No hubo más que llantos intercambiados con el rehén a través del walkie-talkie.
Simplemente se llamaban el uno al otro entre sollozos.
A Hanseo le resultaba molesto el ruido que hacía Gyeongoh, pero no intentó detenerlo. De hecho, era mejor que actuara siguiendo sus instintos.
A juzgar por la personalidad de Hwang Gyeongoh y por la intensidad de las emociones que había dejado escapar, no parecía que, en una situación así, fuera a ponerse a preguntarle detalladamente al rehén por su estado o a investigar su ubicación. Ni siquiera tendría tiempo para pensar en eso; era evidente que estaría completamente consumido por el alivio y la preocupación, llorando desconsoladamente.
Y eso era exactamente lo que estaba haciendo.
«Ese tal Nam Gihyeok también lo sabía, por eso conectó directamente al rehén».
Viendo que no tardaron casi nada en decidir permitir la comunicación con el rehén, lo más probable era que Nam Gihyeok ya hubiera previsto todo eso antes de dar su aprobación.
Conociendo bien a Hwang Gyeongoh, Nam Gihyeok seguramente había anticipado perfectamente el escándalo de llantos y gritos que montaría al reencontrarse con el rehén.
Así que, si Gyeongoh reprimía sus emociones y actuaba de forma ‘racional’, lo normal sería que sospechara. Que quizá Kang Junseong estuviera de pie justo detrás de Hwang Gyeongoh mientras sostenía el walkie-talkie.
«Nosotros también habíamos previsto que pensaría hasta ese punto».
Por eso, a Hwang Gyeongoh no le habían dado ninguna misión del tipo ‘cuando conecten la comunicación, pregunta esto’ o ‘comprueba aquello’. Necesitaban que expresara exactamente las emociones que sentía para engañar al enemigo.
—[Como has oído, tu madre está a salvo].
El walkie-talkie se cortó un momento y volvió a oírse.
Esta vez habló un hombre de voz grave del equipo que vigilaba a los rehenes. Ya no se escuchaba la voz de la madre de Hwang Gyeongoh ni la de ninguna otra persona.
Hanseo aguzó el oído al escuchar aquella voz mientras sacaba del bolsillo de su chaqueta el teléfono móvil de Kang Junseong. La conexión a internet seguía sin funcionar, pero el tiempo continuaba avanzando con total normalidad.
Hwang Gyeongoh, secándose las lágrimas que no dejaban de caer, respondió al otro lado.
—¿C-cómo… snif… tengo que hacerlo para que liberen a mi madre…? Hip… Por favor… salven a mi… mi mamá…
Mientras Gyeongoh apenas lograba contener el llanto entre sollozos, el otro respondió como si hubiera estado esperando esa pregunta.
—[Si haces exactamente lo que te digamos, no le pasará nada].
—¡P-pero dijeron que solo tenía que enviar una señal y… y resultó que era u-una bomba! ¡Yo también… yo también estuve a punto de morir!
—[Pero no moriste, ¿no?]
Parecía estar diciendo ‘¿y qué?’.
Su forma de hablar transmitía exactamente esa actitud de ‘¿qué problema hay?’, haciendo que Gyeongoh lo mirara completamente desconcertado.
En ese momento, antes de que pudiera responder, volvió a oírse una transmisión.
—[El viejo sigue siendo igual de ruidoso. No te vamos a pedir nada peligroso, así que cierra la boca y haz lo que te digamos].
La voz había cambiado de repente. En cuanto la oyó, el ojo de Hanseo se crispó.
Un barítono agradable, ni demasiado grave ni demasiado agudo.
La ligera sonrisa que se percibía en su voz era tan natural que bien podría considerarse parte de su encanto. Aunque la transmisión del walkie-talkie no permitía escucharla con total nitidez, su manera de hablar, la entonación y el timbre eran inconfundibles.
Era exactamente la misma voz grabada en el vídeo del teléfono móvil que habían encontrado en el Hospital Inhan.
—Es mi regalo. ¿Te gusta?
