Pelea entre hermanos. Parte 4
Gruesas gotas de lluvia empaparon todo mi cuerpo.
Contemplé aquella escena difícil de creer, completamente mojado de la cabeza a los pies. Aquí y allá solo quedaban pequeños charcos formados por la lluvia.
Eso era todo.
El lago había desaparecido sin dejar rastro.
La situación era tan absurda que casi se me escapó una risa seca, pero no estábamos para permitirnos perder el tiempo.
En cuanto desapareció el agua que lo contenía, el fuego comenzó a cruzar la línea.
Me levanté, tambaleándome ligeramente. La tierra mojada se amontonó alrededor de mis pies.
—Impresionante.
Ante la admiración que se me escapó espontáneamente, Yoohyeon sonrió de oreja a oreja, como una flor al abrirse por completo.
El arma que había fundido mediante el Devorador de Espadas parecía haber desaparecido.
¿Había utilizado de una sola vez todo el poder de la habilidad para hacer desaparecer el lago? Incluso si hubiera sido así, seguía siendo realmente impresionante.
Al mismo tiempo, el orgullo hizo que se me hincharael pecho.
—Esta es la primera vez que luchas con todas tus fuerzas hasta este punto, ¿verdad? Contra mí.
Me refería a un combate individual contra otro cazador.
Yoohyeon asintió.
—Sí. Más que nada, porque te tengo a ti, hyung.
Tanto para el Yoohyeon actual como para el Yoohyeon de antes de la regresión, emplear todas sus fuerzas habría sido una opción que debía reservarse hasta el último de los momentos.
Sobre todo, porque el Devorador de Espadas era una habilidad que también implicaba un gran riesgo. Podía utilizar una habilidad semejante porque yo no me quedaría atrás.
Seguramente había ocurrido lo mismo en el torneo de clasificación. Por mucho que disfrutara los combates, debió de contenerse porque, si llegaba a recibir daños por encima de cierto nivel, eso podría dificultarle protegerme.
Yoohyeon incluso había llegado a abstenerse por completo de participar en los combates celebrados en el extranjero.
Probablemente esa también fuera una de las razones por las que provocaba principalmente a Song Taewon. Era un oponente seguro, incapaz de herir imprudentemente a un cazador de clase S que constituía un recurso valioso.
—Yo era tus cadenas.
Y, al mismo tiempo, ahora, de esta manera…
Era su única vía de escape.
Yo era el único capaz de atarlo y también el único que podía liberarlo.
Con las uñas de mi mano transformada, me hice un largo corte en el brazo y empuñé la espada de llamas que había absorbido mi sangre. Manteniendo la espada ligeramente inclinada hacia abajo, miré a mi hermano y sonreí.
—No lo digas de esa manera, hyung. Ahora mismo me estoy divirtiendo muchísimo.
—Sí. Se nota. —Inhalé profundamente el aire, impregnado del intenso olor de la tierra mojada—. Por supuesto que yo también me estoy divirtiendo.
Aunque no fuera la realidad, me hacía inmensamente feliz poder proporcionarle a mi dongsaeng una experiencia como aquella.
Siempre había sentido envidia.
También celos.
Era mi hermano menor.
Yo era su protector.
Sin embargo, no podía hacer nada más que observar. También me fastidiaban las personas del gremio Haeyeon que me habían arrebatado a mi hermano menor y ahora permanecían a su lado. Y me parecía patético no ser capaz de estar hombro con hombro junto a él.
Por eso…
No quería terminar aquí.
Estaba en desventaja. Lo único que podía hacer era resistir un poco más; no veía posibilidad alguna de ganar.
Aun así, no quería rendirme.
No era solo por Yoohyeon. Yo tampoco quería detenerme. Aunque las condiciones fueran malas, mis estadísticas eran de clase S y mis habilidades, de clase S o superiores.
Incluso siendo de clase F, había forcejeado durante años para acercarme a Yoohyeon. ¿Cómo iba a tener sentido que me rindiera primero ahora que era nada menos que de clase S?
Solté brevemente el aire que había contenido y pateé el suelo.
Me abalancé sobre Yoohyeon siguiendo una trayectoria directa, como si le estuviera pidiendo que me atacara. Sus ojos, intensamente teñidos de rojo, se entrecerraron por un instante.
