—He preparado un sitio para dormir en el carruaje, su alteza.
Fue después de una cena algo caótica. Mientras bebía el té que el comandante Bruno le había servido tras la comida, Edith se acercó a Seong-jin y le habló.
Los carruajes imperiales de largo recorrido que había traído el grupo de Seong-jin tenían una estructura que permitía encajar los baúles de equipaje en los asientos para convertirlos en camas improvisadas.
Por supuesto, mover esos pesados baúles no era poca cosa, pero para Edith, que era usuaria de aura, no suponía gran dificultad.
Los Caballeros Lobo, que la observaban con los ojos muy abiertos mientras cargaba sobre los hombros un baúl que normalmente requeriría a varios hombres para levantarlo, pronto lo comprendieron.
“Ah, ¡no era doncella, sino una caballera escolta! Por eso…”
“¡Ocultaba su verdadera identidad para proteger en secreto al príncipe!”
Fue desde ese momento que los Caballeros Lobo empezaron a llamarla con respeto ‘Dama Edith’.
Claro que, como Edith era bastante despistada, solo ladeó la cabeza con desconcierto, y así el malentendido se prolongó durante mucho tiempo.
—[¡Khe-hek! Me estoy emborrachando]
Mientras Seong-jin sorbía su té junto al cálido fuego, el dichoso Rey Demonio volvió a hablarle dentro de la cabeza con esas frases extrañas. En ese momento se paseaba alegremente entre los borrachos del campamento.
—“Por cierto… ¿ahora hasta posee a gente para beber alcohol?”
—[Solo estoy tomando prestada una parte de sus sentidos por un momento.] —explicó tarareando, de buen humor—. [Aunque hemos salido de la capital, por culpa de la barrera de tu padre no puedo detectar almas como antes. Pero puedo poseer a criaturas con poca defensa mental, influir un poco en sus movimientos o tomar prestados sus sentidos.]
Y ahora mismo, había borrachos por todas partes. La mayoría eran humanos cuya defensa mental estaba por los suelos.
—“¿Te gusta tanto beber?”
La sensación de felicidad que Seong-jin percibía en su mente era tan vívida que no podía evitar estar atónito.
—[¿Y por qué no iba a gustarme? Hasta siendo caballo la hierba me sabía buena.] —respondió al instante y, con un tono algo melancólico, añadió—: [Llevo meses en estado de alma, sin poder comer ni sentir nada. ¿Puedes imaginar cómo se siente eso?]
—“Hmm…”
Incluso para Seong-jin, la idea de pasar hambre siendo solo un alma parecía un estrés enorme, aunque no tuviera un cuerpo físico. Bastaba con ver lo irritable que se ponía Seol Yi-seo cuando Cadmus le robaba la hora de la comida para hacerse una idea.
Entonces a Seong-jin se le ocurrió algo.
—“¿y si intentas eso conmigo?”
—[¿El qué?]
—“Prestarte los sentidos. Así lo que yo saboree, tú también lo sentirás.”
¿No sería más cómodo que verlo corretear de un lado a otro causando alboroto?
Fue una idea simple, pero el Rey Demonio guardó silencio un momento, como si estuviera sorprendido.
—[…¿Me lo permitirías?] —preguntó con cautela.
—“¿Hace falta permiso para eso?”
—[Por supuesto. En condiciones normales, solo puede hacerse durante un momento, cuando las defensas mentales del objetivo son muy bajas. Para hacerlo en alguien en pleno uso de sus facultades, se necesita un contrato o algún tipo de consentimiento formal. Además, no sé por qué, pero tu alma es extrañamente difícil de interferir. Incluso estando lo bastante cerca como para intercambiar pensamientos.]
Ahora que lo pensaba, recordaba que, al llegar por primera vez a este mundo, el Rey Demonio se había quejado de que su detección de almas no funcionaba con él.
