Nota del autor:
Este capítulo es corto y se centra en los momentos previos al encuentro entre Devil y Sheng Yi. El siguiente cerrará la mazmorra de la reencarnación desde la perspectiva de Devil.
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Devil no prestó atención a la inquietud de AI666. Una vez que terminó de elaborar su plan, tomó la decisión más sencilla: sentarse y esperar.
Lo veía casi como unas vacaciones. Desde que se unió a la asociación, no había tenido un descanso tan tranquilo.
Pero dejemos por un momento a Devil y echemos un vistazo al otro protagonista, el policía olvidado durante demasiado tiempo: el camarada Sheng Yi.
Como temía Devil (y quizá no sea muy amable decirlo), Sheng Yi, a pesar de haberse saltado un curso para entrar antes a la universidad, no es tan rápido de mente como él. Aunque también percibía que había algo extraño en esta mazmorra, todavía no entendía cómo superarla. Seguía atrapado en otro universo paralelo, lidiando con un (¿bebé?) Devil.
Volvamos ahora al Universo Número 2, donde Devil seguía con su estrategia. Estaba preocupado de que Sheng Yi notara diferencias demasiado marcadas entre esta línea temporal y sus recuerdos, lo que lo llevaría a descartarla por completo. Por eso, durante esos días se había aferrado a su memoria con disciplina, repitiendo cada gesto y movimiento como un actor empeñado en no desviarse del guión.
Claro que, como suele pasar, los planes nunca resisten al caos. En apenas tres días, Devil soportó 9981 episodios de “añadir drama” cortesía de los extras.
Primero, mientras lo seguía, a Sheng Yi lo empaparon accidentalmente con agua sucia desde un piso superior. El residente, en lugar de disculparse, lo maldijo por ser un hombre sin corazón que había abandonado a su familia (¿?).
Después, un anciano en la calle fingió caerse justo frente a Devil y lo acusó de haberle roto la pierna.
Devil: …
Sheng Yi: …
“Solo nos movíamos a menos de un metro por segundo. ¡Aunque hubiéramos chocado de frente, no podrías fracturarte la pierna! Además, ni siquiera te toqué… ¿Desde cuándo Naraka está lleno de estafadores?”
Ese fue el pensamiento sincero de Devil tras su “encuentro” con el anciano.
Y así transcurrían los días. La mazmorra se empeñaba en darle dramatismo hasta al último extra. Pero al final, un protagonista es un protagonista y el foco inevitablemente volvía a él.
Tres días después, Devil y Sheng Yi adoptaron la identidad de “Lucifnil” (es decir, Lucifer, el ángel caído) y, para su sorpresa, se hicieron algo conocidos en Naraka, aunque más por ser víctimas frecuentes de estafas que por otra cosa.
Devil también descubrió entonces que los chismes no eran patrimonio exclusivo de las mujeres ni de la gente común: los “caídos” de Naraka, todos hombres curtidos en la miseria y la violencia, también disfrutaban de los rumores. Claro que, a diferencia del mundo exterior, Naraka carecía de programas de entretenimiento. Había bares, casinos y casas de compraventa de oro, pero nadie hablaba de celebridades peleándose ni de millonarios tramposos. Allí, la vida de todos giraba en torno a dos cosas: cumplir con las tareas y trabajar sin descanso para ganar dinero con el que pagar los impuestos.
Porque sí, los “caídos” residentes en Naraka debían tributar a las corporaciones que gobernaban el lugar con mano de hierro. A fin de cuentas, Naraka funcionaba como un auténtico refugio para quienes huían de la ley. Las organizaciones internacionales, atemorizadas por esos gigantes corporativos, no se atrevían a enfrentarlos. Así, la ciudad se había convertido en un santuario para incontables fugitivos, aunque entrar en este supuesto —paraíso— costara pagar una fuerte —multa— de admisión.
Los altos mandos de asociaciones poderosas, como Devil, recibían permisos especiales de residencia gratuita y prolongada. Pero la mayoría de los “caídos” no contaba con tal privilegio. Muchos, al llegar, no tenían más remedio que trabajar como camareros o lavaplatos para cubrir sus impuestos. Era duro, pero posible, siempre que estuvieran dispuestos a pasar noches enteras fregando vajillas.
Pero volvamos a Devil. Aunque había ganado cierta notoriedad, ni él ni Sheng Yi tenían intención de convertirse en tema central de las “Tendencias” de Naraka (un concepto inexistente allí, aunque todos entendían de qué se trataba). Uno se mantenía encubierto, el otro esperaba la llegada del verdadero Sheng Yi. Ninguno buscaba llamar demasiado la atención.
Los últimos incidentes ya habían puesto en riesgo la trama que Devil cuidaba con tanto esmero y, sin embargo, lejos de desanimarse, empezó a pensar que tal vez aquello no era del todo malo. Si él fuera Sheng Yi y al regresar descubriera que tanto su personaje como Devil habían sido proclamados —Las Personas Más Populares del Año en Naraka—, seguramente no podría evitar detenerse a mirar.
Tras una semana de ese vaivén —tú añades drama, yo lo resuelvo; tú desapareces, yo subo al escenario—, Sheng Yi, a quien Devil no dejaba de invocar en sus pensamientos, finalmente se presentó en el Número 2. Lo hizo con cierta reticencia, dejando atrás al pequeño (?) Devil. Y así, en esa mazmorra donde ambos bandos se dedicaban a lanzarse drama mutuamente, comenzó a vislumbrarse una chispa de esperanza.
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