Libro del Destino en mano, Mingge Xingjun se acercó a nosotros desde el otro lado del precipicio. Miró en dirección donde el zorro había partido convertido en viento.
—Este zorro de las nieves tiene buena fundación. Quizás tras quinientos años más en el mundo mortal, podamos verlo en la Corte Celestial.
—Xingjun, ¿acaso esto también cae bajo la jurisdicción de tu Libro del Destino? —pregunté.
Mingge Xingjun acarició su barba y sonrió.
—Quienes cultivan ya se han liberado del ciclo de reencarnaciones. Así que, en principio, no caen bajo la jurisdicción de la Corte Celestial. Sin embargo —dijo, y presionó la tapa del Libro—, también es posible que haya un lugar para ello en el Libro del Destino. Esto es un secreto del Cielo. No estoy autorizado a revelarlo.
—Últimamente apenas te veo descender al mundo mortal —dije—. ¿Imitaste a Bihua Lingjun y te fuiste al Paraíso Occidental a tomar té? La cantinela que repites es la misma que la suya.
Mingge soltó una risa seca.
—Perdón, perdón, Song Yao Yuanjun, le pido disculpas. Resulta que hay un asunto espinoso en la Corte Celestial que este señor debe atender, lo cual me retuvo unos días. El Emperador de Jade está preocupado por el viaje de Yuanjun en esta ocasión, e incluso usó mi Espejo de la Observación para echar un vistazo. Está muy satisfecho con todo lo que Yuanjun ha hecho estos últimos días…
Mi corazón dio un vuelvo repentino, pero fue con una sonrisa que dije:
—Me halagas. Ha sido todo gracias a que Xingjun veló por mí.
Mingge entonces le dijo a Hengwen:
—¿Cómo ha estado Qingjun estos días?El Emperador de Jade preguntó por usted y me encargó transmitirle un mensaje de su parte. El diálogo doctrinal está a la vuelta de la esquina. ¿Cuándo piensa regresar a la Corte Celestial?
—Me siento realmente honrado de que el Emperador de Jade preguntara por mí y pidiera a Xingjun transmitirme este mensaje —dijo Hengwen—. Si los asuntos en este mundo se resuelven pronto, regresaré a la Corte Celestial. Si no, volveré a la Corte Celestial cuando llegue el día y le pediré al Emperador de Jade que envíe a otra persona al mundo mortal para asistir a Song Yuanjun. ¿Podría molestar a Xingjun para que transmita mi respuesta en mi nombre?
Mingge juntó las manos en señal de respeto.
—Quede tranquilo, Qingjun. Sin duda transmitiré su mensaje al Emperador de Jade.
Una vez concluidas todas estas divagaciones, Mingge comenzó a hojear las páginas del Libro del Destino. Este señor inmortal, siempre intranquilo al verlo, le preguntó:
—Xingjun, ¿podrías mostrarme primero las palabras en tu libro? Las palabras habladas no son tan claras como las escritas. Solo después de estudiarlas detenidamente podré desempeñar mejor mi labor para tranquilizar tanto al Emperador de Jade como a ti. —El cuerpo del maestro taoísta Guangyun aún estaba retenido en la prefectura. Allí había expuesto mi inmortalidad, y ahora no sabía en qué me convertirían después para acercarme a Tianshu.
Mingge Xingjun sabía que los últimos incidentes estaban frescos en la mente de este señor inmortal. Abrazó su libro contra el pecho, sin querer entregarlo, pero encontrándose en un aprieto para negarse. Tras un momento de vacilación, acarició su barba.
—En realidad, la visita de Yuanjun al mundo mortal está a punto de llegar a su fin.
¿A punto de llegar a su fin? Apenas había logrado nada para separar a esos dos tortolitos, ¿y ahora todo estaba por terminar?
—Yuanjun puede permanecer escondido en la ciudad —dijo Mingge—. En menos de dos días, este asunto llegará a su conclusión.
Me mostró unas líneas del Libro del Destino:
«Las vidas de Shan Shengling y Mu Ruoyan llegan a su fin. La Estrella Tianshu y el Inmortal Nanming vuelven una vez más al ciclo de la reencarnación».
Al leerlo, mi pequeño corazón tembló. Nacer como humano por una vida era yabconvertirse en una vida; y aun así, el Emperador de Jade decretaba la muerte con una sola orden, como si nada. Sin embargo, no tenía idea de cómo terminarían Mu Ruoyan y Shan Shengling.
El viejo Mingge no quiso decírmelo. Solo dejó escapar un largo suspiro.
