Conteniendo el asco que les provocaba el olor de la vela de grasa humana, Sheng Yi y Devil aumentaron un poco la distancia que los separaba de Aizi.
Transcurridos unos diez minutos, de pronto escucharon un sonido extraño.
Al principio, el ruido no era muy fuerte, como si proviniera de muy lejos. Tanto, que Sheng Yi y Devil ni siquiera lograban percibirlo con claridad.
Sin embargo, a medida que seguían a Aizi, el sonido se hizo cada vez más intenso, hasta que por fin pudieron distinguir lo que era.
«Con la cuerda, juego a trenzar,
enredo en mis dedos y hago un nudo al pasar.
Tiro del hilo, la forma voy creando,
las figuras que hago, a todos van gustando.
Tú das una vuelta a un gran pie de pollo,
yo hago unos fideos, largos como un rastrojo.
Tú haces una red para pescar,
yo una tina para poder mear.
Tú un avión o un paracaídas,
yo unas tijeras o floreros con vidrias.
Trenza que trenzas, sin parar,
con las manos hábiles, vamos a jugar»
Una voz infantil, que en otras circunstancias habría resultado encantadora, pero allí, en la oscuridad, cantando esa escalofriante canción, le erizó el vello a Sheng Yi y le puso la piel de gallina.
Devil también la oyó, aunque su reacción fue algo más contenida que la de Sheng Yi. Le produjo inquietud, pero no un miedo profundo.
Los dos, junto a esa… cosa, fuera lo que fuese, avanzaron durante aproximadamente un minuto.
De repente, como si un agujero se abriera en un telón negro, un haz de luz apareció ante ellos.
Aizi los guió hacia adelante.
Unos dos minutos después, por fin pudieron distinguir la escena iluminada.
Y lo que vieron les heló la sangre.
Era lo que parecía una habitación. La luz de la luna se filtraba por la ventana e iluminaba directamente la figura junto al marco. Sentado en un mecedor viejo, había un niño de rostro lívido. La mecedora se balanceaba con su movimiento, produciendo un chirrido lúgubre y prolongado. El niño no los miraba; su mirada carecía de enfoque, como si observara el techo sobre él o algo más en la lejanía. Entre sus manos sostenía una cuerda de juegos trenzada, y sus labios murmuraban aquella espeluznante canción infantil. Lo más aterrador era que, en ese momento, bañado por esa luz espectral, una comisura de su boca se curvaba hacia arriba en una mueca.
«Con la cuerda, juego a trenzar,
enredo en mis dedos y hago un nudo al pasar…»
Era la misma canción de antes, y Aizi los guiaba directamente hacia quien la cantaba.
Esto no está bien— pensó Sheng Yi, frunciendo el ceño mientras tragaba saliva con un temor que no podía disimular. Probablemente, ese niño tampoco era humano, sino un fantasma. Aunque proyectaba una imagen pública de tipo duro que “no le teme a nada”, el ser humano siempre alberga un cierto miedo hacia lo desconocido.
Y en ese momento, Sheng Yi lo sentía con toda claridad.
Mientras invocaba a A-Jing, sacó su pistola de su brazalete.
El pequeño gatito negro se acurrucó en su cuello, pero al percibir la energía del lugar, todo su pelaje se erizó y adoptó una postura de ataque junto a Sheng Yi.
Al mismo tiempo, la oscuridad se condensó alrededor de Devil, y un arma materializada apareció en su mano, listo para lanzar un ataque en cualquier instante.
De repente, como si un temporizador hubiera sido pausado, todo sufrió un cambio radical.
En primer lugar, Aizi, a quien tenían delante, desapareció sin que se dieran cuenta. Sheng Yi no supo cómo lo hizo, pero intuyó que debió de esfumarse en el preciso instante en que la luz blanca de la ventana la tocó.
Al mismo tiempo, el niño también cambió. Su cabeza, que antes estaba alzada, en algún momento se había girado hacia ellos, y ahora miraba fijamente a los dos intrusos con unos ojos completamente negros, sin blanco alguno.
En el momento en que la criatura se levantó de la mecedora, Devil dio un paso al frente, colocándose protectoramente delante de Sheng Yi.
