Nota del autor:
Las frases de despedida de Sheng Yi son citas que encontré en línea, solo quería aclararlo.
Beso~ 💋
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“Una pareja perfecta”. Probablemente sea la frase más extraña que Sheng Yi había escuchado en años para referirse a él y a Devil. Antes, cuando los mencionaban juntos, la gente siempre decía “enemigos destinados” o “rivales mortales”. Jamás “hechos el uno para el otro”.
Sheng Yi tuvo que contener las ganas de soltar un: ¿Saliste sin los ojos puestos hoy?
Recordó entonces una máxima: “a las adivinaciones solo puedes fingir que no las oíste”, sin importar en qué rincón del mundo te encuentres.
Suspiró y miró de reojo a Devil. Para su sorpresa, este parecía tomarse muy en serio las palabras del anciano y estaba a punto de acercarse a pedir más detalles.
Sheng Yi casi gritó internamente: ¡Oye! Se supone que tienes más coeficiente intelectual que yo, ¿cómo no notas que este viejo se burla?
Evidentemente, ser brillante no te inmunizaba contra caer en las trampas de un charlatán.
Lo detuvo justo a tiempo, como si no le estuviera frenando una consulta, sino un intento de convertirse al budismo. Devil, confundido, lo miró con un gesto que decía: “¿Por qué me paras?”.
Por supuesto, Sheng Yi no podía contestar: “Porque temo que estés loco y este adivino quiera arrastrarte a un pueblito perdido en la montaña”.
Así que solo murmuró:
—Se hace tarde. Deberíamos volver a descansar.
Devil, un poco decepcionado, accedió. Aun así, su mirada hacia el anciano —como si quisiera llevárselo al hotel para una terapia de pareja improvisada— descolocó a Sheng Yi.
No, ¿qué digo terapia de pareja? Seguro me contagió las ideas raras de este viejo.
Convencido de que era un estafador, Sheng Yi sacó dinero del bolsillo y preguntó:
—¿Cuánto?
El anciano, desconcertado, parpadeó.
—¿Qué?
—¿Cuánto nos cobras por la fortuna? —explicó Sheng Yi, resignado.
El hombre sonrió y negó con la cabeza.
—No, no. Es gratis.
—¿Gratis? —repitió Sheng Yi, incrédulo. Había recorrido templos y nunca había visto a un adivino que no cobrara.
Entonces, el anciano volvió a decir aquella frase con total naturalidad:
—Creo que entre nosotros hay un lazo del destino. Por eso, no te cobro.
La impresión de Sheng Yi cambió de golpe. Había llegado preparado para un precio abusivo, y en cambio recibió una sonrisa franca y un gesto desinteresado. Una punzada de incomodidad lo atravesó. ¿Era culpa por juzgar mal? ¿O arrepentimiento por dar las cosas por sentado? No lo sabía.
Guardó el dinero, sonrió y dijo sinceramente:
—Gracias.
El anciano, con los ojos limpios y una sonrisa pura, le devolvió el gesto.
Más tarde, ya de camino, Sheng Yi no pudo sacarse de la cabeza al anciano. Recordó una frase de Bajo la misma estrella: Algunas personas son grises, otras brillan, pero de vez en cuando encuentras a alguien que es un arcoíris y nada se le compara.
En ese instante, supo que aquel hombre también irradiaba ese resplandor de arcoíris, un calor inesperado en un mundo extraño.
De vuelta en la posada, se turnaron para vigilar durante la noche. Devil insistió en que Sheng Yi descansara primero. Agotado, este no se opuso y cayó en un sueño profundo.
Despertó a las ocho de la mañana con la luz del sol. Atónito, se preguntó por qué no lo habían despertado a la una, como habían acordado. Buscó con la mirada hasta encontrar a Devil, sentado en un sofá, aún vigilando.
—¿Por qué no me despertaste? —preguntó Sheng Yi al acercarse.
Devil sonrió con calma.
—Dormías tan bien que no tuve corazón para interrumpirte. Buenos días.
Mientras hablaba, desordenó suavemente su cabello, con un gesto cálido que lo dejó paralizado. ¿Cuánto tiempo hacía que nadie le daba los buenos días de esa forma?
Era tan perfecto, tan familiar, tan hogareño… y por eso mismo, tan irreal. Sheng Yi comprendió, demasiado tarde, la trampa de aquel mundo paralelo: ofrecerle el calor que tanto anhelaba para que olvidara su misión de hallar al verdadero Devil.
Como una rana en agua que hierve poco a poco, sabía que esa calidez acabaría por destruirlo, pero no podía soltarla.
Cuando Devil se levantó para ir al baño, Sheng Yi tomó papel y bolígrafo y escribió:
Para Mo Gui: Algunas cosas están destinadas a olvidarse; otras, a guardarse como recuerdos.
Unas suceden por voluntad, y otras, simplemente, escapan a nuestro control.
Los encuentros y las despedidas son tanto el final de la dicha pasada como el inicio de la futura.
No digas “cuídate”. No digas “adiós”.
Me iré en silencio.
—Sheng Yi
Activó el “Universo Intercambiable”. Antes de desaparecer bajo la luz blanca, miró por última vez el lugar que acababa de dejar atrás.
Adiós, Devil del pasado.
Que ambos nos cuidemos, hasta volver a encontrarnos.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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