Capítulo 13. Caída

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 13. Caída

La lengua de Fang Yingli se abrió paso, más suave que las dos veces anteriores. Besaba inesperadamente bien. Sus dedos rodearon por detrás y buscaron los hoyuelos de la cintura; estaban fríos, con una fina película de agua aún sin secar.

Luego, siguiendo el borde del pantalón hacia abajo, Fang Yingli metió la mano por la hendidura de las nalgas y palpó un instante.

—Es muy poco.

A Ren Yu se le aflojaron un poco las piernas.

—¿Qué…?

Fang Yingli fue al baño, sacó el resto del lubricante y se lo echó en la mano. Volvió a bajar la mano, introdujo un dedo, luego dos. El estímulo del líquido frío lo hizo estremecerse; Ren Yu, fuera de sí, se aferró a la solapa abierta de Fang Yingli, cerró los ojos, frunció el entrecejo y sacó la lengua al exhalar. Fang Yingli, con los párpados entornados, lo contempló un momento y, sin poder evitarlo, se inclinó para succionar su lengua.

Era demasiado placentero.

El corazón de Ren Yu parecía estar atrapado en la mano de Fang Yingli: al apretarlo, manaba líquido, obsceno y viscoso, gota a gota. Latía en su palma con un ritmo que acompasaba el movimiento de sus dedos.

Ren Yu parecía haber olvidado su disfraz: ni Deng Weizhi, ni Chen Xin, ni el dueño del bar. No era quien alimentaba al tigre; era quien estaba siendo devorado con comodidad. Su identidad era falsa, pero el placer lo sentía con un cuerpo absolutamente real.

Bastaban unos pocos dedos para que todo se cerrara con fuerza. La cola de la ceja de Fang Yingli dio un leve salto; casi podía imaginar la sensación de estar enterrado ahí dentro. Le sujetó la nuca a Ren Yu y, mientras lo besaba, lo fue empujando paso a paso hacia el dormitorio.

La luz del interior ya estaba encendida de antemano: un resplandor anaranjado, concentrado; aunque era la primera vez que Fang Yingli entraba, lo encontró de inmediato.

Theta los siguió, rozando con su pelaje el talón de Ren Yu. Sus ojos, negros y limpios, tenían esa ingenuidad propia de los animales pequeños. Al sentirse observado, Ren Yu se avergonzó aún más; lo apartó con el tobillo y gimió entre dientes:

—No dejes que mire.

Qué desparpajo tuvo al ponerle ese nombre, pensó Fang Yingli. Aun así, cerró la puerta y dejó al perro fuera; enseguida se oyeron dos o tres rasguños de las uñas contra la madera.

Al llegar junto a la cama, vio los dos cuerpos desnudos, enredados, caer dentro del reflejo nítido del espejo de cuerpo entero.

Las pupilas de Ren Yu temblaron levemente cuando Fang Yingli le presionó la espalda y lo hizo arrodillarse sobre la cama.

En la espalda, efectivamente, tenía un tatuaje. Esta vez se veía con claridad: una línea de sánscrito negro, como pétalos en vuelo; cada trazo parecía prolongarse sin fin. Estaba grabado sobre la piel blanca; la columna se arqueaba ligeramente y los trazos también alzaban el vuelo. Hermoso y secreto.

—¿Así? —preguntó Ren Yu.

—Ajá—. Fang Yingli se quitó el cinturón, se puso el preservativo y apoyó allí contra sus nalgas. El primer intento falló por el balanceo de la cintura de Ren Yu—. Sujétalo tú.

Ren Yu pasó la mano desde la entrepierna. Estaba ardiendo. Aun así, no entraba.

Al verlo tan torpe, Fang Yingli empezó a frotar despacio; lejos de apresurarse, parecía disfrutar de la espera.

—¿Es tu primera vez? —acababa de no saber ni cómo usar el lubricante.

Ren Yu apretó los labios, trituró el gemido y se lo tragó.

A ese nivel, sí, era la primera vez.

Lo más cerca que había estado fue cinco años atrás, cuando conoció a un chico en un albergue juvenil. Al principio dormían en literas; luego viajaron juntos y, poco a poco, pasaron de las literas a una sola cama.

Los crush de viaje hacen que uno se olvide fácilmente de las consecuencias.

En aquel trópico empapado de sudor, a Ren Yu le parecía bien desperdiciar su primera vez.

Pero entonces los preliminares no habían sido tan agradables. Aquel hombre le hizo daño; al final no llegaron a hacerlo de verdad. Cuando se serenaron y se vistieron uno frente al otro, la incomodidad fue enorme. Y entonces entendió que, aunque su carácter fuera desinhibido, había una razón para haber guardado la primera vez hasta ahora: en el fondo, no podía ser tan casual. Era demasiado egocéntrico.

Quería comodidad, satisfacción, latidos; quería a alguien que le gustara de verdad.

—Relájate un poco —dijo Fang Yingli—. Es como estudiar: cuanto más nervioso estás, peor te sale. Si sigues los pasos, con calma, entras sin problema.

Al decir “entras”, hizo fuerza de repente y lo atravesó de una sola vez.

Estaba demasiado lleno. Dolía un poco, pero el placer era mucho más nítido.

Quizá el ángulo fue perfecto, hasta dar una sensación de encaje natural. Ren Yu sintió que el corazón se le estrellaba contra la garganta; se mordió el labio y tragó saliva. Fang Yingli le agarró del pelo, le alzó la cara y lo obligó a mirarse de frente en el espejo de cuerpo entero.

Con los ojos empañados de lágrimas, Ren Yu vio su propia cara enrojecida, el brillo bonito en la mirada, las piernas abiertas, la expresión nebulosa, completamente ida.