Al mismo tiempo, el pequeño gato negro comenzó su invocación de espíritus.
Protegido, Sheng Yi activó su propia habilidad especial. Esta tenía un límite de tiempo y, como no se había topado con muchas misiones que requirieron combate, no la había usado mucho. Pero eso no significaba que no fuera poderosa. En cierto modo, precisamente porque su habilidad era demasiado fuerte en su estado de estallido, tenía tantas restricciones.
Su anterior acto de «valentía al rescate» había hecho que su habilidad especial subiera a Nivel 3. Ahora, aunque la duración seguía siendo la misma —10 minutos—, al haber alcanzado un Valor de Justicia de 250, por fin podía usar esa cursi y ‘chuunibyou’(*) habilidad llamada «Liberar – Luz de la Justicia».
*Nt: Chuunibyo:Término coloquial japonés que se usa para describir la etapa (normalmente adolescencia) en la que alguien fantasea con ser especial, inventándose poderes, identidades o dramas épicos para destacar o escapar de la realidad.
–¡En nombre de la justicia, te eliminaré!
Al mismo tiempo, apareció otra pistola en su mano, formando ahora un par con la que ya sostenía.
La descripción de la habilidad mencionaba que eran las «Pistolas de la Justicia». Pero en ese momento, a Sheng Yi le traía sin cuidado si eran justas o no; solo quería que su potencia fuera suficiente para reducir a la criatura frente a él a cenizas.
El enfrentamiento comenzó en serio.
Mientras Devil avanzaba para atacar frontalmente, y los espíritus invocados por A-Jing flanqueaban, Sheng Yi disparaba desde los laterales. Fue entonces cuando la voz del AI666 llegó, tardía como de costumbre.
–Detectado que el Valor de Justicia de F-DQ666-0007 ha alcanzado 250. Habilidad «Liberar – Luz de la Justicia» disponible. Procedo a ofrecerte una explicación especial.
Sheng Yi: …Joder, ¿no podrías esperar a que terminemos este combate? ¿Por qué no viniste antes? ¡No sé cuánto te he esperado!, ¡hasta las flores se han marchitado!
Ignorando su furia interna, el AI666 continuó diligentemente: –Esta habilidad puede usarse 3 veces por cada activación de la habilidad especial, con una duración de 10 segundos cada vez. Durante su uso, todos tus ataques se impregnarán con el efecto «Luz de la Justicia», que incrementa un 10% el daño a entidades de energía negativa y tiene un 5% de probabilidad de infligir el efecto «Quemadura», el cual seguirá dañando a dichas entidades de forma continuada.
Cuando el AI666 terminó su tarea rutinaria y se disponía a retirarse, Sheng Yi lo detuvo de inmediato:
–¡Espera, espera! ¡¿Qué es una «entidad de energía negativa»?! ¡No lo has explicado!
El AI666, con un tono despreocupado, solo soltó una frase antes de irse:
–La que tienes delante lo es…
Sheng Yi: …Joder, ¿quién contrató a este AI? ¿Así es su capacidad de trabajo? ¡Es tremendamente incompetente! ¡Voy a presentar una queja!
En otro lugar, en la Alianza de Civilizaciones Cósmicas.
Una figura oculta en la penumbra se frotó la oreja, con expresión de perplejidad:
–Creo que acabo de oír que alguien quiere presentar una queja…
Y en otro lugar más, el AI666:
–¡Achús!
Frotándose sus datos, que de pronto mostraban fluctuaciones inexplicables, el AI666 sintió un escalofrío de culpa: Mierda, ¿de verdad ese humano terrícola piensa quejarse de mí?
¡No! Seguro que ya lo ha olvidado. ¿Quién va a recordar eso todos los días?, se consoló el AI666.
Si Sheng Yi hubiera oído lo que pensaba el AI666, probablemente le habría soltado un desdeñoso: «Je, je». ¡Por supuesto que recordaba presentar una queja! Él era un joven de la nueva era que conoce y cumple la ley, y contribuye a la construcción de un país socialista regido por el Estado de derecho. ¿Cómo iba a olvidar una de las vías para salvaguardar sus derechos legítimos —presentar una queja—?
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