Shi Wen miró la ubicación que Gu Lin le había enviado; era un bar elegante en el centro de la ciudad, frecuentado por gente adinerada. ¿Shang Yu… estaba aquí? Tomó un taxi y le dio a Gu Lin el número que le había enviado. El apuesto hombre que estaba en la barra lo miró varias veces con interés.
«¿Eres Shi Wen?» Tenía unos ojos que denotaban coquetería, seguro por pasarse los años metido entre fiestas y alcohol, y tenía en el cuerpo un aire de mujeriego.
«Sí.»
«El joven maestro Gu ya me lo dijo, ven conmigo.» Él asintió levemente.
Shi Wen le seguía los pasos. El bar tenía una decoración de estilo europeo, con un suelo de mármol brillante cubierto por una suave alfombra. Shi Wen caminaba sobre la alfombra, en silencio, sin saber cuántos tramos de escaleras había subido.
«Ya llegamos. Es la última habitación.» El hombre señaló el final y dijo: «Toca la puerta un par de veces. Si no hay respuesta, entra».
«Gracias.» Shi Wen le agradeció en voz baja.
¿Es justo al final…?
Después de que el hombre se fue, Shi Wen pareció perder todas sus fuerzas. Reinaba el silencio a su alrededor; podía oír su corazón latir más rápido, un nerviosismo teñido de vacilación.
Anhelaba ver a Shang Yu, pero a la vez le daba miedo. Un torbellino de pensamientos le aturdía la cabeza. Respiró hondo.
…Todo tenía que aclararse tarde o temprano.
Disminuyendo el paso, antes incluso de llegar a la puerta, Shi Wen percibió un fuerte olor a alcohol.
Era penetrante, un olor que lo golpeó de lleno; se preguntó cuánto habría bebido Shang Yu.
Shi Wen levantó el dedo índice y llamó. El golpe resonó inusualmente fuerte en el silencio. Shi Wen contó sus latidos mientras llamaba varias veces.
Nadie respondió.
«Entonces yo…entraré.»
Shi Wen empujó la puerta.
Las cortinas estaban cerradas y la habitación estaba tenuemente iluminada. En la penumbra, Shi Wen vio una figura desplomada contra el sofá.
…Era Shang Yu.
Delante de él había un montón de botellas de alcohol desordenadas por todas partes, el cenicero estaba lleno de colillas y algunas incluso se habían caído hacia afuera. Toda su persona daba la sensación de estar hundida en el abandono1 y sin pizca de vida.
¿Shang Yu… fuma tanto?
Shang Yu ni siquiera levantó la vista al oír que se abría la puerta. Murmuró: «Gu Lin… ¿no te dije que no vinieras? Déjame estar solo un rato…».
Incluso la voz es deprimida y decadente.
«Shang Yu…» llamó Shi Wen suavemente.
Shang Yu levantó la cabeza cuando escuchó el llamado. Sus ojos miraban hacia allí confusos, vacíos, como si no hubiera vida en ellos.
«Estás aquí…»
Shi Wen miró los ojos muertos de Shang Yu y su corazón comenzó a doler. Esa persona siempre ha estado llena de vigor y vitalidad. ¿Cómo podía tener esa mirada?
«Estás aquí…» Shang Yu susurró repetidamente, luego bajó la cabeza con decepción. Entonces, de repente, levantó la cabeza y abrió mucho los ojos con incredulidad, como si de repente cobrara vida y la luz brillara en sus ojos.
«Tú… tú eres Shi Wen. Tú… de verdad eres Shi Wen. Tú… de verdad. ¿Estás… estás de verdad aquí?»
Shang Yu estaba diciendo tonterías, pasándose las manos por el cabello despeinado y se levantó de repente. Pero como saltó demasiado repentinamente, su visión se oscureció por un momento. Caminó hacia Shi Wen, pero dudó y no se atrevió a acercarse.
«Vine a ti… para hablar contigo.»
«Sé que estás confundido y frustrado. Antes me gustabas tanto, ¿por qué de repente te rendiste así de repente…?»
«Probablemente sea la primera vez que te encuentras con un pretendiente así… Quizás pienses que me hago la difícil, aunque me tomé la molestia de implantarme una glándula omega…»
«No, no lo es. No, Shi Wen…» Shang Yu siguió negando con la cabeza. «Tú, escúchame».