—No te preocupes. Tu hermana no está ahí dentro.
—Aún no lo he matado. ¿Quieres verlo?
—Estaré esperándote junto a la hermanita que tanto aprecias.
—Aunque no sé si podré mantenerla viva hasta entonces.
Solo una persona vino a la mente de Hanseo.
«Nam Gihyeok».
Hanseo no fue el único que reconoció al dueño de aquella nueva voz. Incluso Changmin observaba el walkie-talkie con expresión tensa.
El sistema de comunicación seguía siendo el mismo: para garantizar que la transmisión llegara correctamente, quien hablaba mantenía pulsado el botón unos segundos, y durante ese intervalo los distintos equipos que hacían de relevo pulsaban el suyo por turnos para retransmitir el mensaje.
El tiempo perdido seguía siendo el mismo.
Eso significaba que Nam Gihyeok estaba junto al equipo que custodiaba a los rehenes o, como mínimo, muy cerca de ellos.
Hanseo volvió a mirar la pantalla del teléfono de Junseong que sostenía en la mano.
«Tres minutos y cincuenta y dos segundos. Aproximadamente cuatro minutos».
La distancia entre el lugar donde estaban los rehenes y la ubicación de Nam Gihyeok era inferior a cuatro minutos.
Estaba muy cerca.
Con una distancia así, lo más lógico era pensar que el equipo que custodiaba a los rehenes era, en realidad, el propio equipo de Nam Gihyeok.
—[¿Junseong no está contigo? Quiero escuchar su voz]
La voz que llegó por el walkie-talkie sonaba absurdamente tranquila. Solo entonces Gyeongoh comprendió que el dueño de esa voz era Nam Gihyeok.
Mirando de reojo a Hanseo, respondió.
—S-si le hago escuchar la voz de J-Junseong… ¿l-liberarán a mi mamá? ¡Si es por eso, puedo ir a buscar a Junseong ahora mismo!
Nada más decirlo, se volvió hacia Hanseo y se apresuró a justificarlo con un ‘e-era broma’.
Solo había lanzado aquella pregunta fingiendo ser un idiota para tantear a Nam Gihyeok. Hanseo también lo sabía, así que no hizo más que dirigirle una fría mirada.
—[¿Qué? ¡Ja, ja! ¡Viejo, de verdad que eres divertidísimo!]
Nam Gihyeok estalló en carcajadas y, de repente, su voz se volvió aterradoramente asesina.
—[Si haces eso, le cortaré la cabeza a tu madre y te la mandaré volando en un dron].
—¡Hii!
Gyeongoh soltó un chillido ahogado mientras tragaba saliva. El peso de aquella amenaza era tan aplastante que estuvo a punto de dejar caer el walkie-talkie.
Mientras tanto, Nam Gihyeok continuó con voz cansada:
—[Primero dime cómo piensan moverse mañana].
—A-ah… todavía no lo sé. J-Junseong dijo que todos debíamos estar muy cansados, así que primero descansáramos. Supongo que mañana por la mañana tendremos una reunión y luego saldremos…
—[Entonces, antes de salir, deja escrita en una nota toda la planificación posterior y la ruta de desplazamiento. Déjala en tu habitación. Mis chicos pasarán a recogerla].
—S-sí… Oiga… no van a… h-hacer algo peligroso… ¿Verdad?
Ante aquella pregunta tan estúpida de Gyeongoh, la transmisión de Nam Gihyeok se interrumpió un instante.
Cuando volvió a escucharse, parecía que acababa de dejar de reír después de un buen rato.
—[No tenemos ninguna intención de ponerte en peligro. Después de sobrevivir a aquella explosión, estás dispuesto a traicionar a tus compañeros para recuperar a tu querida madre. Eres un ‘espía’ ejemplar].
Los hombros de Gyeongoh se estremecieron. La palabra ‘espía’ cayó sobre su pecho como una losa.
