Capítulo 3. Me gusta

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 3. Me gusta

El humo entró de golpe en la tráquea y le provocó una tos violenta. Ren Yu soltó una maldición para sus adentros; las alarmas en su cabeza se dispararon.

Fang Yingli volvió a mostrar esa expresión tranquila y penetrante, como si lo tuviera todo bajo control, lo que despertó sin motivo aparente la irritación que Ren Yu llevaba en lo más hondo.

—No —respondió al fin, con la voz algo ronca—. Solo está esto. Darle a alguien algo usado… igual le incomoda.

Fang Yingli no insistió. Su mirada se detuvo, escrutadora, en los labios que mordían la colilla del cigarrillo. Se dio cuenta de que Ren Yu no se veía igual que por la mañana: quizá por el crepúsculo, quizá por el cansancio. En cualquier caso, ahora parecía más relajado, más cercano a lo que realmente era.

Cambiando de tema, dijo:

—Si no sabes fumar, no imites a los demás.

Ren Yu llevaba ya unos cuantos años fumando. Aunque no era un fumador empedernido, seguía siendo un hombre; que lo tomaran así, como a un crío inexperto, le resultaba inevitablemente irritante.

La inquietud que llevaba dentro se intensificó un poco más. Ren Yu se puso de pie, hizo chasquear el mechero y, con una sonrisa que no cedía terreno, lo miró de frente.

—¿Y qué cuenta como saber fumar?

Fang Yingli bajó las pestañas. Con un movimiento rápido de los dedos, sacó del bolsillo del pantalón de Ren Yu la cajetilla negra que asomaba por una esquina. Con la uña del pulgar levantó la tapa con destreza, extrajo un cigarrillo de Lanzhou y, sin molestarse en quitarle el mechero, dio un paso adelante y lo encendió directamente con el que Ren Yu llevaba en los labios.

A esa distancia, la luz parecía haber sido expulsada, dejando solo una penumbra cerrada. El tabaco prendió al instante, rojo como un lunar de cinabrio, iluminando los ojos oscuros y fríos de Fang Yingli.

Al bajar la mirada, sus pestañas resultaron ser más largas de lo que Ren Yu había imaginado. Con las comisuras apenas relajadas, los contornos de su rostro se suavizaron, revelando de pronto esa calma y ternura inquietantes que preceden a un peligro inminente.

Por instinto, Ren Yu quiso dar un paso atrás, pero su orgullo lo clavó al sitio. Por suerte, no duró mucho. Fang Yingli alzó la cabeza, aspiró entre el escaso espacio que los separaba y luego se apartó, exhalando con desgana un anillo lento de humo.

Era, sin duda, más atractivo que su propio aire despreocupado.

—Gracias —dijo Fang Yingli, alzando el cigarrillo entre los dedos mientras aumentaba la distancia entre ambos.

Ren Yu sonrió con amplitud.

—Si el señor Fang acepta un cigarrillo mío, lo tomo como que me acepta de discípulo. Me gustaría aprender un poco más de boxeo con usted.

La mirada de Fang Yingli descendió de nuevo, de su rostro a esa cintura poco resistente al castigo.

—Si coincidimos, puede ser.

Otra respuesta vaga. Fang Yingli tenía ese don: borrar en un segundo toda la buena impresión que uno había acumulado con tanto esfuerzo. Creías haber ganado algo de familiaridad, al menos un poco de terreno, pero en realidad cada segundo a su lado dependía de su humor. No tenía la menor intención de dar facilidades a nadie; sus límites eran tan claros como las aguas separadas del Jing y el Wei.

Por suerte, concretar un momento no suponía ningún problema para Ren Yu. Al fin y al cabo, los horarios de entrada y salida de Fang Yingli estaban bajo su control.

Así que cerró el tema con la naturalidad justa:

—Ojalá tengamos ocasión de coincidir.

Fang Yingli sonrió levemente, sacudió la ceniza y se dispuso a marcharse.

—Señor Fang, no se ha llevado nada para el intercambio.

Fang Yingli le dejó solo la espalda, y junto a su oído agitó la media cajetilla de Lanzhou que le había quedado a Ren Yu.

