Yang Simí observó el edificio alto al otro lado de la carretera y calculó rápidamente las posiciones y los ángulos. Enseguida le indicó a Lei Shan varios puntos que resultaban ideales para un francotirador.
Lei Shan estaba a punto de llamar para ordenar que registraran planta por planta el edificio cuando su móvil sonó primero. Desde el otro lado le informaron de que ya habían detenido a alguien. Lei Shan preguntó el lugar exacto donde lo habían capturado y, tal como esperaba, coincidía con uno de los puntos señalados por Yang Simí.
Mientras Lei Shan seguía hablando por teléfono, Cheng Jin y los demás bajaron del coche. Cuando Lei Shan colgó, se encogió de hombros con impotencia y los siguió al interior del hospital.
El pasillo del hospital era largo y silencioso. Avanzaron sin decir palabra hasta que You Duo, que esperaba frente a la habitación, se acercó a ellos.
—Qin Yue está dentro. Está bastante grave.
A través de la pequeña ventana de la puerta, Cheng Jin vio a Qin Yue tendido en la cama. Han Bin estaba sentado en una silla junto a él, observándolo.
Más de una hora antes, You Duo y Han Bin habían salido del apartamento de Cheng Jin. Tras bajar, pidieron directamente que Lei Shan y los suyos los llevaran en coches separados de regreso al Departamento 15. Durante el trayecto, Han Bin recibió una llamada de Qin Yue.
Han Bin le dijo que estaba ocupado. Qin Yue le preguntó si ya había almorzado y, al saber que aún no lo había hecho, le preguntó en qué zona se encontraba. Han Bin echó un vistazo a las señales de la carretera y se lo dijo. El coche siguió avanzando.
Al poco rato, Qin Yue volvió a llamar para confirmar la dirección. El vehículo seguía en marcha y, no mucho después, Han Bin vio a Qin Yue en la acera, sosteniendo una bolsa de plástico y haciéndole señas.
Lei Shan detuvo el coche junto a la carretera. Han Bin bajó y se acercó a él.
—¿Qué ocurre?
Qin Yue sonrió y levantó la bolsa de plástico.
—Os he pedido comida a domicilio. No habré interrumpido tu trabajo, ¿verdad?
Mientras le tendía la bolsa a Han Bin, por el rabillo del ojo vio que un coche se detenía también a un lado de la carretera. La ventanilla bajó un poco y dejó al descubierto un objeto tubular. Qin Yue no tuvo tiempo de pensar nada: su cuerpo reaccionó antes que su mente y se lanzó hacia delante, colocándose instintivamente frente a Han Bin…
You Duo y los demás no tuvieron tiempo de perseguir aquel coche. Había demasiada gente y demasiado tráfico, y tampoco era conveniente disparar en esas circunstancias. You Duo comunicó de inmediato la matrícula a la policía y a la central, y Lei Shan y su equipo trasladaron a toda velocidad a Qin Yue, herido e inconsciente en brazos de Han Bin, al hospital más cercano.
Lei Shan pensó enseguida que, si el plan del enemigo era lo bastante meticuloso, quizá también intentaran actuar en el hospital. Ya habían visto ese tipo de tácticas antes. Por eso avisó al hospital para que comprobara la identidad de médicos y enfermeras, por si alguien intentaba hacerse pasar por personal sanitario para atacar de nuevo.
Sabía que Cheng Jin y los demás llegarían pronto. Al observar con atención los alrededores, se dio cuenta de que había un edificio alto cerca del hospital. Se le ocurrió una idea y ordenó de inmediato que revisaran también ese edificio, buscando posibles puntos de francotirador.
—Entonces… ¿iban contra todo nuestro grupo? —preguntó Ye Lai.
—Por ahora, eso parece —respondió You Duo.
Cheng Jin miró a Lei Shan.
—¿No habéis detenido ya a uno? ¿Cuánto tardaréis en hacerle hablar?
Lei Shan mostró una sonrisa de tiburón.
—Confiamos en que, con nuestro esfuerzo, no aguante demasiado.
El teléfono de Lei Shan volvió a sonar. Sonrió a modo de disculpa y se apartó un poco para contestar.
—Joven Ge, ¿qué ocurre?… ¿Ah?… De acuerdo, hablamos luego.
Colgó y se volvió hacia Cheng Jin.
—La policía ha descubierto un caso de asesinato en una habitación cerrada. ¿Queréis echarle un vistazo?
—¿…Y eso qué tiene que ver con nosotros? —preguntó Cheng Jin.
—Verás —explicó Lei Shan—. El joven Ge es el hijo del director Ge, trabaja en la policía. Sabe que estamos buscando a un asesino muy hábil. Casualidad o no, esta mañana recibieron una denuncia. Cuando llegaron a la escena, encontraron puertas y ventanas cerradas por dentro. Forzaron la entrada y hallaron muertos a los dueños de la casa, un hombre y una mujer. No había rastro alguno del asesino. Todo indica que se trata de alguien muy profesional. Por eso nos llamó para preguntar si podría ser la misma persona que buscamos. ¿Qué os parece? ¿Vamos a verlo?
