(1) Observaciones importantes:
– 纾 (shū) significa “aliviar, calmar, relajar” → implicación metafórica: es la personalidad que alivia el dolor, la tierna, la que busca consuelo y calma emocional.
– Cuando es la personalidad dominante, fría y autoritaria → 许枢.
– Cuando es la personalidad sumisa, infantil y cariñosa → 许纾.
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Aquella pareja de amo y sirviente estaban como una cabra. Se liaban a mordiscos en plena carretera. Lu Jingxian no lo dudó, dio media vuelta y buscó otro camino para regresar.
Siguiendo la ubicación en el mapa, encontró el restaurante de los Cangrejos Pequeños Gorditos. Al ver la parrilla humeante, no lo pensó dos veces y pidió un buen puñado de brochetas y veinte duros de cangrejos de río. De camino a casa, fue mirando cerveza artesanal para llevar, eligió una tienda con buena puntuación y pidió tres litros de IPA simple. Cuando llegó a la urbanización, se encontró con el repartidor justo al pie del edificio. El tiempo le había quedado perfecto.
Xu Shu miró la mesa repleta de comida y bebida y preguntó con tono de duda:
—¿Lo que te envié fue «una ración», no?
—Todavía no he cenado. ¿Cómo iba a ser suficiente una ración? —Lu Jingxian fue abriendo los envases—. Compré de ajo picado, salteado seco, y también el sabor especial de la casa. Y estas brochetas… Tú coge las que más te gusten.
Xu Shu no tenía hambre, pero le atraían esos cangrejos de río tan apetitosos y quería probar otros sabores. Lu Jingxian cogió dos vasos de la repisa. El juego de vasos tenía cuatro: él había roto uno, Xu Shu había roto otro. Si llegaba una sola persona más a casa, no habría suficientes.
En cuanto abrió el envase, el característico aroma a frutas tropicales de la IPA americana inundó la estancia. Xu Shu frunció el ceño:
—¿Esta cerveza tiene mucha graduación?
—Tira de alta, pero no se puede comparar con el licor de arroz —dijo Lu Jingxian, sirviéndose primero un vaso. Iba a llenar el otro cuando Xu Shu tapó el suyo con la mano—. Yo quiero tomar Schnee.
—¿Y qué gracia tiene la cerveza industrial? Sabe a zumo de cebada aguado. ¿Es que no te atreves a probarla?
Se despertó en él el espíritu competitivo del hombre. Xu Shu apartó la mano:
—Llena.
Encendieron la televisión y eligieron un programa de variedades al azar. Los dos se sentaron en la alfombra, apoyados en el sofá, bebiendo y comiendo brochetas. Xu Shu llevaba guantes y no paraba de pelar cangrejos. Lu Jingxian le ofreció una brocheta de cordero:
—Toma, cómela caliente.
—Ahora mismo.
A los pocos segundos, otra brocheta de pechugas de pollo. A Xu Shu le daba pereza quitarse los guantes, así que levantó la barbilla:
—Déjala ahí.
La siguiente brocheta era de lomo de cerdo. Lu Jingxian se la llevó directamente a la boca. Xu Shu giró la cabeza hacia un lado, pero la expresión de Lu Jingxian era muy natural:
—Come, ¿no tienes las manos ocupadas?
Dudó unos segundos, luego bajó lentamente la cabeza y mordió un tierno trozo de cerdo.
—Con lo remilgado que eres, cualquiera diría que le he puesto veneno —dijo Lu Jingxian, retiró la brocheta de lomo y se comió los dos trozos que quedaban de un bocado—. ¿Ves? Así es como se disfruta.
—…
—Vamos, bebe. ¡Yo me lo seco y tú lo que quieras!
Lu Jingxian apuró medio vaso de un trago, cogió la botella y lo rellenó. Xu Shu, para que no siguiera burlándose de él, también se echó medio vaso de una sola vez. Su expresión era tan dolorida como si estuviera tomando medicina china.
Demasiado amarga, demasiado astringente. Era mejor beber zumo de cebada. Xu Shu se limpió los labios, pero su orgullo no le permitía rendirse a mitad del camino. Volvió a deslizar el vaso hacia delante en señal de que se lo llenara.
