Por el momento en que Junseong y Hanseo consiguieron la solución en la casa del director, el equipo del autobús avanzaba con bastante tranquilidad.
—¡Ah, delante hay un zombi…!
Uno de ellos abrió la boca al ver a un zombi aparecer junto al camino.
¡Pum!
—… Había uno, pero ya no está.
Contempló con cierta vergüenza al zombi que acababa de salir despedido tras ser atropellado por el autobús y se rascó la nuca.
El autobús era bastante resistente. Hasta entonces había embestido sin demasiados problemas a más de diez zombis.
Habían cubierto cuidadosamente la parte delantera, trasera y ambos costados con placas de hierro delgadas y resistentes, como las utilizadas en las obras. En especial, en la parte frontal habían instalado tres placas a cada lado, inclinadas de forma que parecían formar el carácter chino de persona [ 人 ].
Gracias a ello, las sólidas placas triangulares funcionaban como el espolón de la proa de un barco y permitían abrirse paso con relativa facilidad incluso cuando los zombis se agrupaban.
Aunque, por desgracia, el número de zombis que vagaban por la ruta diseñada por Junseong era tan escaso que todavía no habían podido aprovecharlas debidamente.
—Pero de verdad hay muy pocos zombis. ¿Cómo supo que existía un camino así?
Uno de los compañeros de Daeuk, que no dejaba de vigilar los alrededores, preguntó con los ojos brillantes.
Daeuk se limitó a responderle que era una ruta segura que Junseong había diseñado basándose en sus recuerdos de haber pasado personalmente por allí unos días antes.
Avanzando despacio por un camino donde la aparición de zombis era notablemente escasa y reduciendo al máximo el ruido del motor, el grupo no tardó en encontrarse con un túnel.
En realidad, cuando Junseong había diseñado aquella ruta segura, Dujae, que se acariciaba la cabeza calva por los nervios, había señalado el túnel y expresado sus dudas.
—¿No será peligroso el túnel? Si hay zombis dentro, como es estrecho, podrían rodearnos fácilmente y tampoco tendríamos muchas vías de escape.
Su preocupación era razonable. En la ciudad de Inhan solo existían dos túneles.
Dujae había pasado anteriormente por uno de los refugios situados en uno de ellos mientras buscaba supervivientes. La situación del refugio había sido, como era de esperar, lamentable, pero el interior del túnel había sido todavía peor.
Los coches habían chocado entre sí y quedado destrozados por el caos provocado por la crisis, y los zombis saltaban de improviso desde los espacios entre ellos.
Con aquella experiencia, era natural que Dujae planteara sus dudas.
En aquella ocasión solo habían sido tres, él, Son Namseop e Im Yuseul, por lo que habían podido avanzar a pie, esquivando los obstáculos.
Pero ahora llevaban un autobús y eran muchas más personas.
Si en el túnel de esta ruta se encontraban con una escena similar, el autobús podía terminar convirtiéndose en una carga entre los vehículos amontonados caóticamente y las hordas de zombis que se abalanzaran contra ellos.
Sin embargo, Junseong les había dicho que no se preocuparan y había diseñado sin problemas incluso la ruta que seguirían después de atravesar el túnel.
Solo al llegar frente a él comprendieron lo que Junseong había querido decir.
[EN CONSTRUCCIÓN]
[Lamentamos las molestias ocasionadas al tránsito.]
[Terminaremos las obras lo antes posible.]
[Tipo de obra: Renovación de las antiguas instalaciones de iluminación]
[Periodo de construcción: 01/10-01/11]
Era un túnel en obras.
En la entrada habían colocado una puerta temporal de madera marrón para impedir el paso durante los trabajos. En ese momento se encontraba firmemente cerrada con un candado.
Cerca del cruce que daba acceso al camino del túnel habían instalado barreras blancas y rojas para bloquear el paso, además de una pancarta informativa sobre las obras.
Gracias a ello, ningún vehículo había entrado por ese camino.
Aunque llegaron hasta la entrada, no había maquinaria ni vehículos relacionados con la construcción en los alrededores.
Normalmente, en el último día de una obra como aquella ya se había superado la fase en la que se utilizaba maquinaria a gran escala y solo quedaba comprobar que los trabajos hubieran terminado correctamente.
El último día de las obras era el 1 de noviembre. El mismo día en que se propagó el virus zombi.