Solo entonces Ren Yu reaccionó. En sentido estricto, aquello sí era algo que ya había usado.

Tardó casi una semana entera en conseguir que Fang Yingli se familiarizara con su cara, pero todo había sucedido de forma natural. Ren Yu estaba convencido de no haber mostrado ninguna grieta: un comienzo bastante decente. Al fin pudo soltar el aire que llevaba conteniendo, ayudó a la tía Tang a recoger el lugar de la actividad comunitaria y volvió a casa a descansar.

A las once de la noche, recién salido de la ducha, apenas había cogido el móvil cuando en el grupo del barrio apareció un mensaje del encargado de mantenimiento: estaban reparando una válvula de agua en el edificio 2, habían roto la llave inglesa y preguntaban si alguien podía prestar una.

A esas horas, con muchos niños ya dormidos, casi nadie respondía. Ren Yu, como siempre dispuesto a ayudar, escribió:

—Yo tengo una. Vivo en el edificio 4, está cerca del 2. ¿Qué piso es? Se la llevo.

El teléfono vibró al instante.

—1008.

Vaya coincidencia. Ren Yu vivía en el 4, 1008; el edificio 2 estaba justo enfrente. El 1008 del edificio 2 no podía ser otro que el piso de Fang Yingli.

Se espabiló al momento. Revolvió cajones en busca de la llave inglesa, sacó otra más de la bolsa de herramientas, se puso una camiseta de manga corta, unos pantalones cortos y bajó. Al llegar a la entrada del edificio 2, justo cuando iba a pulsar el telefonillo, la puerta se abrió desde dentro. Estuvo a punto de darle en la nariz. Ren Yu frunció el ceño y dio medio paso atrás… para encontrarse cara a cara con Fang Yingli.

—¿Señor Fang? —dijo Ren Yu, fingiendo sorpresa.

La mirada de Fang Yingli pasó por la llave inglesa que llevaba en la mano. Empujó la puerta para abrirla un poco más, dejando un hueco del ancho de medio cuerpo.

—Es la válvula de mi casa. Iba a ir a la tuya a por la llave, así te ahorrabas el viaje.

Entonces su voz se detuvo, evidente que estaba esperando a que el otro le pasara la llave inglesa.

Pero Ren Yu dio un paso al frente y se coló dentro. Durante un instante quedaron muy cerca el uno del otro. Fang Yingli no retrocedió: sostuvo la puerta con una mano y dejó la otra en el bolsillo del pantalón, bajando la mirada para observarlo, como un león en reposo mirando a un conejo que se atreve a saltar y girar delante de él.

—Yo también sé bastante de reparaciones. Subo y le echo un vistazo —dijo Ren Yu.

Para su sorpresa, Fang Yingli pareció un poco desconcertado, pero no lo rechazó. Cerró la puerta y lo condujo hacia dentro; entraron al ascensor y pulsó el botón del décimo piso.

El ascensor ascendía lentamente. En ese espacio estrecho era fácil caer en un silencio incómodo. Por suerte, Ren Yu sabía manejar bien ese tipo de situaciones y abrió conversación para matar el tiempo:

—¿Cuánto lleva viviendo aquí, señor Fang?

—Dos años.

En realidad, Ren Yu ya había investigado: no solo sabía que se había mudado allí hacía dos años, sino también que lo hizo porque su bufete cambió de sede y eligió este complejo por cercanía.

—Yo acabo de mudarme. ¿Hay algo malo por aquí? ¿En invierno la calefacción funciona bien? —Ren Yu abrió un poco los ojos, fingiendo ser un inquilino nuevo con curiosidad excesiva. En realidad le daba igual; quién sabía dónde estaría buscándose la vida cuando llegara el invierno.

—Está bien —respondió Fang Yingli, igual de escueto, como si le doliera decir una palabra de más. Pero al final añadió una pequeña coletilla—. Solo que…

No llegó a terminar la frase. La luz del techo parpadeó y se apagó de golpe. El ascensor se detuvo inmediatamente, sin que quedara claro en qué piso. En el panel de control apareció un error “Err”, y lo único visible era el tenue resplandor rojo detrás de los botones.