—Mejor lo dejamos —dijo Lu Jingxian, tocándose la mejilla—. Ya se te nota en la cara.
—Llena hasta arriba. Date prisa.
No hicieron falta ni tres rondas. Al terminar el segundo vaso, Xu Shu ya estaba tendido sobre la mesita, completamente inconsciente.
—Xu Shu, Xu Shu, ¿cómo estás? —Lu Jingxian cogió el vaso. Como mucho cabían 250 ml. Dos vasos eran el equivalente a una botella. ¿Acaso su resistencia al alcohol era tan ridícula?
Y lo peor es que, habiendo bebido lo mismo, él no tenía nada de sueño. Más bien le parecía que aquella cantidad no era suficiente y se planteó pedir dos litros más.
Xu Shu, el que nunca se rendía, era la viva imagen de lo que significaba «malo para beber pero con muchas ganas».
—¿Puedes levantarte?
Lu Jingxian pensó en llevar a Xu Shu a su habitación. Pero en cuanto le agarró el brazo, todo el cuerpo de Xu Shu se inclinó y fue a dar justo contra su pecho.
No me digas que se quedó frito. Lu Jingxian bajó la mirada. Xu Shu estaba apoyado en su pecho, resollando con un ritmo tranquilo, las mejillas sonrosadas, las espesas pestañas proyectando una sombra a ambos lados de la nariz, los labios finos como si los hubieran teñido con bermellón.
Por mucho que lo mirara, seguía siendo de los que tienen rabo.
Por muy guapo que fuera, no dejaba de ser una flor carnívora.
Lu Jingxian dio la vuelta a esas dos frases en su cabeza, murmurándolas muchas veces. Luego rodeó con el brazo la parte trasera de las rodillas de Xu Shu y lo levantó en brazos. Xu Shu era medio cabeza más bajo que él, de aspecto delgado y esbelto, los huesos y la carne proporcionados y armoniosos. La sensación al sostenerlo entre los brazos era muy agradable.
Ay, basta de pensar en eso. ¡Que yo soy hetero!
Lu Jingxian llevó a Xu Shu a la habitación y, nada más dejarlo en la cama, el hombre se despertó. Xu Shu, con la conciencia nublada, abrió los ojos con dificultad, solo una rendija:
—¿Lu… Jingxian?
—Sí, soy yo.
Xu Shu asintió, como si solo hubiera querido confirmar su presencia, y volvió a cerrar los ojos para seguir durmiendo.
Lu Jingxian encendió el aire acondicionado, lo puso a una temperatura adecuada y luego le subió la manta. Todo el proceso le resultaba tan familiar que no pudo evitar tener la sensación de que aquella no sería la última vez. Seguro que habría muchas más.
Volvió al salón, se sentó de nuevo y continuó comiendo brochetas y pelando cangrejos. En un abrir y cerrar de ojos, la IPA se había acabado. La papelera rebosaba de cáscaras de cangrejo. Por una vez, había comido hasta hartarse.
De repente, llegó desde la habitación el ruido de algo pesado cayendo al suelo. Se quitó los guantes rápidamente y abrió la puerta de golpe. Vio a Xu Shu, manta incluida, revolcándose en el suelo, forcejeando por levantarse. Parecía un enorme gusano de seda blanco moviéndose lentamente.
—Oye, oye, no te muevas tanto —dijo Lu Jingxian sujetándolo. Le quitó la manta del edredón que se le había enredado en el cuerpo, y Xu Shu volvió a caer en sus brazos. Esta vez no perdió el conocimiento, sino que se lanzó a propósito.
—¿Me has echado de menos?
La voz era suave y dulzona, con un deje nasal, pegajosa y adorable.
—¿Xu Shu? ¿Eres tú?
—Respóndeme primero: ¿me has echado de menos?
—Dime primero tú: ¿por qué has vuelto a salir?
Xu Shu se restregó los ojos:
—Ah Shu… se ha emborrachado otra vez.
A ti también te veo como si estuvieras borracho. Pero no es culpa suya: dos personalidades compartiendo un mismo cuerpo, y el tiempo desde que se emborrachó es aún corto. El alcohol en el organismo no se ha metabolizado por completo. Aunque la conciencia esté despejada, los reflejos fisiológicos no se pueden controlar.
