El tiempo pasó sin contratiempos, y finalmente llegó el día en que Seong-jin y su grupo partirían hacia el norte.
Desde temprano en la mañana, varios carruajes estaban alineados frente al Palacio de la Perla.
Aunque el grupo de Seong-jin no llegaba a diez personas incluyendo a los cocheros, al juntarse con el grupo de Orden Sigsmund se veía como una cantidad considerable de gente.
Además, entre los sirvientes que se movían de un lado a otro cargando equipaje, arreglando los caballos y carruajes, el Palacio de las Perla estaba más bullicioso que nunca.
Los príncipes y las princesas también habían salido todos juntos, usando la despedida de Seong-jin como excusa.
—Seguro que te preparaste bien para el frío, Lee Seong-jin. Claro, puedes protegerte del frío con aura, pero aun así no debes bajar la guardia. La región de Sigsmund es extremadamente fría.
Logan volvió a advertirle.
—Sí, claro. ¿Sabes cuántas veces me has dicho eso? Si me lo dices una vez más, me sangrarán los oídos. —refunfuñó Seong-jin.
Pero la preocupación de Logan tenía sentido. Aunque en términos de latitud, Sigsmund estaba situado más al sur que el norte de Ortona, su clima era mucho más frío.
Esto se debía a la influencia del Reino Demoníaco situado al noroeste del territorio Sigsmund. En ese misterioso bosque, cubierto de nieve y hielo durante todo el año, aún aparecían de vez en cuando los trolls glaciares, monstruos de hielo que solo existían en las leyendas.
—Bueno, toma esto. —Logan le entregó algo a Seong-jin.
—¿Qué es?
—Lo traje del tesoro imperial. Es una piedra mágica que brilla cuando le rezas. Me pareció que podría servir bastante bien como fuente de iluminación.
Era una piedra pequeña y redonda. Brillaba con un color amarillo, parecía una gema o una bola de vidrio opaca.
Seong-jin pensó con indiferencia:
“¿Una piedra mágica? Esto no es un mundo donde la magia exista, ¿no?”
Pero el Rey Demonio reaccionó asustado al verla.
–[¡Eh, Lee Seong-jin! ¡Esto es un objeto del mundo de las formasl!]
—“¿Qué?”
Mientras Seong-jin se sorprendía en su mente, Logan añadió explicación.
—Durante los campamentos a veces no se puede encender fuego. El frío puede soportarse con aura, pero en un lugar completamente oscuro, sin una sola fuente de luz, incluso reforzar la vista con aura tiene sus límites.
—Hmm, ya veo. Gracias, lo usaré bien. —Seong-jin guardó la piedra en su bolsillo.
Después de todo, Logan anda por muchos lados con la expedición, no está mal escuchar sus consejos.
“Más tarde la revisaré con el Rey Demonio con calma”.
—Hermano Morres, que tengas un buen viaje. —Sisley se acercó sigilosamente.
Su rostro seguía inexpresivo, pero Seong-jin notó un leve rastro de preocupación infantil en sus ojos. Quizá porque su carga emocional se aligeró, el rostro de la niña, antes tan robotizado, parecía estar tomando más vida últimamente.
—Y toma esto también.
—¿Ahora qué es?
Sisley le entregó una piedra roja, plana y pequeña.
—Es una piedra mágica que emite calor cuando le rezas. También la saqué del tesoro imperial. Como la región norte es fría, aunque uses aura, creo que algo así será necesario.
—…
Por su tamaño parecía una mano térmica. Pero al llamarla piedra mágica, Seong-jin tuvo un presentimiento…
—[¡Ah! ¡Lee Seong-jin! ¡Esto también es del mundo material!]
Claro, lo sabía.
¿De dónde diablos salieron todas estas cosas? ¿Por qué en el tesoro imperial hay objetos del mundo de las formas?
Mientras refunfuñaba en su mente, Amelia se acercó a él.
—Morres…—Ella juntó las manos con fuerza, parecía muy nerviosa.
Logan y Sisley, acostumbrados a viajar por sus ‘deberes nobles’, no parecían darle mucha importancia al viaje de Seong-jin.
Pero Amelia nunca había salido de la capital desde que entró al palacio. Por eso su ansiedad era comprensible.
De hecho, su inquietud provenía en gran parte de que esta expedición no existió en su vida pasada. Por supuesto, Seong-jin no podía saberlo. De todos modos, Amelia calmó su ansiedad con preparativos minuciosos.
Mandó hacer toda la ropa de invierno nueva para Seong-jin y supervisó personalmente que los sirvientes empacarone todo con cuidado.
