El director agarró del brazo a Jihoon, que arrastraba el cadáver de Lee Yeongin.
[¿De verdad crees que traje su cuerpo porque todavía siento algo por ella?]
[¿Acaso no es así? Siempre hacías obedientemente todo lo que Yeongin quería].
Jihoon no intentó ocultar la sonrisa burlona de sus labios.
[¿Quién era el que decía que haría cualquier cosa con tal de hacer realidad los ideales de Yeongin?]
[Eso…]
Mientras el director dejaba la frase inconclusa y bajaba la mirada, Jihoon le propinó una patada. Como lo había golpeado de improviso, sin darle tiempo a esquivarlo, el director cayó de espaldas sin oponer resistencia.
Jihoon soltó un breve bufido despectivo hacia él y se volvió en dirección a la entrada. Seguía sujetando el cadáver de Yeongin, cuyas manos aún se estremecían.
El director se levantó apresuradamente y corrió hacia algún lugar. Salió del encuadre por un momento y, cuando regresó, llevaba en la mano un cuchillo de cocina que parecía bastante afilado.
[¡Espera!]
Sujetando el cuchillo con ambas manos, apuntó su extremo hacia Jihoon.
El hombre se volvió y se estremeció al ver la hoja dirigida contra él, pero enseguida se rio con desprecio.
[¿Qué piensas hacer con eso? ¿Apuñalarme?]
[…]
El director tragó saliva y adoptó una expresión decidida.
[Deja a Yeongin aquí].
[Aunque mantengas a tu lado a Yeongin convertida en zombi, no obtendrás nada].
[Te he dicho que la dejes, Do Jihoon].
[No puedo permitir que se pudra inútilmente en un lugar como este].
[¡No tienes derecho a decir eso! ¡Tú mismo la mataste!].
[Solo tuve la consideración de evitarle el sufrimiento de que el virus se extendiera por su cuerpo].
[¡Mentira! ¿Crees que no sé que lo hiciste para salvarte tú solo? ¡La estrangulaste y después la abandonaste]
Jihoon miró al director y soltó una risita.
[Es cierto. La abandoné. Pero me arrepentí].
El director, que estaba ardiendo de rabia, se detuvo.
Tal vez pensó que Jihoon lamentaba haber matado a su esposa, porque su rostro se deformó por completo ante las palabras siguientes.
[Me arrepentí de haber dejado atrás a un ‘sujeto experimental fresco’, recién muerto y con el virus todavía dentro].
Era difícil comprender lo que pretendía decir. Pero el director tembló, como si aquellas palabras hubieran bastado para leer los pensamientos de Jihoon.
[¿No te bastó con matar a Yeongin y ahora quieres utilizarla como sujeto de pruebas?]
[Yeongin tampoco querría pudrirse inútilmente de esta manera].
[¡No digas estupideces!]
El director se lanzó contra Jihoon. Por la fuerza con la que avanzó, parecía que iba a atravesarle el corazón de una sola estocada. Sin embargo, la punta del cuchillo se detuvo justo delante de su pecho.
Como si hubiera chocado contra una barrera invisible, la hoja quedó inmóvil y comenzó a temblar junto con las manos del director. Puede que Jihoon supiera que actuaría de esa forma y sonrió tranquilamente.
[¿Sabes cómo puedes convertirte en un héroe sin igual en este mundo?]
El director no pudo responder.
Su rostro, cubierto de sudor frío, parecía atormentado por innumerables conflictos.
Jihoon continuó mientras lo observaba:
[Solo tienes que resolver una catástrofe desesperada].
Do Jihoon, Lee Yeongin y el director habían deseado convertirse en ‘héroes’.
Para lograrlo, se habían sumergido una y otra vez en sus investigaciones, persiguiendo un medicamento completamente absurdo. Incluso habían renunciado a ser personas, obligando a unos pocos a sacrificarse y realizando experimentos atroces.
Pero parecía que Do Jihoon había empezado a desear algo distinto a convertirse en un héroe mediante una medicina.
Jihoon miró a Yeongin, que comenzaba a moverse con más violencia que antes. Para entonces, ya se acumulaba sangre en torno a sus párpados cerrados.
[¡Te he dicho que lo dejemos!]
El director alzó la voz y lo fulminó con la mirada mientras respiraba con dificultad.
[Ya… ya estoy cansado. Yeongin está muerta y ya no quiero seguir investigando. ¡Estoy harto de ver morir gente todos los días! ¡Esto no era lo que soñábamos juntos desde la universidad!]
[¿Y qué? ¿Piensas abandonar todo lo que hemos conseguido hasta ahora?]
[¡Sí! ¡Yeong-in, la única que me permitía seguir adelante, ya no está! ¡Voy a dejarlo todo!] —Mientras negaba con la cabeza y gritaba, los ojos del director se llenaron de lágrimas—. [Entregaré al Gobierno a Yeong-in infectada y revelaré todo lo relacionado con los experimentos].
Solo entonces desapareció la sonrisa del rostro de Jihoon. Con una expresión gélida, miró fijamente al director.
[Si haces eso, tú tampoco saldrás ileso].
[Lo sé. Estoy preparado para todo].
La expresión firme del director comenzó a derrumbarse.