Lu Jingxian hizo que Xu Shu se sentara en la cama y se giró para recoger la manta, pero Xu Shu lo abrazó por detrás a la cintura:
—Quédate un rato a hablar conmigo, ¿sí? Te echo mucho de menos.
—Vale, pero suéltame primero.
—No quiero—. Xu Shu apretó más los brazos, pegándose con fuerza a su espalda.
Lu Jingxian tiró la manta de vuelta a la cama y dijo resignado:
—Hablaré contigo, pero primero tienes que sentarte bien.
Xu Shu obedeció y soltó los brazos. Pero en cuanto Lu Jingxian se giró, él se lanzó con todo su peso en contra suya, derribándolo sobre la cama.
—Oye, Xu Shu, levántate. Que te he dicho que mantengamos las distancias.
Xu Shu no solo no obedeció, sino que también se frotó contra él.
—Estoy incómodo. ¡Levántate primero!
Lu Jingxian notaba la cabeza pesada. No sabía si era por efecto del alcohol, pero Xu Shu hoy estaba especialmente pegajoso y desobediente. Como si estuviera de resaca. Finalmente, Xu Shu accedió a apartarse de él y se incorporó tambaleándose. Intentó sentarse a horcajadas sobre sus caderas, pero resultó que su pie pisó justo en el estómago de Lu Jingxian.
Lu Jingxian casi escupe sangre. Lo apartó de un tirón y saltó de la cama él solo. Por poco. Menos mal que había sido en el estómago. Si llega a ser un poco más abajo, le hubiera dejado sin descendencia.
Xu Shu se quedó arrodillado en la cama, mirándolo con una expresión lastimera:
—¿No estás enfadado?
Lu Jingxian tenía la bilis contenida, pero al encontrarse con aquellos ojos nublados por la embriaguez, solo pudo suspirar con impotencia:
—Si tienes algo que decir, dilo ahora. Si no, túmbate a dormir.
—Seguro que estás enfadado. Con lo frío que estás conmigo.
—Que no.
—Entonces ¿por qué no me dejas abrazarte? —Xu Shu se acercó de rodillas al borde de la cama y lo abrazó por la cintura—. Ah Shu no me deja salir, pero te echo tanto de menos que no dejo de buscar un momento para verte a escondidas. ¿Por qué no me consuelas un poco, eh?
Por fin, Lu Jingxian detectó en sus actos y palabras unos hilos sutiles de rareza.
La forma de mostrar cariño de Xu Shu tenía una fuerte carga de insinuación sexual, muy diferente de esos contactos físicos despreocupados y sin sentido de los límites de antes. En el recuerdo de Lu Jingxian, Xu Shu era una pequeña margarita blanca y pura. Pero el de hoy parecía una amapola que incitaba al pecado.
Había aparecido porque «lo echaba de menos», una razón que no se sostenía. Desde la última vez ya lo tenía muy claro: lo que más le importaba a Xu Shu era cómo se sentía Ah Shu, y con respecto a Lu Jingxian sentía una amistad que no podía traspasar los límites.
Y lo más extraño de todo era que, hasta el momento, no había escuchado ni una sola vez aquel famoso «Jingxian gege».
Lu Jingxian le apartó los brazos y retrocedió un paso para distanciarse:
—¿Quién eres tú realmente?
Xu Shu parpadeó:
—Soy Xu Shu.
—No intentes engañarme. ¿Tú eres alguna de sus otras personalidades?
—De verdad que soy yo…
—¡Dime la verdad ya!
Lu Jingxian tenía el rostro completamente serio, mientras Xu Shu seguía arrodillado en la cama. En el silencio, fue aplanando lentamente la comisura de sus labios, y esa mirada ingenua y confusa se desvaneció para recuperar una expresión penetrante que le resultaba terriblemente familiar.
—¿…Eres Xu Shu? —Lu Jingxian no solo estaba sorprendido, sino a punto de volverse loco.
Xu Shu no se molestó en responder. Se tapó con la manta y se tumbó. Había hecho un esfuerzo para mantenerse despierto a mitad de la borrachera y montar aquella función, y sus fuerzas estaban a punto de agotarse. Necesitaba dormir urgentemente.