«Pero realmente ya no me gustas», escuchó Shi Wen su propia voz sonar ligera y temblorosa. Esa voz le atravesó el corazón, y también el de Shang Yu. Shang Yu se quedó sin palabras. En ese momento, ambos corazones fueron cortados al mismo tiempo, sangrando profusamente y causando un dolor insoportable.
«Sabes, Shang Yu», dijo Shi Wen con dificultad, recuperando la voz: «Me dolió mucho en la mesa de operaciones y también cuando pasó la anestesia, pero nunca fue tan doloroso como el sueño que tuve en ese momento».
Es ridículo, ¿verdad? Quizás te rías de mí por rendirme solo por un sueño. Las lágrimas de Shi Wen comenzaron a fluir por todo su rostro. Se atragantó y dijo: «Pero… este sueño fué demasiado real».
«Fue tan real que lo sentí como si fuera mi vida entera, tan real que todo mi cuerpo estaba frío después de despertar, tan real que todavía me duele cuando lo pienso ahora…» Shi Wen esbozó una sonrisa amarga. Al ver su sonrisa, Shang Yu sintió como si cientos de agujas de plata se clavaran en su corazón; el dolor era como si cada centímetro de su carne se desgarrara. Quería hablar, quería negar con la cabeza, pero solo podía observar su cuerpo congelado en el lugar.
«En mi sueño, también me implantaron una glándula Omega. Te drogué, haciendo que me marcaras. Debido a tu responsabilidad, no pudiste abandonarme y nos convertimos en compañeros. Estuvimos juntos diez años”. Shi Wen retorció los dedos, sus yemas se pusieron blancas. Pronunció palabras nostálgicas, pero su tono estaba lleno de desesperación. “Pero no te gustaba. Me odiabas. Nunca me miraste bien en diez años. Después de todo, usé métodos tan despreciables. Lo sé, me lo merecía. Más tarde, el Instituto de Ciencia y Tecnología desarrolló una cirugía para extirpar la glándula y me pediste que la extirpara.»
Shi Wen se pasó la mano por el cabello. Sentía como si tuviera una aguja escondida en la nariz y cada respiración era dolorosa. Mientras hablaba de ello, Shi Wen ya no sentía tanto dolor.
«Pero en mi sueño, te amé de verdad, de verdad, así que abrí la llave del gas y me suicidé. Te llamé una última vez y contestaste por lástima. No me arrepiento».
Las últimas palabras parecieron trascender el tiempo y el espacio, entrelazándose con el ligero «no me arrepiento» de aquella llamada telefónica de su vida anterior. La visión de Shang Yu se nubló y se tambaleó de dolor.
«Esos diez años fueron tan dolorosos, tan increíblemente dolorosos», los ojos de Shi Wen miraron a Shang Yu, pero también a través de él, a su propio ser acurrucado en la desesperación. «No me arrepiento de haberte amado, pero esos diez años… no tengo el valor de revivirlos».
Shang Yu no pudo contenerse más al oír la palabra «dolor» de Shi Wen. Lo intentó varias veces antes de finalmente recuperar la voz, pero esta temblaba incontrolablemente.
«…Shi Wen…» jadeó.
«Shi Wen…» contuvo los sollozos.
La voz desesperada de Shang Yu resonó en la habitación.
«Durante las décadas restantes, se la pasó acompañado solamente por esas feromonas que ya hacía tiempo que se habían borrado y por un arrepentimiento que nunca se terminaba.»
«¡Cállate…!» Shi Wen se agarró la cabeza con dolor, las lágrimas corrían por su rostro como si sus glándulas lagrimales estuvieran rotas. «¡Cállate, cállate, cállate…!»
Shang Yu se tambaleó hasta acercarse, con la voz ronca y apenas audible, «Shi Wen…»
«¡Cállate!» gritó Shi Wen, apartando de un manotazo la mano extendida de Shang Yu. Parecía que finalmente se había rendido y huyó.
¿Cómo es eso posible?
¿Cómo es eso posible?
¡¡¿Cómo es posible…?!!
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