Hanseo tembló sin darse cuenta, con los labios estremeciéndose.
Había algo parecido a una delgada serpiente que se retorcía bajo las emociones contenidas de Junseong, y le resultaba extrañamente adorable.
—¿No se suponía que ibas a seguir evitándolo?
Si repasaba todo lo que Junseong había hecho hasta ahora, así había sido.
Nam Gihyeok nunca se había quedado de brazos cruzados viendo cómo Kang Junseong construía una ruta segura. Más bien, como si hubiera estado esperando desde el principio a que llegara este día, había ido destruyendo una por una las ‘condiciones previas’ que Junseong había establecido.
Cosas como el hecho de que, en el sueño, la contención militar de Inhan hubiera sido un éxito desde el principio, o los compañeros que habían servido de manos y pies para Kang Junseong.
Aun así, Junseong jamás dijo una sola vez que fuera a enfrentarse a Nam Gihyeok.
—Si soy sincero… pensaba seguir huyendo hasta el final.
Así como aquellas palabras salieron acompañadas de un suspiro, igual que la mano que, por costumbre, acariciaba el cuello vendado seguía temblando.
Hanseo creyó que el miedo latente que Junseong sentía hacia Nam Gihyeok era tan grande que ni siquiera se atrevía a plantearse enfrentarlo. Por muy extraordinario que fuera Kang Junseong, tampoco podía hacer nada cuando se trataba de alguien que le había provocado un trauma.
Lo único que podía hacer para no derrumbarse era escapar con astucia de la red tendida por Nam Gihyeok y huir hacia algún lugar donde ni siquiera él pudiera encontrarlo.
Hasta hacía apenas unos instantes, eso era lo que había pensado.
Sin embargo, la mano con la que Junseong se acariciaba el cuello dejó de temblar.
—¿Sabes? Si el único problema fuera yo, podría soportarlo todo. No me importa cargar con una acusación absurda, que gente que ni siquiera conozco me señale con el dedo o que algún maldito loco obsesionado conmigo me persiga. Nada de eso me importa.
Aunque hablaba con una sonrisa burlona, como si ya se hubiera resignado, en sus ojos se había grabado una ferocidad que rara vez dejaba ver.
—Pero ese bastardo está metiéndose con mi gente, uno por uno. Incluso los que todavía no han sido alcanzados por su amenaza podrían acabar en peligro por la red que ha tendido.
—Entonces, ¿no es más peligroso dividir al equipo? ¿Qué pasa si mientras tú no estás mata a todos los del equipo del autobús?
—Precisamente los dividí para evitar que eso ocurra.
Junseong tenía varias razones para dividir al grupo. No era solo responder a una variable con otra variable o salir a buscar una solución.
—Porque tú eres el indicado para irritar a ese bastardo.
Los ojos de Junseong, cargados de intención, se clavaron en Hanseo.
Si había alguien que permanecía pegado a Kang Junseong, acompañándolo en todo momento, para Nam Gihyeok esa persona sería la mayor espina en el ojo.
Según las predicciones de Junseong, el grupo que había interceptado a Dujae y los demás y que había hecho estallar la bomba vigilando el Hospital Inhan probablemente seguiría escondido cerca de este motel. Y, naturalmente, también verían que los que salían del motel se dividían en dos grupos.
Dependiendo de la situación, en lugar de perseguir un autobús que avanzaría como una excavadora atropellando zombis a su paso, lo lógico sería seguir al objetivo prioritario: Kang Junseong, que se desplazaba a pie. Cuando Nam Gihyeok descubriera que junto a Junseong caminaba un hombre desconocido al que nunca había visto, ¿cómo reaccionaría?
Junseong sabía perfectamente por qué Nam Gihyeok amenazaba y atacaba a sus compañeros. Quizá él mismo se justificará diciendo que era para arruinar sus planes, pero, en pocas palabras…
Eran simples celos.