—[Da igual el motivo o el proceso. Junseong jamás volvería a aceptar a un cabrón que puso en peligro a sus compañeros. Si descubre que tú eres el culpable de hacer explotar el Hospital Inhan, aunque el mundo esté lleno de zombis, te abandonará sin la menor compasión].
Nam Gihyeok hablaba deliberadamente como si toda la explosión del Hospital Inhan hubiera sido culpa de Gyeongoh, solo para intimidarlo.
—[¿Y crees que podrías salvar a tu madre tú solo después de que te abandonen? ¿Tú? ¿Cómo piensas hacerlo?]
Las dos manos con las que Gyeongoh sujetaba el walkie-talkie comenzaron a temblar violentamente.
—[La única opción que tienes es seguir siendo obedientemente mi espía. Si haces solo eso, te devolveré a esa madre tuya, que ni siquiera me interesa. Sin un solo rasguño].
Primero le hacía comprender que no tenía vía de escape y luego le metía a la fuerza en la cabeza que solo existía una única elección.
—[Pero… si intentas hacer alguna estupidez, recibirás un pedazo del cuerpo de tu madre a cada hora. Así que más te vale tener cuidado].
—Hip… ugh…
Gyeongoh tragó un gemido mientras temblaba de ansiedad. Pero no respondió impulsivamente por el walkie-talkie ni cayó presa del pánico.
Si hubiera estado solo, sin duda se habría derrumbado. Sin embargo, allí estaba Do Hanseo, completamente imperturbable ante las crueles palabras de Nam Gihyeok.
—[Dile que lo entiendes. Que harás todo lo que te ordene].
—S-sí.
Asintiendo a las palabras de Hanseo, Gyeongoh respondió por fin a través del walkie-talkie.
Mientras tanto, Hanseo seguía concentrado exclusivamente en escuchar la voz de Nam Gihyeok.
—[Si haces bien tu trabajo, mañana volveré a dejarte escuchar la voz de tu madre].
—Entonces… ¿Hasta cuándo tengo que seguir haciendo todo lo que me digan?
—[Hasta que Junseong caiga en mis manos].
Cuando Nam Gihyeok pronunciaba el nombre de Junseong, su voz estaba impregnada de una obsesión tan intensa como la de Do Hanseo.
—[Así que será mejor que cooperes conmigo de forma activa. En cuanto tenga a Junseong, ya no necesitaré ni rehenes ni nada].
¿Sería imaginación suya, o el final de aquellas palabras sonó extrañamente solitario?
Antes de que pudiera detenerse a pensarlo, la comunicación con Nam Gihyeok terminó por completo.
El hombre corpulento que había facilitado la comunicación devolvió sin problemas tanto el dron como el walkie-talkie. Ambos eran objetos bajo la responsabilidad de Gyeongoh; si no los devolvían intactos, el perspicaz Kang Junseong podría sospechar que algo iba mal.
Solo después de recuperar el dron y cerrar la ventana, Gyeongoh pareció relajarse y se dejó caer pesadamente al suelo.
Respiró con dificultad, empezó a sollozar y, al final, rompió a llorar otra vez. En momentos así, más que un adulto, parecía un niño pequeño.
Changmin ayudó a Gyeongoh, que seguía lloriqueando, a sentarse sobre la cama y después volvió la mirada hacia Hanseo, cuyo rostro permanecía completamente inexpresivo.
Desde hacía un buen rato, Hanseo no dejaba de mirar el teléfono móvil de Junseong.
Al ver que seguía tan concentrado que ni siquiera pensaba levantar la vista, Changmin ya no pudo esperar más y se acercó.
—¿Has averiguado algo?
—¿Algo? —Hanseo soltó una leve carcajada—. No es ‘algo’.
Levantó la cabeza y dirigió a Changmin una mirada afilada.
—He averiguado la ubicación exacta donde tienen a los rehenes.
Gyeongoh, que hasta ese momento estaba completamente abatido, sintiendo que tanto su cuerpo como su mente estaban destrozados, se levantó de un salto como si nada hubiera pasado al escuchar esas palabras.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.