Isabella se despertó.
Al escuchar la noticia, Seong-jin dejó todas sus ocupaciones y corrió desde la mañana hasta la mansión de ella en la ciudad. Como planeaba estar fuera de la capital por un tiempo, no quería dejar ningún riesgo pendiente.
Sin embargo, al encontrarse con Isabella en el salón, Seong-jin se sorprendió ante la situación inesperada.
“Esto sí que no me lo esperaba”.
Había pensado que perdería por completo su identidad y se derrumbaría, pero Isabella parecía más cuerda de lo que había esperado.
Aunque, por supuesto, solo en apariencia.
—[Su alma está extremadamente difusa. No se encuentra en un estado normal en absoluto.]
Según la evaluación del Rey Demonio, parecía tan inestable que no sería raro que muriera en cualquier momento.
Pero, aunque sus ojos estaban vacíos, a diferencia de Ricardo, que solo mostraba desesperación absoluta, en ella se vislumbraba un atisbo de esperanza.
“¿Acaso todavía piensa que le queda una oportunidad de recuperarse?”
Por otra parte, el modo en que frotaba el borde de su falda con la mano izquierda y luego lo apretaba y tiraba de él era, sin duda, el hábito que Seong-jin había visto repetidas veces en Isabella cuando se ponía nerviosa en el Salón de la Misericordia.
Seong-jin observó con calma su presencia.
No era la misma Isabella que había conocido al principio, pero también transmitía una sensación completamente distinta de Sigurd Sigurdson, con quien se había encontrado cuando se infiltró en secreto en la mansión hacía poco.
“…Mi padre lo logró”.
Seong-jin no pudo negar que había sido correcto dejarla con vida. Aunque no sabía exactamente qué significaba ese golpe en la coronilla, el Santo Emperador realmente había logrado retirar al Titiritero de ella.
—Oye, Sigurd Sigurdson. Te ves más saludable de lo que esperaba, ¿no?
Ante el saludo que lanzó despreocupadamente, ella desvió la mirada mientras sudaba frío.
“Oh, mira eso”
—Él me abandonó, Alteza Morres. Ahora soy Isabella…
—[Es mentira.]
Incluso sin las palabras del Rey Demonio, al ver sus ojos que se movían nerviosamente y de reojo, Seong-jin comprendió.
“¡Como se considera así misma Sigurd Sigurdson, puede mantener la cordura!”
A diferencia de Ricardo, que había mantenido a duras penas una identidad agujereada y se derrumbó de golpe cuando desapareció la personalidad que lo sostenía, en Isabella la propia percepción de que ella era Isabella se había vuelto completamente tenue.
Entonces, lo que Seong-jin debía hacer estaba claro.
—[¿Y qué piensas hacer?]
Ante la pregunta curiosa del Rey Demonio, Seong-jin mostró una sonrisa un poco malvada. Luego bajó la voz y comenzó a intimidarla.
—No digas tonterías.
Después de eso, las acciones que Seong-jin realizó pueden resumirse en dos puntos.
Primero, clavarle firmemente la idea de que ella misma era Sigurd Sigurdson.
Segundo, aun así, persuadirla y mantenerla bajo control como correspondía para que no cometiera ninguna estupidez precipitadamente.
—[¿Convencerla? ¿Después de amenazarla con matarla?]
—“¡Cállate!”
Por supuesto, hay que admitir que el proceso no fue siempre pacífico ni agradable. De todos modos, con solo una leve insinuación, la tímida Isabella empezó a temblar.
Al ver cómo la luz de esperanza en sus ojos empezaba a apagarse, Seong-jin pensó:
“Si de alguna manera, por voluntad propia o por obligación, ella hace un esfuerzo prolongado por convertirse en Isabella Scarciapino, seguramente en algún momento podrá recuperar parcialmente su yo imperfecto y no derrumbarse”.
Entonces, Seong-jin se dio cuenta de que se sentía extrañamente aliviado por eso.
♦♦♦ ╬ ♦♦♦
Los preparativos para partir hacia el norte avanzaron sin contratiempos.
Como doncella asignada, solo llevaría a Edith. Ella también era una usuaria bastante fuerte de aura, así que no parecía que tendría problemas aunque fueran a una región fría.
