Por fin había vuelto. Aunque aún no estaba del todo recuperado y su brazo seguía sin poder doblarse, al menos ya no le afectaba para escribir.
Aconsejó con sinceridad, basándose en su propia experiencia: si eran principiantes en el skateboarding, debían usar siempre equipo de protección. Había aprendido la lección. QAQ
La cirugía era un fastidio. QAQ
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Tras esa explicación, todos guardaron silencio, reflexionando sobre la situación actual. Entretanto, Sheng Yi se acercó sigilosamente a Devil y le susurró algo al oído.
El aliento de Sheng Yi sobre su oreja provocó a Devil un cosquilleo que le despertó ganas de frotársela.
En ese momento, Sheng Yi dijo:
—Este Igarashi Ichiro no es una persona común.
Al oírlo, Devil se giró con curiosidad hacia Sheng Yi, que mantenía una expresión seria.
—Después de escuchar lo que acaba de decir, inconscientemente sentí… —Sheng Yi parecía quedarse sin palabras, y al final describió la sensación con torpeza—: Eh… como si se me entumecieran los pies.
Esa extraña descripción hizo que Devil lo mirara con suspicacia. Tenía la impresión de que Sheng Yi era el canalla que lo engañaba, él mismo la devota esposa, e Igarashi Ichiro, aquel mocoso, el amante indeseable.
El propio Sheng Yi se estremeció al pensarlo. Luchando contra la incomodidad de su imaginación, continuó:
—Creo que este podría ser el efecto de su habilidad. No parece que tú estés afectado en absoluto, así que supongo que es una habilidad de objetivo único.
Intrigado, Devil clavó la vista en Igarashi Ichiro. Este parecía extremadamente sensible a las miradas: aunque la suya no era demasiado evidente, lo notó de inmediato. Sin embargo, lejos de molestarse, Ichiro le dedicó una sonrisa dulce e inocente.
En ese instante, Devil también experimentó la sensación extraña que Sheng Yi había descrito: aquel —entumecimiento de pies a cabeza— que ponía la piel de gallina. Asintió hacia Sheng Yi, dándole a entender que lo había sentido también.
Sheng Yi le respondió con una mueca que parecía un emoji: «¿Ves? No bromeaba».
Tras revisar los alrededores y confirmar que no había nada más, todos se prepararon para marcharse.
Mientras caminaban por la vasta pradera, Sheng Yi planteó una pregunta que le rondaba desde hacía tiempo:
—¿Alguna vez han experimentado una mazmorra como esta junto a otros saltadores desconocidos?
Han Xiuhui fue la primera en responder:
—Bueno, Yun’er y yo formamos equipo desde el principio. Ella era algo tímida y siempre quería evitar la mazmorra, así que la pospusimos hasta la fecha límite. Nos vimos obligados a entrar en nuestra segunda mazmorra junto a otros trece saltadores—. La mirada de Han Xiuhui se ensombreció al recordarlo, como si pensara en sus compañeros fallecidos.
Después intervinieron los hermanos Tom y Jerry:
—Nosotros no. Ya habíamos entrado en mazmorras antes. Pero en nuestra última mazmorra de rango D fuimos con otros cinco.
Al escucharlos, Sheng Yi y Devil intercambiaron una mirada de entendimiento y asintieron.
El grupo avanzó con paso rápido, recorriendo en poco tiempo varios miles de metros. Pronto avistaron al primer animal desde el inicio de su larga caminata.
Era una criatura semejante a un ratón de campo, aunque con unos dientes frontales increíblemente largos. Sheng Yi no pudo evitar preguntarse si no habría estado usando mal su mordedor.
Al ver al animal, todos adoptaron una postura defensiva. Después de todo, el trágico incidente con el conejo seguía fresco en sus recuerdos.
Sheng Yi fue el primero en acercarse, activando su linaje élfico mientras avanzaba. Al fin y al cabo, la descripción a medias del linaje mencionaba que atraía a plantas y animales. Lo único que ignoraba era si esa capacidad funcionaría también en una mazmorra tan inusual.
Fuera por el efecto de la sangre élfica o no, la criatura con aspecto de rata —que en circunstancias normales debería haber huido— permaneció quieta. Agazapada, lo observaba en silencio con sus diminutos ojos oscuros.
Sheng Yi se aproximó con cautela. Devil, no muy lejos de él, blandía su espada de sombra, la cual parecía absorber la luz a su alrededor mientras lo protegía de un posible ataque repentino. La criatura no se movió hasta que Sheng Yi estuvo a un metro de distancia. Entonces, sus ojillos brillantes lo escrutaron como si esperara que él se inclinara para acariciarle la cabeza.
Sheng Yi, Amante Oculto de la Felpa: ¿Qué hago? Tengo unas ganas terribles de tocarlo…
Tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para contener la —mano maligna— que latía en lo más profundo de su ser.
Devil, observando su figura algo rígida, no pudo evitar fruncir el ceño. Después de todo, ni siquiera él sabía que Sheng Yi era un Amante de la Felpa en potencia.
Sheng Yi movilizó su linaje, intentando iniciar una negociación amistosa entre especies con la criatura.
Pero antes de que pudiera activar sus poderes, la —rata— retrocedió de improviso… y cargó directamente contra él.
Sheng Yi no logró esquivarla, y ni siquiera Devil pudo reaccionar a tiempo. Rodó por el suelo de bruces, mientras la criatura, sorprendentemente antropomórfica, se trepaba a su pecho. Con sus dos pequeñas patas delanteras le dio un abrazo perfecto y, al igual que el conejo de antes, exclamó con un grito melodramático:
—¡Dios mío, mamá, por fin te encontré!
Sheng Yi, inexplicablemente en el suelo: …
Devil, de pie, listo para atacar: …
Los demás, sin entender nada: …
En ese momento, Sheng Yi solo pudo pensar: «¿Cómo demonios el Plan de Salto es capaz de traducir hasta estas frases tan cursis y dialectales entre varios idiomas, y encima lograr que suenen así?»
Por su parte, Devil tenía un único pensamiento: Maldita sea, ¿por qué siento que acaban de engañarme otra vez, sin razón alguna?
Por supuesto, ninguno sabía lo que pensaba el otro.
Tras unos segundos de silencio atónito, Sheng Yi reaccionó. Como quien arranca lana de una oveja, apartó al pequeño roedor de su pecho. El ratoncito aterrizó en el suelo con un lamento:
—(*)…555, ¿por qué mi mamá ya no me quiere? QAQ
[NT: o lo que es lo mismo: Buaaa, ¿por qué mami ya no me quiere? QAQ]
Devil dio un paso al frente, apartando a Sheng Yi y colocándose en guardia frente a la criatura. Los tres —él, Sheng Yi y el ratón— se miraron fijamente.
Para alguien ajeno a la situación, la escena parecía un caso clásico de acoso escolar: dos adolescentes delincuentes intimidando a un pobre hermano pequeño débil e indefenso.
Pero los demás presentes lo interpretaron de un modo muy distinto: un esposo celoso que, al ver a un niño llamando —mamá— a su pareja, se enfrentaba a un drama doméstico digno de un culebrón ecológico.
(*)El “555” es una jerga de internet china que imita el sonido del llanto: en mandarín, el número 5 se pronuncia “wǔ”, así que “555” se lee como “wǔ wǔ wǔ”, que suena parecido a los sollozos “呜呜呜” (el equivalente a “buuu buuu” o “snif snif” en español). Es un recurso visual/fonético muy típico de chats y novelas web chinas, comparable a escribir “TTwTT” o “ToT” para expresar llanto.
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