Nota de la autora:
¡Les pido coleccionar a esta autora, imploro sus comentarios, suplico coleccionar mis obras “El Plan de la Migración Terrestre” y “El Pozo”! ¡Muacks!
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Aunque ya había visto muchas trampas, esta era la primera vez que Sheng Yi lo experimentaba: el mayor truco del mundo es el camino que la misión te obliga a seguir.
Sin embargo, esto demostraba que su conjetura era correcta. Al menos, los dos que habían matado al lobo prematuramente pudieron respirar aliviados.
Después de representar la farsa de la muerte fingida, el progreso de la trama de ambos llegó al 10%.
Mirando su porcentaje de progreso, Jiang Rui se rascó la cabeza y preguntó:
–¿Cómo se calcula exactamente este progreso? ¿Por cuántos cuentos de hadas hay en esta misión? Si es así, ¿tendremos que completar 10 cuentos?
Sheng Yi no podía darle una respuesta, solo se encogió de hombros.
Tras completar la tarea de Caperucita Roja, los dos salieron de la cabaña en busca de otros cuentos de hadas.
Sheng Yi seguía preocupado por dónde estaría Devil, y no podía evitar sentir cierta ansiedad
Caminaron un rato por el sendero principal hasta que otra cabaña apareció ante ellos.
Sheng Yi y Jiang Rui se miraron, pensando: otro cuento de hadas.
Antes de que pudieran acercarse a la cabaña, ambos oyeron una canción que les resultaba familiar.
One song, I have but one song,
(Una canción, solo para ti)
One song, only for you.
(Una canción, solo tengo una canción)
One heart, tenderly beating,
(Un corazón que late con ternura)
Ever entreating, constant and true,
(Siempre suplicando, constante y sincero)
One love, that has possessed me,
(Un amor que me ha poseído)
One love, really for you,
(Un amor, verdaderamente por ti)
One song, my heart keeps singing.
(Una canción que mi corazón sigue cantando)
Of one love, only for you.
(De un único amor, solo por ti)
Al escuchar la canción, Jiang Rui se rascó la cabeza, perplejo, y dijo:
–Creo que he oído esta canción en alguna parte.
Sheng Yi lo miró de reojo y respondió con frialdad:
–Sí, es la canción “One Song”, de “Blancanieves y los siete enanitos”.
–¿Eh? –Al oír la respuesta, Jiang Rui no pudo evitar mirar a Sheng Yi. Había supuesto que alguien como él no conocería los cuentos de Disney, así que la situación lo dejó pasmado.
Al notar su expresión de desconcierto, Sheng Yi explicó con indiferencia:
–Tengo más o menos tu edad.
Eso sorprendió aún más a Jiang Rui. Después de todo, Sheng Yi parecía un tipo que había sufrido los golpes de la vida durante años, no alguien de la misma edad que él, que estaba al final de la universidad y buscando trabajo.
Sheng Yi lo miró de reojo y aclaró:
–Empecé a estudiar antes.
Jiang Rui: «¡Hermano, me estás tomando el pelo! Empezar antes no significa eso, ¿acaso empezaste la universidad en el jardín de infancia?»
Sin ánimos de explicarle su historial académico, Sheng Yi apretó el paso hacia la cabaña.
Al llegar, vieron a una criatura de menos de un metro de altura, con un chaleco, salir disparada por la puerta.
Los dos miraron con atención: ¡vaya, sí que era el cuento de Blancanieves!
¿Acaso no era uno de los siete enanitos? Aunque no podían distinguir cuál de ellos era.
Al ver a dos desconocidos acercarse, el enano se mostró claramente receloso. Se detuvo a unos cinco o seis metros de distancia y preguntó con voz gangosa:
–¿U-ustedes quienes son?
Sheng Yi y Jiang Rui se miraron. Fue Jiang Rui quien habló primero:
–Somos cazadores y… –No terminó la frase y miró a Sheng Yi.
Después de interpretar al lobo feroz y representar la resurrección de Caperucita, Sheng Yi había vuelto a su identidad de Caperucita, con la excusa de que «la identidad de Caperucita es más conveniente fuera, además, Caperucita acaba resucitando».
Pero, frente a un tipo tan imponente, a Jiang Rui le resultaba muy difícil presentarlo como «Caperucita Roja». ¡No encajaba para nada!
Fue Sheng Yi quien retomó la palabra:
–Yo soy Caperucita Roja.
No es que no sintiera rechazo hacia su identidad, sino que, después de todas las veces que la misión lo había sometido, ya empezaba a acostumbrarse.
Al ver la caperuza roja en su cabeza, uno de los enanitos, claramente cegado por la convención, no cuestionó en absoluto la presencia de una Caperucita tan corpulenta y aceptó su identidad de inmediato.
Jiang Rui, que a su lado sabía que la ropa del personaje definía la identidad, no pudo evitar que se le crispase la comisura del labio ante un acto de ceguera tan flagrante, pensando: «Ay, este encantador y peculiar sistema…».
Los dos siguieron al enanito hacia el interior de la cabaña, donde una joven extranjera de piel blanca y gran belleza estaba sentada en una silla.
Los tres se miraron y comprendieron al instante que los otros también eran migradores.
Blancanieves pidió al enanito que se retirara.
Una vez que el enanito salió de la habitación, ella, como si por fin hubiera encontrado a su tribu, exclamó:
–Por fin encuentro a alguien del gremio. (El sistema traduce automáticamente todos los idiomas a la lengua materna del oyente).
Esa palabra, «gremio», le resultó un poco extraña a Jiang Rui, como si la historia estuviera derivando hacia un territorio desconocido.
Tras presentarse brevemente, supieron que la joven se llamaba Madeleine.
Los dos le explicaron sucintamente su situación y le contaron la teoría que ya habían verificado.
Al oír sus palabras, Madeleine se quedó boquiabierta de asombro durante un buen rato.
Aunque sabía que, si seguía el guión al pie de la letra, lo más probable era que muriera en esta misión, nunca se le había ocurrido que se pudiera jugar de esta manera.
Madeleine les contó que, por alguna razón, su progreso de la trama ya había llegado al 10%. Esto les permitió a Jiang Rui y a Sheng Yi comprender algo: el progreso de la trama en esta misión probablemente era la suma del progreso de todos los migradores.
Con la ayuda de Sheng Yi y Jiang Rui, Madeleine decidió que, la próxima vez que viniera la bruja, completaría la historia.
Así, Jiang Rui y Sheng Yi se quedaron a vivir en casa de Blancanieves con sus identidades de Caperucita Roja y el cazador.
Aunque los enanitos habían oído que Caperucita Roja y el cazador vivían en el bosque, sentían cierta reticencia hacia ellos, proveniente de pertenecer a historias diferentes. Solo se calmó un poco tras los consuelos de Madeleine.
Pronto, la trama llegó al día en que la bruja vieja le traía a Blancanieves la manzana envenenada.
Sheng Yi y Jiang Rui se escondieron de antemano para observar la actuación de Madeleine.
Hay que reconocer que lo que Madeleine les había dicho —que estudiaba interpretación— probablemente era cierto.
Presenciaron cómo Blancanieves, enfrentándose a la vieja bruja, era capaz de actuar con auténtica convicción, una escena que hizo que a Sheng Yi y a Jiang Rui se les estremecieran las comisuras de los labios.
«¡Oye, hermana! ¡Ya está bien! ¡No hace falta que te lo tomes tan en serio!»
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