No soportaba que alguien permaneciera a su lado bajo el título de ‘aliado’, algo que él jamás podría conseguir.
Entonces solo quedaba aprovechar eso en su contra.
—Si descubre que confío en ti más que en cualquier otro aliado… ¿Cómo crees que reaccionará?
—Querrá matarme.
—Exacto.
Con expresión fría, Junseong observó a Hanseo como si lo estuviera poniendo a prueba.
—Voy a hacer que Nam Gihyeok quiera matarte ahora mismo.
En otras palabras, pensaba usarlo como cebo. La comisura de los labios de Hanseo se alzó satisfecha.
—Perfecto.
El brazo de Hanseo rodeó la cintura de Junseong y lo atrajo hacia él. Al tener su rostro tan cerca, una pasión evidente brilló en sus ojos.
—Me comportaré como el cebo que quieres. Pero no piensas dejar que muera, ¿verdad?
—Claro que no. Desde el principio decidí matar a ese bastardo precisamente por ti.
Aquellas palabras inesperadas hicieron que la mente de Hanseo se quedara en blanco por un instante. Sin saber si él era consciente de ello o no, Junseong siguió hablando sin detenerse.
—¿Recuerdas lo que te dije? Si aparece alguien que quiera matarte… seré yo quien lo mate.
Junseong rodeó el cuello de Hanseo con ambos brazos. Luego lo atrajo un poco más hasta apoyar su frente contra la suya. El calor de Junseong se extendió rápidamente sobre la fría frente de Hanseo.
—Nam Gihyeok intentará matarte tarde o temprano, y yo lo mataré siguiendo mi propia justificación.
Justificación.
Era la correa más firme que Kang Junseong le había puesto a Do Hanseo. Y, al mismo tiempo, era también la correa que Do Hanseo había colocado alrededor del cuello de Kang Junseong.
—Ya que decidí falsificar tu pasado y cambiar tu presente, pienso responsabilizarme también de todo tu futuro. Y para conseguirlo, tendré que matar a Nam Gihyeok con mis propias manos.
Sus ojos negros, envueltos en incontables emociones imposibles de medir, permanecían hundidos en una profundidad insondable, sin el menor titubeo.
¿Sería consciente Kang Junseong? ¿De qué, para Hanseo, aquellos ojos ensombrecidos brillaban con más intensidad que cualquier otra cosa?
Sentía que, de seguir mirándolos, acabaría perdiendo la vista.
Los labios de Hanseo dibujaron una larga sonrisa.
Alzó ambas manos y sujetó el rostro de Junseong con firmeza, impidiéndole apartarse, aunque fuera un instante.
—¿Qué se siente? —Sintiendo que su corazón comenzaba a latir con violencia, Hanseo volvió a preguntar—: Ahora mismo… ¿Qué estás sintiendo?
Kang Junseong quería matar a otra persona por él.
La intención asesina de Kang Junseong, ahora que había obtenido una justificación… ¿A qué sabría? Sentía deseos de desgarrarla por completo y saborearla hasta el último rincón.
Quizá el Kang Junseong de ahora estuviera sintiendo lo mismo que él. Aquella exaltación que precedía a un asesinato inevitable. Esa sensación de que todos los sentidos se agudizaban.
Fuera lo que fuera. Pensar que Kang Junseong podía estar compartiendo los mismos sentimientos retorcidos que él lo excitaba tanto como estar a punto de tener sexo.
Mientras Hanseo esperaba una respuesta, Junseong le devolvió una sonrisa muy parecida a la suya.
—Se siente de la puta mierda.
*** ** ***
Una hora después.
El equipo del autobús, tras recoger cuidadosamente todas las provisiones y comida almacenadas en el motel, puso el vehículo en marcha, dejando atrás a Junseong y Hanseo.
Junseong había pensado que la partida quizá terminaría siendo bastante ruidosa, pero, por suerte, no hubo grandes alborotos.
