Palabras del autor:
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¡Mua~!
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Después de conocer la historia de Aizi y verse forzados a aceptar una nueva misión, los cuatro no estaban precisamente de buen humor. Al fin y al cabo, ¿a quién le gusta que le impongan horas extra de improviso?
Decidieron que el punto de partida sería ese tal Yan Zhou. Según Sheng Yi, ya que conocían los crímenes que aquel hombre había cometido, lo mejor era tomar la iniciativa y acabar cuanto antes con el asunto.
A modo de apoyo, Aizi les proporcionó una pista valiosa: el segundo piso del bar era en realidad el lugar donde Yan Zhou gestionaba el tráfico de drogas y el comercio de “muñecos humanos”.
Con aquella información tan directa, el grupo decidió infiltrarse nuevamente en el bar para investigar.
No tardaron mucho en llegar a la entrada. Por precaución, Devil y Sheng Yi se habían disfrazado un poco. Devil, sin embargo, tenía sus dudas: temía que cambiar de aspecto rompiera la coherencia de su personaje. Consultó al sistema AI-666, y este respondió:
—La misión secundaria de mantener la identidad ya se dio por completada con la tarea anterior. En esta, no es necesario conservar el personaje.
Tranquilizado por la respuesta, Devil llevó a Sheng Yi consigo. El joven, al oír aquello, se deshizo con alivio del vestido que tanto deseaba quitarse y se cambió a un atuendo masculino, sobrio y ágil.
Al entrar al bar, los recibió la misma iluminación deslumbrante y el aire cargado de alcohol que provocaba cierto malestar.
Las dos chicas, que probablemente nunca habían pisado un lugar así, fruncieron el ceño en cuanto entraron. Aun sintiéndose incómodas, no se quejaron ni sugirieron que Sheng Yi y Devil hicieran el trabajo sucio. Apretando los dientes, se adentraron junto a ellos.
Como la vez anterior, fue Devil quien se acercó a la barra y pidió cuatro tragos de baja graduación. Estaba claro que dominaba ese ambiente mucho mejor que los demás, y al menos allí no corrían el riesgo de ser estafados.
Se sentaron en un reservado discreto y comenzaron a hablar en voz baja sobre la situación.
—Lo más importante ahora es encontrar la forma de subir al segundo piso —dijo Sheng Yi, frunciendo el ceño.
Los otros asintieron.
Zhang Zilin se ofreció a subir primero para investigar. Después de asegurar tres veces que estaría bien, se adelantó sola.
Los demás continuaron debatiendo cómo acceder arriba. Aizi ya les había explicado que para entrar al segundo piso era necesario ser miembro o ir acompañado por uno. Al saber que la entrada dependía de una tarjeta y no de reconocimiento personal, comenzaron a esbozar un plan.
Devil utilizó su habilidad especial para localizar a un “miembro” en la planta baja: un hombre de mediana edad, calvo y grasiento, sentado en un reservado no muy lejos de la barra, acompañado por dos jóvenes atractivas que bebían con él.
—Será él —acordaron los tres.
Y así comenzaron su operación.
Su Rui activó su poder; si lo aplicaba sobre una sola persona, su eficacia era notable.
En cuestión de segundos, el hombre apartó con un gesto a las dos mujeres y, tambaleándose, se encaminó al baño.
Sheng Yi ya estaba allí, tras comprobar que no había nadie más ni cámaras de vigilancia. Esperaba, paciente, como un cazador junto a su presa.
Devil lo siguió discretamente hacia el interior del baño.
Rápidamente, y sin demasiado esfuerzo, los dos hombres sometieron al hombre de mediana edad sin hacer ruido y le registraron, encontrando una tarjeta de miembro. Era una tarjeta negra con el logo del bar.
Después de dejar inconsciente y atado al hombre de mediana edad, y asegurarse de que no había posibilidad de que se despertara a mitad de camino, los dos finalmente se marcharon.