Lo que preocupaba un poco era el té sabor bilis que Edith podría preparar durante el viaje, pero bueno, el comandante Bruno se encargaría de eso.
“Ahora que lo pienso, ¿no me he vuelto un poco quisquilloso con los sabores últimamente?”
Lo decía, porque incluso el té que probó en la casa Scarciapino no le había gustado en absoluto.
Probablemente era culpa del mayordomo Lewis y el comandante Bruno. Después de experimentar todos los días el sabor más sublime que podía ofrecer el té, ¿acaso su paladar no se había transformado, al menos en lo referente al té, en uno tan delicado como el de un sumiller? 1
¿No acabaría siendo incapaz de beber té en cualquier sitio?
Cuando lanzó una mirada fulminante sin motivo al comandante Bruno, que se encontraba de pie a su lado, él se quedó perplejo y se acarició el bigote varias veces.
En cuanto a la Unidad Especializada en Monstruos, tanto Sir Valery como Dama Sharon, decidieron acompañarlo.
Por supuesto, ambos se harían pasar por caballeros residentes para ocultar que eran un inquisidor y un exorcista.
—Estoy pensando en llevar algún libro prohibido para pasar el tiempo. Si alguien me ve leyendo eso, nadie sospechará que soy un inquisidor ¿verdad?
Al escuchar a Sir Valery que alardeaba de esa forma, Seong-jin lo miró con cierta condescendencia.
—Puede que no sospechen de ti, pero ¿no te denunciarán inmediatamente ante el Tribunal de la Inquisición?
—¡Ja, ja! ¿De verdad crees eso?
Desde que Seong-jin descubrió que le gustaba leer libros prohibidos, Sir Valery parecía no tener ninguna vergüenza. ¿¡Y ahora habla así frente al príncipe del Imperio Sagrado!? ¡Qué inquisidor tan descarado!
Entre el equipo, solo la médico de la peste, Jibril permanecería en la capital, ya que no podían dejar vacía toda la oficina.
Y más importante aún:
—A partir de la próxima semana será la Semana de la Conferencia sobre la Sociedad de la Peste de Lyora, Alteza. —Jibril le mostró un pequeño folleto con orgullo a Seong-jin—. Maestros destacados de la escuela Lyora vinieron de todo el continente para la fiesta de cumpleaños del Santo Emperador. Así que presentarán los resultados de sus investigaciones anuales y discutirán casos raros. Es una conferencia importante a la que debo asistir.
El tema de este año era ‘Últimos avances sobre el efecto de perfumes derivados de plantas bulbosas en la prevención de fiebres’.
—Un artículo reciente de Anatolia causó una gran repercusión. Tradicionalmente, se creía que las plantas bulbosas, al crecer cerca del suelo, absorben el calor terrestre, y que sus perfumes no eran buenos para tratar a pacientes con fiebre. Por eso, contras las enfermedades febriles se utilizaban sin excepción perfumes de plantas de la familia de las rosáceas. Se decía que eran 1,5 veces más eficaces. Sin embargo, según investigaciones recientes, el perfume de las plantas bulbosas y el perfume de las rosáceas…
—Ah, creo que sé la respuesta. No hay gran diferencia entre los efectos de ambos perfumes, ¿verdad?
Jibril abrió mucho los ojos sorprendida y preguntó:
—¿Cómo conoce su alteza un artículo tan reciente que acaba de publicarse?
Porque lo más probable era que la eficacia de ambos perfumes fuera cero. ¡Porque al multiplicar cero por cualquier cosa sigue dando cero!
¿Por qué hacen investigaciones inútiles que solo producen datos basura, malditos matasanos?
Masain y el comandante Bruno, aunque pusieron una expresión de absoluto rechazo al enterarse que Dama Sharon también iría, era obvio que lo acompañaría.
Además, los caballeros residentes Dama María, Dama Claudia y Sir Calmen también lo acompañarán.
“Extraoficial, Dasha también vendrá ¡Bien! Aunque pequeño, el grupo era sólido”.
Con la lista organizada, Seong-jin sonrió satisfecho.
