Nota de la autora:
¡Suplico coleccionar a esta autora, suplico comentarios, suplico coleccionar mis obras “El Plan de la Migración Terrestre” y “El Pozo”! ¡Muacks!
Anoche, mientras leía una colección de novelas de misterio, descubrí por casualidad que hasta hay escritores que escriben *fanfiction* de Sherlock Holmes.(⊙ _ ⊙ )
Les recomiendo escuchar “Les maudits mots d’amour” y “La gloire à mes genoux” de “Le Rouge et le Noir – L’Opéra Rock”. Son tremendamente intensas.
Yo solo sé usar métodos de entrada en chino, inglés y español. Al intentar escribir esas palabras en francés, creía que estaba usando un teclado en francés, pero lo que salía no se parecía en nada. Me preguntaba por qué me salía la grafía española… hasta que caí en que estaba usando el teclado en español. Qué tonta…
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El asunto de la queja, por supuesto, tendría que esperar a resolver el problema inmediato.
La nueva habilidad parecía bastante útil, así que Sheng Yi no dudó en usarla.
Con un destello cegador, las balas que salieron de las pistolas de Sheng Yi parecían llevar un efecto de baño en oro de 24 quilates, despidiendo un resplandor dorado imparable que se dirigió directamente hacia el espectro frente a ellos.
Al instante, el cielo y la tierra cambiaron de color, en una escena tan emotiva que conmovería a los cielos y haría llorar a los fantasmas.
Al observar la escena tan provocativa frente a él, a Sheng Yi no pudo evitar que se le torciera la comisura de los labios. Dios sabe que la personalidad que se había fijado era la de un policía frío y distante; una habilidad que venía con semejante aura de nuevo rico no encajaba para nada con su estilo.
Antes de que Sheng Yi pudiera terminar de torcer el gesto, el pequeño demonio que tenía delante soltó un grito desgarrador. Sheng Yi miró con atención: en el lugar donde acababa de disparar había aparecido un agujero que brillaba con un resplandor dorado, y del interior salía un humo negro que mantenía una reacción química indescriptible con la luz dorada. A Sheng Yi, el estudiante aplicado, de repente le entraron muchas ganas de escribir una ecuación.
Al ver la escena, Devil también se quedó sin palabras. Volviéndose hacia Sheng Yi, le lanzó una mirada complicada y dijo:
–El efecto es… notable.
Sheng Yi: ¡No me alegra nada, eh!
Hay que admitir que una habilidad que requería un Valor de Justicia de 250 era, efectivamente, bastante buena. Especialmente contra esas… especies desconocidas llenas de energía negativa, como había dicho el AI666, el resultado era particularmente notable.
Al ver la luz dorada que seguía «incansablemente» reaccionando con el vapor negro, Sheng Yi pensó por primera vez que su maldita habilidad especial sí que servía para algo.
Viendo que el pequeño espectro, atormentado por la dorada luz de la justicia, ya no tenía ánimos para atacarlos, Devil sonrió sin poder evitarlo y comentó:
–Tu poder de la justicia es realmente… potente.
Sheng Yi, con rostro impasible, respondió directamente:
–Por supuesto. Este servidor es un luchador socialista, un firme defensor del marxismo, un servidor público que elimina las fuerzas del mal en nombre de la justicia socialista.
Devil: «…»
Una vez que el espectro fue sometido por el poder de la justicia socialista, no les costó mucho trabajo hacerse con su… prisionero.
Devil llevó al pequeño espectro, bien atado con su habilidad especial, frente a Sheng Yi y cedió con cortesía:
–¿Quieres hacer los honores? –Supuso que Sheng Yi, como policía, sería mejor que él en los interrogatorios.
Sheng Yi lanzó una mirada al espectro, que aún se retorcía de dolor, desvió la vista y rechazó la oferta:
–Los policías del pueblo no nos dedicamos a prácticas como los interrogatorios coercitivos.
A Devil se le crispó la comisura del labio.
–Aquí no hay cámaras.
Sheng Yi echó un vistazo a su alrededor y entonces recordó que no estaban en una sala de interrogatorios. Llevándose la mano a la boca para disimular un momento de incomodidad, insistió con obstinación:
–Si el peral no tiene dueño, ¿acaso mi corazón tampoco lo tiene?
A Devil se le crispó aún más la comisura del labio. Perfecto, ahora hasta citaba clásicos. Aunque no era un nativo de China, conocía la famosa historia de Xu Heng y las peras (*). Aunque la cita no era del todo apropiada para la situación, Devil comprendió perfectamente lo que Sheng Yi quería decir.
En resumen, venía a ser: «¡Ni hablar!»
(*)NT: Xu Heng (1209–1281) fue un filósofo y erudito neoconfuciano de la dinastía Yuan, célebre por una anécdota que ilustra la integridad y el autocontrol.