Y la principal responsable de ese posible escándalo habría sido, por supuesto, Kang Chaeyi.
—Puede que no sea tan lista como mi hermano, pero tampoco soy una idiota.
Eso fue lo que Chaeyi le dijo mientras lo miraba fijamente, pocos minutos antes de que partiera el autobús. Gracias a que Dauk pasó casi una hora explicándole toda la situación, Chaeyi, en lugar de aferrarse a él como una niña diciendo que no podía hacerlo, decidió respetar la decisión de su hermano.
Aunque hubiera aceptado que aquella era la mejor opción, parecía haber llorado desconsoladamente, pues seguía teniendo los ojos completamente enrojecidos, igual que el día anterior.
Chaeyi no dijo mucho más.
Solo le pidió que tuviera cuidado y lo amenazó diciendo que, si no regresaba a tiempo, ella misma iría a buscarlo… y lo mataría. Después dirigió una mirada feroz a Hanseo, que estaba de pie detrás de Junseong.
—Si le haces algo raro a mi hermano, no te lo perdonaré.
Hanseo respondió con una sonrisa peculiar.
—Mientras no sea nada raro, ¿puedo hacerle lo que quiera?
Ante aquella provocación, Chaeyi arqueó los ojos como si fuera a responderle con dureza. Percibiendo el ambiente, Junseong intervino rápidamente y prácticamente la obligó a subir al autobús.
Junseong le pidió a Dauk, ahora responsable del grupo, que cuidara de Chaeyi y de los demás antes de despedir el autobús.
Ahora, en el motel, solo quedaban Kang Junseong y Do Hanseo.
Junseong tomó la mochila que había preparado con antelación.
—Nosotros también vámonos.
Sacó el machete que llevaba sujeto a la cintura y, mientras Hanseo le quitaba la mochila de las manos, le tendió otra arma.
Era un cuchillo de cocina que había tomado discretamente de la cocina del cuarto donde vivía el encargado del motel.
Tenía una hoja delgada, casi de la misma longitud que el machete de Junseong.
Era el tipo de cuchillo que normalmente se conoce como un cuchillo para sashimi o hoja para filetear pescado. Por alguna razón, Junseong pensó que era un arma que le quedaba perfectamente a Hanseo.
—Hasta llegar a la casa del director, no te pegues demasiado a mí. Si los zombis dejan de acercarse por completo, los que nos vigilan notarán que pasa algo raro.
—¿Con que no vaya pegado a ti basta?
—Sí.
Mientras no permaneciera demasiado cerca de la ‘vacuna’, los zombis seguirían lanzándose sobre Kang Junseong con voracidad. Tendrían que eliminarlos entre los dos, así que el camino sería algo duro, pero no especialmente peligroso.
La sangre de Do Hanseo que había estado reservando.
Junseong abrió el fino tubo de extracción lleno de sangre roja y vació su contenido en la boca.
El espeso sabor metálico de la sangre recorrió su lengua y descendió de un solo trago por su garganta.
Al verlo, Hanseo sonrió.
—Cuando se te acabe, simplemente clávame los dientes en el cuello y bébela directamente.
—¿Qué soy, un vampiro? Además, mis dientes ni siquiera son lo bastante afilados como para hacerlo.
—Entonces yo mismo me abriré el cuello.
—No bromees con eso.
—No estoy bromeando.
Junseong le lanzó una mirada de absoluto rechazo al ver a Hanseo inclinar la cabeza con expresión inocente y luego comprobó el reloj que llevaba en la muñeca izquierda.
A esas alturas, el equipo del autobús ya debería haber llegado al primer tramo de la ruta segura.
—Nosotros también vámonos. —Junseong dio el primer paso.
Muy de cerca, Hanseo lo siguió mientras blandía el cuchillo para sashimi en el aire, con una extraña vitalidad brillando en su expresión.
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