Esa noche se celebró el último banquete de la fiesta de cumpleaños, que había durado tres días.
La atmósfera en ese banquete fue bastante tranquila. La mayoría de las personas ya se habían saludado, por lo que a partir de ese momento comenzaron a surgir conversaciones estratégicas más profundas entre ellos.
Seong-jin presentó formalmente al joven maestro de L’Aviguri, Charles, a Amelia.
—Así que fue usted quien envió un regalo tan valioso, joven duque de L’Aviguri. Mientras contemplaba únicamente los capullos del invernadero, terminé dejando pasar la noticia de la espléndida primavera que había llegado al jardín
—En absoluto. Estado al lado de Su Alteza ninguna flor podría opacar su fragancia. Ahora me doy cuenta de que mi preparación fue insuficiente.
Parecía que ambos tenían una buena comunicación y conversaban amablemente.
Cuando Amelia estaba con sus hermanos y hermanas, solía mostrar sus verdaderos sentimientos en tono cálido y cariñoso.
Pero en actos oficiales, era bastante competente en el uso de un lenguaje aristocrático, lleno de adornos y expresiones floridas.
Seong-jin recordó lo que una vez le dijo:
«La gente suele esconder sus verdaderos sentimientos tras el significado de las flores o en palabras elegantes. Pero, la mayoría de las veces en realidad no intentan ocultarlo; esperan que la otra persona lo comprenda po sí sola».
Había oído que, por ser bastante tímida, apenas participaba en la vida social. Pero, viéndola ahora, resultaba sorprendente que transmitiera incluso más experiencia que Isabella, conocida como la reina de la alta sociedad.
Por cierto…
“Este tipo está sutilmente tratando de apelar en secreto por el príncipe de Bretaña otra vez”.
Seong-jin frunció el ceño y lanzó una mirada severa a Charles. No le gustaba ese pequeño embaucador que claramente intentaba impulsar el matrimonio entre Delcross y Bretaña.
—[¿Por qué te haces tanto escándalo si tú lo presentaste?]
—“Porque, sí Bretaña espera algo de mi hermana, seguro que ella también obtendrá algo a cambio”.
Como el compromiso de Mores, ese que existe “solo de palabra”.
Además, sentía que Amelia quería aprovechar esta fiesta de cumpleaños para tejer conexiones, especialmente con la nobleza de Rohan y Bretaña.
Y como la única conexión que Seong-jin podía ofrecer era Charles, decidió tolerar un poco su actitud. Además, parecía que la familia L’Aviguri tenía bastante poder en Bretaña.
—“Además, sea con quien sea que hable… será mejor que con ese hijo de perra mujeriego de Rohan ”
—[… ¿De verdad odias tanto a ese tipo?]
Sí, ¿por qué será?
Cada vez que veía a ese individuo, le surgía un impulso repentino de llevárselo discretamente a algún lugar donde nadie lo encontrara jamás.
—“¿Será porque tiene mirada de psicópata?”
—[¿¿Quién está llamando psicópata a quién?]
—“¡Cállate!”
En fin, Amelia y Charles parecían estar satisfechos con ese encuentro.
“Qué princesa imperial tan elegante y tan hermosa. Sin duda haría una pareja excelente con el príncipe Philip. Cuando regrese a Bretaña, tendré que convencer a mi padre para que impulse seriamente el matrimonio entre ambos países.”
Pensó Charles, y en cambio Amelia estaba pensando en otra cosa.
“Philip de Bretaña se convertirá en un gobernante sensato en el futuro. Cuando estalló la Guerra Santa, fue el segundo en unirse al ejército aliado para enfrentarse a Leonard. Así que será de gran ayuda mantener una buena relación con él desde ahora.”
Y mientras observaba a esos dos, Seong-jin pensó:
“Ya que estamos… ¿debería presentar a Chloe a mi hermana?”
En su mente, Chloe ya era la futura Ministra de Relaciones Exteriores de Delcross.
Por ahora solo estudia idiomas extranjeros como pasatiempo, pero si le gusta, ¿qué habilidades más podría aportar para ayudar en la diplomacia? Además, tiene gran rapidez mental, por lo que no perdería en ninguna negociación.
No sabía qué quería hacer Amelia en el futuro, pero estaba seguro de que Chloe sería un gran apoyo para ella.
“Aunque el tiempo hasta la partida es un poco justo… tengo que organizar un encuentro entre ellas.”
Como Amelia, estaba absorta en sus estudios, quizás haría equipo con Chloe para practicar idiomas extranjeros.
“Aunque lo que realmente me preocupa son los contactos dentro de Delcross…”
Como se trataba de un matrimonio nacional, los invitados extranjeros estaban muy ansiosos por formar buenas relaciones con Amelia.