Por supuesto, las nuevas ropas eran todas de colores oscuros y sombríos, como era de esperar.
—Ten cuidado, Morres. Me tranquiliza que el hermano Masain vaya contigo, pero a veces eres demasiado imprudente y no cuidas de ti mismo.
Mientras decía aquello, le acomodó personalmente la gruesa capa negra que acababan de confeccionar.
—Sí hermana, no se preocupe.
—Sí, y además… —Amelia sonrió tímidamente y le dio un pañuelo blanco—. Esto es un símbolo para desearte un regreso seguro. Aunque es sencillo, bordé esto con mucho esfuerzo para ti.
—¿Un bordado? No hacía falta molestarse tanto…
Seong-jin tomó el pañuelo con una sonrisa tímida, pero se sobresaltó al ver el bordado.
Sobre la tela blanca había unas figuras negras bordadas de manera caótica que parecían insectos.
Era ominoso con solo verlo.
“¿Qué es esto? ¿Una maldición? Pero dijo que era un símbolo para desear un regreso seguro”
—Es un fragmento de un poema del Himno al valor de Orlando. “El hada de la luna, Olivier, alzó su espada cantando, y el mundo entero respondió jurando no perturbar su viaje” ¿No es una frase hermosa?
—…
—Ah, claro. Todavía es demasiado difícil para ti. Siempre se te han dado mal las expresiones arcaicas, Mores. La próxima vez te prestaré más libros clásicos.
—…Sí, muchas gracias.
Al parecer, Amelia pensaba que simplemente Seong-jin no podía leer aquellas frases porque aún le costaba leer los textos antiguos.
“Hermana, ¿Eso es realmente un texto?”
Por más que las mirara, a él le parecían el último intento de un malvado brujo vudú que, al morir, dejó una maldición sobre el mundo.
El Rey Demonio también parecía pensar algo similar.
—[No siento ninguna magia demoníaca especial, ¿será una clase de maldición popular? ¿No será que ella aún guarda resentimiento por lo que Morres le hizo antes?]
Seong-jin pensó con algo de disgusto, que tristemente no era algo que pudiera asegurar.
—Y no te sorprendas. El hilo con el que está hecho este bordado también es muy especial. —añadió Amelia con orgullo.
—Déjame adivinar. ¿Es hilo mágico sacado del tesoro imperial?
Ella abrió los ojos sorprendida.
—¡Sí, exacto! ¿Cómo lo supiste?
—…
Seong-jin sonrió resignado.
Solo ahora entendía el sentido de la pregunta que Lewis, el mayordomo, le había hecho en la oficina del Santo Emperador la noche anterior cuando fue a despedirse.
«Su alteza ¿no necesita pasar también por el tesoro imperial?»
En ese momento lo encontró extraño y no le dio mucha importancia.
Pero resultó que antes que Seong-jin, el príncipe y las princesas ya habían visitado al Santo Emperador uno tras otro y habían robado el tesoro imperial.
¡No, ¿por qué hacen esto? Solo voy a hacer un viaje corto, ¿por qué actúan como si fuera un acontecimiento enorme?
—Entonces, Morres, ¡que tengas un buen viaje!
Ante la sonrisa radiante como una rosa en plena floración, Seong-jin no pudo evitar deslizar aquel incómodo pañuelo sobre el mango del cascanueces.
Naturalmente, Orden contempló la escena con unos ojos llenos de envidia.
—¡Morres! ¡No tardes demasiado en volver!
—¡Morres! ¡Tienes que regresar rápido!
Luego, Herna y Gadeth se despidieron.
Por suerte, los gemelos no cometieron la atrocidad de saquear el tesoro imperial también.
En cambio, se mostraron especialmente pegajosos con Seong-jin, quejándose como nunca.
—¡Si no, iremos a buscarte todos los días, Morres!
—¡Iremos a molestarte a ti y a Red!
Estaba seguro que no eran palabras vacías.
Ambos eran canalizadores de Arenja. Podían seguir a Seong-jin hasta donde sea solo con la terminal del alma. ¿Entonces por qué molestar a alguien más?
—Bueno, sí molestamos a Morres, seguro seremos regañados por papá Santo Emperador.
—Nos gusta ver a papá en problemas solo un poquito, pero no queremos que nos regañe.
“¿Acaso son fantasmas? ¿Por qué molestan a las personas inocentes?
No, espera.
¿Eso significa que a otras personas sí las molestan de vez en cuando?
Seong-jin se horrorizó, pero Herna y Gadeth se colgaron de sus brazos y lo miraron con ojos brillantes.
Aunque su comportamiento es el de unos pequeños demonios, sus expresiones parecen la de inocentes ángeles.