—…el ascensor suele dar problemas —acabó diciendo Fang Yingli, al fin con ocasión de completar la frase. El propio ascensor parecía confirmar sus palabras: una auténtica profecía autocumplida.

—…

Ren Yu no se encontraba a menudo en situaciones así. Antes de que pudiera reaccionar, Fang Yingli ya había pulsado con calma el botón de emergencia y hablado con el personal de guardia de la administración, que prometió enviar a alguien de inmediato.

Tras colgar, el ascensor quedó sumido en un silencio total. La oscuridad hermética parecía tener peso, oprimía el pecho y dificultaba la respiración. La temperatura tampoco era baja, y pronto ambos comenzaron a sudar ligeramente.

A Ren Yu le dolían las pantorrillas de estar de pie. Dio un paso atrás, pero en lugar de apoyarse en la fría pared del ascensor, chocó contra un cuerpo firme y cálido. Lo que rozó sus omóplatos parecía ser un pecho musculoso; lo que tocó con las caderas debía de ser la entrepierna. Arriba y abajo, todo era sólido y prominente; no era extraño que no pudiera esquivarlo.

Su espalda se tensó de golpe. Ren Yu se irguió de inmediato en la oscuridad, pero su pie se enganchó con el borde del zapato de Fang Yingli y perdió el equilibrio, cayendo hacia un lado. Preso del pánico, buscó apoyo a tientas. En el caos, creyó haber agarrado primero su brazo, luego su cintura, y al final quedó apoyado en su hombro. Fang Yingli, por su parte, le sujetó con firmeza la muñeca.

Durante un instante, quedaron pegados en una postura ambigua. Por suerte, solo se oía la respiración agitada del uno y del otro; no podían verse con claridad, y así ambos conservaron cierta dignidad.

El aroma del gel de ducha que aún quedaba en el cuerpo de Ren Yu se evaporó con el aumento de la temperatura y el roce. Era muy tenue, casi imperceptible, pero no del todo: parecía coco, con un punto dulce y otro insinuante. Resultaba curioso; el coco debería ser una fruta simple y plana, ¿por qué en él se sentía diferente?

La mirada de Fang Yingli se oscureció un poco. Aprovechando el frescor de la muñeca, volvió a incorporarlo, luego se ladeó y dio dos pasos atrás, dejando a duras penas algo de espacio.

—Perdón —Ren Yu encendió la linterna del móvil y por fin pudo distinguir la posición de Fang Yingli. Una irritación ardiente le subió desde el bajo vientre—. ¿Cuándo vienen?

—Enseguida.

De verdad sabía cómo matar una conversación, pensó Ren Yu. Volvieron a quedar en silencio unos segundos. En la oscuridad que limitaba la vista, la sensación que había quedado en los dedos se volvía persistente y prolongada. Frotó con fuerza las yemas, y detalles a los que no había prestado atención empezaron a despertar en su mente: la forma y el tacto del bíceps y de los abdominales de Fang Yingli, claramente mucho más intensos que cuando los espiaba a través del objetivo.

Buscando conversación una vez más, Ren Yu dijo:

—Se entrena muy bien, señor Fang. Me refiero al físico —sonrió—. Supongo que debe de tener mucho éxito con las mujeres.

Fang Yingli le lanzó una mirada de soslayo a la luz tenue del móvil y advirtió que Ren Yu no se había dado cuenta de que, con el forcejeo de antes, el cuello de la camiseta se le había ladeado, dejando al descubierto media clavícula marcada.

Apartó la vista. Bajó la voz, con un deje entre broma y ligereza:

—¿Y a los hombres no les gustaría?

Ren Yu se quedó un instante desconcertado y enseguida rompió a reír.

—No en vano es abogado, habla con mucha precisión.

Luego añadió:

—A los hombres también les gustaría. Al menos, si fuera a mí, me gustaría mucho.

───୨ৎ────

Ren Yu: He ido directo. Tú decides.

NT.- Aparece esta aclaración sin más ( ─Se realizaron pequeños cortes y modificaciones para desbloquearlo.), así que creo que es una nota para los lectores en relación al bloqueo oficial por las escenas “subiditas de tono”… Sin comentarios.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x