—[Esto es un asunto delicado. Permitir que comparta tus sentidos es, en cierto modo, dejar que ocupe una parte de tu cuerpo. Si un humano permite algo así de manera indiscriminada a cualquiera, sin establecer condiciones precisas en un contrato, un demonio podría arrebatarte el cuerpo en un instante].
—“Bueno…”
Seong-jin no lo veía tan grave. Al fin y al cabo, él ya vivía en su cabeza sin pedir permiso. No parecía especialmente peligroso.
—“Inténtalo una vez. No sé cómo darte permiso, pero trataré de no resistirme.”
—[De acuerdo, no sé si funcionará, pero lo intentaré.]
Sintió algo moviéndose en su mente. No era que tocara algo físicamente, sino más bien como si el Rey Demonio estuviera concentrado, forcejeando internamente.
Tras un rato, los objetos frente a sus ojos empezaron a brillar y a ondular con colores extraños.
—“¿Oye, seguro que lo estás haciendo bien?”
—[Ah, perdón. Creo que toqué la vista sin querer.]
Un destello rojo brilló un instante en sus pupilas, pero fue tan fugaz que nadie lo notó. Pronto, la visión volvió a la normalidad.
—[…Es más difícil de lo que pensaba.]
Seong-jin tuvo paciencia y esperó. Cuando terminó su taza, el comandante Bruno le sirvió otra de té caliente.
—[Uf… Creo que ya está.] —El demonio suspiró aliviado.
Seong-jin, sin notar nada raro, se llevó la taza humeante a los labios y en ese momento…
—[¡¡Uaaaaah!!] —La exclamación resonó en su mente—. [¿Qué es esto? ¡Está delicioso! ¿Cómo puede tener tal sabor el agua con hierbas?]
—“¿Qué tal? Increíble, ¿no?”
Seong-jin sonrió satisfecho y dio otro sorbo. Otra explosión de entusiasmo retumbó en su cabeza.
—[¡Kyaaa! ¡El aroma es sublime! ¡Y pensar que ese inútil sabía hacer algo tan magnífico!]
El Rey Demonio quedó fascinado con el té de Melbourne. Insistió tanto en tomar más que Seong-jin tuvo que pedir otra taza. El problema fue que el que terminó lleno fue Seong-jin.
“…Está bien. Hoy te lo permitiré.”
Decidió ser indulgente por un día. Al fin y al cabo, era la primera bebida deliciosa que el demonio probaba en meses.
La noche fue cayendo, y el bullicio se fue apagando.
Los miembros de los Caballeros Lobo también fueron entrando uno a uno en las tiendas, dejando solo a los encargados de la guardia nocturna, y los únicos que continuaban despiertos eran algunos grandes bebedores que todavía seguían vaciando copas.
Parecía que había trovadores 1cerca, pues se oía de vez en cuando una melodía de cuerda acompañando alguna canción.
~La pequeña brisa de la dama roza suavemente las estrellas~.
~Concédele su deseo, oh ciudad del amor bajo la luna plateada~.
La letra parecía algo cursi.
Seong-jin, sentado frente al fuego, siguió experimentando con el demonio el compartir de sentidos.
Con un poco de práctica, sentidos intensos como el olfato y el gusto fueron más fáciles de transmitir. Incluso por momentos podía compartir el oído y la vista. Aunque para estos últimos no hacía falta: el demonio ya podía percibirlos bien por sí mismo.
Curiosamente, el tacto y el dolor eran imposibles de transmitir, por más que lo intentaran. Tras varios intentos, lo dejaron estar.
“Supongo que, como con la vista y el oído, no es necesario compartirlos…”
Hubo otro descubrimiento: después de practicar un rato, empezó también a transmitirse parte de la memoria. Aunque el demonio no podía explorarlas por su cuenta, podía recibir vivamente los recuerdos que Seong-jin decidiera mostrarle, igual que con la detección de almas.
Gracias a eso, Seong-jin pudo transmitirle con más detalle lo que recordaba sobre la grieta en el banquete de cumpleaños.
—[Vaya… Esto marea.]
Tras ver parte de la escena en la memoria, el demonio chasqueó la lengua.