Si lo pensaba de manera detenida, esta sería la primera vez que saldría de la capital desde que llegó a este mundo. No era un simple paseo, así que estaba algo emocionado.
«No solo en Delcross, sino que hay muchos lugares interesantes para conocer»
Recordó lo que dijo el Santo Emperador y eso hizo que reflexionara sobre su vida reciente.
Las interacciones con sus hermanos y hermanas aumentaban, y aunque sea por investigación, también estaba planeando un viaje largo, tal como él quería. A estas alturas, ¿no se podía considerar que estaba viviendo con cierta diligencia la vida de Morres, tal como él deseaba?
“Pero ahora que de verdad pienso en marcharme, me siento un poco intranquilo.”
Sintiendo una extraña nostalgia, Seong-jin se rascó la mejilla. Sin darse cuenta, estaba demasiado acostumbrado a la vida en la capital.
Invadido por una extraña sensación, Seong-jin se rascó la mejilla sin motivo. Parecía que, sin darse cuenta, se había acostumbrado demasiado a la vida en la capital imperial.
♦♦♦ ╬ ♦♦♦
Sede del gremio en la rama de Asein.
Junto a la residencia de los miembros, en un pequeño dojo de entrenamiento, un chico practicaba arduamente con una espada de manera. Era Aslan, quien se había unido al gremio hace poco tiempo.
—Huu. Terminé las 200 estocadas, señora Paula. —habló el chico, secándose el sudor de la frente. En ese tiempo, había crecido bastante.
Desde que empezó a vivir en el gremio, donde la comida era abundante, había crecido rápidamente y ahora tenía la apariencia de un joven robusto.
—Ah, bien hecho. Ven aquí y descansa un poco.
Ante las palabras de Paula, que hablaba entre dientes con una pipa en la boca, Aslan guardó la espada de madera y se acercó a la sombra donde se encontraba ella.
—Por cierto, esta vez la celebración del cumpleaños pasó sin más. Quería ir a la capital para ver a Su Majestad. —Aslan se limpió el sudor con la ropa mientras hablaba, y Paula agitó la pipa.
—Deja eso. Apenas has empezado en el dominio del aura, ¿y ya estás pensando en ir a la capital? Apenas alcanzarás el nivel de ingreso el próximo año.
—Ay…
Suspiró resignado, mientras crecía en él la frustración hacia el jefe de la rama.
Justin Astros, el jefe de la rama Asein del gremio, era alguien lleno de muchos secretos. Era difícil verlo durante el día, y a menudo solo aparecía de manera superficial para luego desaparecer. Aunque se auto proclamaba maestro de esgrima de Aslan, su actitud despreocupada resultaba muy poco interesada.
Aslan pronto dejó de esperar aprender algo de él y optó por recibir ayuda de otros miembros del gremio, quienes eran hábiles y estaban dispuestos a enseñar.
Exceptuando al jefe, todos eran buenas personas.
Especialmente Paula, que se había retirado recientemente como mercenaria y tenía bastante experiencia enseñando a los más jóvenes.
Mientras entrenaba solo con la ayuda de estas personas, Aslan escuchó una historia sorprendente de Paula. Al parecer, un día en que el jefe de la sucursal estaba bastante borracho, le había dicho lo siguiente:
«Ese chico Aslan tiene un talento innato considerable. Solo dándole una espada, llegará al nivel de escudero por sí mismo. Entonces lo enviaré al palacio imperial».
¿Acaso intentaba convencerlo como si pudiera garantizar pasar la prueba de ingreso? ¡Qué absurdo!
—A este ritmo ¿Cuándo podré ingresar en la Orden de Caballeros del Palacio Imperial? —Murmuró Aslan con voz apagada.
Paula lo miró con compasión, dándole una palmada en el hombro.
—El jefe es un inútil, pero al menos sabe reconocer talento. Si él dice que puedes hacerlo, podrás. Tienes talento y eres aplicado. Seguro que pronto te convertirás en caballero.
—Sí…
—Deja las preocupaciones y vamos a almorzar. Guarda tu espada.
Aslan asintió y se levantó.
Mientras caminaba hacia el almacén, escuchó voces dentro, a través de la puerta entreabierta.
—Esto es muy diferente a lo que dijiste al principio.