Cheng Jin lo pensó un momento. Ordenó a Ye Lai y a los demás que se quedaran en el hospital, mientras él y Yang Simí irían a examinar la escena del crimen. Los demás miraron hacia la habitación; nadie objetó nada.
Antes incluso de subir al coche, Lei Shan dijo:
—¡Conduzco yo! Nuestro coche no tiene el mismo rendimiento que el vuestro, así que habrá que ir con calma.
Yang Simí miró a Lei Shan con una expresión que parecía decir “¿eres idiota?”. ¿Acaso pensaba que alguien tendría ganas de conducir su coche?
Lei Shan siguió esforzándose por mantener la sonrisa, conteniendo el impulso de pisar el acelerador para desahogarse, y arrancó el vehículo con suavidad.
Cheng Jin sonrió y tomó la mano de Yang Simí. Este se apoyó en él con naturalidad, cerró los ojos y dejó de prestar atención a lo que ocurría a su alrededor. Los compañeros de Lei Shan actuaron como si no hubieran visto nada, todos mirando al frente y ocupados en sus propios asuntos.
Tras un rato de trayecto, Cheng Jin se dio cuenta de que estaban regresando a la zona donde él vivía.
—¿El departamento de policía del que hablas es el mismo en el que trabajábamos antes? ¿El “joven Ge” es Ge Yue?
Lei Shan se quedó sorprendido.
—Sí… ¿olvidé decírtelo?
—…
No tardaron en llegar al lugar del crimen: un complejo residencial bastante nuevo, compuesto por edificios de unas veinte plantas.
El homicidio había ocurrido en el decimocuarto piso de uno de ellos. El denunciante era un hombre que vivía en el edificio de enfrente, en la planta quince. Dijo que era aficionado a la astronomía y que tenía un telescopio en el balcón; a veces lo usaba incluso de día para observar el paisaje. Aquella mañana, por casualidad, había visto algo extraño en el apartamento de enfrente: las cortinas del balcón no estaban del todo corridas y pudo distinguir claramente a una persona tendida en el suelo. Además, había grandes manchas de color rojo en el piso y en las paredes . Sospechando que se trataba de sangre, decidió llamar a la policía.
Cheng Jin y Yang Simí subieron en ascensor hasta la planta catorce. Ge Yue aún estaba allí. Al ver a los dos salir del ascensor de la mano, frunció ligeramente el ceño.
—He oído que alguien de vuestro grupo ha resultado herido.
—No es de nuestro grupo —respondió Cheng Jin.
Ge Yue asintió.
—Tened cuidado. Ya hemos terminado de tomar fotos. ¿Entramos a echar un vistazo?
Nada más entrar, lo primero que encontraron fue un salón empapado de sangre. Sobre las paredes blancas salpicaban largas hileras de gotas rojizas; los muebles y el suelo estaban cubiertos de manchas oscuras y de alargadas huellas de manos ensangrentadas, arrastradas con desesperación. Cheng Jin frunció el ceño y sacó las fotografías de los cadáveres tomadas por la policía para compararlas con la escena.
Yang Simí siguió las manchas de sangre por el salón y atravesó la estancia hasta llegar al dormitorio. Se volvió hacia Cheng Jin, que lo había seguido.
—El crimen comenzó aquí.
Señaló una huella de dedos de los pies marcada en sangre en el suelo.
—Son huellas de un hombre. Estaba descalzo. Este hombre atacó con un cuchillo a la mujer, ella huyó hacia el exterior de la habitación y fue dejando gotas de sangre en el suelo. Él la persiguió pisando esa sangre.
Avanzó siguiendo el rastro hasta el salón.
—Aquí la alcanzó y la volvió a herir. La sangre salpicó la pared. Ella, ya inestable por las heridas, se apoyó en el mueble bajo y dejó manchas de sangre.
Tomó la mano de Cheng Jin y le mostró una de las fotos.
—Esta herida fue causada por un cuchillo de fruta, largo y estrecho. Con un cuchillo así, si no se alcanza un punto vital, hace falta asestar muchos cortes para matar. Después, el hombre la apuñaló varias veces más. Ella dio vueltas alrededor de los muebles para esquivarlo, por eso la sangre quedó esparcida por todo el suelo.
Señaló hacia la entrada.
—Encontró una oportunidad para huir hacia la puerta, pero el hombre la alcanzó y la agarró. Ella cayó al suelo y, con los dedos, arañó desesperadamente el suelo intentando escapar, pero aun así él la sujetó del tobillo y la arrastró de vuelta al salón.
Apuntó al final de las huellas, donde había un gran charco de sangre.