—Termina rápido y vuelve junto al papá Santo Emperador, ¿entendido?
—No hagas que el papá se preocupe demasiado, ¿entendido?
—…
“Hmm. Creo entender qué es lo que realmente les preocupa”.
Sin responder, revolvió sus cabecitas con ambas manos, y los gemelos rieron a carcajadas al unísono.
—Lamento interrumpir, alteza, pero ya es hora de partir.
Masain, que observaba la escena con una sonrisa satisfecha, le habló a Seong-jin con discreción.
—Sí, partamos. —respondió Seong-jin y subió al carruaje.
Masain dio la señal y Orden Sigsmund dirigió la orden a los Caballeros Lobo que iban al frente.
—¡Partimos!
—¡Partimos!
—¡Partimos!
Con un grito fuerte, los carruajes comenzaron a moverse lentamente.
Al mirar distraídamente por la ventanilla, vio a Amelia, Logan, Sisley y los gemelos despidiéndose de él con la mano.
—Hmm…
Seong-jin les devolvió la despedida con una mano, con una expresión algo incómoda.
Era una sensación extraña y nueva.
En toda su vida no recordaba haber sido despedido por su familia de esa manera.
El comandante Bruno, que estaba sentado frente a él, lo observó con calma y sonrió levemente.
—¿Le entristece separarse de ellos?
“¿Qué tontería es esa? ¿Es que me voy a ir de la Capital Imperial para siempre? ¿Por qué son tan exagerados?”
Con cara de fastidio, Seong-jin volteó la cabeza.
Aunque, pensándolo bien, cómo seguía enfrentándose a situaciones completamente nuevas para él, probablemente incluso su expresión resultaba bastante extraña.
Tac, tac, tac…
Mientras tanto, el carruaje seguía acelerando de forma constante y, poco después, abandonó el palacio imperial para recorrer la amplia carretera pavimentada.
♦♦♦ ╬ ♦♦♦
La carretera continuó incluso mucho después de abandonar por completo la ciudad.
Delcross, que durante mil años fue el centro del continente, se había convertido en el eje principal del movimiento de personas y mercancías.
Por supuesto, no está tan perfecto como en la capital imperial y a veces el carruaje daba botes, pero el paseo era cómodo. Al ser un carruaje imperial, tenía buenos cojines y una suspensión primitiva pero efectiva.
“Aprovecharé para meditar un rato”.
Debido a que han pasado tantas cosas últimamente, como el cumpleaños y otras cosas, no había tenido la oportunidad de meditar tranquilamente como solía hacerlo. Aunque casi ha alcanzado el séptimo nivel de Aura, aún no lo ha logrado completamente.
Poco después de pasar la puerta norte, sucedió algo.
¡Hiiiiiiiín!
Los caballos relinchaban largo, y el carruaje dio un fuerte golpe. El ruido se propagó rápidamente y pronto en la caravana se escucharon relinchos por doquier.
—¿Qué sucede? —Masain abrió la ventana y preguntó al cochero, recibiendo una respuesta despreocupada.
—No es nada, lord Masain. El carruaje acaba de salir de la ‘Gracia’. Siempre pasa cuando dejamos la capital, así que no se preocupe. Estos animales son muy sensibles a la bendición de Dios.
“¿Gracia?”
Seong-jin abrió los ojos y miró afuera, y el comandante Bruno le explicó.
—Lo escuché de sacerdotes hace tiempo. En la Capital Imperial se extiende una amplia gracia de Dios alrededor del palacio. Alguien como yo, que no posee poder divino, apenas puede percibirla, pero los sacerdotes que llegan desde otras regiones la detectan de inmediato.
—¿En serio?
—Sí. Todo esto es gracias al poder de Su Majestad. Dicen que en tiempos del anterior Emperador no era así. Gracias a ello, ahora los demonios ya ni siquiera pueden acercarse a las inmediaciones de la capital.
Tiene sentido. Es un cuento que podría ser cierto para ese hombre.
No era para menos, ya que sintió como si el Rey Demonio se estirara en mi mente.
—[¡Uff, el aire se ha vuelto más ligero! ¡Ahora sí puedo respirar!]
—“¿Tan fuerte es?”
—[Por supuesto. Aquí y allá son mundos totalmente distintos.]
Un mundo distinto…
Ahora que lo pensaba, el Santo Emperador también había dicho algo parecido el día anterior.
«Una vez abandones la capital, muchas cosas cambiarán, hijo mío. Debes desconfiar de todo… y volver a desconfiar».
Mientras observaba el paisaje cambiante que desfilaba ante sus ojos, Seong-jin repasó en silencio aquellas palabras del Santo Emperador.
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