“¿El jefe de la sucursal?”
¿Habrá cambiado de opinión? Justin no había desaparecido en días y había estado reuniéndose con varias personas en el gremio. Parecía que tenía visitantes, pero ¿por qué discutían en el almacén y no en su oficina?
—¿Qué ha pasado? Dijiste que era un sello para restringir el alma. ¿No garantizaste que esta vez funcionaría bien?
Aslan se sobresaltó ante la voz inusualmente alterada del jefe de la sucursal. No era propio del jefe, que siempre hablaba de manera perezosa y escurridiza.
Además, ¿qué había dicho? ¿Restringir el alma?
Con cautela, Aslan se escondió para escuchar la conversación.
—Lo que te di al principio era un collar. Entonces, ¿qué demonios es esto?
La voz que se oyó a continuación tenía un tono grave poco habitual.
—Dividiste un collar en dos mitades y después incluso volviste a someterlas a un tratamiento térmico. Como resultado, los circuitos se desviaron por completo y quedaron ensamblados de manera incorrecta. En estas condiciones, era inevitable que no funcionara adecuadamente.
—No podía evitarlo. Lo que me diste parecía un collar muy elaborado. ¿Cómo iba a disfrazar a un prisionero con eso?
Los dos discutían sobre un objeto colocado sobre la mesa.
Aunque no podía verlos bien, sí distinguía claramente el objeto que tenían entre ellos.
“¡Eso es!”
Aslan reconoció inmediatamente el objeto familiar.
Estaba completamente roto.
“¡Las esposas que llevaba Bart!”
—Hiciste algo innecesario. Si desde el principio lo hubieras utilizado en su forma original, tal y como te dije, habrías podido encerrar fácilmente al Guardián dentro del homúnculo.
—Fue inútil. Si hubiera usado el original desde el principio, podrías haber encerrado fácilmente al guardián en el homúnculo.
—Pero había que ser cuidadosos. En cuanto él se diera cuenta, todo habría terminado.
—Ya te dije que los circuitos del mundo material no se ocultan poniéndoles algo encima. Que no lo haya reconocido esta vez no es porque lo cubrieras con el hierro, sino porque el circuito ya estaba dañado.
Un suspiro suave siguió.
—¿Cuándo crees que volverá a alejarse tanto y a permanecer durante tanto tiempo dentro del cuerpo de una marioneta? Por tu exceso de cautela, hemos perdido una oportunidad inmejorable que quizá nunca vuelva a presentarse.
—Hmm…
Aslan retrocedió lentamente, pálido. No entendía todo, pero sabía que esa conversación no era nada buena para Bart.
“¡Tengo que advertirle a Bart… a Su Majestad!”
En ese instante, la puerta del almacén se abrió de golpe con un chirrido.
—Pero espera un momento. ¿Qué has estado escuchando con tanto interés desde hace rato, pequeño Aslan?
—¡…!
Ante la presencia escalofriante que salió del almacén en ese instante, los pies de Aslan se quedaron clavados en el suelo.
Aunque daba una impresión infinitamente despreocupada, el jefe de la sucursal Justin era un maestro de la espada. ¡Era imposible que no hubiera sabido desde el principio que el muchacho se acercaba al almacén!
—J-jefe de la sucursal… ¿por qué?
¿No se supone que era un viejo amigo de Su Majestad?
Aslan, con la boca rígida por la presión del aura, apenas podía mover los labios mientras Justin le sonreía con diversión.
Detrás de él, un hombre se acercó.
—¿Vamos a eliminarlo así nada más? —preguntó.
Finalmente, Aslan pudo ver bien al visitante.
Era un hombre alto, tan imponente como Justin. Vestía una túnica de alta calidad con bordados finos y llevaba una media máscara decorada, típica de un festival.
—No. Bart sabe de este chico. A veces pregunta por él a través de sus informantes. Si desapareciera de repente, causaría problemas. —Luego Justin se volvió hacia el visitante y le preguntó—: Hay una forma más simple. ¿Puedes borrar la memoria de este chico?
—Por supuesto.
Más allá de la media máscara que asintió, unos fríos ojos azules emitieron un resplandor gélido.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.