—Oye, ¿qué te pasa? —Lu Jingxian levantó la manta de un tirón y lo incorporó—. ¿Estás borracho, no duermes y te dedicas a hacer cosplay para vacilarme? ¿Tan divertido es?
—¿Tú crees que a mí me hace gracia? Te pregunté qué habías hecho con él, ¿y tú no te has pasado el tiempo haciéndote el tonto? —resopló Xu Shu—. Ya lo decía yo. Los dos os protegéis mutuamente, ninguno quiere decir nada. Así que he tenido que bajar yo mismo al ruedo.
—Si no he hecho nada, ¿qué quieres que te diga? —Lu Jingxian se sintió como el peor de los injustamente acusados—. Si está mal que te lo ocultara, pero ¿cómo puedes malinterpretar hasta ese punto y pensar que un chiquillo de diecisiete años como yo se iba a liar con él?
—Es mi cuerpo y tengo derecho a saber qué ha pasado con él.
—¡Pero si no ha pasado nada! ¿Y si haces esto y al final resulta que sí que me aprovecho de ti? ¿No te da miedo?
—Ja. ¿Y tú crees que no iba a llamar a la policía? —Xu Shu bostezó lentamente—. Antes no me creía del todo que fueras inocente, ahora ya sí. Ni con esta tentación has picado. ¿Será que no funcionas bien?
—…
Al ver que Lu Jingxian no decía nada, Xu Shu se estiró perezosamente:
—Bueno, tú me ocultaste algo una vez, yo te he engañado otra, estamos en paz. Ahora me voy a…
Pero le agarró por la nuca. Lu Jingxian apoyó una rodilla en el borde de la cama, se inclinó sobre él y selló con sus labios esa boca tan suelta.
Xu Shu abrió los ojos como platos. Instintivamente, echó la cabeza hacia atrás y recibió aquel beso inesperado y extraño. Sintió un calor desconocido en los labios, que no era un simple contacto. Una lengua recorrió sus labios, se deslizó entre ellos y dio una vuelta completa, rozando casi cada rincón antes de marcharse, como a desgana.
—¿Y ahora qué? ¿Crees que no funciono?
Xu Shu lo miró atónito. Lu Jingxian lo soltó:
—Ahora sí que estamos en paz.
Al cabo de un larguísimo minuto, Xu Shu por fin reaccionó. Frunció el ceño con fuerza, cada vez más furioso:
—¿Pero qué crees que haces? ¿Se te ha ido la olla con tanta cerveza? ¿Cómo te atreves a besarme?
—Solo quería que supieras que no es que no haga nada con Xu Shu, es que no quiero hacer nada —dijo Lu Jingxian, manteniéndole la mirada sin ningún miedo, con tono grave—. Aunque no soy precisamente muy heterosexual, tengo ciertos límites. Espero que de ahora en adelante no vuelvas a ponerme a prueba con estas tonterías.
—Tú…
—Cuando me necesitas, trabajo como un esclavo y hago lo que me mandas. Pero si vuelves a engañarme así, haré algo mucho peor.
Xu Shu se quedó sin palabras. Lu Jingxian tenía el rostro inexpresivo, los ojos negros y profundos, una mirada sombría y amenazadora. La ira contenida estaba a punto de estallar, o quizá no. En todo ese tiempo, nunca había visto aquella expresión en él, ni siquiera se había imaginado que esa clase de emociones pudieran aparecer en Lu Jingxian.
Lu Jingxian se dio la vuelta y salió, cerrando la puerta de madera al pasar.
En el momento en que salió del campo visual de Xu Shu, toda aquella aparente calma y valentía se desvanecieron. Cogió su propio pelo con rabia y frustración.
¿Pero qué demonios he hecho?
No había sido su intención tomarle la boca a la ligera. Pero empujado por la tensión del momento y la situación, le había parecido que debía hacer algo inesperado para darle una lección a Xu Shu.
Esperaba haberlo intimidado lo suficiente para que no volviera a sacar el tema.
Hetero. Yo soy heterosexual. Estoy loco.
── ⋆⋅☆⋅⋆ ──
Nota de autor:
Fue solo un pequeño contratiempo inesperado; el progreso emocional aún no ha sido tan rápido
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