Como el matrimonio político del propio país estaba en juego, todos los invitados extranjeros estaban desesperados por establecer aunque fuera una buena relación mínima con Amelia.
En cambio, los nobles de Delcross apenas le prestaban atención.
Después de todo, pensaban que pronto celebraría un matrimonio político y abandonaría el país para marcharse a otro reino.
Todos ellos rondaban a la Emperatriz y a la Emperatriz Consorte, Lizabeth, y rara vez le daban espacio a Amelia.
“Sin alguien que conozca bien la alta sociedad y pueda servirle de puente, será difícil.”
De repente, se le vino a la mente el rostro de Isabella.
La reina de la alta sociedad, que podría haber sido otro gran apoyo para Amelia si no hubiese caído en las garras de Sigurd Sigurdson.
Mientras estaba sumido en sus pensamientos, alguien se acercó sigilosamente a su lado y le susurró en voz baja:
—Betela
—…
Seong-jin fulminó con la mirada a Leonard, que a su lado sonreía tontamente. Aunque su expresión no era amable, aquel pesado seguía riendo y bebiendo.
—Quién iba a decir que estos tres días pasarían en un abrir y cerrar de ojos. Apenas habíamos empezado a estrechar nuestra amistad y ya tenemos que despedirnos. ¿No es una verdadera lástima?
“¡Da gracias a Dios que la fiesta de cumpleaños solo dura tres días, desgraciado!
¡Si hubieras tenido un solo día más para rondar a mi hermana, habría enterrado tu cadáver con mis propias manos, aunque eso provocará un conflicto diplomático!
—Ah, cierto. Pronto quiero organizar un encuentro con mi amigo. ¿Cuándo sería un buen momento?
Seong-jin pensó con el ceño fruncido.
“En un principio, quería investigar esa sospechosa organización ‘los hermanos’ o algo así. Pero me molestaba que Leonard rondara a Amelia.
—No creo que pueda por un tiempo. Tengo pensado salir de viaje inmediatamente.
Orden Sigsmund planeaba regresar a su territorio justo después de la celebración de cumpleaños.
Seong-jin tenía que coincidir con su agenda, ya que visitará la región por invitación del joven duque. Además, planeaba meter discretamente a su Unidad Especializada en Monstruos en su séquito.
Si dicho escuadrón anunciaba oficialmente que iba a inspeccionar el territorio, lo más probable era que el marqués fronterizo hiciera todo lo posible por expulsar a Seong-jin y a los demás.
Pero, al oír aquello, Leonard respondió con total tranquilidad.
—No importa. Después de la fiesta de cumpleaños, seguirán habiendo banquetes aquí y allá. Me quedaré en Delcross y asistiré a los eventos a los que me inviten. Avísame cuando tengas tiempo.
Y luego lanzó otra mirada sutil hacia Amelia.
Seong-jin sintió que se le hinchaba una vena en la frente.
“¿No tienes nada mejor que hacer, maldito mujeriego?”
Así terminó la celebración de cumpleaños del Santo Emperador de ese año.
Y esa misma noche llegó la noticia de que Isabella de la familia Scarciapino había recuperado la conciencia.
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A diferencia de Ricardo, Isabella pudo mantener la calma al despertar.
Si la entidad principal la hubiera abandonado, estaría en pánico tras sufrir manipulación de recuerdos, pero la entidad principal también estaba atrapada sin salida. Todavía había una manera para que ella misma se convirtiera en la entidad principal y a pesar de que la conexión se había cortado, ahora sabía dónde estaba el verdadero Sigurd Sigurdson. Sabía quién era el último avatar restante.
“Era una crisis que llegaría tarde o temprano”, Isabella o, mejor dicho, Sigurd, pensó.
Después de que su cuerpo fue asesinado años atrás por el Santo Emperador, había estado sobreviviendo saltando de un títere a otro.
Parasitar el cuerpo de otras personas tenía efectos secundarios. Aunque usaba cuerpos con la voluntad debilitada, su propia identidad se estaba desvaneciendo poco a poco, además prefería evitar usar el último títere que le quedaba.
Era un hombre con una autoconciencia tan fuerte que, a pesar de haberlo preparado desde niño, no podía controlarlo completamente.
“No sé cuánto tiempo será capaz de conservar mi identidad… ”
Así que, aunque forzosamente tuvo que abandonar su cuerpo, si de alguna manera pudiera enfrentarse a ese avatar, el cómo titiritero, definitivamente regresaría a su cuerpo.
“Primero, debo salir de Delcross tan pronto como sea posible”.
Desde la noche en que despertó hasta la mañana siguiente, ella no durmió. En su mente solo estaba el deseo de encontrarse cuanto antes con ese último avatar por lo que comenzó a planificar ese último viaje.
Mientras se preparaba, una visita inesperada llegó temprano por la mañana.