Aunque desconfiaba de mi acción de lanzarme sin ningún plan, blandió sin piedad la Espada del Gobernante.
«¡Esquívala!»
La previsión de Combate me mostró la trayectoria de la espada y me advirtió. Sin embargo, en lugar de retirar el cuerpo, me limité a evitar que alcanzara un punto vital.
¡Crac!
La hoja negra atravesó mi hombro y, al mismo tiempo, blandí la espada de Llamas de Sangre, transfiriéndole el doble de dolor.
Yoohyeon no se alteró demasiado, como si hubiera previsto que utilizaría la habilidad de Noah. Sin embargo, aunque se hubiera preparado, el dolor extremo seguía siendo un dolor casi insoportable.
Clavé la espada en el cuerpo que se encogió por reflejo.
¡Clang!
La espada hecha de llamas chocó contra un brazo humano.
Aunque la defensa de su abrigo como equipo, se había incrementado mediante acumulaciones, no pudo resistir por completo. Se rasgó y dejó una larga herida.
Hice fuerza con la espada y congelé el suelo mojado bajo los pies de Yoohyeon. El resbaladizo hielo que apareció en un instante hizo que perdiera el equilibrio durante una fracción de segundo. Sin dejar escapar la oportunidad, giré el cuerpo con fuerza, saqué la espada de mi hombro y lancé una patada.
Chiiii.
Yoohyeon salió deslizándose por el hielo que yo iba creando.
Sin embargo, no llegó muy lejos. Rompió el hielo con la punta del pie y se detuvo. Predije con exactitud dónde se detendría y me teletransporté allí un paso antes.
¡Clang!
Las espadas chocaron con estrépito.
Aunque el ataque había llegado en un momento al que era difícil reaccionar, Yoohyeon lo bloqueó rápidamente.
Pero, al mismo tiempo…
¡Crac!
Una corriente eléctrica saltó frente a sus ojos rojos.
Mientras le enturbiaba la visión, clavé en dirección a su clavícula el codo, sólidamente cubierto de escamas doradas. La clavícula era uno de los huesos especialmente débiles del cuerpo humano.
En condiciones normales, el golpe habría bastado para romperla incluso tratándose de alguien de clase S, pero la defensa del equipo lo bloqueó y redujo su impacto a la mitad.
Yoohyeon contraatacó de inmediato al notar que el golpe era más débil de lo esperado.
En algún momento, una daga había aparecido en la mano de mi dongsaeng y se dirigía hacia mi hombro, que todavía no se había recuperado por completo. Giré rápidamente sobre mí mismo y desplegué las alas de golpe.
¡Pum!
Las alas de dragón, que aparecieron repentinamente y se extendieron con fuerza, golpearon con precisión la muñeca y el pecho de Yoohyeon.
La membrana podía hacerlas parecer débiles a simple vista, pero las alas que permitían volar a gran velocidad poseían una fuerza poderosa.
Tras recibir aquel fuerte golpe en todo el cuerpo, Yoohyeon salió despedido hacia atrás y lanzó un cable.
Fiuuu.
Antes de que pudiera retraerlas, el cable se enroscó alrededor de mis alas y mi cuerpo también fue arrastrado.
Chof.
El agua lodosa salpicó y ambos rodamos por el suelo casi al mismo tiempo.
Hice desaparecer las alas para liberarme del cable, saqué las bombas del inventario y las lancé como si las hiciera deslizarse sobre el lodo.
¡Buuum! ¡Bum!
Como nos encontrábamos sobre el blando fondo del lago, la tierra empapada se alzó por los aires y cubrió por completo el campo de visión.
Volví a abalanzarme, atravesando el lodo que caía como lluvia.
Yoohyeon también se había levantado entretanto y elevó las llamas de golpe.
¿Los pedazos de lodo que habían salido disparados se cocieron en un instante?
Los terrones de barro, endurecidos y cargados de calor, fueron golpeados por la espada flexible, que se blandió como un látigo, y salieron disparados hacia mí.
¿Era porque no se trataba de fuego corriente? Fue como si una lluvia de trozos de hierro cayera sobre mí.