Si el mundo no se hubiera transformado en lo que era ahora, seguramente habrían recibido el día siguiente sin problemas y abierto el túnel.
Era una lástima.
El grupo detuvo el autobús delante del túnel y examinó los alrededores por si había zombis.
Por fortuna, lo único que se veía era la carretera vacía frente a la entrada. Parecía que quienes habían inspeccionado el túnel durante el último día de las obras se habían marchado temprano.
Después de todo, no habían excavado un túnel nuevo ni instalado nada especialmente complejo. Solo habían sustituido las instalaciones de iluminación, por lo que quizá no había demasiado que revisar.
Por eso, la puerta provisional que bloqueaba la entrada tenía el candado firmemente puesto.
En otras palabras, dentro del túnel no había nadie, hasta el punto de que podían permitirse cerrarlo con llave.
Tras confirmar que el interior era prácticamente una zona limpia, Dujae se ofreció voluntariamente para bajar del autobús.
En la mano llevaba las tenazas que Junseong le había entregado, diciendo que las necesitarían.
«Hasta sabía algo como esto.»
Una vez más, quedó impresionado tanto por el sueño de Junseong como por su memoria.
Aunque lo hubiera descubierto por casualidad en el sueño, recordarlo todo con bastante claridad y diseñar una ruta segura sin vacilar no era algo que cualquiera pudiera hacer.
Además, había sido tan minucioso que incluso había preparado unas tenazas.
Pensando absurdamente que a partir de entonces no volvería a cuestionar nada de lo que Junseong dijera, Dujae cortó de una sola vez el eslabón del candado con las tenazas.
Después de quitarlo y entrar en el túnel vacío, una oscuridad opresiva recibió al grupo.
El túnel no era demasiado largo, pero como la salida del otro extremo también estaba bloqueada de una forma similar, no podían esperar que entrara ni una pizca de luz.
De todos modos, era seguro que dentro no había zombis.
Por primera vez, encendieron todas las luces del autobús y comenzaron a avanzar suavemente.
Poco después de que el autobús entrara en el túnel…
—¡A-allí…! ¡Ah!
Hwang Gyeongoh, que hasta entonces estaba sentado tranquilamente, se levantó de golpe.
Como consecuencia, la coronilla chocó con fuerza contra el techo del autobús y se oyó un golpe. Mientras gemía brevemente y se frotaba la cabeza, Gyeongoh tragó saliva con nerviosismo al ver que todos lo observaban.
—Antes de que salgamos del túnel, hay algo que quiero decir…
Por algún motivo, incluso su rostro estaba pálido. Parecía estar a punto de hacer una confesión terrible.
—La verdad es que… ¡Yo fui quien hizo explotar la bomba!
No era que solo lo pareciera.
Realmente acababa de hacer una confesión terrible.
Todos los que lo miraban adoptaron una expresión atónita.
Incluso el conductor, que había permanecido en silencio sujetando el volante, pisó el freno y se volvió hacia atrás.
Tras soltar aquella absurda confesión, Gyeongoh salió al pasillo central del autobús, se arrodilló y se postró completamente.
Golpeó la frente contra el suelo con un ruido similar al que había hecho al chocar contra el techo y comenzó a temblar.
—L-lo hice mal. Lo siento, todos…
“No fue intencional. No sabía que ocurriría aquello o solo había hecho lo que le ordenaron”.
Dejó de lado aquellas excusas evasivas. Era una verdad evidente que, por su culpa, el hospital había colapsado y todos habían acabado en peligro.
Por mucho que intentara adornarlo, eso jamás cambiaría.
Las palabras que Changmin le había dicho de madrugada le habían dado mucho en qué pensar.
El grupo, que acababa de escuchar aquella inesperada declaración explosiva, tardó un momento en fruncir el ceño. La primera en reaccionar fue Im Yuseul, que tenía un carácter impulsivo.
—¿De verdad es cierto? ¿Fuiste tú quien intentó matarnos a todos?
El momento en que escaparon del sótano del Hospital de Inhan mientras se derrumbaba había sido uno de los mayores terrores que Yuseul había experimentado en toda su vida.
Había sido incluso más aterrador que cuando una multitud de zombis los persiguió. La expresión “sentir que el hígado se encogía” 1 le quedaba perfectamente.