La historia cuenta que, durante un viaje, él y sus acompañantes encontraron un peral cargado de frutos al borde del camino. Como hacía mucho calor, todos comenzaron a comer las peras, excepto Xu Heng.
Cuando le preguntaron por qué no tomaba una, respondió:
“Aunque el dueño no esté presente, las peras siguen teniendo dueño”.
Con esta frase quiso decir que el hecho de que nadie vigilara el árbol no convertía sus frutos en algo que cualquiera pudiera tomar. Para él, la honestidad dependía de la propia conciencia, no de la posibilidad de ser descubierto.
Esta anécdota se utiliza con frecuencia en la tradición confuciana para enseñar valores como la integridad, el respeto por la propiedad ajena y la rectitud moral.
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La tarea del interrogatorio había vuelto así, en un giro completo, a sus manos. Devil suspiró y no le quedó más remedio que encargarse personalmente.
Aunque, como asesino profesional, era un tipo despiadado, la verdad era que las veces que había participado en interrogatorios se podían contar con los dedos de una mano. Dicho llanamente: «¡No tenía experiencia!»
Basándose en películas de mafiosos y de policías que había visto (la autora se pregunta: ¿por qué un asesino a sueldo vería películas de policías?), encontró una silla cualquiera y ató al niño fantasma a ella.
Tomó prestada la pistola de Sheng Yi, apuntó a la frente del espectro y soltó:
–¡Confiesa!
Sheng Yi: —…
El niño fantasma: —…
¡Vaya! Vaya crudeza la de alguien sin experiencia.
La comisura del labio del niño fantasma tembló levemente, sin saber muy bien si en ese momento debería llorar o reír.
Por un lado, esa pistola era el Arma de la Justicia de Sheng Yi, y el poder justiciero que desprendía hacía que al acercar su cañón a la frente le entraran ganas de gritar «¡ssss, que me quemo!». Por otro lado, el diálogo era tan simple y directo que le daban ganas de reír.
Al ver que el espectro apretaba los labios sin decir palabra, Devil frunció el ceño, pensando que sus amenazas no surtían efecto. Acercó aún más el cañón al niño, señalando que no tenía paciencia, que iba en serio y que no se anduviera con rodeos, sino que confesara de una vez.
Al observar la escena, los sentimientos de Sheng Yi coincidían en parte con los del niño fantasma: eran bastante complejos. Él pensaba que Devil, como asesino buscado, habría cometido suficientes crímenes como para que los interrogatorios coercitivos le resultaran mucho más fáciles que a él. ¡Pero resultaba que, en lo que a interrogatorios se refería, el otro era directamente un «bebé»! Hasta ese diálogo tan cliché debía de haberlo sacado de alguna película de policías o mafiosos con protagonistas edulcorados.
Con un suspiro de resignación, le quitó la pistola de las manos y asumió la tarea, preguntando con curiosidad:
–¿Es que nunca has interrogado a nadie? –La verdad, le intrigaba mucho.
Devil no tenía nada que ocultar, así que respondió directamente:
–No.
Sheng Yi se sintió aún más extrañado. Aunque los torpes intentos de Devil ya le habían dado la respuesta, seguía sin entender.
Al ver la mirada aún confusa de Sheng Yi, Devil comprendió qué le desconcertaba y aclaró:
–Cada vez que ejecuto una misión, me limito a eliminar al objetivo. No se da la situación de tener que interrogar.
Sheng Yi: —…
Sheng Yi ya no quiso decir nada más…
Resignado, suspiró y comenzó el interrogatorio a su estilo.
Desde aquel incidente en el que un detenido murió tras un interrogatorio sin supervisión, los interrogatorios de la policía se realizaban ahora bajo vigilancia total y estricto cumplimiento de la ley.
Así pues, el conocimiento que Sheng Yi tenía de los interrogatorios coercitivos se limitaba a lo que había visto en algunas películas. En ese aspecto, él y Devil coincidían sorprendentemente.
Aunque no supiera realizar interrogatorios coercitivos, Sheng Yi sí conocía los métodos científicos y moderados del estilo socialista.
Aunque el «jumper» que tenía delante ahora mismo mantenía un rostro impasible y no le apuntaba directamente a la cabeza, el niño fantasma sentía mucho más miedo de Sheng Yi que de Devil.
¿La razón? Muy simple.
La bala que aún ardía con furia en su interior, desprendiendo luz y calor, se la había disparado ese jumper que parecía tan moderado. ¡Que no pensara que no lo sabía! ¡Fue él quien le disparó a traición!
Así que, bajo el interrogatorio —muy persuasivo— de Sheng Yi, el niño fantasma terminó confesando todo lo que sabía.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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