Apenas había utilizado un escudo para bloquear los terrones cuando Yoohyeon apareció justo delante de mis narices.
¡Bum!
La Espada del Gobernante descendió y chocó contra el escudo.
La barrera defensiva de clase S quedó destruida en un instante y la hoja cayó hacia mi hombro. Doblé las rodillas y me dejé caer bruscamente hacia atrás mientras disparaba.
¡Clang!
La espada y la bala chocaron. La hoja, desviada ligeramente hacia un lado, rozó por muy poco mi hombro antes de clavarse en el suelo.
En cuanto rodé hacia un costado, una lanza de fuego de un azul todavía más intenso se clavó y estalló en el lugar donde había estado.
La explosión a corta distancia me dejó los oídos ligeramente aturdidos.
Entre el lodo que saltaba por los aires, saqué la cola, la blandí y enganché las piernas de Yoohyeon.
Al mismo tiempo, desplegué las alas.
Me levanté como si hubiera salido despedido por la fuerza con la que las alas empujaron el suelo y, aprovechando aquella aceleración, me abalancé sobre mi hermano, quien había perdido el equilibrio al tener las piernas atrapadas.
—¡Esto te dolerá un poco!
Era un objeto que había comprado en la tienda cuando nos trasladamos al lago: la espina de caracola nocturna del mar de Selm.
Desactivé mi habilidad de resistencia al veneno y clavé con precisión la larga espina marrón, semejante a una aguja, a través de un desgarro del abrigo.
Por supuesto, mi dongsaeng tampoco se quedó quieto y la Espada del Gobernante me arrancó casi la mitad de un ala.
Como las alas no compartían las mismas partes del cuerpo, no podía transferirle el dolor de aquella herida.
Yoohyeon se apresuró a poner distancia y se arrancó la espina, pero el veneno paralizante de clase SS se extendió en un instante.
—¡Ugh…!
Mi dongsaeng se tambaleó y cayó al suelo. Yo también me desplomé sin fuerzas.
Sentí la espalda tibia por la sangre que fluía del ala. Me apresuré a utilizar una habilidad de curación, pero, tal vez porque la hemorragia había sido mayor de lo esperado, el cuerpo no me respondía.
Saqué una poción y giré la cabeza. A cierta distancia, mi dongsaeng también estaba sacando un antídoto.
El diminuto earcuff que Yoohyeon llevaba en la oreja, apenas visible, brillaba débilmente. 1
Me había preguntado qué era, ya que nunca lo había visto. Parecía ser un objeto de desintoxicación temporal, no de resistencia al veneno.
Si al objeto de resistencia al veneno que ya poseía se sumaban la desintoxicación temporal y una poción antídoto, ni siquiera un veneno paralizante de clase SS podría retenerlo durante mucho tiempo.
Además, al ser un despertado de clase S, su resistencia natural también era bastante alta.
Aun así, había pensado que yo podría levantarme primero.
¡Crash!
—¿Qué…? ¡Oye!
El frasco de poción que sostenía se calentó de golpe y terminó rompiéndose.
La poción derramada también se evaporó en un instante.
Era el fuego de Yoohyeon.
—No, ¿cómo pudiste alcanzar lo que tenía en la mano…? ¡Yo también tengo resistencia al fuego!
Incluso me había quemado los dedos.
¿Acaso el fuego de Yoohyeon estaba ahora por encima de mi resistencia al fuego? Pero… era la habilidad de antes de la regresión.
Naturalmente, su rango también era elevado. Y ni siquiera estábamos dentro del alcance de la Última Puerta Derretida.
—Yo tampoco sabía que podría… hacerlo.
Mi dongsaeng sonrió mientras hablaba con dificultad, pese a tener la lengua entumecida.
Tras beber el antídoto, Yoohyeon obligó a su torso a incorporarse.
Las llamas, cuyo color se había acercado más al azul que al negro, se arremolinaron alrededor de mi hermano como si lo envolvieran.
¿Acaso, al cambiar de color, habían adquirido alguna capacidad especial?
Las Llamas de Sangre Negra también poseían la capacidad de ralentizar la recuperación del oponente.
Gracias a eso, había podido clavar fácilmente la espina en la herida de Yoohyeon y envenenarlo.