Cuando regresaron a su mesa, Zhang Zilin ya había vuelto y les informó sobre la situación en el piso de arriba.
–Arriba están celebrando algún tipo de evento –dijo Zhang Zilin con algo de incertidumbre–. Hay bastante gente. Arriba hay un salón muy grande y la gente se agolpa en la entrada. Temía que me descubrieran, así que solo eché un vistazo desde lejos. Parece que están vendiendo algo, pero no pude ver claramente qué era. –Finalmente, sacó papel y lápiz y bosquejó rápidamente la distribución del piso superior.
Al ver un dibujo tan detallado, los tres se sorprendieron.
Zhang Zilin sonrió con timidez:
–Antes estudiaba bellas artes.
Una vez comprendida la situación, y con la tarjeta de miembro en su poder, los cuatro subieron al segundo piso sin problemas.
El segundo piso era, tal como Zhang Zilin había descrito, un lugar donde se estaba llevando a cabo una actividad de transacciones.
Esta vez, sin necesidad de esconderse, Zhang Zilin tuvo la oportunidad de acercarse y ver exactamente qué estaban comerciando.
Justo cuando se disponía a avanzar, Sheng Yi la detuvo.
Al girar con duda hacia Sheng Yi, vio que este fruncía el ceño gravemente y dijo en voz baja:
–No te acerques. Están traficando con drogas.
Al oír la palabra «drogas», Zhang Zilin no se atrevió a avanzar. La gente común siente un gran temor hacia estas cosas oscuras.
Devil y Sheng Yi, en cambio, no parecían tan afectados. Devil le pidió a Sheng Yi que protegiera a las dos chicas y las llevara a un rincón discreto, y luego se acercó él solo.
Su Rui intentó detenerlo, pero Sheng Yi la sujetó.
Su Rui miró a Sheng Yi con nerviosismo y susurró:
–¿Y si le pasa algo?
En comparación con la preocupación de las dos chicas, Sheng Yi no parecía alterado. Se bajó ligeramente las gafas de sol y dijo:
–No pasa nada–. Luego, temiendo que no lo entendieran, añadió–: Si hablamos de delinquir, ese tipo es el puto amo.
Su Rui, Zhang Zilin: —…
–¿Quienes son exactamente? –preguntó Zhang Zilin, con una mezcla de curiosidad y temor, refiriéndose obviamente a sus identidades en el mundo real.
No esperaba que Sheng Yi respondiera, pero este fue bastante amable.
–Antes era policía –dijo, y ante las expresiones de sorpresa (aunque algo anticipadas) de las dos chicas, apretó los labios y reveló la identidad de Devil–: Ese tipo era un criminal al que perseguía.
Bajo las miradas incrédulas de ambas, Sheng Yi indicó que no les estaba tomando el pelo.
–¿Y cómo se han convertido en compañeros? –preguntó Su Rui, incapaz de creérselo. Después de todo, no se creían que una historia de ficción como “Tom y Jerry” pudiera ocurrir en la vida real.
Frente a esta pregunta, Sheng Yi guardó silencio por un momento.
Justo cuando las dos chicas pensaron que no respondería, suspiró y dijo:
–Ay, debe ser el destino.
Su Rui, Zhang Zilin: «Un destino maldito, sí…»
Mientras los tres debatían sobre el destino, Devil regresó.
Frente a las miradas de las dos chicas que decían «tengo algo que decir, pero no sé si debo», parpadeó con extrañeza. ¿Qué había pasado?
Por supuesto, nadie estaba allí para darle una respuesta.
Sheng Yi fue directo:
–¿Cómo está la situación?
Dejando a un lado las miradas extrañas, Devil se puso serio:
–Es metanfetamina. No sé la pureza. El peso… –hizo una pausa–: Calculo que unos 25 kilos.
Al oír esto, la mirada de Sheng Yi se volvió instantáneamente filosa.
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