El Bosque de la Muerte. El mismo bosque al que You XiaoMo había sido transportado cuando rompió el talismán de espacio. Bajo aquel árbol donde yacían enterrados tantos muertos, You XiaoMo y Ling Xiao estaban haciendo el recuento del botín.
Para You XiaoMo, lo más valioso no era la sangre de dragón, sino las hierbas espirituales de grado once y doce que había desenterrado en la Aldea Hu. Aunque no eran muchas, constituían una riqueza incalculable.
Aquel día, tras extraer todas las hierbas espirituales, You XiaoMo las había trasplantado rápidamente al campo de hierbas de su espacio interior. Aunque la mayoría ya había echado raíces y brotes, aún faltaba mucho para que maduraran, así que necesitaba prepararse de inmediato.
—Entre esas hierbas espirituales, ¿hay alguna de las que se necesitan para la Píldora Lunhui? —preguntó You XiaoMo emocionado.
Las ocho hierbas espirituales que le había proporcionado Fu Cangqiong eran ya ejemplares adultos; no incluían sus estados de crecimiento. La mayoría de las hierbas que él había conseguido aún no se habían desarrollado del todo, así que no estaba muy seguro.
Ling Xiao se tocó la barbilla y dijo: —Diría que no.
A You XiaoMo se le cayó el alma a los pies. —¿Cómo puedes estar tan seguro?
Ling Xiao respondió con toda la seriedad del mundo: —Simplemente supón que no está ahí. Si resulta que sí hay, será una agradable sorpresa.
A You XiaoMo se le llenó la cara de líneas negras. Otra vez le venía con esa teoría negativa para engatusarlo. Aunque solía funcionar, era increíblemente tramposo. —Cambiando de tema, ¿qué hacemos con la Sangre de Dragón?
Si la Sangre de Dragón era realmente la sangre esencial de la esposa de You Zhentian, entonces debían usarla cuanto antes. Los dragones son extremadamente sensibles a su propia sangre esencial; en cuanto alguien entra en su radio de percepción, lo detectan. Jiang Liu quería usar la sangre esencial para refinar píldoras, pero You XiaoMo no recordaba que ninguna píldora espiritual necesitara sangre de dragón como ingrediente.
Ling Xiao se quedó mirando fijamente el frasco que contenía la sangre de dragón, con el ceño fruncido y permaneciendo en silencio
You XiaoMo estaba a punto de preguntarle qué le pasaba, cuando de repente se oyó el sonido de unos pasos apresurados que se acercaban desde alguna dirección. Aquella situación le resultó vagamente familiar.
Acababa de aguzar el oído cuando Ling Xiao lo agarró y saltó con él a la copa del árbol.
Los pasos se acercaban cada vez más. Cuando el grupo apareció en su campo de visión, You XiaoMo abrió la boca de par en par. ¡Eran las primeras personas con las que se había topado al ser transportado al Bosque de la Muerte! El trío no había cambiado en absoluto. Los dos hombres seguían cargando un saco de arpillera al hombro, y la mujer iba al frente abriendo camino.
Pronto llegaron los tres justo debajo del árbol donde ellos se escondían.
Esta vez los tenía de frente. You XiaoMo pudo ver con claridad el agujero que habían cavado, lleno de un montón de huesos de un blanco espectral. El cadáver que habían enterrado allí hacía medio mes ya se había descompuesto.
El hedor era insoportable. A You XiaoMo, escondido en lo alto, le entraron arcadas y casi vomita.
Tras cavar el agujero, los dos hombres alzaron el saco dispuestos a arrojarlo dentro. En ese momento, el saco se movió de repente y empezó a agitarse violentamente. También se oyeron unos sonidos ahogados. Estaba claro que la persona de dentro aún no estaba muerta.
Uno de los hombres sacó inmediatamente su daga, listo para apuñalar a la persona en el saco, pero la mujer lo detuvo de repente. —Desátalo y mira.
El hombre cortó la cuerda que cerraba el saco. Una cabeza joven y hermosa asomó.
La persona dentro del saco era sin duda una bella muchacha. Tenía la boca amordazada con un trapo y un corte en la frente del que había manado sangre, ya seca.
Creían que estaba muerta; no esperaban que aún siguiera viva.