Renuncié a utilizar una poción, saqué la cola y me levanté apoyando el cuerpo en ella.
La poción de vitalidad era una cosa, pero el verdadero problema era no poder utilizar una poción de maná.
«…No tengo a Eunhye.»
Por fortuna, mi cuerpo real poseía a Eunhye, así que probablemente no me faltaría maná como cuando había luchado contra Sung Hyeonjae.
Comparado con aquella ocasión, ciertamente tampoco sentía que esto estuviera ejerciendo demasiada presión sobre mi cuerpo real.
Yoohyeon intentó volver a recoger la Espada del Gobernante, que había soltado al quedarse sin fuerzas por el veneno paralizante.
¡Esa espada era lo más problemático!
Aunque me lanzara hacia él ahora, llegaría demasiado tarde. Sin embargo, no necesitaba moverme con mis propios pies.
Utilicé la habilidad de teletransportación y…
—¡Ugh, hyung!
Rodeé el cuello de mi dongsaeng con un brazo y rodamos juntos por el suelo.
El terreno tenía una ligera pendiente, así que, cuando creé un camino de hielo, ambos continuamos deslizándonos durante un buen rato, enredados el uno con el otro.
—¡Kgh!
Yoohyeon clavó con fuerza el codo en mi costado mientras yo me aferraba a su espalda.
Por un instante, se me cortó la respiración.
Inmediatamente después, mi hermano menor giró el cuerpo y me aplastó debajo de él.
Al mismo tiempo, blandí la cola.
¡Pum!
El cuerpo de Yoohyeon salió despedido hacia un lado. El efecto del veneno paralizante todavía persistía, así que sus movimientos eran lentos.
Deberían haber sido lentos.
¡Fwoosh!
Sin embargo, la velocidad con la que creó una lanza de fuego y se abalanzó sobre mí no era inferior a la habitual.
Era la habilidad de aceleración instantánea del atuendo ceremonial.
¡Clang!
Como no había tenido tiempo de hacer surgir las Llamas de Sangre Negra, bloqueé la punta de la lanza con la pistola.
Una fina línea se dibujó con un chirrido sobre la superficie blanca del arma.
—¡Aunque fui yo quien te lo dio, de verdad es un fastidio!
Ver que lo utilizaba bien sí me hacía sentir orgulloso, pero… Con gran esfuerzo, desvié el cañón y apreté el gatillo.
La bala mágica rozó el cabello de Yoohyeon. Varios mechones negros se dispersaron por el aire y un puño, ligeramente más lento de lo habitual pero impulsado por la habilidad de aceleración y con una potencia que no desmerecía frente a la de cualquier cazador de clase S, salió disparado hacia mí.
Justo después de echar la cabeza hacia atrás y esquivar el puñetazo, Yoohyeon abrió por completo la mano.
Un polvo negro verdoso se esparció desde su palma.
—Es veneno.
Me quedé atónito por la voz.
Ese polvo venenoso rociado cerca de mi cabeza pronto comenzó a afectar mi cuerpo.
Cuando no tuve más remedio que volver a activar la resistencia al veneno. Gracias a que se encontraba pegado a mí, Yoohyeon también se recuperó por completo del veneno paralizante y me atacó con movimientos que me era imposible seguir.
El escudo que alcancé a desplegar por los pelos se hizo añicos y recibí una patada de lleno en el pecho, que me lanzó hacia atrás.
Había sangre mezclada entre mis ataques de tos.
Mientras utilizaba la habilidad de curación, la Espada del Gobernante apareció en la mano de Yoohyeon.
Unas llamas azules, cuyo núcleo era la única parte que aún conservaba el color negro, treparon crepitando por la hoja.
En algún momento, el enorme hueco del lago también se había llenado de llamas oscilantes.
Estas expandían su territorio y aumentaban su calor, como si estuvieran a punto de devorarlo todo, incluyéndome a mí.
—… Yoohyeon.
El aire caliente me llenaba los pulmones cada vez que respiraba.
Cubierto de heridas y lodo, mi dongsaeng sonrió.
Sonreía con una satisfacción absoluta.
Era el rostro de un depredador saciado.