—[¡Con razón no podías oírme! El espacio y el tiempo estaban tan mezclados que no es raro que pareciera que tu cuerpo estaba en dos lugares a la vez.]
Sin duda, en ese lugar la percepción del tiempo y del espacio estaba distorsionada. Solo de recordarlo, Seong-jin volvió a sentir náuseas.
—[Creo que es un mecanismo para minimizar la violación de la causalidad. Los grandes Monarcas Demoníacos, al interferir con la dimensión Delcross, tuercen el espacio para no alterar directamente la causalidad.]
Según la explicación del Rey Demonio, cada acción de un Gran Monarca Demoniaco, conlleva una carga de causalidad inconmensurable. A menos que descendieran mediante un ritual, no podían manipular libremente otra dimensión sin esa base causal. Por eso extendían ampliamente los atributos que los representaban, [Hambre], [Peste], [Guerra], o [Muerte]. Todo eso con el fin de crear una base causal para invadir la dimensión.
—“Entonces, ¿por qué mi padre tiene restricciones con la causalidad? Si ni siquiera es un demonio de otra dimensión…”
Era natural que la duda surgiera. Recordaba claramente que había mencionado que, por falta de causalidad, necesitaría tiempo.
Entonces, el Rey Demonio también murmuró con aparente desconcierto.
—[Bueno… eso tampoco lo entiendo del todo. Si me dijeras que fue porque se forzó una irrupción hacia otra dimensión, podría aceptarlo, pero… ¿por qué ocurriría tal limitación solo por defenderse de una invasión desde la propia dimensión? Además, aunque tu padre sea, sin duda, un ser monstruoso, sigue estando dentro de la categoría de un humano. De hecho, debería ser uno de los más libres de la causalidad.]
El Rey Demonio pareció pensativo por un momento, pero no iba a encontrar una respuesta de la nada. Pronto cambió de tema.
—[Más que eso, el verdadero problema son los que atacaron. Para minimizar la interferencia de la causalidad, vinieron usando cuerpos ilusorios hechos de llamas mentales, pero no hay duda de que son los mismos Monarcas Demoníacos que antes apuntaban a la dimensión Delcross.]
Cuando Seong-jin comentó que le resultaban familiares, el Rey Demonio lo confirmó.
Eran, efectivamente, los que habían encontrado antes en la frontera dimensional. Simplemente, al usar esas proyecciones ígneas, no transmitían la abrumadora presión que imponían en su forma real.
—[Además… creo que puedo adivinar cuáles son sus títulos.]
—”¿En serio?”
—[Sí. Creo que eran ‘Hambre’ y ‘Peste’.]
El llamado Hambre, que devora todo lo que ve, suele manifestarse como un perro negro. Sus guardianes infernales y la mayoría de sus demonios también adoptan formas similares a la de un perro. En cuanto a Peste, se dice que a menudo toma formas que recuerdan a las plantas.
—[Pero hay algo más extraño… ¿cómo demonios conocen a Morres?]
Es verdad… ahora que lo pensaba.
En aquel momento, la situación era tan urgente que no se había detenido a reflexionar, pero… ¿no habían dicho algo así?
«Oye, ¿por qué me resulta tan familiar esa cara?»
«¿Acaso no lo reconoces, incluso después de haberlo preparado personalmente?»
¿Qué era eso de haber ‘preparado’ a Morres?
Sus pensamientos fueron interrumpidos, porque de pronto, desde el otro lado, se escuchó un llanto lastimero.
—¡Hhhhuuuhhh!
El trovador que llevaba rato cantando tristemente arrojó al suelo la lira que estaba tocando y se desplomó boca abajo. Era un joven de cabello largo y trenzado. Una de las cuerdas de la lira se rompió, emitiendo un sonido agudo.
Con aquel alboroto repentino, los mercenarios que dormitaban plácidamente, ebrios y somnolientos, fruncieron el ceño y se levantaron.
—¿Qué pasa? ¿Qué le ocurre a ese?