La mujer se acercó y le quitó el trapo de la boca.
Los ojos de la joven estaban desorbitados por el terror mientras sacudía la cabeza frenéticamente: —¡No me maten, no me maten! ¡Soy You Yong, la novena señorita más querida del Clan Sangre Bermellón! ¡Pueden comprobarlo si no me creen!
Una sonrisa burlona apareció en el rostro común de la mujer. —¿Dices que eres You Yong, la Novena Señorita del Clan Sangre Bermellón? Entonces yo digo que soy la discípula más querida del Líder de la Alianza Cang.
—¡No les miento, lo digo en serio! —You Yong estaba tan aterrada que le castañeteaban los dientes.
Se había escapado a escondidas y, llevada por un arrebato de curiosidad, había entrado en una casa de apuestas situada detrás de la calle de las flores. Los juegos de azar la atraparon y, sin darse cuenta, perdió la noción del tiempo. Acabó perdiendo hasta el último objeto de valor que llevaba encima, e incluso contrajo una enorme deuda.
Ella pensaba que no podía tener tan mala suerte como para perder siempre. Sospechaba que los de la casa de apuestas hacían trampas. Pero el local no solo no lo admitió, sino que la amenazó con venderla a la calle de las flores si no pagaba la deuda.
Acostumbrada a ser una señorita altiva y poderosa, You Yong no toleraba que nadie la desobedeciera. Así que se enzarzaron en una pelea. Ella no pudo con ellos y, viéndose en aprietos, reveló su identidad. Pero no le hicieron ni caso. Cuando abrió los ojos, ya estaba aquí.
—Hua Gu, creo que es muy posible que lo que dice sea verdad —intervino de repente uno de los hombres.
You Yong asintió con la cabeza, aliviada y llena de alegría.
La mujer le lanzó una mirada de reojo. —¿Y aunque fuera verdad? Con lo rencorosa y vengativa que es esta mujer, si la dejamos volver, buscará vengarse de nosotros tarde o temprano. Así que tiene que morir.
You Yong abrió los ojos con horror.
En lo alto del árbol, You XiaoMo observó con sorpresa a la mujer llamada Hua Gu.
Aunque la aparición de You Yong allí lo había dejado atónito, esta Hua Gu le impresionaba aún más. No solo no se había inmutado al conocer la identidad de You Yong, sino que su determinación fría y tajante era asombrosa.
Había que reconocerlo: tenía un ojo clínico terrible. Apenas llevaban un rato tratando con ella y ya se había percatado del verdadero carácter de You Yong.
—¡Mátala! —apremió Hua Gu.
—Pero… ¿y si el Clan Sangre Bermellón nos busca? El escándalo que montó no fue pequeño, la vio mucha gente —dudó el hombre.
Hua Gu replicó: —Entonces nos largamos de la Ciudad Xingluo. El Continente Tongtian es enorme. No me creeré que no haya un solo lugar donde podamos escondernos, ni que el Clan Sangre Bermellón pueda controlar el mundo entero con una sola mano.
Aquellas palabras convencieron a los dos. Llevaban muchos años siguiendo a Hua Gu; también trabajaban juntos como matones en la casa de apuestas. Tampoco sentían un apego profundo por el local.
You Yong jamás imaginó que aquella mujer pudiera ser tan despiadada. ¡Ella, una dama de noble cuna, perecer de aquella manera! No podía resignarse de ningún modo. Un destello de crueldad y malicia brilló en sus ojos. La mano que mantenía escondida dentro del saco se deslizó sigilosamente hacia el anillo que llevaba en el dedo.
Hua Gu y sus dos compañeros creían que estaba muerta, así que no le habían atado las manos.
El anillo era una dimensión de bolsillo, diferente de las bolsas de almacenamiento. Una vez que reconocía a su dueño, ya no podía quitarse. Esa era la razón por la que Hua Gu y los otros no se lo habían arrebatado. Además, rara vez veían una dimensión de bolsillo, así que era normal que no se hubieran percatado.
Con la identidad de You Yong, era imposible que no llevara encima varios objetos para salvar la vida.
Aprovechando que los tres estaban distraídos hablando, You Yong sacó rápidamente un talismán espacial. Matarlos a los tres a la vez era imposible, así que su única opción era marcharse de allí primero y luego pensar en la venganza.