El príncipe Morres, quien incluso llevaba un ramo de flores en la mano, haciéndolo parecer hasta fuera de lugar.
—Oye, Sigurd Sigurdson. Te ves más saludable de lo que esperaba.
Después de preparar unos ligeros bocados en la sala de recepción y hacer que todos los sirvientes se retiraran, el príncipe se sentó frente a Isabella con una sonrisa.
Pero en esos ojos grises que la miraban claramente no había ni una pizca de risa.
Sintiendo un escalofrío difícil de explicar, Isabella habló con voz temblorosa.
—Él me abandonó, Alteza Morres. Ahora soy Isabella…
—No me hagas reír.
—Su Alteza…
—Esperaba, aunque sea un poco, que aún quedara algo de Isabella, pero fue en vano. Tu cuerpo aún conserva la presencia de ese tipo, la sensación viscosa y repugnante de un parásito.
—…
Isabella, o mejor dicho Sigurd Sigurdson, cerró la boca.
El príncipe Morres era el próximo Oráculo, La única causalidad viva que seguía moviéndose dentro de aquel Delcross detenido en el tiempo.
Aunque su carácter cambió abruptamente, esa verdad nunca cambió. En aquellos ojos capaces de atravesar la esencia de las cosas brillaba una intensa luz gris plateada.
Ella temblaba sujetando el chal que llevaba sobre los hombros, y el príncipe Morres, observándola con atención, abrió la boca.
—Lady Isabella. —Su voz parecía suave, casi para consolar—. Normalmente no dejo pasar lo que considero peligroso. No puedo permitir que alguien como tú siga respirando al lado de Sisley. Sin embargo, fue mi padre quien decidió salvarte. Así que, respetando su voluntad, he decidido darte una oportunidad.
—¿Una oportunidad…?
—Sí. —El príncipe asintió y continuó—. Te daré la oportunidad de convertirte en Lady Isabella.
Sigurd Sigurdson se quedó perpleja.
¿Convertirse en Isabella? ¿Cómo?
—¿Por qué? Si tú eres muy bueno haciendo eso, ¿no? Ya sabes, eso de mirarte al espejo mientras lanzas hechizos de seducción o de sugestión. Igual que manipulas a tus marionetas, ¿qué te parece intentar usar esas habilidades contigo mismo?
—Eso es un disparate …
—No importa qué método uses. El plazo es hasta que regrese de las tierras de Sigsmund.
Luego el príncipe levantó la taza de té que tenía frente a él y la llevó a sus labios. Parecía no gustarle, y tras un sorbo hizo una mueca.
—Debes entender esto bien. Ahora mismo crees que no puedes ser nadie más que Sigurd Sigurdson. Pero en realidad él es tu enemigo, es quien te ha hecho perder tu identidad. Él te ha arrebatado todo: tu cuerpo, tu mente, todo lo que te forma. ¿Y aun así intentas ser ese tipo?
—…
—Ya casi no queda rastro de ella en ti, pero piensa que esto es un favor para mi prometida, Lady Isabella. Si logras convertirte con éxito en ella, te ayudaré a vengarte de ese que te hizo esto.
—Pero… ¿cómo puede ser eso posible? —habló con una voz temblorosa.
Lágrimas comenzaron a caer de sus hermosos ojos color azul verdoso.
—¡Ya he llegado a conocer ese grandioso plan! ¡He contemplado con mis propios ojos ese mundo tan hermoso, esas historias tan perfectamente elaboradas! ¡Entonces, ¿cómo podría volver a convertirme en un simple ser humano?!
Sin embargo, a aquella pregunta impregnada de tristeza le respondió una voz terriblemente fría.
—Porque tu propia supervivencia depende de ello. Si quieres seguir con vida, deberías aferrarte desesperadamente a esa posibilidad. ¿De qué sirven un plan o una historia si al final acabas muriendo?
El príncipe Mores sostuvo la mirada de aquellos ojos vacilantes y continuó hablando con absoluta claridad.
—Escucha bien. Cuando regreses del norte y me veas otra vez, tendrás que ser al menos exteriormente la perfecta Isabella Scarciapino. Si no, quizá quiera vengarme de ti primero.
Porque aún no he satisfecho la venganza por nuestra pequeña, y para ser honesto… todavía estoy muy molesto por eso.
Entonces el príncipe sonrió ladeando la boca.
—Así que recuerda bien. Si cuando regrese sigues siendo Sigurd Sigurdson… —Por un instante sus ojos brillaron con una luz plateada—. Morirás por mis manos. ¿Lo entiendes?
—…
Con un escalofrío que le caló hasta los huesos, lo comprendió todo.
Que esta oportunidad para dejar de ser Sigurd Sigurdson no volvería a tenerla jamás.
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