Ante aquella reacción que lo apretaba con fuerza, Fang Yingli quedó satisfecho y, con cierta desgana, preguntó:

—¿Qué más te gusta?

Hay quien disfruta de las palabras sucias, quien del dolor, quien de la suavidad.

Por eso el sexo nunca es igual para todos.

Ren Yu no se atrevió a mirarlo a los ojos; negó con la cabeza. No lo sabía.

Así son los primerizos: todavía tienen que explorar. Es divertido, pensó Fang Yingli.

Le sujetó la cintura y embistió una y otra vez; sus abdominales comprimían las nalgas de Ren Yu, dejando marcas rojizas color ciruela. Tenía la cintura fina; al agarrarla era fácil hacer fuerza. Un cuerpo cómodo para hacerlo.

Luego se quitó la camiseta empapada en sudor, dejando al descubierto el torso firme y aquella cicatriz.

En la habitación resonaban el zumbido del aire acondicionado, los jadeos ásperos y el sonido sordo del choque de los cuerpos. Aun así, estaba demasiado silencioso.

—Haz algún ruido —dijo.

Con los dedos le abrió la boca, introdujo las yemas para jugar con su lengua blanda; tras un rato, los retiró y, con su saliva, fue humedeciéndole desde los labios hasta el lóbulo de la oreja—. ¿Sabes gemir?

Ren Yu seguía apretando las muelas, la cara congestionada. Fang Yingli se rió.

—No puedo ser el único que esté follando. Dame algo de respuesta. Si no, ¿cómo voy a saber si te lo estoy haciendo bien o no?

Qué palabras tan crudas. El corazón le dio un golpe seco; a Ren Yu se le aflojó la garganta y el sonido salió, húmedo y pegajoso. Ni siquiera sabía que pudiera emitir una voz así. Hundió la cara en la colcha, gimiendo bajito; los dedos se le clavaron en las sábanas y hasta las rodillas le temblaban.

—¿No está mucho mejor así? —Fang Yingli le presionó la espalda y lo empujó hacia abajo; las piernas quedaron completamente abiertas. En el espejo se veía el sexo de Ren Yu y las embestidas de Fang Yingli, que aceleró el ritmo—. Ahora ya sé que te gusta oír un poco de lenguaje sucio.

Le acariciaba la espalda una y otra vez: al principio con movimientos amplios, luego reduciendo el área hasta concentrarse en torno al tatuaje. Cuanto más lo tocaba, más placentero era; pero, al terminar, el filo leve de las uñas hacía que el gesto resultara peligroso. Como un insecto venenoso que, tras capturar a su presa, primero la adormece y luego se la traga.

Ren Yu entornó los ojos y alzó el cuello.

Siguiendo los trazos con los dedos, Fang Yingli preguntó:

—¿Qué significa?

Aham Brahmasmi… —Ren Yu abrió los ojos, velados por el deseo, y se vio en el espejo: todo el cuerpo amasado en un rojo tenue, como un globo rojo hinchado de aire, a punto de elevarse, a punto de estallar—. Significa “yo soy Brahman”.

El yo supremo.

Pronunciaba el sánscrito con corrección, con una solemnidad casi sagrada, pero estaba siendo follado, con una expresión obscena, hablando de dioses y budas.

Que cayera aún más bajo. Que se hundiera todavía más.

Fang Yingli se volvió implacable: desde un costado alargó la mano y le sujetó el sexo por delante. La palma, con un tacto apenas áspero; una mano hermosa, de nudillos definidos, que incluso en el acto más vulgar conservaba elegancia y compostura. Ren Yu estuvo a punto de convulsionar; se le escapó un llanto ahogado, levantando las nalgas sin el menor pudor.

Los dos empezaron a hacer fuerza, como si compitieran entre sí.

Se dice que en la selva tropical existe una liana estranguladora; Fang Yingli experimentó esa clase de dolor lento, minucioso, de asfixia progresiva.

Ren Yu quedó completamente hundido en el colchón. En su espalda empapada de sudor podía sentir el relieve de la cicatriz en las costillas del otro, una aspereza leve que lo rozaba una y otra vez.

—Fang Yingli —lo llamó de pronto Ren Yu, con urgencia.

Parecía la primera vez que decía su nombre así, con un hilo de llanto, como si le entregara la vida entera. Tanto, que Fang Yingli se detuvo un segundo.

—No sigas… no puedo más —dijo, con la voz tan tensa que parecía a punto de romperse.

La mirada de Fang Yingli se cargó de fuerza; bajó los ojos hacia donde estaban unidos.

—Ahora no se puede parar.

Y, aún más frío e implacable, empujó con fuerza. El llanto se cortó y se transformó en jadeos rápidos, con la lengua asomando. Fang Yingli volvió a introducir los dedos en su boca, removiendo saliva y aliento; Ren Yu los envolvió sin pensar, succionándolos.

Al sentir el cambio abajo, Fang Yingli aspiró con un siseo, la voz ronca:

—¿De verdad es tu primera vez? Succionas demasiado bien.

Luego, como si de pronto lo comprendiera:

—¿Te gustan las manos?

Con apenas unas palabras le había arrancado hasta el último secreto. Ante Fang Yingli, Ren Yu ya no tenía nada que ocultar. Se sentía avergonzado, pero la lengua seguía moviéndose, el cuerpo seguía balanceándose.

Al instante siguiente, los dedos en su boca y lo de abajo entraron aún más profundo; las yemas atraparon aquella lengua blanda. Ren Yu tuvo una breve arcada y, temblando, llegó al final.

────୨ৎ────

Este capítulo me dejó muy satisfecha en el manuscrito original, pero en la plataforma tuve que recortarlo mucho. Ayudémonos con comprensión. 

NT.- De las diferentes “versiones” esta es la más completa que encontré.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x