[Jihoon… acabemos con esto… De todos modos, la vacuna está prácticamente terminada. Te ayudaré, así que fabriquémosla y sálvate tú primero… Después, no volvamos a experimentar con personas. Si hay que cargar con un crimen, yo asumiré toda la culpa. Diré que también fue culpa mía que Yeongin muriera y se convirtiera en zombi, así que, por favor…]
El director suplicó, diciendo que asumiría personalmente todos los crímenes.
Para él, Do Jihoon parecía ser un amigo tan valioso como Lee Yeongin. Sin embargo, la expresión con la que Jihoon lo observaba seguía siendo fría y aterradora.
[Ya veo].
Jihoon bajó la mirada hacia Lee Yeongin, a quien aún sujetaba. Sus movimientos espasmódicos se volvían cada vez más intensos.
[Antes de eso, ¿no quieres ver el último experimento?]
Solo en ese momento, la mirada con la que observó a Yeongin pareció infinitamente afectuosa.
[El experimento sobre la velocidad de propagación del virus… Como Yeongin lo deseaba tanto, estaba pensando en comenzarlo personalmente frente a ti].
[¿Q-qué?]
Horrorizado por las palabras de Jihoon, el director reajustó el agarre sobre el cuchillo.
La temblorosa punta, que ni siquiera resultaba amenazante, volvió a apuntar al pecho de Jihoon.
[No lo hagas. ¡Te digo que no hagas algo así! ¡Aunque tenga que apuñalarte, te detendré!]
Jihoon sonrió débilmente ante la voz temblorosa del director y miró el cuchillo.
[Hazlo. Esta es tu única oportunidad de detenerme].
A pesar de su ímpetu, el director se quedó inmóvil, incapaz de avanzar siquiera medio paso.
Tras suspirar brevemente, Jihoon agarró la mano con la que sostenía el cuchillo. Guiando aquella mano estremecida, elevó la punta hasta situarla cerca de su propia frente.
[Si quieres matarme, debes apuntar a la cabeza. De lo contrario, moriré y terminaré convertido en zombi dentro de tu casa].
Sin intentar defenderse, Jihoon le ofreció la cabeza completamente indefensa y se limitó a sonreír, como desafiándolo a intentarlo.
El director continuó sosteniendo el cuchillo con ambas manos, pero no pudo clavárselo.
En medio de aquel pesado silencio…
[¡Khugh, khak…!]
Yeongin, que hasta entonces solo se había estremecido, levantó la cabeza de repente. Bajo la luz del techo, de sus ojos desorbitados comenzaban a brotar ríos de sangre roja.
[Y-Yeongin…]
El director retrocedió y dejó escapar una voz parecida a un gemido.
[¡Kyaagh!]
Yeongin arqueó la cintura y retorció todo su cuerpo, que se había vuelto rígido.
Su aspecto era anormal.
De sus ojos cubiertos por una membrana comenzaron a fluir lágrimas de sangre algo viscosas y, de su boca, que empezó a emitir alaridos, salían sin cesar coágulos de sangre.
Mientras retrocedía contemplando la transformación de Yeongin, el director terminó derramando lágrimas… Inmediatamente después…
[¡Kyaaaaaagh!]
Yeongin, ya completamente convertida en zombi, extendió de repente ambos brazos hacia el director y soltó un chillido.
Sus dientes manchados de sangre parecían a punto de desgarrarle el cuello. Por fortuna, gracias a que Jihoon la sujetaba, el director no llegó a ser mordido.
[No te preocupes. No pienso infectarte].
Jihoon seguía mirando al director con una expresión indiferente. Como había bebido la sangre de Hanseo, ya sabía que Yeongin no lo atacaría, de modo que no mostró ninguna sorpresa ante su repentina transformación.
[En caso de que me convierta en zombi antes de fabricar la vacuna, necesito a alguien que recuerde nuestra investigación y la continúe. Tú eres el único capaz de hacerlo].
[Yo… no quiero. Ya te dije que iba a abandonarlo].
[No tendrás elección].
Jihoon arrastró hasta la entrada a Yeongin, que forcejeaba para abalanzarse sobre el director, y llevó la mano al picaporte.
[Ya sé que escondiste sangre de Do Hanseo en esta casa. Con esa cantidad, toda tu familia podrá salir de Inhan sin problemas y todavía les sobrará].
Do Jihoon se había dado cuenta de que el director había apartado y almacenado sangre en el trastero.
Aunque lo sabía, había fingido ignorarlo hasta entonces y ahora le decía que utilizara aquella sangre para escapar de la realidad en la que estaba a punto de desatarse una catástrofe.
El director se quedó inmóvil solo un instante.
Después extendió la mano hacia Jihoon, que acababa de abrir la puerta de golpe.
[¡No, Do Jihoon!]
Jihoon miró por encima del hombro al director, que corría hacia él, y le sonrió.
[Nos veremos después].
Con aquellas palabras, la puerta de entrada se cerró con un estruendo.
A continuación, desde el otro lado se escucharon vagamente los alaridos de Yeongin y los gritos de varias personas.
Después llegaron las súplicas de quienes ya estaban siendo devorados en alguna parte, implorando que los salvaran.
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