Tal vez esa es la respuesta, tal como estaban las cosas… Aunque no sepa qué es lo qué ocurriría, si lo dejara hacer lo que quisiera hasta el final…
¿También aquellas llamas negras que permanecían como manchas se volverían completamente azules?
La luna inclinada derramaba una luz tenue detrás de mi hermano menor, que se acercaba lentamente.
Desde lo más profundo de mi pecho, escuché un susurro que me preguntaba si acaso no era esto lo que había querido.
Quería ayudarlo hasta que hubiera crecido por completo.
No quería verme obligado a soltarlo prematuramente. Quería cuidarlo y criarlo hasta el final.
Había pensado que me lo habían arrebatado por completo. Soy consciente que mi dongsaeng solo podía contar conmigo, así fue desde el principio.
Así que, si ahora se le entregaba todo, si todo quedaba atrás, mi deber llegaría a su fin. Estaría cumplido.
«…Pero aún queda una persona más.»
Por eso, porque no podía soltar a ninguno de los dos, volví a levantarme.
—Ya es hora de que nos despertemos.
—¿Por qué?
Yoohyeon ladeó la cabeza mientras hablaba.
No, aunque me preguntara por qué…
—Yo también quiero darte todo lo que desees…
—Tú también dijiste que te estabas divirtiendo, hyung.
¡Chof!
El agua salpicó desde uno de los pocos charcos que quedaban.
Yoohyeon pateó el suelo con fuerza y apareció frente a mí en un instante.
La Espada del Gobernante cortó el aire.
Mi pecho quedó abierto por un largo tajo. Formé una espada con la sangre que brotó y desvié el siguiente ataque.
—¡Yoohyeon!
No recibí respuesta a mi grito apremiante.
El mayor inconveniente de la habilidad mental de Diarma era que solo se desactivaba si ambos querían salir.
Ante la arremetida incesante, continué retrocediendo. Sin darme cuenta, una pared empinada se había acercado a mi espalda.
¡Pum!
El ataque que me rozó se clavó en la pared y provocó que los terrones de tierra cayeran en cascada.
Todo a nuestro alrededor estaba cubierto de llamas, así que el truco de obstruir su campo visual ya no funcionaba.
Las chispas que revoloteaban suavemente en todas direcciones se habían convertido en los vigilantes de Yoohyeon.
El aire estaba completamente seco, lo que dificultaba extraer agua o crear hielo.
No era imposible, pero consumía una cantidad enorme de maná. Aunque escapara de una situación peligrosa mediante la teletransportación, solo conseguía unos instantes de alivio. No tardaria en alcanzarme de nuevo.
Si pudiera llegar al mar, encontraría una forma, pero no había manera de escapar.
También bloqueaba la habilidad de A Dormir causándose heridas rápidamente o haciendo estallar las llamas para crear una explosión ensordecedora.
—¡Kugh…!
Conseguí desviar por muy poco la Espada del Gobernante, pero la patada que siguió me lanzó sin resistencia contra la pared.
Las llamas de Yoohyeon se enroscaron alrededor de mi tobillo. Gracias a mi resistencia al fuego, solo las sentía un poco calientes, pero, por alguna razón, mis fuerzas se drenaban rápidamente.
Una lanza formada por llamas fue arrojada con violencia.
La hoja ardiente de la lanza rasguñó el cuello que apenas alcancé a torcer y la sangre que brotó empapó el cuello de mi ropa.
No sabía cuánto tiempo había transcurrido, pero tenía un sabor dulce en la boca.
Esto podría ser realmente peligroso.
Si hubiera tenido a Eunhye, habría podido someter a Yoohyeon, aunque existiera cierta diferencia entre nuestras estadísticas y habilidades.
Aun así, no imaginé que Yoohyeon fuera incapaz de contenerse hasta semejante punto.
Todo mi cuerpo tembló ligeramente ante la violencia con la que se acercaba.
Como todavía me quedaban puntos, pensé que quizá podría utilizar bien algún objeto para llegar al mar…
¡Crac!
—… ¡Han Yoohyeon!
La Espada del Gobernante atravesó el cuerpo de su dueño, no el mío.
Yoohyeon parpadeó lentamente, y el color rojizo de sus ojos se desvaneció al mismo tiempo.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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