealtad pasmosa, se volvió hacia el otro lado.
Me levanté y fui a abrir la puerta. Apenas la entreabrí, escuché al sirviente decir:
—¡Por fin se ha levantado, señor! Este joven señor dice que tiene algo que… ¿eh? ¿Eh? ¿¿Eh??
El camarero se quedó boquiabierto, y a mí se me heló el corazón.
Ay no… ¿cómo pude ser tan despistado?
¡Este señor inmortal había olvidado volver poseer el cuerpo de Guangyunzi! Y yo, tan campante, había abierto la puerta con mi verdadera forma.
El camarero me examinó de arriba abajo y tartamudeó:
—Se-señor, e-este humilde servidor recuerda que e-esta habitación, y la de al lado, fueron reservadas por un maestro taoísta y un joven señor de apellido Zhao… ¿M-me habré equivocado…? Jo-joven señor, ¿puedo saber quién es usted…?
Este señor inmortal estaba completamente consternado, pues detrás del sirviente, rodeado por unos cuantos asistentes… estaba Mu Ruoyan.
Un par de ojos me observaban con fijeza. Aun en mi consternación, no pude evitar preguntarme por qué Tianshu estaba allí tan temprano.
Abrí del todo la puerta y esbocé una sonrisa refinada hacia el camarero.
—No se ha equivocado. El joven señor Zhao está aquí, aún dormido.
Luego volví la vista hacia Mu Ruoyan y le dediqué una sonrisa amable.
—¿Ha ocurrido algo para que todos ustedes vengan a estas horas de la mañana?
La voz del sirviente vaciló:
—J-j-j-joven, joven señor… usted es…
—¿Lo ha olvidado? —jade con asombro—. Este humilde servidor es el primo mayor del joven señor Zhao. Vine a buscar a mi primo menor anoche, muy tarde ya. Si no me falla la memoria, fue usted mismo quien me guió hasta aquí.
El camarero, ahora completamente confundido, se rascó la cabeza.
—E-este humilde servidor no recuerda…
Fruncí el ceño.
—¿No me diga que fue otro? Venía tan apurado anoche, que no alcancé a verle bien el rostro.
Metí la mano en mis mangas y conjuré una pieza de plata.
—Todo fue gracias a usted, que anoche hizo concesiones y me abrió el camino; pero, apurado por encontrar a mi primo, olvidé darle las gracias. Le ruego acepte este pedacito de plata como una pequeña muestra de mi gratitud.
El camarero no era rival de la gran sabiduría de este señor inmortal, y aceptó la plata con una sonrisa radiante.
—Sí, sí, ahora que me lo recuerda, ya me vino todo a la mente. Usted llegó anoche, agotado del viaje, buscando a su primo, y este humilde servidor lo acompañó escaleras arriba con una linterna. ¡Qué amable es usted! Solo cumplía con mi deber. En fin, este joven señor dice que tiene un asunto importante que tratar con el joven señor Zhao y con el Daoozhang. ¿Por qué no habla con él primero? Este humilde servidor se retira. Llámeme si necesita algo.
El camarero se retiró con una sonrisa en el rostro, dejándonos a este señor inmortal y a Mu Ruoyan mirándonos frente a frente. Junté las manos en saludo.
—Debe de tratarse de un asunto de gran importancia para que haya venido a buscar a mi primo menor. ¿Podría pedirle que espere un momento fuera mientras este humilde servidor va a despertarlo?
Mu Ruoyan me devolvió el saludo.
—En ese caso, tendré que molestarlo. —Hubo una breve pausa, y luego añadió—: Este humilde servidor se llama Mu Ruoyan. ¿Puedo preguntar por el ilustre apellido del señor?
—Un honor conocerle. Este humilde servidor es el primo mayor de Zhao Heng —respondí, juntando las manos una vez más.
En ese instante, recordé nuestro primer encuentro: cómo, hace varios miles de años, sobre las nubes flotantes, había aguardado a un lado del camino para postrarme ante Tianshu Xingjun.
Aquel día dije:
—Este humilde inmortal se llama Song Yao, un recién llegado a la Corte Celestial. Saludos, Xingjun.
No pude evitar responder ahora con voz suave y pausada:
—Mi apellido es Song, y mi nombre es Yao. Si al joven señor Mu no le incomoda, puede llamarme Song Yao.
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