Los demás habían sentido lo mismo. Y ahora descubrían que aquel incidente había sido un ataque provocado por uno de los suyos.
Era difícil de creer.
Pero Hwang Gyeongoh tenía los ojos llenos de lágrimas y no dejaba de pedir perdón.
En esas condiciones, era imposible no creerle.
Justo cuando los demás comprendieron la situación y estaban a punto de seguir a Yuseul con una serie de reproches…
—Yo también lo siento. —Changmin se levantó de su asiento alzando una mano—. Sabía lo que había hecho Gyeongoh y aun así permanecí callado deliberadamente hasta ahora. Lo siento.
Cuando Changmin inclinó también la cabeza con expresión amarga, el grupo se sumió directamente en la confusión.
Alzando la mirada hacia sus rostros, Changmin comenzó a contar la verdad en lugar de Gyeongoh, que seguía con la frente apoyada contra el suelo.
Explicó desde la forma en que Nam Gihyeok se había puesto en contacto con él hasta la tragedia que había provocado lo que hizo.
Después de escuchar toda la historia, el grupo ya no pudo limitarse a enfadarse.
Hwang Gyeongoh había visto que su familia estaba siendo retenida como rehén y no había podido contarles nada, por lo que no tuvo más remedio que obedecer las instrucciones de Nam Gihyeok.
Se habían puesto en contacto con él utilizando el teléfono de Son Namseop, quien se había unido al grupo junto con Dujae. Incluso le habían demostrado que realmente tenían un rehén utilizando la fotografía del hermano menor que Im Yuseul llevaba consigo.
Además, Gyeongoh no había tenido tiempo suficiente para pensar con calma.
Si no enviaba una señal al grupo de Nam Gihyeok antes de la medianoche de aquel día, la vida del rehén podía darse por perdida. Sin embargo, jamás imaginó que aquello activaría una bomba.
Incluso los miembros del grupo que escuchaban la historia soltaron un gemido contenido al llegar a esa parte.
—… Así fue como ocurrió. Puede que no me crean, pero si le hubieran ordenado hacer algo que dañara directamente al grupo, Gyeongoh jamás habría aceptado.
El tímido Hwang Gyeongoh no era alguien capaz de hacer daño directamente a sus compañeros, ni siquiera para salvar a su familia.
Al menos, eso era lo que Changmin había visto durante el tiempo que habían pasado juntos.
Jian, que escuchaba la historia, salió corriendo y gritó:
—¡Es verdad! ¡El señor Gyeongoh solo fue utilizado por ese desgraciado! ¡El malo es ese asesino hijo de puta llamado Nam Gihyeok!
Jian abrió ambos brazos y cubrió a Gyeongo con su cuerpo, como si tratara de protegerlo.
Tenía el ceño fruncido, pero no era porque odiara a Gyeongoh ni por las miradas acusadoras de los demás.
Era por el verdadero ‘origen’ de todo aquello.
—Sí. El malo es ese cabrón.
Quien se levantó para añadir aquellas palabras fue Im Yuseul.
Hasta hacía unos instantes había sido quien miraba con mayor ferocidad a Gyeongoh, pero ahora su rostro estaba calmado.
—Pero ¿por qué lo cuentas ahora? Si ibas a confesarlo, podrías haberlo hecho cuando Junseong también estaba presente.
No había ningún tono acusador en su pregunta. Solo lo preguntaba por pura curiosidad.
Por lo que parecía, incluso quienes habían asistido a la reunión de aquella mañana no sabían nada, con excepción de Changmin.
¿Acaso se lo habían contado a Junseong por separado durante la noche?
Changmin respondió en lugar de Gyeongoh, que seguía sollozando.
—No se lo dijimos a Junseong a propósito.
—¿Por qué?
—Porque necesitábamos preparar un segundo plan que Junseong no conociera.
Ante la respuesta de Changmin, la duda apareció en los rostros de todos, salvo en el de Gyeongoh.
Changmin sujetó a Gyeongoh, que seguía postrado, y lo ayudó a levantarse antes de dirigirse al grupo.
—A partir de ahora tendremos que dividirnos una vez más en dos equipos.
Dentro de la ruta segura de Junseong, Changmin y Gyeongoh comenzaron a prepararse para dirigirse hacia otra ruta creada por Do Hanseo.
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