—¿Y este imbécil por qué se pone a lloriquear de repente?
—¡Hhhhuuuhhh!
A medida que las voces ásperas de los mercenarios subían de tono, el llanto del joven se hacía más fuerte.
Uno a uno, los mercenarios que habían caído en el sueño empezaron a ponerse en pie y a mirarlo con hostilidad. Sintiendo el cambio en el ambiente, otro trovador se apresuró a interponerse frente al joven.
—Perdónenlo. Está demasiado borracho. En Cartago es bastante famoso por sus improvisaciones poéticas. Lo invitaron a la calle Bertrand por la fiesta de celebración, pero… por problemas de salud o mala suerte, su actuación fue un completo fracaso. Llevamos tres días de abucheos seguidos y no ha ganado ni una sola moneda.
Entonces, un trovador sentado cerca soltó una risita burlona.
—¿Monedas? Debería agradecer que no le hayan arrojado piedras.
—¡Oye!
—¿Qué? ¿Acaso digo mentiras? Siempre confiando en su talento y empeñado en improvisar y cuando llegó a la calle Bertrand, terminó cantando las canciones más anticuadas que uno pueda imaginar.
En ese momento, el joven, aún en el suelo, se levantó y gritó:
—¡Uuugh! ¡¿Qué espléndida ciudad del amor ni qué demonios?! ¡Delcross es una ciudad muerta! ¡Es un lugar maldito!
Ante la repentina declaración blasfema del joven, el ambiente de los alrededores se apagó de golpe.
¿Qué acababa de decir aquel hombre sobre la ciudad sagrada de mil años?
—¡Esa ciudad me robó toda mi inspiración, todo mi talento! ¡Allí, todo está detenido como en una naturaleza muerta!
—Vamos, cálmate… estás demasiado borracho.
Su compañero intentó detenerlo, consciente de la gravedad de sus palabras, pero el joven siguió gritando.
—¡No finjan que no lo saben! ¡Los artistas ambulantes de todo el mundo reciben invitaciones generosas, pero tras unas pocas actuaciones, siempre regresan a su tierra! ¡Y todos saben por qué! —De un salto, el joven se puso de pie y vociferó—. ¡Porque si te quedas demasiado tiempo allí, tu espíritu artístico muere al instante! ¡La chispa que no puede convertirse en llama solo se consume a sí misma hasta extinguirse sin sentido!
—¡Ya basta!
—¡Pasión! ¡Amor! ¡Deseo! ¡No sentí ninguna de esas ansias allí! ¡Por eso mis canciones me abandonaron!
En el instante en que oyó aquellas palabras, Seongjin recordó lo que Sigurd Sigurdson había dicho hacía poco:
«En este mundo detenido, tú eras mi único y verdadero amigo».
Pero el joven, ebrio, seguía vociferando.
—¡Ni la mujer más hermosa de la calle pudo devolverme mis canciones! ¡La capital se convirtió en la tumba de mi alma!
Entonces los mercenarios empezaron a lanzarle insultos.
—¿Y por qué culpas a la capital de tu mediocridad?
—¡Exacto!
—¡Deberías avergonzarte! Si la bendición del Dios Primoridial te quitó tus canciones, ¿no significaba claramente que tu arte era libertino e impuro?
—¿Mi arte impuro? ¡Entonces venderé gustosamente mi alma otra vez al demonio! ¡He perdido aquellas espléndidas canciones! ¡¿Qué sentido tiene ahora mi vida?! —gritó el joven furioso en respuesta.
En ese instante, el aire de los alrededores se volvió gélido, como si alguien hubiera arrojado agua helada.
Todos cerraron la boca al mismo tiempo y clavaron la mirada en el joven.
Ante aquella atmósfera fría, el joven, que solo entonces comenzaba a recuperar un poco la sobriedad, fue palideciendo cada vez más.
Desde el fondo, alguien rompió el silencio y gritó con dureza en su dirección:
—¡Es un adorador de demonios!
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