—¡Cuidado! —Hua Gu, que en realidad había estado vigilando de reojo cada movimiento de You Yong, al ver su expresión anómala intuyó que guardaba un as en la manga.
You Yong rompió el talismán de espacio en un instante y, mirando a los tres con sus rostros desencajados, soltó una carcajada desenfrenada. Su expresión era feroz y retorcida. —¡No los dejaré escapar! Cuando salga de esta, haré que mi abuelo les arranque la piel y les desgarre los tendones para saciar el odio de mi corazón.
Hua Gu observó a You Yong, cuyo rostro rebosaba una malicia y un rencor siniestros. Su propia expresión, en cambio, se fue serenando poco a poco.
La risa de You Yong se cortó de repente. Contempló atónita a los tres que seguían frente a ella. Alzó las manos, totalmente conmocionada. —¿Qué está pasando? ¿Por qué no me he teletransportado?
Hua Gu le arrebató el puñal al hombre y, sin vacilar un solo instante, se lo clavó en el corazón a You Yong. Su movimiento fue tan decidido como la intención asesina que reflejaban sus ojos.
You Yong bajó la mirada hacia su pecho, del que no paraba de manar sangre. Murió con los ojos abiertos, sin poder cerrarlos.
Desde lo alto, You XiaoMo observaba lleno de admiración. Esta Hua Gu poseía algo de lo que mucha gente carecía. Su mente era aún más despiadada que la de un hombre, y actuaba con una determinación absoluta. Una persona así, en tiempos caóticos, sin duda se convertiría en un señor de la guerra, en un cacique dominante.
Hua Gu extrajo el puñal, pero su ceño no se relajó. Al contrario, permaneció alerta, escudriñando los alrededores. Luego, bajo la mirada atónita de sus compañeros, juntó las manos en señal de respeto hacia el vacío y dijo solemnemente: —¿Qué honorable mayor nos ha prestado su ayuda? ¿Podría mostrarse ante nosotros?
You XiaoMo le añadió un punto más a su lista: «¡Lista!»
You XiaoMo miró a Ling Xiao y preguntó con entusiasmo: —¿Nos mostramos?
Ling Xiao le lanzó una mirada de reojo. —La próxima vez que hagas esa pregunta, procura no formularla en voz alta. Si no, pensaré que lo haces a propósito.
You XiaoMo se calló al instante. Al bajar la cabeza, se encontró directamente con las miradas de Hua Gu y sus dos compañeros. «Bien, en realidad, como inconscientemente sabía que esos tres no podrían ser rivales para nosotros, no me había preocupado por disimular.»
Tras bajar del árbol, Hua Gu se arrodilló sobre una rodilla. —Hua Gu agradece a sus benefactores el habernos salvado.
You XiaoMo se acercó a ella. —Si ni siquiera hemos movido un dedo, ¿cómo sabes que los hemos salvado nosotros?
Hua Gu respondió con seguridad: —Lo deduje de sus palabras. Si ella era realmente la Novena Señorita del Clan Sangre Bermellón, no le faltarían talismanes de espacio. ¿Cómo iba a fallar un talismán de espacio fabricado por un experto en el Reino Sagrado? A menos que hubiera un factor externo. Por eso me atreví a conjeturar que, aparte de nosotros, había alguien más aquí.
«Vaya, así que solo estaba tanteando el terreno.»
You XiaoMo puso cara de decepción. Acababa de demostrar, una vez más, que su coeficiente intelectual oscilaba entre los números negativos y los de dos dígitos.
Hua Gu miró a Ling Xiao con emoción. Si no se equivocaba, el que había intervenido era este hombre. Para poder inutilizar un talismán de espacio, su cultivo debía estar, como mínimo, por encima del Reino Divino. —Si no fuera por la ayuda de mi benefactor, los tres estaríamos condenados a huir por todo el continente. Si el benefactor no nos desprecia, nosotros tres estamos dispuestos a seguirlo.
—Eres bastante lista —comentó Ling Xiao.
You XiaoMo no pudo evitar mirarla varias veces. «¿Se estaba preparando Ling Xiao para hacerse cargo de un hermano menor, o mejor dicho, de una hermana menor?»
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