—No es que quiera engañarte —dijo—. Al fin y al cabo, hemos sido compañeros inmortales durante miles de años. A nadie podría agradarle conocer semejante final. Si yo no fuera quien escribió el Libro del Destino, tampoco querría saberlo. Saberlo y, aun así, tener que mirar impotente cómo todo se cumple, probablemente ninguno de ustedes podría soportarlo. Solo serán unos pocos días. Cuando llegue el momento, lo comprenderás por ti mismo. —Mingge alzó la vista con pesar hacia las nubes altas, donde la neblina se adelgazaba.
—Creo haber visto el nombre de «Estrella Tianshu» rodeado por un círculo dorado en el Libro del Destino —dijo Hengwen tranquilamente—. ¿Qué significa eso?
Sus palabras me sobresaltaron. ¿Un círculo dorado? ¿Cómo era posible que este señor inmortal no lo hubiera visto?
Mingge Xingjun cerró el Libro del Destino. Arrugó su rostro envejecido y, con una sonrisa, dijo:
—Probablemente sea una marca que hice por miedo a escribir mal una palabra.
—Cuando viajaba en el barco con Tianshu —continuó Hengwen—, me pareció ver algo parecido: un delgado aro alrededor del meñique de su mano izquierda, como si estuviera atado con un hilo dorado. Sé que Yue Lao enlazó con su hilo rojo del destino a Tianshu y Nanming en esta vida, pero ¿desde cuándo existe también otro y dorado?
Mingge Xingjun levantó la manga para secarse el sudor de la frente.
—Qingjun, ya que lo sabe todo, ¿por qué sigue insistiendo? Toda causa tiene su efecto, y todo efecto, su causa. Y a veces las semillas que se siembran y se cosechan se revuelven tanto que resulta complicado seguirles la pista.
—Puedes estar tranquilo, Xingjun —dijo Hengwen—. Este señor no reavivará lo que el Emperador de Jade ha apaciguado. Sin embargo… —una sonrisa se dibujó en su rostro mientras me lanzaba una mirada de soslayo—, ¿podría ser que el hilo dorado del dedo de Tianshu sea el mismo que el de cierto rumor en la Corte Celestial?
—¿Qué rumor? —pregunté, sin tacto alguno.
Mingge guardó silencio. Fue Hengwen quien respondió:
—El hilo del vínculo inmortal. ¿Acaso nunca has oído hablar de él?
En efecto, jamás había oído hablar de él.
Mingge dejó escapar otro suspiro y murmuró:
—… En realidad, podría decirse que es la desafortunada afinidad entre Tianshu Xingjun y Nanming Dijun…
—¿Podrías ser más específico? —pregunté. Pero al ver las insondables expresiones de ambos, tuve el buen sentido de añadir—: Si es un secreto del Cielo, olvida que lo dije.
Mingge volvió a suspirar.
—No es realmente un secreto —dijo Hengwen—. Se cuenta que cuando la Estrella Tianshu y Nanming Dijun nacieron, brillaron y se reflejaron mutuamente, inextricablemente unidos. La Estrella Tianshu era en un principio la estrella de los emperadores, la que protege y bendice al Hijo del Cielo destinado a reinar con el aura del poder imperial en el mundo mortal; mientras que Nanming Dijun regía la fortuna y el destino de las naciones. Ambos inmortales se complementaban y asistían entre sí como si fueran uno solo. Según la leyenda, con el tiempo se formó entre Nanming Dijun y Tianshu Xingjun un hilo de vínculo inmortal. De hecho, ese hilo se asemeja un poco al hilo rojo del destino de Yue Lao. Ata a ambos en un enredo de amor inconmensurable, de adoración y de tierno afecto mutuo.
Así que Tianshu y Nanming compartían un pasado tan profundo.
—¿Podría ser que el Emperador de Jade los haya desterrado al mundo mortal precisamente para cortar ese hilo de amor? —pregunté.
¿Diseñar pruebas de amor, el hilo rojo del destino de Yue Lao, incluso involucrar a este señor inmortal, todo eso únicamente para cortar su amor con otro tipo de amor?
Mingge me miró, pero siguió sin decir palabra.
—Ya es demasiado tarde —dijo Hengwen con voz grave, negando con la cabeza—. El hilo del vínculo inmortal tiene dos tipos de nudos: uno corredizo y otro muerto. El corredizo puede desatarse, pero el que ahora lleva Tianshu en la mano es un nudo muerto. Si las leyendas son ciertas, no puede deshacerse, a menos que él sea completamente obliterado.
Me quedé pasmado.
—… En realidad —titubeó Mingge—, el Emperador de Jade dispuso todo esto porque también estaba intentando hallar una forma de deshacerlo… Al fin y al cabo… —suspiró profundamente, negando con la cabeza. Le dio una palmada en el hombro a este señor inmortal al pasar, luego juntó las manos hacia Hengwen—. Aún tengo algunos asuntos triviales que atender en la Corte Celestial. Me retiro por ahora.
Y, cabalgando sobre el viento y las nubes, regresó a la Corte Celestial.
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