—Aquí el hombre perdió el control y la apuñaló frenéticamente. La mujer murió.
Luego miró la foto del cadáver masculino en manos de Cheng Jin.
—Cuando el hombre murió, el cuchillo estaba a su lado, con la punta orientada hacia él. Su cuerpo presentaba múltiples cortes y heridas punzantes, todas en zonas a las que podía llegar con su propia mano. Debió suicidarse. La sangre salpicó muy lejos alrededor del cadáver: no solo se apuñaló varias veces, también se cortó una arteria. Al final murió desangrado.
Yang Simí terminó por fin su explicación y giró la cabeza hacia Cheng Jin. Sus ojos negros parecían brillar.
Cheng Jin sonrió y apretó su mano.
—Muy bien.
Yang Simí dio un paso más y se pegó a él. Cheng Jin lo rodeó con fuerza entre sus brazos.
Ge Yue y los demás escuchaban con el vello erizado. En un abrir y cerrar de ojos, sin embargo, se encontraron con aquella escena de abrazo íntimo en un lugar así. Ge Yue, de mal humor, dijo:
—Entonces, ¿queda confirmado que el dueño de la casa mató a la mujer y luego se suicidó?
—Por ahora, todo apunta a eso —respondió Cheng Jin—. ¿Sería posible ir también a la comisaría a examinar los cuerpos?
—Por supuesto. ¿Vamos ahora mismo? —Ge Yue ya estaba harto del olor penetrante de la sangre y no podía imaginar cómo alguien era capaz de hablar de amor en un sitio así.
Cheng Jin sonrió, tomó a Yang Simí de la mano y se marchó.
Ge Yue los observó alejarse. No lograba entender cómo Cheng Jin podía haberse enamorado de un hombre, y encima de alguien tan… extraño, y hacerlo además de forma tan descarada. Sacudió la cabeza. A veces odiaba esa manera que tenía Cheng Jin de hacer todo con absoluta naturalidad, como si el mundo entero debiera adaptarse a él.
El cadáver ya estaba siendo sometido a la autopsia en la sala forense. Yang Simí se colocó a un lado y examinó el cuerpo con atención, explicando con detalle cómo se habían producido las heridas, cuál había sido la trayectoria del filo en cada corte, cuánta sangre se había perdido aproximadamente y qué efectos tenía la sangre al salpicar paredes o suelo… El propio estado del cadáver confirmaba que todo lo que había deducido antes era completamente correcto.
La forense Ji, visiblemente emocionada, exclamó:
—¿Tú también eres aficionado a la estética de la violencia?
Tan entusiasmada estaba que fue a estrecharle la mano, pero enseguida se dio cuenta de que llevaba los guantes manchados de sangre y se detuvo apresuradamente.
Yang Simí la miró de reojo.
—No lo soy.
Dio un paso atrás y se colocó junto a Cheng Jin.
Ji, algo avergonzada, miró a aquel hombre de rasgos hermosos e intentó forzar la sonrisa más amable que pudo.
—¿Te he asustado? Normalmente no soy tan exaltada…
Cheng Jin suspiró para sus adentros. Nunca se había dado cuenta de que la forense del departamento tuviera tendencias tan marcadas a embobarse con la gente guapa.
Ge Yue puso los ojos en blanco.
—Xiao Ji, sigue con tu trabajo. No vamos a molestarte más.
—¡No molestáis en absoluto! —se apresuró a decir ella.
Aún así, observó con evidente pesar cómo Yang Simí y los demás abandonaban rápidamente la sala forense.
Puesto que aquel caso no tenía nada que ver con el asesino a sueldo, Cheng Jin y los suyos dejaron de prestarle atención. En cuanto a por qué aquel hombre había matado a su esposa y luego se había suicidado, serían Ge Yue y su equipo quienes se encargarían de averiguarlo.
Cheng Jin y Yang Simí regresaron al hospital en el coche de Lei Shan. Al ver volver a Cheng Jin, You Duo y los demás se alegraron mucho y le preguntaron si había algún avance. Cheng Jin dirigió la mirada hacia Lei Shan.
—…
Lei Shan les devolvió la mirada en silencio.
—Ese caso de homicidio no tiene relación con nosotros —dijo Cheng Jin—. Así que ahora solo queda preguntarte una cosa: ¿tu gente ha conseguido que ese francotirador diga algo útil?
—Seguro que no —intervino Xiao An.
Lei Shan mantuvo su sonrisa rígida, casi mecánica.
—Todavía no ha dicho nada de valor.
En ese caso, no quedaba más remedio que esperar. No estaba claro qué sabía realmente aquel francotirador; además, el tirador que había herido a Qin Yue seguía sin aparecer, o más bien, el coche desde el que se efectuó el disparo aún no había sido localizado. Por otra parte, desde la central tampoco habían encontrado indicios de que, aparte de David, hubiese otros asesinos a sueldo conocidos que hubieran entrado en el país.
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